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Por: Víctor M. Toledo

La innovación tecnológica,  científica, filosófica, cultural, está hoy en día en la mente de millones de investigadores. Sin embargo, muy pocos se percatan de los peligros que pueden implicar sus inventos. Muchos autores de los sistemas actuales están arrepentidos de sus creaciones.

El ejemplo más notable es el del creador de la inteligencia artificial, Geoffrey Hinton, quien está arrepentido de haberla creado, de manera similar a lo que sucedió con los creadores de la energía nuclear (la bomba atómica): JR Oppenheimer, A Einstein y L Szilárd.

Las armas nucleares pueden ser bombas diseñadas para lanzarse desde un avión o misiles autopropulsados, que a su vez pueden ser misiles balísticos o misiles de crucero. Los misiles balísticos hoy pueden ser intercontinentales. En 1945, dos bombas atómicas de uranio y de plutonio fueron detonadas, respectivamente, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, Japón, provocando alrededor de 200 mil muertos.

Geoffrey Hinton es un científico computacional, investigador cognitivo y sicólogo británico, reconocido como el padre de la inteligencia artificial (IA), galardonado con el Premio Nobel de Física en 2024.

Hinton investiga las maneras de utilizar redes neuronales para aprendizaje de máquinas, memoria, percepción y procesamiento de símbolos, y es autor o coautor de más de 200 publicaciones.

Pues bien, Hinton está arrepentido por tres razones: (a) porque la IA ya está siendo usada por los perversos del mundo, quienes envían ciberataques de todo tipo y realizan terrorismo digital; (b) porque ha generado desempleo masivo, reducción de fuentes de trabajo, lo que incrementa la brecha entre ricos y pobres y conduce al fascismo; y (c) lo más peligroso (peligro existencial): porque la IA puede rebelarse a los humanos, tomar el control y acabar con la humanidad si así lo decide. Hinton considera, junto con otros analistas, que esto puede suceder entre cinco a 20 años, con 10 años como promedio. Aquí urge que los países (China, Estados Unidos, los países europeos, etcétera) tomen conciencia de esto y se unan para evitarlo (ver: https://www.youtube.com/watch?v=oroCGlPeXgs).

Pero si de alguna innovación habría que arrepentirse, esa es la del automóvil. Un diseño que se ha ido perfeccionando mediante el lanzamiento de nuevos modelos cada vez más sofisticados. Las grandes empresas de la industria automotriz, entre las que se encuentran Toyota, Volkswagen, Stellantis, General Motors, Ford, Hyundai-Kia y Tesla, hoy se dedican a producir autos eléctricos y de conducción autónoma.

Como lo escribí en mi artículo sobre “La religión del auto”, hace más de dos décadas ( Ecología Política, número 23, páginas 9-12, 2002), la causa principal de la muerte de los seres humanos es el automóvil. Entre 1970 y 2002, el auto mató más norteamericanos que las dos guerras mundiales, más la de Corea y la de Vietnam tomadas juntas. En España, el número acumulado de muertes provocadas por el automóvil alcanzó en el año 2000 el cuarto de millón de personas, y en Alemania, en un solo año, las muertes por auto quintuplicaron el número de muertes por droga.

En 1999, su majestad el auto hizo desaparecer de la faz de la Tierra a entre 750 mil y 880 mil seres humanos, y dejó heridas a entre 23 y 34 millones de personas. En 2023, el número de autos alcanzó los mil 100 millones. En la actualidad, los accidentes de tránsito causan de 1.19 a 1.3 millones de muertes anuales en todo el mundo, siendo la principal causa de muerte en los jóvenes. Además, entre 20 y 50 millones de personas sufren lesiones no mortales, muchas con discapacidad permanente. El 90 por ciento de estas fatalidades ocurren en países de ingresos bajos y medianos.

FUENTE: https://www.jornada.com.mx/2026/01/27/opinion/016a2pol

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