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Por: Alfredo Jalife-Rahme

El pasado 5 de febrero venció el lí-mite del START (Strategic Arms Re-duction Treaty: Tratado de Reducción de Armas Nucleares Estratégicas).

El presidente Putin había exhortado a Estados Unidos a la extensión del START por un año más, lo cual desdeñó Trump, quien, desde su entrevista con el célebre conductor Tucker Carlson, comentó que deseaba la incrustación de China a un nuevo acuerdo de desarme nuclear, como reflejo quizá del inevitable cuan hipotético nuevo orden tripolar de EU/Rusia/China basado en última instancia en el concepto nodal de la estabilidad estratégica, que “surge cuando dos adversarios tienen capacidad nuclear de supervivencia para un segundo ataque” cuando “hay incentivos limitados para usar armas nucleares primero en un conflicto (estabilidad de crisis) y hay incentivos limitados para desarrollar fuerzas nucleares (estabilidad de carrera armamentista; bit.ly/4a7XMJf)”.

Dígase lo que se diga, pero la seminal estabilidad estratégica está construida bajo la disuasión paritaria del terror nuclear, de donde proviene el famoso término deterrence.

A 85 segundos ( ¡mega-sic!) de medianoche del Reloj del Día del Juicio Final (bit.ly/4bF4s2J), el geoestratega ruso Dmitry Trenin sentencia que “la estratégica se finca en el miedo”, cuando “ahora viene el verdadero orden nuclear”: la “intimidación, aunque sea inconfortable el término, es el fundamento de la paz ( ¡mega-sic!) entre las potencias nucleares (bit.ly/4qmVgnf)”.

¿Como manejarán Estados Unidos y Rusia su competitividad nuclear estratégica en el mundo multipolar post-START?

Estados Unidos aboga en forma implícita por un nuevo orden tripolar. Nuclear tanto en la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de Trump –prevalencia de la estabilidad estratégica con Rusia– (bit.ly/4qmQvKj) como en la Estrategia Nacional de Defensa del Pentágono, donde destaca la prevalencia de estabilidad estratégica con China (bit.ly/4kpX0uB). Ahora Trump exhorta a un nuevo acuerdo nuclear tripartita con Rusia y China (bit.ly/4bQzcOt) y el vicepresidente millennial católico JD Vance adujo que “Estados Unidos intenta trabajar (sic) con Rusia, China y otros países, sean amigos o un poco competitivos, para reducir la cantidad de arsenales nucleares en el mundo (bit.ly/4kubWIn)”. Vance no elaboró cuales son los “otros países”.

Izvestia (bit.ly/3ZrHAfK) señala que“el problema principal radica en la posible ex-pansión del llamado “club nuclear”. Rusia ya no está dispuesta a discutir nuevas limitaciones sin tener en cuenta las capacidades nucleares de Francia y Gran Bretaña”. ¿Por qué no se señalan las clandestinas bombas nucleares de Israel en Dimona que no firma el Tratado de No-Proliferación y ni siquiera es inspeccionada por la AIEA, hoy en presuntas manos del Mossad?

Según el Boletín de los Científicos Atómicos “un gran cambio desde la firma del Tratado de Reducción de Armas Nucleares en 1991: India, Pakistán y Corea del Norte han adquirido armas nucleares, y el arsenal nuclear de China ha crecido significativamente y está en camino de igualar al de Rusia y Estados Unidos”.

Suena hiperbólica la dotación de Chinacuando se subestima deliberadamente el letal arsenal nuclear de Israel, país maligno/genocida/paria y epicentro de la pederastia global de menores en la fase monstruosa de su agente sicalíptico-financiero y globalista WokeEpstein.

Un escenario probable radica en la imitación de Trump de la política de engañonuclear de su ícono Ronald Reagan –quien, mediante su Iniciativa de Estrategia de Defensa (SDI, por sus siglas en inglés) de 1982, que desembocó en la fake guerra de las galaxias con la que empinó a la ex URSS –a la cual imita 44 años más tarde con su Domo Dorado que acelerará la ominosa carrera armamentista.

Trump ha enviado su proyecto de incremento del presupuesto del Pentágono en 50 por ciento para alcanzar 1.5 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares que contempla el Domo Dorado y su expansiva panoplia de modernización de su letal arsenal nuclear.

FUENTE: La Jornada 

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