Por: Armando G. Tejeda
Corresponsal
Periódico La Jornada
Domingo 1º de febrero de 2026, p. 22
Madrid. La humanidad atraviesa un momento crucial en la historia, con una guerra en curso y de pronós-tico incierto, alerta el filósofo mexicano José Guadalupe Gandarilla, autor y coordinador del libro De Monroe a Trump. Del expansionismo estadunidense temprano al imperialismo tardío (Ediciones Herramienta) que presentó esta semana en Madrid. La obra, homenaje a la tradición de pensamiento que impulsó Pablo González Casanova, es resultado de un seminario del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (Ceiich) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), espacio que él fundó y que cumple 40 años en 2026.
A 200 años de su elaboración por James Monroe, la Doctrina Monroe –que es como la conocemos– es utilizada por el presidente estadunidense, Donald Trump, para justificar invasiones, agresiones militares e incluso el secuestro de presidentes de terceros países, como el caso del mandatario venezolano, Nicolás Maduro.
En entrevista con La Jornada, Gandarilla, titular del Ceiich, explica que el libro encara el tema “desde una perspectiva histórica y de filosofía política, de análisis de la economía política global y de las posiciones o visiones de la dependencia y el imperialismo”.
De esta manera, permite “rastrear e iluminar el realce de la tendencia imperialista por parte de Estados Unidos, la agudización de las condiciones de su crisis interna y de cómo eso empuja a revitalizar las políticas expansionistas, ya no sólo en América Latina, sino en otras regiones del mundo”.
–¿Cuáles son las claves para entender la Doctrina Monroe hoy en día?
–Este instrumento se plantea como una relación de la política interior y la política exterior; en rigor se trata de la defensa del interés nacional o de la doctrina de seguridad nacional que el gobierno de Estados Unidos entiende como una seguridad hemisférica.
Cuando surge, y hasta la mitad del siglo XIX, está planteada como una estrategia de rivalidad contra la posible expansión o colonización de las otras potencias de ese momento, que eran básicamente Francia e Inglaterra, porque España estaba ya en declive. Actualmente son otras las potencias emergentes.
–¿China y Rusia?
–Básicamente China. Rusia es una especie de barrera, digamos, indirecta o un elemento de muro de contención de las confrontaciones con China. Rusia e Irán son dos puntos estratégicos del núcleo geopolítico que, desde los estudios de McKinder, se plantea que el que lo consiga gana la batalla.
Actualmente, la competencia fuerte se desarrolla en relación al ascenso de China. Eso hace que Estados Unidos plantee una estrategia en dos planos: la vuelta a un control más férreo sobre la región o sobre el hemisferio Occidental entero, ya no solo sobre Sudamérica, pero también con esta nueva obsesión con Groenlandia y con desestabili-zar Canadá.
–¿Esa vocación imperialista estadunidense ha tenido muchos rostros?
–Así es. A veces se priorizan discursos que formalizan la tendencia expansiva, es decir, la presencia de corporaciones multinacionales o el problema de la democracia y los derechos humanos a través del habitual sistema de la zanahoria y el garrote. Es decir (Estados Unidos expone): compras la zanahoria del progreso, haces el tipo de políticas que te estamos planteando y acompañas la tendencia expansiva estadunidense; de no hacerlo, te sitúas como un gobierno problemático y se aplica una política de fuerza, que es lo que está planteando actualmente Trump.
–Da la sensación que ahora hay un cambio cualitativo, en el que el uso de la fuerza y el exceso de la violencia se muestran sin pudor.
–Claro que sí, porque además eso mostraría que también hay una suerte de reconocimiento de que es exclusivamente en ese terreno donde Estados Unidos mantiene la supremacía. Si Washington mantiene una hegemonía no es en el terreno de la creación de nuevas tecnologías de la más alta configuración industrial, sino en el terreno exclusivamente militar.
Por eso después de los sucesos del 3 de enero, con el secuestro de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, que era legisladora en Venezuela, se da un salto de condición: evidentemente nos hemos desplazado a otra etapa, en la cual ya se saltó claramente cualquier normativa del derecho internacional.
–Y con la mirada puesta en Cuba, Colombia, Brasil y México…
–Está planteando una reconfiguración entera de las relaciones con la vinculación explícita a grupos de la ultraderecha.
Entonces, ante la amenaza de intervención directa, se pueden propiciar cambios al interior de las alianzas en los países que puedan considerarse no suficientemente sumisos; me estoy refiriendo básicamente a Brasil, Colombia, Venezuela y México.
–¿Con un plan bien diseñado o fruto de los exabruptos de Trump?
–Donald Trump es la cara y es la forma de los poderes dominantes en Estados Unidos. Lo que ahora existe es un mayor histrionismo, que corresponde a un personaje muy narcisista y megalómano como el magnate, pero que también ha vivido siempre de la espectacularidad del medio televisivo o ahora de las redes sociales; es decir, le gusta ganar batallas muy inmediatas y fáciles.
El Servicio estadunidense de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) es una fuerza de ocupación para otros estados. Lo que ha ocurrido estos días en Mineápolis y Minesota ya ha sucedido en otros estados estadunidenses. Son prácticas que encajan en una categoría que llamamos colonialismo de ocupación, que está aplicando también en América Latina y en el resto del mundo.
Si uno ve con atención, las tendencias que relacionan al trumpismo con el fascismo se hacen más directas. Así como con Mussolini en Italia estaban los camisas negras, ahora son estos grandes grupos de fuerzas armadas, de ex combatientes, de gente que había participado en milicias o directamente mercenarios, los que integran esta fuerza de ocupación.
Por eso mucha gente ve que esa nación está anidando problemas internos que la pueden precipitar a una guerra civil. Se ha llegado a un punto del uso de un poder desnudo que pone en riesgo a cualquier integrante de la comunidad política, semejante a lo que ha hecho el Estado sionista de Israel al pueblo palestino. Se trata de una política de desprecio entero a la condición del otro como ser humano, de anulación de su dignidad, y en el mundo entero, gracias a Trump, hemos devenido todos en palestinos, de alguna manera.
–¿Es real la posibilidad de una tercera guerra mundial?
–En rigor, ya está aconteciendo. Quizás de manera más fragmen-taria o con ciertos núcleos o puntos donde se está desarrollando; me parece que el mundo ya se precipitó enteramente a ese escenario.
Viviremos un futuro muy problemático: si se llegan a atravesar ciertos elementos, digamos fronterizos en el sentido de conflictividades que se den en puntos muy neurálgicos del sistema, se pueden tomar ciertas decisiones que quizás después ya no se puedan revertir.
La mejor muestra de ello es la situación en Palestina, donde hemos observado hasta dónde puede llegar la deshumanización, al grado de que, sin tapujos, los adultos, niños, adolescentes y bebés en brazos han sido elementos a exterminar.
José Guadalupe Gandarilla, titular del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM
FUENTE: La Jornada
