{"id":55667,"date":"2026-02-21T08:28:31","date_gmt":"2026-02-21T11:28:31","guid":{"rendered":"https:\/\/stolpkin.net\/?p=55667"},"modified":"2026-02-21T08:28:31","modified_gmt":"2026-02-21T11:28:31","slug":"saber-perder-el-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/stolpkin.net\/?p=55667","title":{"rendered":"Saber perder el tiempo"},"content":{"rendered":"\n<p>Por:&nbsp;<strong>Vilma Fuentes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La reducci\u00f3n de las distancias, o m\u00e1s bien del tiempo que se lleva recorrer un espacio, es un fen\u00f3meno que, al parecer, es muestra de satisfacci\u00f3n cuando no de orgullo. En efecto, los seres humanos se vanaglorian de los progresos logrados en la aceleraci\u00f3n de los diversos transportes. Recorrer con mayor rapidez una distancia entre dos cosas o sucesos otorga la impresi\u00f3n o sentimiento de \u00e9xito. Una especie de confortable sensaci\u00f3n de triunfo por haber ganado tiempo al tiempo. Y, sin embargo, el tiempo ganado es, en no pocas ocasiones, tiempo perdido. Tiempo extraviado en una carrera sin meta ni sentido. Una carrera, lo digo sin ning\u00fan juego de palabras, una carrera, pues, del tiempo contra s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pienso, por ejemplo, en un viaje en un antiguo tren, desde cuyas ventanas pod\u00eda contemplarse el paisaje del campo o el bosque, detenerse unos instantes en la observaci\u00f3n de las calles aleda\u00f1as a las v\u00edas del ferrocarril, contemplaci\u00f3n fugitiva pero que deja so\u00f1ar en el interior de las casas por cuyas ventanas escapa la luz de las l\u00e1mparas. Recorrido de ese mismo viaje en un moderno tren llamado de gran velocidad: los viejos y elegantes comedores han desaparecido y, en su lugar, se ha instalado una barra o mostrador donde poner la charola para comer de pie sin perder un segundo. Desde las ventanas se ve pasar el paisaje como si \u00e9ste fuera quien pasase y no nosotros quienes pasamos. Las cosas y los hechos se invierten en esa carrera contra el tiempo. Un tiempo inm\u00f3vil porque \u201candar as\u00ed es andar a ciegas, \/ andar inm\u00f3vil en el aire inm\u00f3vil, \/ andar pasos de arena, ardiente c\u00e9sped. \/ Dar pasos sobre agua, sobre nada \/ \u2013el agua que no existe, la nada de una astilla\u2013, \/ dar pasos sobre muertes, \/ sobre un suelo de cr\u00e1neos calcinados\u201d. (\u201cEl Taj\u00edn\u201d, de Efra\u00edn Huerta.)<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSin perder tiempo\u201d, se dice con ese muy peculiar sentimiento de victoria sobre las manecillas del reloj. \u201cGan\u00e9 tiempo\u201d, se anuncia con una sensaci\u00f3n de \u00e9xito sin saber qu\u00e9 es ese tiempo ganado ni a qu\u00e9 o a quien se le gan\u00f3. Ganar acaso tiempo para poder perderlo a sus anchas. Para so\u00f1ar y no hacer nada.<\/p>\n\n\n\n<p>La reducci\u00f3n de las distancias es una p\u00e9rdida de espacio y, m\u00e1s grave, un extrav\u00edo del tiempo. Se recorta a destajos un tiempo donde era posible so\u00f1ar porque no hab\u00eda prisas para vivir ni tampoco para morir. Donde pod\u00eda buscarse el secreto de los enigmas y extraviarse en el laberinto del misterio sin miedos ni desesperanza. Un desarreglo de los sentidos y un rel\u00e1mpago de la inteligencia. Recuperar ese tiempo para tratar de saber qui\u00e9n somos, para encontrar nuestra identidad en la mirada de los otros y en la mirada que nos mira en el espejo. Porque s\u00f3lo rompiendo los esquemas ser\u00eda posible reconocernos al comprender que cada uno de nosotros es un ser \u00fanico, un ser que s\u00f3lo existe ahora y aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Saber dejar pasar el tiempo, sin buscar sombras venidas del pasado ni tratar de adivinar qu\u00e9 ocurrir\u00e1 en el ma\u00f1ana, es quiz\u00e1 darse el espacio necesario para vivir al ritmo de la respiraci\u00f3n que nos mantiene en vida. Esa respiraci\u00f3n en la que s\u00f3lo pensamos cuando tenemos dificultades para aspirar y expirar el aire. Cuando los suspiros de melancol\u00eda o extra\u00f1eza la interrumpen por algunos instantes. Esos brev\u00edsimos intersticios del tiempo donde se agazapan las sombras anunciadoras de la \u00faltima cita.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprender a perder el tiempo para ganarlo. Para gozar de una libertad que da alas al pensamiento y descubrir las revelaciones que fueron destinadas desde el principio de los tiempos para cada uno y s\u00f3lo para \u00e9l. Asistir a la aparici\u00f3n de lo innombrable, de lo que a\u00fan no tiene nombre pero ya es. La aparici\u00f3n deslumbrante del ser, nacimiento de la palabra, fulgor del verbo. \u201cH\u00e1gase la luz \/ y la luz se hizo\u201d. Alg\u00fan curioso puede preguntar si acaso se dijo: \u201ch\u00e1ganse las sombras \/ y las sombras se hicieron\u201d. Alg\u00fan otro podr\u00eda responder que las sombras ya estaban ah\u00ed desde siempre, y el siempre s\u00f3lo existe en el claroscuro de la luz en las tinieblas.<\/p>\n\n\n\n<p>FUENTE:&nbsp;<strong>La Jornada<\/strong>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La reducci\u00f3n de las distancias es una p\u00e9rdida de espacio y, m\u00e1s grave, un extrav\u00edo del tiempo. Se recorta a destajos un tiempo donde era posible so\u00f1ar porque no hab\u00eda prisas para vivir ni tampoco para morir. 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