Por: José Blanco/II
El orden de la fuerza continuará avanzando: es el modo del presidente estadunidense, Donald Trump, para alcanzar la meta principal, la misma de Joe Biden. Con Groenlandia, al fin Europa abrió los ojos, recordó que existía, mostró los dientes, gruñó, y Trump metió reversa, pero anunció en Davos el final del “orden mundial basado en reglas”. Con Europa hay un impasse, pero la meta Biden/Trump seguirá: es una necesidad imperiosa del capital.
El capitalismo carece de una ruta para su vida en el largo plazo. En 1973, cesó en Estados Unidos el crecimiento que creía asegurado de por vida. El futuro quedó cuestionado: la productividad había dejado de crecer, y era indispensable para posibilitar el sostenimiento de las ganancias y el crecimiento de los salarios de una fuerza de trabajo en continuo aumento.
Con la muerte de la URSS hacia 1990, el capitalismo, con Estados Unidos a la cabeza, creyó que esta vez sí reinaría para siempre sin rivales. Su problema con la productividad ya no tenía prisa. Hacia adelante podía sostener sus ganancias mediante el aumento de la explotación laboral, como lo hizo en amplias zonas del mundo. En aquellos años, Estados Unidos procedió a construir la globalización neoliberal. Podía producir con bajos salarios en los países de la periferia.
Así, Estados Unidos y Europa trasladaron gran parte de su industria a los países con abundante y muy barata fuerza de trabajo que podían sobrexplotar.
El capital creyó haber resuelto su problema de la productividad. Pero China aprovechó como ningún otro país esta oportunidad histórica y, especialmente a partir de 2010, desplegó un desarrollo industrial y tecnológico sin precedente.
Y pasó de ser una economía que cooperaba con el jolgorio de Estados Unidos (y Europa), a convertirse en el enemigo estratégico principal. Estados Unidos tardó varios años en acusar recibo de lo que ocurría. Lo hemos escrito en este espacio: en una cumbre de la OTAN en 2022, Joe Biden anunció el plan: “En esta cumbre hemos reunido a nuestras alianzas para hacer frente tanto a las amenazas directas que Rusia representa para Europa, como a los retos sistémicos que China plantea para un orden mundial basado en reglas…”; así despidió a la globalización.
Trump concentró el proyecto y quiere exclusividad en el continente americano; Europa será excluida del plan. Quiere un espacio indisputable para China.
Un plan autoritario sin lugar para los consensos. El país que levante la voz será aplastado. Groenlandia para Estados Unidos, Venezuela para Estados Unidos, los países de América Latina con gobiernos de derecha ya son de Estados Unidos; ahí donde gobiernen izquierdas, sería preciso echarlas del poder.
En este Occidente fortificado se pretende resolver el problema de la productividad mediante una idea-fuerza central: la inteligencia artificial (IA). No existe en la historia de Estados Unidos una cruzada como la que ha emprendido. Ese objetivo busca ser alcanzado mediante el uso de la fuerza dentro y fuera de Estados Unidos. Someter a todos, incluidos los miembros del Partido Demócrata (PD), que son unos “izquierdistas lunáticos”. Trump quizá sueñe con crear más y más revueltas internas para ocupar militarmente a Estados Unidos, eliminar las elecciones y convertirse en el dictador que quiere ser.
En tanto, los capitalistas MAGA –incluido Trump– se vuelven megabillonarios; son los dueños de las empresas Big Tech, es decir, Alphabet (Google), Amazon, Apple, Microsoft, Meta, Nvidia y Tesla: Larry Page, Sergey Brin, Sundar Pichai, Jeff Bezos, Arthur Levinson, Tim Cook, Bill Gates, Paul Allen, Mark Zuckerberg, Jensen Huang, Elon Musk… Y sus socios cercanos, más los principales dueños de las empresas “gestoras de activos” y de los “inversionistas institucionales”, entre ellos Black Rock, Vanguard Group y State Street. Este conglomerado es la parte sobresaliente del grupo que ya se cree dueño del futuro. Y para alcanzar sus objetivos, ponen al frente a la fuerza armada más poderosa de la historia.
¿Son ya los dueños del futuro? No lo son. Habrá que ver primero si la IA no se vuelve una burbuja financiera en el corto plazo y… ¡blup! Además, los MAGA no van solos. Tienen enfrente a China. Y a las potencias intermedias –Markey dixit– no dispuestas a ser invitados de piedra.
En el plano tecnológico, China va adelante de Estados Unidos; en IA, en primer lugar. Pero hay que decir, inmediatamente, que el enigma de la productividad está en veremos. Nadie sabe por ahora si será posible incorporar masivamente la IA a los bienes de producción –como tendría que ocurrir– para crear nuevos procesos industriales, y si esa epopéyica proeza se traduciría en un aumento de la productividad general del sistema. Si no ocurre, empezaremos a hablar de la recta final del capitalismo.
Además, falta el plano político de esta historia. No habrá excepción. En Estados Unidos, demócratas y republicanos seguirán previsiblemente la misma apuesta, aunque varíen los modos. Por ahora, no existe entre los miembros del PD una ruta ni militantes que pudieran construir una alternativa (¿un Mamdani, una Ocasio-Cortez?). Y falta lo que en el largo plazo digan los pueblos del mundo, aunque la sombra del negro destino que intentan los MAGA empañe por ahora el presente.
FUENTE: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/27/opinion/el-orden-de-la-fuerza-8732
