Spread the love

Por: Magdalena Gómez

El 3 de enero de 2026 se convirtió en un parteaguas con el secuestro del presidente de la república de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores, en una acción violenta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que culminó con ello la etapa previa de sanciones y fuerte desgaste contra el gobierno de Venezuela, para asumirse ahora como el que tiene el poder real sobre ese país, en especial sobre el control del petróleo, y además quien determina que se deben romper relaciones con China, Rusia e incluso con Cuba. 

La presidenta interina, Delcy Rodríguez, mantiene relación con el presidente magnate con escasos márgenes de decisiones internas, especialmente en materia de economía. 

Ya se anotó por múltiples voces que en la incursión imperialista en ese país, el tema de la democracia, de derechos humanos y, por supuesto, de respeto al derecho internacional está fuera del horizonte del activismo neocolonial de Donald Trump. 

En su lógica, está caminando Venezuela con las operaciones de venta de petróleo bajo su control y decisión, favoreciendo a empresas petroleras cercanas (en especial, alguna de ellas que contribuyó a financiar su campaña), y el reparto de ciertos recursos y su colocación en cuentas que no sean susceptibles de fiscalización. 

En su expansionismo regional, mantiene abiertas las amenazas a Cuba y Colombia, sin dejar fuera a México, de futuras intervenciones militares por tierra para “extraer”narcotraficantes, donde al gran juez Trump nunca le parecen suficientes las evidencias del combate al narcotráfico y la muy amplia entrega de capos, a lo cual ya agregó otra provocación al afirmar que la renovación del T-MEC le parece irrelevante. 

Con todo ello en suspenso, abrió su batalla para apoderarse de Groenlandia, enfrentando la oposición de Dinamarca y de países europeos que la respaldan, incluso con el envío de algún destacamento militar. En el contexto de la proximidad del Foro de Davos, anunció aranceles a aliados de Dinamarca, los cuales amenazaron con una respuesta fuerte y conjunta. El Foro de Davos fue en días pasados el escenario donde Trump anunció que no empleará fuerza militar en Groenlandia, que había un acuerdo de largo plazo para recuperarla para Estados Unidos y que suspendía su decisión arancelaria. 

En ese mismo escenario, anunció el proyecto de la llamada junta de paz dirigido a Gaza que fragmenta la franja, con la invitación a 59 naciones que se habían sumado ya a su iniciativa, aunque sólo asistieron jefes de Estado, altos diplomáticos y otros funcionarios de 19 países, más Estados Unidos, que tendrían que aportar una suma considerable de millones de dólares. La “paz” que ofreció es la construcción en esa franja de un emporio inmobiliario y turístico que no tiene asidero ni respaldo en la Organización de Naciones Unidas. Una “nueva Gaza” con un plan para convertir en tres años el devastado territorio palestino en un “lujoso complejo de rascacielos” y “turismo costero”. Se habla de nuevo orden internacional, incluso de imponer estructuras paralelas a las que fueron creadas después de la Segunda Guerra Mundial. 

Este muy somero recuento de las iniciativas trumpianas en curso nos permite confirmar la banalización no sólo del derecho internacional en lo que atañe a los estados en sus reacomodos geopolíticos, sino a los que corresponden a los pueblos, en especial a los indígenas. Ciertamente, los pueblos indígenas ya vienen enfrentando violencia y despojo desde antes del 3 de enero de este año, sin embargo, ya se advierte desde los pueblos que la fórmula del capital narcotráfico/militarización/despojo es la verdadera estrategia de la “nueva” Doctrina Donroe, América para el capital gringo, así lo señalaron el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena en la Convocatoria a las Jornadas Nacionales e Internacionales Justicia para Samir y autodeterminación para los pueblos. 

En dicha convocatoria, se enfatiza que “la guerra está en todas partes, con diferentes niveles, pero el causante siempre es el mismo, el capital que despoja para convertir la muerte y destrucción en ganancia. Pretendiendo nuevamente repartirse el planeta, diversas potencias de Estado, bajo el pretexto de tener el derecho del más fuerte y respetarse sus corrales entre ellos, donde adentro seremos peones y piezas desechables, desaparecibles, despojadas, destruidas y reconstruidas para servir al capital”. 

Hablan de la resistencia frente a los intereses de poderes que quieren dominar y socavar la vida como la conocemos, apropiándose del petróleo, litio, oro, agua y todos los bienes naturales que existen en la Tierra y que los pueblos los hemos cuidado y preservado por siglos. Y concluyen: “Condenamos la intervención yanqui contra Venezuela y exigimos el respeto a la autodeterminación de los pueblos”. 

Por supuesto que en otros países, los pueblos están dando su palabra y generando acciones para fortalecer su organización y resistencia frente al nuevo desorden mundial.

FUENTE: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/27/opinion/el-nuevo-desorden-mundial-y-los-pueblos

Deja una respuesta