{"id":54962,"date":"2026-02-16T08:57:52","date_gmt":"2026-02-16T11:57:52","guid":{"rendered":"https:\/\/stolpkin.net\/?p=54962"},"modified":"2026-02-16T08:59:17","modified_gmt":"2026-02-16T11:59:17","slug":"cultura-de-la-cancelacion-y-guerra-contra-el-pasado-la-ideologia-presentista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/stolpkin.net\/?p=54962","title":{"rendered":"Cultura de la cancelaci\u00f3n y guerra contra el pasado: la ideolog\u00eda presentista\u00a0"},"content":{"rendered":"\n<p>Por:&nbsp;<strong>Diego Fusaro<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<em>cultura de la cancelaci\u00f3n<\/em>&nbsp;resulta un fen\u00f3meno digno de consideraci\u00f3n \u00fanicamente en relaci\u00f3n a la \u00ab<em>guerra contra el pasado<\/em>\u00bb de la cual est\u00e1 inervada y en la que se manifiesta la pulsi\u00f3n occidental a aniquilar el pasado de la tradici\u00f3n y, al mismo tiempo, el futuro del proyecto. Reducido a su n\u00facleo fundamental, el programa de los hierofantes de la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;y de su&nbsp;<em>imperialismo<\/em>&nbsp;<em>presentista<\/em>&nbsp;coincide, en abstracto, con la correcci\u00f3n del pasado y, en concreto, con su eliminaci\u00f3n. Esto es lo que aprendemos del espl\u00e9ndido ensayo de&nbsp;<em>Frank Furedi<\/em>,&nbsp;<em>La guerra contra el pasado<\/em>&nbsp;(2024).<\/p>\n\n\n\n<p>Dado que el&nbsp;<em>eterno presente<\/em>&nbsp;representa el r\u00e9gimen de temporalidad funcional al mundo dominado por el mercado, en cuyos espacios todo est\u00e1 disponible aqu\u00ed y ahora siguiendo la axiom\u00e1tica del&nbsp;<em>do ut des<\/em>, la \u00ab<em>cancelaci\u00f3n de la cultura<\/em>\u00bb como abolici\u00f3n del pasado resulta intr\u00ednsecamente funcional a esta l\u00f3gica&nbsp;<em>nihilista<\/em>: si el pasado es neutralizado como un c\u00famulo de errores de los que conviene tomar distancia, tambi\u00e9n el futuro es consecuentemente vaciado, pues toda la temporalidad colapsa en el presente instant\u00e1neo, acelerado y sin futuro; esto es, en el&nbsp;<em>ser-sin-tiempo<\/em>&nbsp;del desordenado orden del tecnocapitalismo post-1989.<\/p>\n\n\n\n<p>La que ha sido tambi\u00e9n calificada como \u00ab<em>estasis fren\u00e9tica<\/em>\u00bb, alude con ello a un presente acelerado que, eterniz\u00e1ndose, se a\u00edsla de lo que lo ha precedido y de lo que lo seguir\u00e1: con las palabras del&nbsp;Hamlet<strong>&nbsp;<\/strong><em>shakespeariano, time is out of joint&nbsp;<\/em>(<em>el tiempo est\u00e1 desquiciado<\/em>). La autoridad del pasado y su legado (y, por ende, el esp\u00edritu comunitario y las ra\u00edces hist\u00f3ricas de los pueblos) quedan debilitados y, al mismo tiempo, se desvitaliza el futuro como espacio para proyectar horizontes alternativos. Aniquilando las fronteras temporales, el presente se ha extendido en direcci\u00f3n tanto hacia el pasado como hacia el futuro, desautorizando al primero y bloqueando al segundo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el orden tecnocapitalista ni el pasado ni el futuro representan una fuente de luz, ya que esta \u00faltima es producida tan s\u00f3lo por el presente omnipresente, que se expande erigi\u00e9ndose como exclusiva dimensi\u00f3n temporal superviviente. El tiempo del&nbsp;<em>fin de la historia<\/em>&nbsp;coincide, entonces, con la primera sociedad incapaz de pensar hist\u00f3ricamente, por tanto de comprender el devenir de los entes y de las configuraciones socio-pol\u00edticas; vive en la ilusi\u00f3n, pre\u00f1ada de ideolog\u00eda, seg\u00fan la cual lo que es siempre ha sido y nunca podr\u00e1 ser de manera distinta a su configuraci\u00f3n actual.<\/p>\n\n\n\n<p>Al escribir que la historia es&nbsp;<em>magistra vitae<\/em>&nbsp;(<em>De Oratore<\/em>, II, 9),&nbsp;Cicer\u00f3n&nbsp;evidencia c\u00f3mo la experiencia del mundo acumulada por el g\u00e9nero humano a lo largo de su decurso hist\u00f3rico nos proporciona la comprensi\u00f3n necesaria para desarrollar proyectualmente nuestro camino: conscientes de nuestros or\u00edgenes, podemos actuar orient\u00e1ndonos hacia un futuro intencionado.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierto es que,&nbsp;<em>stricto sensu<\/em>, el sentido del pasado surge en Occidente solo a partir del Renacimiento, cuando se adquiere la conciencia de una ruptura entre los antiguos y los hombres del presente y, a su vez, toma forma el deseo de reconectarse con el glorioso pasado de la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica. Pero ya los romanos, de hecho, eran conscientes de la importancia vital de apropiarse del pasado hel\u00e9nico e incorporarlo a su proyecto, como lo corrobora el mito de la fundaci\u00f3n de Roma a partir de&nbsp;Eneas<strong>&nbsp;<\/strong>y su descendencia, exiliados de la Troya en llamas: la imagen&nbsp;<em>virgiliana<\/em>&nbsp;de&nbsp;Eneas&nbsp;abandonando la patria cargando sobre sus espaldas a su padre, s\u00edmbolo de la tradici\u00f3n, llevando de la mano a su hijo, imagen del proyecto, y trayendo consigo los&nbsp;<em>Penates<\/em>, o sea la figura de lo sagrado, compendia pl\u00e1sticamente la voluntad romana de heredar el patrimonio cultural hel\u00e9nico.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, si, como sucede hoy, se cuenta una historia catastr\u00f3fica y negativa de la humanidad desde sus or\u00edgenes hasta el presente, dando a entender que el pasado ha sido un teatro de los horrores y de los errores, se provoca simult\u00e1neamente un sentimiento de resignaci\u00f3n hacia el futuro y de decepci\u00f3n respecto al pasado; y se propicia un&nbsp;<em>presentismo<\/em>&nbsp;de tinte fatalista, de tal manera que nada se espera del futuro y nada se aprende del pasado, conden\u00e1ndonos a vivir en el r\u00e9gimen de un&nbsp;<em>eterno presente<\/em>&nbsp;que invade y coloniza el pasado y el futuro. Se quiebra el nexo con el proyecto y se debilita a\u00fan m\u00e1s con la tradici\u00f3n: ya no es la historia de la que escrib\u00eda&nbsp;Cicer\u00f3n, hoy es exclusivamente el presente el que se erige como&nbsp;<em>magister vitae<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes olvidan su pasado se privan tambi\u00e9n de su futuro. Olvidando lo que nos ha hecho quienes somos y lo que nos mantiene unidos, perdemos la sociedad misma, que se dispersa en un sistema atomizado en el que los \u00e1tomos, desprovistos de pasado y mutilados de futuro, existen solamente en el&nbsp;<em>hic et nunc<\/em>&nbsp;de los caprichos del consumo y las demandas del mercado. De hecho, es imposible desarrollar un sentido fuerte de identidad colectiva en ausencia de una memoria compartida y de un arraigo com\u00fan en las costumbres tradicionales, enraizadas en el pasado mediante la asimilaci\u00f3n de una herencia cultural comunitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La estigmatizaci\u00f3n&nbsp;<em>presentista<\/em>&nbsp;del pasado vuelve superfluas las experiencias de las generaciones anteriores, de las que m\u00e1s bien se hace imprescindible tomar distancia. Baste pensar que, en la era moderna, liberales, tradicionalistas y socialistas se hab\u00edan referido de variadas formas al pasado para conferir un sentido de identidad y de continuidad al presente; desde los revolucionarios franceses, que se reconoc\u00edan en Roma, hasta&nbsp;Marx<strong>,<\/strong>&nbsp;que saludaba a&nbsp;Espartaco&nbsp;como ejemplo para el proletariado. Un autor para nada sospechoso de conservadurismo como&nbsp;Gramsci, en sus&nbsp;<em>Cuadernos de la c\u00e1rcel<\/em>, escribe que \u00ab<em>toda generaci\u00f3n educa a la nueva generaci\u00f3n, esto es, la forma<\/em>\u00bb. Es convicci\u00f3n de&nbsp;Gramsci&nbsp;que la experiencia de vida de los j\u00f3venes no resulta, de por s\u00ed, suficiente para comprender el mundo y que, en consecuencia, es de vital importancia la ayuda de las generaciones mayores para disponer de una br\u00fajula con la que orientarse en el \u00ab<em>mundo grande y terrible<\/em>\u00bb. Por este motivo, entre otros,&nbsp;Gramsci&nbsp;nos recuerda que no se aprenden el lat\u00edn o el griego para hablarlos ni para ser camareros o int\u00e9rpretes, sino para comprender la civilizaci\u00f3n de ambos pueblos, cuya vida constituye la base de nuestra cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>El presupuesto sobre el que se sostienen el&nbsp;<em>imperialismo presentista<\/em>&nbsp;y la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;es aquel seg\u00fan el cual resulta necesario sustituir las formas simb\u00f3licas de la tradici\u00f3n, liquidadas en cuanto tales como retr\u00f3gradas, por las del presente occidental \u2014o mejor&nbsp;<em>uccidental&nbsp;<\/em><strong>(*)<\/strong>\u2014, entendido como abanderado de una m\u00e1s alta racionalidad. De ah\u00ed se deduce la exigencia, a menudo en forma caricaturesca, de invalidar la tradici\u00f3n y cancelar el pasado, enmendar forzosamente la historia y reescribirla desde el punto de vista del presente, seg\u00fan una l\u00f3gica de verdadero y propio imperialismo ejercido sobre el pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;<em>imperialismo presentista<\/em>&nbsp;se presenta as\u00ed como un aut\u00e9ntico provincialismo del&nbsp;<em>eterno hoy<\/em>, que lleva a los moradores del&nbsp;<em>end of history<\/em>&nbsp;a creer que su tiempo representa la c\u00faspide cultural de la historia y que desde las alturas del presente es l\u00edcito, e incluso obligatorio, mirar con desd\u00e9n y desprecio el pasado del Occidente mismo que, de esta manera, viene a ser tratado de modo id\u00e9ntico al que se sol\u00eda dispensar anta\u00f1o a los llamados pueblos \u00abatrasados\u00bb, por lo tanto, como entidades dignas de ser colonizadas y finalmente conducidas al faro de luz del progreso&nbsp;<em>uccidental<\/em>&nbsp;<strong>(*)<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>La v\u00eda seguida por los hierofantes del&nbsp;<em>presentismo<\/em>&nbsp;es la que ha sido definida por&nbsp;Furedi&nbsp;como la \u00ab<em>arqueolog\u00eda del agravio<\/em>\u00bb, o sea la correcci\u00f3n del pasado seg\u00fan los m\u00f3dulos de la sensibilidad del presente. Para citar algunos ejemplos de la narrativa&nbsp;<em>presentista<\/em>,&nbsp;Kant<strong>&nbsp;<\/strong>deviene un racista,&nbsp;Arist\u00f3teles&nbsp;un esclavista y&nbsp;Shakespeare&nbsp;un supremacista blanco. Los tres deben ser censurados y enmendados, con arreglo a una reescritura de su pensamiento y de su obra que tenga en cuenta la sensibilidad y la&nbsp;<em>forma mentis<\/em>&nbsp;del presente. Con ello se ve confirmada la tesis de&nbsp;Benjamin, seg\u00fan la cual ni siquiera los muertos est\u00e1n a salvo si el enemigo vence.<\/p>\n\n\n\n<p>En esencia, el pasado resulta reconfeccionado&nbsp;<em>ad hoc<\/em>&nbsp;conforme a los valores y los objetivos del presente, de modo que las acciones y los comportamientos de los hombres del pasado son presentados como lesivos para las sensibilidades actuales: son derribadas las estatuas de figuras juzgadas pol\u00edticamente incorrectas, como&nbsp;Crist\u00f3bal Col\u00f3n, y las obras filos\u00f3ficas consideradas inadecuadas para el hodierno&nbsp;<em>lifestyle<\/em>l, como las tres&nbsp;<em>Cr\u00edticas<\/em>&nbsp;de&nbsp;Kant, se acompa\u00f1an de rid\u00edculas advertencias con las que los editores ponen en guardia a los lectores. Incluso acontece que las bibliotecas pretenden liquidar y abandonar los libros del pasado: en otro tiempo custodiaban el patrimonio literario, hoy lo cancelan bas\u00e1ndose en la nueva&nbsp;<em>Inquisici\u00f3n presentista<\/em>. Con este perfil peculiar, la&nbsp;<em>cultura de la cancelaci\u00f3n<\/em>&nbsp;no plantea una justa aproximaci\u00f3n cr\u00edtica al pasado, seg\u00fan el modelo que&nbsp;Nietzsche, en la segunda de sus&nbsp;<em>Consideraciones intempestivas<\/em>, denominaba de la \u00ab<em>historia cr\u00edtica<\/em>\u00bb: en cambio, propone la vandalizaci\u00f3n del pasado y el terrorismo contra la tradici\u00f3n. Adem\u00e1s, al proyectar las pol\u00edticas contempor\u00e1neas en el pasado se producen resultados pintorescos que lo distorsionan por completo, como cuando, por ejemplo, se pone m\u00e1s empe\u00f1o en averiguar si&nbsp;Caravaggio&nbsp;era homosexual o no, con mucho mayor inter\u00e9s del que se demuestra por determinar el alcance de su valor art\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00faltima instancia, el proyecto nihilista de la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;coincide con la anulaci\u00f3n del pasado&nbsp;<em>qua talis<\/em>, considerado sumariamente&nbsp;<em>outdated<\/em>&nbsp;(obsoleto, \u00abanticuado\u00bb): f\u00f3rmula en la que se cristaliza la postura&nbsp;<em>presentista<\/em>, para la cual palabras y comportamientos, obras y empresas pertenecientes a las \u00e9pocas pasadas se consideran problem\u00e1ticas y dignas de ser abandonadas simplemente por \u00ab<em>obsoletas<\/em>\u00bb. En el reino de la neolengua, \u00ab<em>viejo<\/em>\u00bb ya no significa originado en una \u00e9poca antigua, sino simplemente irrelevante y digno de abandono. Siguiendo una trayectoria iniciada a partir de los a\u00f1os Noventa, el concepto se ti\u00f1e as\u00ed de un sentido normativo que prescribe liberarse de la tradici\u00f3n como tal. El lema de esta relaci\u00f3n nihilista con la tradici\u00f3n se condensa en las palabras de&nbsp;Harari, intelectual org\u00e1nico del bloque olig\u00e1rquico neoliberal: \u00abEl sentido de conocer la historia no es recordar el pasado, sino verse liberados de \u00e9l\u00bb (\u00ab<em>The Guardian<\/em>\u00bb, 18 de octubre de 2022).<\/p>\n\n\n\n<p>Por este camino, los habitantes del presente son alejados de su herencia cultural y quedan privados del v\u00ednculo vivo con el pasado de su origen. El error reside en considerar y tratar el pasado como si debiera responder a los criterios del presente, reeducando a los muertos y proyectando el presente mismo en las tramas del pasado: los antepasados hist\u00f3ricos, desde&nbsp;Arist\u00f3teles&nbsp;a&nbsp;Leonardo da Vinci, desde&nbsp;Plat\u00f3n&nbsp;a&nbsp;Kant, son tratados como contempor\u00e1neos y, sobre esta base, condenados a rendir cuentas de sus acciones seg\u00fan el esp\u00edritu del tiempo presente.<\/p>\n\n\n\n<p>De ah\u00ed deriva la que ha sido etiquetada como&nbsp;<em>the death of the past<\/em>&nbsp;(la muerte del pasado), \u00ab<em>muerte<\/em>\u00bb que por otro lado es suministrada mediante un parad\u00f3jico c\u00edrculo vicioso, en virtud del cual el presente acusa al pasado de no estar alineado con los valores del presente y, en funci\u00f3n de ello, pretende corregirlo adem\u00e1s de inculparlo. Los efectos son casi siempre tragic\u00f3micos, como evidencia, por ejemplo, el estudio \u00ab<em>Toxic Maculinity in the Ancient World<\/em>\u00ab (Masculinidad T\u00f3xica en el Mundo Antiguo), con el que se fustiga al mundo antiguo con arreglo al prisma hermen\u00e9utico de las sensibilidades del presente respecto a la relaci\u00f3n entre hombres y mujeres. O como tambi\u00e9n se desprende con l\u00edmpida claridad de la serie televisiva&nbsp;<em>Cleopatra&nbsp;<\/em>(2023), en la que la protagonista elegida es una actriz de color, con la declarada intenci\u00f3n de mostrar que la reina-faraona de Egipto se hallaba a la debida distancia del \u00ab<em>supremacismo blanco<\/em>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>La contrastada pr\u00e1ctica del&nbsp;<em>rebranding<\/em>&nbsp;(redise\u00f1o) del pasado seg\u00fan las convenciones del presente fuerza la historia e indebidamente la pliega a los intereses del hoy, atribuyendo&nbsp;<em>a posteriori<\/em>&nbsp;una identidad reci\u00e9n inventada a personajes hist\u00f3ricos del pasado; ello deriva en el cortocircuito de un anacronismo moral, que pretende absurdamente imponer un intenso intervencionismo en contra del pasado y de las figuras hist\u00f3ricas que lo han poblado, transformando la historia misma en medio de autocumplimiento narcisista del hoy. El vicio de anacronismo que caracteriza el trabajo de los&nbsp;<em>arque\u00f3logos del agravio<\/em>&nbsp;se manifiesta con nitidez: son incapaces de contextualizar el pasado y no son conscientes de que la distinci\u00f3n entre el presente y el pasado se rige por tener conciencia del hecho de que entidades hist\u00f3ricas diferentes existen en contextos hist\u00f3ricos diferentes. De ah\u00ed el absurdo de las reprimendas de los guerrilleros de la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;y de su sentirse ofendidos por&nbsp;Plat\u00f3n&nbsp;y&nbsp;Arist\u00f3teles, por&nbsp;Dante&nbsp;y por&nbsp;Kant. Ese car\u00e1cter absurdo es de naturaleza doble, ligado como est\u00e1 no solo al vicio anacr\u00f3nico mencionado, que lleva a los hierofantes de la&nbsp;<em>cultura de la cancelaci\u00f3n<\/em>&nbsp;a juzgar tanto a&nbsp;Plat\u00f3n&nbsp;como a&nbsp;Kant&nbsp;con la sensibilidad del hoy, sino tambi\u00e9n al irracional concepto de \u00ab<em>ofensa<\/em>\u00bb que pretenden hacer valer: \u00bfc\u00f3mo podr\u00edan&nbsp;Plat\u00f3n&nbsp;y&nbsp;Kant&nbsp;ofendernos, considerando que la ofensa siempre requiere el acto intencional del sujeto que la realiza? \u00bfC\u00f3mo puede quien vivi\u00f3 en el pasado ofender a quien habita el presente?<\/p>\n\n\n\n<p>El&nbsp;<em>imperialismo presentista<\/em>&nbsp;se nutre, en efecto, de una constante reinterpretaci\u00f3n negativa del pasado, sin tener en cuenta las circunstancias hist\u00f3ricas en las que vivieron sus personajes y sin considerar que el tortuoso viaje del esp\u00edritu humano lo ha conducido gradualmente, en t\u00e9rminos&nbsp;<em>hegelianos<\/em>, a la adquisici\u00f3n de la&nbsp;<em>autoconciencia<\/em>. As\u00ed que, por aducir un ejemplo, si bien es cierto que una vez comprendida la barbarie de la pr\u00e1ctica de la tortura ya no se puede volver a ella, es igualmente cierto que resulta un completo disparate pretender corregir el pasado en el que la tortura era practicada.<\/p>\n\n\n\n<p>Este proceso de aniquilaci\u00f3n del pasado no perdona ni siquiera al lenguaje, sometido tambi\u00e9n a las terapias de la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;y a su incansable labor de reforma y correcci\u00f3n del vocabulario mediante la abolici\u00f3n de palabras y frases consideradas ofensivas. Bajo este argumento prosperan las revoluciones ortogr\u00e1ficas del asterisco y las insurrecciones l\u00e9xicas del&nbsp;<em>schwa<\/em>, en las que se expresan tanto la incapacidad de nuestro tiempo para seguir el camino de una revoluci\u00f3n real que cambie el diagrama de las relaciones de poder socioecon\u00f3micas (prefiriendo dirigirse, de forma compensatoria, contra el pasado y contra el lenguaje), como la exigencia, acorde con el&nbsp;<em>Zeitgeist<\/em>&nbsp;(esp\u00edritu del tiempo), de reprogramar&nbsp;<em>ex novo<\/em>&nbsp;el vocabulario tradicional, desacoplando tambi\u00e9n ling\u00fc\u00edsticamente a la sociedad del pasado y del vocabulario tradicional. Esto es lo que se ha denominado, con raz\u00f3n, la \u00ab<em>desheredaci\u00f3n de la historia<\/em>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La memoria nacional de los pueblos y su cultura compartida se ven de esta guisa sustituidas por un&nbsp;<em>relato<\/em>&nbsp;artificial, construido en torno a los s\u00edmbolos de las minor\u00edas liberal-globalistas: las banderas arco\u00edris van a sustituir los s\u00edmbolos de las naciones y de las tradiciones; la&nbsp;<em>neolengua<\/em>&nbsp;de los asteriscos y de las formas ortogr\u00e1ficamente correctas desplaza las lenguas nacionales de los pueblos tal como se construyeron y transmitieron hist\u00f3ricamente. Como enfatiz\u00f3&nbsp;Hegel, en la lengua nacional y en su transmisi\u00f3n hist\u00f3rica de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n se expresan la cultura y el \u00ab<em>esp\u00edritu del pueblo<\/em>\u00bb (<em>Volkgeist<\/em>): se supera la condici\u00f3n natural y se vuelve plenamente espiritual, integr\u00e1ndose en una tradici\u00f3n preexistente de lengua y costumbres. Con las palabras de&nbsp;Hegel: \u00abEs propio de la m\u00e1s alta cultura de un pueblo poder expresar todo en su propia lengua. Los conceptos que expresamos con palabras extranjeras parecen tener para nosotros algo extra\u00f1o, que no nos pertenece inmediatamente\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La consecuencia que se desprende es que las nuevas generaciones crecen deslig\u00e1ndose del pasado de su historia y de su comunidad, adoptando cada vez m\u00e1s la in\u00e9dita forma de una polvareda de \u00e1tomos desarraigados y trotamundos, econ\u00f3micamente liberales, pol\u00edticamente liberales y culturalmente libertarios. El marco simb\u00f3lico en el que se despliega el proceso de&nbsp;<em>desheredaci\u00f3n de la historia<\/em>&nbsp;y la producci\u00f3n de la nueva&nbsp;<em>homeless mind<\/em>, la \u201c<em>mente sin hogar<\/em>\u201d, coincide con la ideolog\u00eda del \u00ab<em>a\u00f1o cero<\/em>\u00bb como ant\u00edtesis de la continuidad hist\u00f3rica y como exigencia de abandono y, al mismo tiempo, de enmienda del pasado. Siguiendo lo afirmado por el protagonista de&nbsp;<em>1984<\/em>&nbsp;de&nbsp;<strong>Orwell<\/strong>, la historia se ha detenido y no existe nada m\u00e1s que un presente infinito, en cuyos espacios petrificados&nbsp;<em>el Partido siempre tiene raz\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En este horizonte de sentido, tambi\u00e9n se explica la pr\u00e1ctica en auge de la codificaci\u00f3n normativa del&nbsp;<em>speech code&nbsp;<\/em>(c\u00f3digo de discurso), mediante la cual los heraldos de la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;y los guerrilleros del&nbsp;<em>arco\u00edris<\/em>&nbsp;reprograman y modifican radicalmente el lenguaje con el objetivo de modificar y reprogramar el comportamiento de las personas de acuerdo con los c\u00e1nones de la sociedad liberal-progresista. La orientaci\u00f3n teleol\u00f3gica sigue siendo, tambi\u00e9n en el caso de las revoluciones ling\u00fc\u00edsticas, la inducci\u00f3n de la amnesia social, de modo que los individuos y los pueblos pierdan la capacidad de recordar el pasado y de inspirarse en sus lecciones: un lenguaje que rompe con la tradici\u00f3n ya no aspira a generar un sentido de continuidad y de desarrollo, sino a poner en marcha un hiato autocelebratorio entre el presente en s\u00ed mismo perfecto y el pasado ahora&nbsp;<em>outdated<\/em>&nbsp;(obsoleto).<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra contra el pasado, en todas sus determinaciones y sus figuras, refleja plenamente la mentalidad de la&nbsp;<em>market society&nbsp;<\/em>(sociedad de mercado), su necesidad nihilista de \u201cdesguazar\u201d lo viejo y alimentar incesantemente el ciclo acelerado del consumo: como los tel\u00e9fonos y electrodom\u00e9sticos recientes son superiores a los del pasado, as\u00ed debe ser todo lo dem\u00e1s sin distinci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El pasado como tal acaba por ser entendido como un obst\u00e1culo a la l\u00f3gica de reproducci\u00f3n y expansi\u00f3n del nihilismo tecnocapitalista. En efecto, en s\u00ed misma considerada la&nbsp;<em>forma mercanc\u00eda<\/em>&nbsp;no tiene pasado ni futuro, sino solo el presente de su ilimitada circulaci\u00f3n autovalorizante, el aqu\u00ed y ahora de la inmediata usabilidad de los entes en nombre del beneficio y del crecimiento del poder. Adem\u00e1s, el futuro y el pasado terminan por ser percibidos y rechazados por el capitalismo absoluto como limitaciones al programa de&nbsp;<em>valorizaci\u00f3n del valor<\/em>: de hecho, el futuro representa el horizonte de la posibilidad y de la expectativa de ser de otra manera y, por lo tanto, de la eventual alternativa al&nbsp;<em>market system<\/em>; el pasado, por su parte, simboliza el espacio de aquello que se ha configurado de modo diferente al orden tecnocapitalista, y por eso mismo socava la ideolog\u00eda que aspira a naturalizar la&nbsp;<em>forma mercanc\u00eda<\/em>&nbsp;en un&nbsp;<em>destino natural-eterno<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre otras cosas, el pasado puede actuar como factor de condicionamiento y de limitaci\u00f3n para los espacios viables para el crecimiento del capital, en tanto deja sobrevivir, entre los pliegues del presente, una cantidad de sentido de la tradici\u00f3n y una gama de valores pasados que entran f\u00e1cilmente en contradicci\u00f3n con el nihilismo capitalista: el v\u00ednculo con los lugares y con los territorios, con las ra\u00edces y con las comunidades, con las costumbres y con las lenguas, orienta la existencia de pueblos e individuos y puede llevarlos a limitar la libertad de valorizar ilimitadamente el valor. Es seg\u00fan esta clave hermen\u00e9utica que se puede interpretar el r\u00e9gimen de temporalidad del&nbsp;<em>eterno presente<\/em>&nbsp;como funcional al programa del orden del turbocapitalismo&nbsp;<em>uccidental<\/em>&nbsp;<strong>(*)&nbsp;<\/strong>y su guerra contra el pasado de la tradici\u00f3n y, al mismo tiempo, contra el futuro del proyecto.<\/p>\n\n\n\n<p>La temporalidad colapsa en el presente instant\u00e1neo del&nbsp;<em>presentismo<\/em>&nbsp;y de su imperialismo temporal que encuentra en la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;una valiosa aliada: debilita la autoridad del pasado y de su herencia, destruyendo el esp\u00edritu de las comunidades y el arraigo hist\u00f3rico de los pueblos y los individuos, y, a su vez, neutraliza la fuerza atractiva y movilizadora del futuro como horizonte de expectativa. En ant\u00edtesis con una cierta imagen estereotipada, que percibe la tradici\u00f3n como una redonda perfecci\u00f3n situada en el pasado y a la que el presente debe nost\u00e1lgicamente remitirse de forma acr\u00edtica &nbsp;(seg\u00fan lo que&nbsp;Nietzsche, en sus&nbsp;<em>Consideraciones Intespectivas<\/em>, estigmatizaba como&nbsp;<em>Historia anticuaria<\/em>), la tradici\u00f3n es similar a la llama que se transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, de padre a hijo: no santifica lo que ya sido, pero identifica y traduce en acto las posibilidades futuras que el pasado ha puesto a disposici\u00f3n del presente.<\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<em>arqueolog\u00eda del agravio<\/em>&nbsp;en la que se basa la&nbsp;<em>cultura de la cancelaci\u00f3n<\/em>&nbsp;exige a los pobladores del presente llevar a cabo una operaci\u00f3n insensata y, a la vez, imposible: pretende de ellos que corrijan el pasado seg\u00fan la sensibilidad actual. Pero eso es literalmente imposible, ya que el pasado, por definici\u00f3n, es aquello que ya no existe y, por tanto, escapa al alcance de nuestras acciones en el presente. Sin duda, podr\u00edamos criticar el trato a los esclavos en la antigua Grecia pero, en t\u00e9rminos concretos, no podremos hacer nada para mejorar su condici\u00f3n ni para liberarlos. Por supuesto podemos criticar la obra colonialista de diversos personajes de la Modernidad pero, ciertamente, vandalizando sus estatuas no cambiaremos sus acciones, consignadas en la dimensi\u00f3n inapelable del pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que podemos hacer, si acaso, es estudiar cr\u00edticamente la historia para emular la grandeza y evitar repetir los errores: y esta es una de las ense\u00f1anzas fundamentales que debemos aprender de la historia. En este sentido, el \u00fanico significado del que puede dotarse la expresi\u00f3n \u00abcorregir el pasado\u00bb es el de evitar repetir las tragedias y reparar sus consecuencias todav\u00eda vivas en el presente. A modo de ejemplos: no podemos consolar a los nativos norteamericanos por las violencias que padecieron, pero s\u00ed podemos devolver a sus descendientes las tierras robadas; no podemos intervenir sobre las expropiaciones provocadas por la acumulaci\u00f3n capitalista y por la especulaci\u00f3n financiera, pero s\u00ed podemos redistribuir el capital acumulado con sus rapi\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero es precisamente esto lo que los hierofantes de la&nbsp;<em>cultura de la cancelaci\u00f3n<\/em>&nbsp;se guardan mucho de hacer o de teorizar: la \u00abcorrecci\u00f3n del pasado\u00bb, como ellos la entienden y la practican, no afecta nunca a las consecuencias materiales presentes y no roza siquiera las relaciones de poder hegem\u00f3nicas. Por el contrario, se manifiesta siempre y \u00fanicamente bajo la forma de batallas reinterpretativas y de&nbsp;<em>vendettas<\/em>&nbsp;simb\u00f3licas&nbsp;<em>post mortem<\/em>&nbsp;que, sin incidir jam\u00e1s sobre el presente ni sobre sus contradicciones, simplemente consolidan un sentimiento de censura hacia el pasado que, sin soluci\u00f3n de continuidad, se transforma en una in\u00e9dita subcultura del olvidar y del borrar, del vandalizar y del cancelar. El&nbsp;<em>quid proprium<\/em>&nbsp;del&nbsp;<em>imperialismo presentista<\/em>&nbsp;de la&nbsp;<em>cancel culture<\/em>&nbsp;no es, gen\u00e9ricamente, la aversi\u00f3n hacia el pasado \u2014que, por lo dem\u00e1s, ya se encontraba tambi\u00e9n en otros momentos de la Modernidad\u2014, sino la voluntad de reescribirlo seg\u00fan el programa del presente, remodel\u00e1ndolo a imagen y semejanza de este \u00faltimo.<\/p>\n\n\n\n<p>En su conjunto, el pasado deviene en un instrumento para \u00abreciclar\u00bb las preocupaciones del presente, del que ahora es solo un ap\u00e9ndice: se interpreta el pasado en funci\u00f3n de las preocupaciones de la \u00ab<em>hodiernidad<\/em>\u00bb, con arreglo a una presunta superioridad temporal que lleva a mirar con soberbia y desprecio a la tradici\u00f3n. Ya no se busca aprender la lecci\u00f3n de la historia, como prescrib\u00eda la exhortaci\u00f3n&nbsp;<em>ciceroniana<\/em>; ahora, por as\u00ed decirlo, se trata de darle una lecci\u00f3n a la historia, corrigiendo el pasado en el sentido de una reescritura que lo vuelva an\u00e1logo al presente y funcional a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo esta luz, el&nbsp;<em>imperialismo presentista<\/em>&nbsp;de la&nbsp;<em>cultura de la cancelaci\u00f3n<\/em>&nbsp;resulta org\u00e1nico al esp\u00edritu del orden tecnocapitalista, no solo en raz\u00f3n del hecho de que, como se ha evidenciado, declara la guerra al pasado y al futuro, eternizando ideol\u00f3gicamente el presente mismo y el programa de la&nbsp;<em>market society<\/em>: es tambi\u00e9n af\u00edn al&nbsp;<em>status quo<\/em>&nbsp;por v\u00eda de la funci\u00f3n apotropaica que desempe\u00f1a, desviando la mirada cr\u00edtica del presente al pasado e induciendo a los sujetos a proyectar sus luchas no en el espacio del hoy y de sus contradicciones sociales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas, sino en la dimensi\u00f3n del pasado, en la forma de una insensata guerra contra los muertos y contra las obras de la tradici\u00f3n. No solamente produce una desfocalizaci\u00f3n de la mirada sobre las distorsiones del presente, sino que, adem\u00e1s, lo justifica ideol\u00f3gicamente como el tiempo de la lograda perfecci\u00f3n, desde cuyas alturas hay que erguirse para enmendar las contradicciones, releg\u00e1ndolas con un movimiento que nada tiene que ver en absoluto con la dimensi\u00f3n del pasado. La observaci\u00f3n de&nbsp;Maquiavelo&nbsp;de que \u00ablos hombres alaban siempre, aunque no siempre con raz\u00f3n, los tiempos antiguos y acusan a los presentes\u00bb da paso hoy a la constataci\u00f3n de que los hombres, a merced del&nbsp;<em>Uccidente<\/em>&nbsp;<strong>(*)&nbsp;<\/strong>tecnocapitalista, \u00abalaban\u00bb siempre y solo el presente y acusan a los tiempos pasados. En definitiva, declarar la guerra al pasado se convierte en una coartada para no afrontar los problemas que asolan el presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, la cr\u00edtica moderna hacia el pasado lo consideraba un obst\u00e1culo para la creaci\u00f3n del&nbsp;<em>novum<\/em>&nbsp;y para la generaci\u00f3n de una sociedad distinta, actuando, por tanto, como un instrumento capaz de impulsar la acci\u00f3n transformadora: incluso en el Siglo XIX, los modernos se orientaban en buena medida a santificar lo nuevo m\u00e1s que a denigrar lo antiguo. Por el contrario, el&nbsp;<em>imperialismo presentista<\/em>&nbsp;de la&nbsp;<em>cultura de la cancelaci\u00f3n<\/em>&nbsp;se mueve \u00fanicamente por el impulso de vengarse del pasado: no aspira en modo alguno al nacimiento de un mundo nuevo, sino siempre y s\u00f3lo a santificar el presente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>(*)&nbsp;<\/strong>N. del T. El t\u00e9rmino \u201c<em>Uccidente<\/em>\u201d \u2013o por derivaci\u00f3n, \u201c<em>uccidental<\/em>\u201d- no es una errata. Se trata de un juego de palabras, habitualmente utilizado por el Autor, compuesto por el concepto geopol\u00edtico \u201cOccidente\u201d y el verbo italiano \u201cuccidere\u201d (que traducido literalmente significa&nbsp;\u201cmatar\u201d, \u201casesinar\u201d)<\/p>\n\n\n\n<p>Traducci\u00f3n:&nbsp;<strong>El Viejo Topo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Fuente:<\/strong>&nbsp;Posmodernia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La\u00a0cultura de la cancelaci\u00f3n\u00a0resulta un fen\u00f3meno digno de consideraci\u00f3n \u00fanicamente en relaci\u00f3n a la \u00abguerra contra el pasado\u00bb de la cual est\u00e1 inervada y en la que se manifiesta la pulsi\u00f3n occidental a aniquilar el pasado de la tradici\u00f3n y, al mismo tiempo, el futuro del proyecto. Reducido a su n\u00facleo fundamental, el programa de los hierofantes de la\u00a0cancel culture\u00a0y de su\u00a0imperialismo\u00a0presentista\u00a0coincide, en abstracto, con la correcci\u00f3n del pasado y, en concreto, con su eliminaci\u00f3n. Esto es lo que aprendemos del espl\u00e9ndido ensayo de\u00a0Frank Furedi,\u00a0La guerra contra el pasado\u00a0(2024).<\/p>\n","protected":false},"author":43,"featured_media":54963,"comment_status":"open","ping_status":"","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"give_campaign_id":0,"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-54962","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-pensamiento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/54962","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/43"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=54962"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/54962\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54964,"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/54962\/revisions\/54964"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/54963"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=54962"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=54962"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/stolpkin.net\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=54962"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}