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Por: Alfredo Jalife-Rahme

Después de las sendas publicaciones de la Casa Blanca (Estrategia de Seguridad Nacional, bit.ly/3YXb3y4) y del Pentágono (Estrategia de Defensa Nacional, bit.ly/4riYdpY), el cotizado think tank RAND, muy consultado por Rusia y China, retiró misteriosamente su documento del 14 de octubre pasado con el argumento de que requería “mayor revisión (bit.ly/4t2pqyP)”, al quedar desconectado de la nueva política de “estabilidad estratégica” regional con China en la región Indo-Pacífico.

El documento de marras que conseguimos preservar aborda el “equilibrio geoestratégico”, cuyo objetivo es el descubrimiento de “posibles (sic) elementos de un equilibrio estable” en la rivalidad en los próximos cinco a siete años (sic)”, lo cual “puede servir a los intereses de ambos países”, contempla “nuevos acuerdos en la competencia cibernética” y “disuasión nuclear estratégica mutuamente acordada”, y consagra cuatro rubros sobre: 1. Taiwán, donde Estados Unidos opera sus ominosos actos acrobáticos de “equilibrar sus compromisos” con la isla y “aprovechar su influencia para garantizar que las acciones” de Taipéi “no agraven las tensiones con China”; 2. El Mar del Sur de China: propuesta de “líneas rojas entre Filipinas y China”; 3. Competencia en ciencia y tecnología: Estados Unidos “no busca retrasar el desarrollo económico general de China y acoge con satisfacción la cooperación y el comercio. Propone explorar la “colaboración real” en áreas que no supongan una amenaza (para Estados Unidos)”, y 4. Interpretación e interferencia: la hueca palabrería de siempre (bit.ly/3Z3rUze).

Trece días más tarde Global Times analizó bajo la pluma de Anthony Moretti, profesor de la Universidad Robert Morris, “¿Qué se encuentra detrás de la voltereta sobre los lazos de China y Estados Unidos? (bit.ly/3M819Xq)”.

Moretti comenta los “seis principios de alguna manera conectados que deben guiar las conversaciones futuras” entre las dos máximas superpotencias geoeconómicas: 1. “Estados Unidos debería aceptar la legitimidad del Partido Comunista de China”; 2. “Restablecer líneas de comunicación fiables entre altos funcionarios de ambas partes”; 3. “Mejorar prácticas de gestión de crisis”; 4. “Crear nuevos acuerdos específicos para limitar las fricciones sobre cuestiones relacionadas con la cibernética”; 5. “Promover la disuasión nuclear”, y 6. “Buscar modestas iniciativas de cooperación en intereses que se solapan o están relacionados con cuestiones humanitarias (sic)”.

Moretti critica que Estados Unidos “suele hablar de apoyar el principio de “una sola China”, pero al mismo tiempo emprende acciones que dan a Taiwán la confianza de que Washington seguirá siendo un proveedor fundamental de ayuda militar y de otro tipo necesaria para combatir a China”.

Estados Unidos “insiste en creer en la prevención de incendios, mientras proporciona equipos de incendios a otros. Si Washington se centrara más en la prevención y menos en la provocación, se reducirían las tensiones”.

Moretti fustiga las sugerencias de “mantener la perspectiva de una guerra lo más peligrosa e incierta posible para China”, que “refleja una mentalidad crónicamente negativa por parte de Estados Unidos, según la cual un conflicto militar podría ser la única forma de resolver la cuestión de la futura reunificación de Taiwán con la China continental”.

Moretti coloca en relieve un editorial de la revista Time que asienta que “Taiwán constituye un interés fundamental para China y el equilibrio militar se inclina cada día más en contra de Taiwán”, y recuerda que “hace sólo un par de años los principales líderes militares ponían en duda la capacidad estadunidense para sostener y ganar una guerra contra China”.

A mi juicio, todo parece indicar, según la secuencia cronológica de la postura de Estados Unidos sobre la isla renegada, que ni siquiera es citada en la reciente Estrategia de Defensa Nacional del Departamento de Guerra, que Trump en su próxima visita a China en abril estaría dispuesto a sacrificar a Taiwán. ¿A cambio de qué?

FUENTE: https://www.jornada.com.mx/2026/01/28/opinion/010o1pol

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