{"id":51372,"date":"2026-01-22T06:46:42","date_gmt":"2026-01-22T09:46:42","guid":{"rendered":"https:\/\/stolpkin.net\/?p=51372"},"modified":"2026-01-22T07:06:26","modified_gmt":"2026-01-22T10:06:26","slug":"europa-matanza-sobre-matanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/stolpkin.net\/?p=51372","title":{"rendered":"Europa, matanza sobre matanza"},"content":{"rendered":"\n<p>Por Victor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora que Europa lleg\u00f3 otra vez a la reuni\u00f3n Davos con el ce\u00f1o fruncido y el gesto solemne de quien cree que todav\u00eda puede convencer al mundo con palabras, me trae a la memoria mi Abuelo paterno.<\/p>\n\n\n\n<p>Giuseppe naci\u00f3 en 1891. Hizo su servicio militar obligatorio, y estaba en Brasil con su padre haciendo negocios junto a su padre cuando estall\u00f3 la Primera Guerra Mundial.<\/p>\n\n\n\n<p>Regres\u00f3 a Italia y combati\u00f3 hasta resultar gravemente herido. Fue condecorado como h\u00e9roe pero en 1920 antes del Gobierno del r\u00e9gimen fascista se march\u00f3 de Italia y no retorn\u00f3 jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un ciudadano italiano como tantos otros ciudadanos europeos que han vivido a trav\u00e9s de siglos y siglos sujetos a las caprichosas matanzas generadas por las ambiciones de sus \u00e9lites.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora en estos d\u00edas en Suiza, la nieve cubr\u00eda los Alpes como una s\u00e1bana pulcra; adentro, el aire estaba cargado de reproches tard\u00edos, de discursos que llegaban siempre despu\u00e9s de los hechos.<\/p>\n\n\n\n<p>No era una cumbre m\u00e1s. Era, aunque pocos quisieran admitirlo, el punto visible de un proceso largo, lento y casi siempre negado: el agotamiento de las \u00e9lites europeas surgidas del orden nacido tras la otra guerra concluida en 1945.<\/p>\n\n\n\n<p>Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Europa no solo estaba devastada f\u00edsicamente. Estaba moralmente exhausta y pol\u00edticamente desacreditada. Dos guerras mundiales, incubadas en su propio suelo, hab\u00edan destruido la legitimidad hist\u00f3rica de sus viejos imperios y de sus clases dirigentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en ese vac\u00edo donde Estados Unidos ocup\u00f3 el centro del escenario, no solo como potencia vencedora, sino como arquitecto de un nuevo orden. El Plan Marshall no fue un acto de caridad: fue una operaci\u00f3n estrat\u00e9gica de reconstrucci\u00f3n y tutela. Europa acept\u00f3 gustosa. Hab\u00eda hambre, ruinas y miedo al comunismo. La subordinaci\u00f3n se vivi\u00f3 entonces como salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la Guerra Fr\u00eda, esa relaci\u00f3n se consolid\u00f3. Europa Occidental prosper\u00f3 bajo el paraguas militar estadounidense, mientras reconstru\u00eda su econom\u00eda, levantaba el Estado de bienestar y convert\u00eda el recuerdo del horror en un consenso pol\u00edtico: nunca m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese \u201cnunca m\u00e1s\u201d fue, al mismo tiempo, una promesa moral y una renuncia estrat\u00e9gica. El poder duro qued\u00f3 asociado al pasado oscuro; la fuerza militar, a la barbarie; la geopol\u00edtica, a un vicio que otros \u2014Washington y Mosc\u00fa\u2014 pod\u00edan permitirse. Europa se especializ\u00f3 en administrar la paz ajena.<\/p>\n\n\n\n<p>El milagro europeo de la posguerra fue real. Crecimiento, estabilidad, integraci\u00f3n, derechos sociales. Pero ese \u00e9xito conten\u00eda una semilla silenciosa: la convicci\u00f3n de que la historia hab\u00eda sido domesticada para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn y la desaparici\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, esa ilusi\u00f3n se convirti\u00f3 en dogma. Europa crey\u00f3 que el siglo XXI ser\u00eda una prolongaci\u00f3n tecnocr\u00e1tica del XX tard\u00edo, un mundo gobernado por reglas, tribunales, mercados y declaraciones conjuntas. Se habl\u00f3 del \u201cfin de la historia\u201d con una sonrisa satisfecha, como si los fantasmas hubieran sido definitivamente exorcizados.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando las \u00e9lites europeas comenzaron a confundirse a s\u00ed mismas con la historia misma. La integraci\u00f3n comunitaria avanz\u00f3, pero lo hizo sustituyendo pol\u00edtica por procedimiento, estrategia por normativa, poder por lenguaje.<\/p>\n\n\n\n<p>La defensa qued\u00f3 en manos de la OTAN; la energ\u00eda se ideologiz\u00f3; la industria pesada se desplaz\u00f3; la tecnolog\u00eda se import\u00f3; la soberan\u00eda se volvi\u00f3 una palabra inc\u00f3moda, casi sospechosa. Europa se convirti\u00f3 en un gran espacio civilizatorio convencido de que la econom\u00eda bastaba para garantizar la seguridad y de que la moral pod\u00eda reemplazar al m\u00fasculo.<\/p>\n\n\n\n<p>La crisis financiera de 2008 fue una advertencia que no se quiso escuchar. El continente reaccion\u00f3 con austeridad, tecnocracia y sacrificios sociales que erosionaron la confianza ciudadana, pero no alteraron el n\u00facleo del modelo.<\/p>\n\n\n\n<p>La prioridad sigui\u00f3 siendo la estabilidad administrativa, no la capacidad estrat\u00e9gica. La brecha entre \u00e9lites y pueblos se ensanch\u00f3, mientras crec\u00eda la sensaci\u00f3n de que Europa sab\u00eda exigir, pero no proteger.<\/p>\n\n\n\n<p>La pandemia lleg\u00f3 como un segundo aviso, m\u00e1s brutal. En nombre de la emergencia y del bien com\u00fan, las instituciones europeas se apoyaron sin pudor en las grandes plataformas tecnol\u00f3gicas estadounidenses para gestionar informaci\u00f3n, controlar contenidos y decidir qu\u00e9 pod\u00eda circular y qu\u00e9 deb\u00eda desaparecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquello que hoy algunos denuncian como sumisi\u00f3n fue entonces celebrado como responsabilidad. Nadie hablaba de dependencia; se hablaba de cooperaci\u00f3n. Nadie invocaba soberan\u00eda; se invocaba eficiencia. Europa no fue forzada: consinti\u00f3, otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego vino la guerra, y con ella el despertar brusco. De pronto, la dependencia energ\u00e9tica dej\u00f3 de ser una abstracci\u00f3n verde y se convirti\u00f3 en una factura imposible de pagar.<\/p>\n\n\n\n<p>La dependencia militar dej\u00f3 de ser una comodidad heredada y pas\u00f3 a ser una evidencia inc\u00f3moda. La dependencia tecnol\u00f3gica dej\u00f3 de ser una ventaja de mercado y se revel\u00f3 como una vulnerabilidad estrat\u00e9gica. Europa descubri\u00f3, casi con asombro infantil, que los discursos no detienen misiles, que las sanciones no sustituyen f\u00e1bricas, y que la ret\u00f3rica no produce chips.<\/p>\n\n\n\n<p>En Davos, ese desconcierto se transform\u00f3 en reproche. Algunos l\u00edderes europeos hablaron de dignidad, de no vivir arrodillados ni humillados ante Washington.<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras sonaban firmes, pero llegaban tarde. Porque la humillaci\u00f3n que hoy se denuncia no naci\u00f3 con Trump ni en una Casa Blanca hostil. Naci\u00f3 en d\u00e9cadas de decisiones propias, en Bruselas, en Berl\u00edn, en Par\u00eds, cuando se decidi\u00f3 que invertir en capacidades estrat\u00e9gicas era innecesario, caro o pol\u00edticamente incorrecto. Naci\u00f3 cuando se prefiri\u00f3 el aplauso moral al costo del poder.<\/p>\n\n\n\n<p>El regreso de Donald Trump al primer plano internacional no cre\u00f3 esa fragilidad; simplemente la expuso sin cortes\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Trump no habla el idioma europeo de las sutilezas y las f\u00f3rmulas diplom\u00e1ticas. Habla el lenguaje crudo del poder y del precio. Dice lo que muchos en Washington siempre pensaron y pocos se atrev\u00edan a decir en voz alta: las alianzas son estrat\u00e9gicas, pero no gratuitas; la amistad no sustituye al equilibrio; y la protecci\u00f3n se paga. Frente a ese lenguaje, Europa se descubri\u00f3 desarmada, no solo en lo militar, sino en lo intelectual.<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos evocan con nostalgia los a\u00f1os de mayor sinton\u00eda transatl\u00e1ntica bajo Obama o Biden, como si la cordialidad pol\u00edtica hubiera significado igualdad real. Pero esa comparaci\u00f3n es enga\u00f1osa. La asimetr\u00eda ya estaba ah\u00ed. La diferencia es que antes se maquillaba con sonrisas, discursos compartidos y declaraciones solemnes.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy se enuncia sin anestesia. El fondo es el mismo desde 1945: una Europa protegida y una Am\u00e9rica protectora, solo que ahora Estados Unidos ya no quiere seguir cargando solo con el peso del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el lado estadounidense, los mensajes son fr\u00edos, casi contables. Se repite que la alianza atl\u00e1ntica no est\u00e1 en peligro, pero se subraya que sus fundamentos no son sentimentales, sino estrat\u00e9gicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Estados Unidos sabe qui\u00e9nes son sus aliados, dicen. Y precisamente por eso exige m\u00e1s: m\u00e1s inversi\u00f3n, m\u00e1s responsabilidad, m\u00e1s autonom\u00eda real. No para debilitar a Europa, sino para dejar de sostenerla.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto, las instituciones europeas responden con un lenguaje que parece detenido en el tiempo. Se afirma que hay herramientas, que existen instrumentos, que la Uni\u00f3n Europea puede mejorar su situaci\u00f3n econ\u00f3mica y estrat\u00e9gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo eso es cierto y, al mismo tiempo, insuficiente. Porque Europa siempre ha tenido diagn\u00f3sticos brillantes y decisiones tard\u00edas. Siempre ha prometido futuros que llegan cuando el presente ya cambi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El fracaso de las \u00e9lites europeas no es un accidente ni una moda ideol\u00f3gica. Es el resultado hist\u00f3rico de un largo proceso iniciado en 1945: la renuncia progresiva al poder en nombre de la paz, convertida con el tiempo en incapacidad para sostener esa misma paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Creyeron que el poder era una reliquia del siglo XX, que la geopol\u00edtica pod\u00eda ser reemplazada por la econom\u00eda, y que la econom\u00eda pod\u00eda vivir separada de la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Davos 2026 no marca el inicio de esa crisis. Marca el momento en que ya no puede ocultarse. Bajo la nieve impecable y las alfombras bien aspiradas, Europa se vio a s\u00ed misma tal como es: un continente culto, pr\u00f3spero en recuerdos, rico en normas y pobre en m\u00fasculo, acostumbrado a dar lecciones y cada vez menos capaz de imponer condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia, que Europa crey\u00f3 haber archivado en 1945, volvi\u00f3 a llamar a la puerta. Y esta vez no trae planes de reconstrucci\u00f3n ni discursos de unidad, sino la cuenta completa de ochenta a\u00f1os de delegaci\u00f3n, comodidad y olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>Victor Manuel Grimaldi C\u00e9spedes, periodista, historiador, pol\u00edtico y diplom\u00e1tico dominicano. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Trump no habla el idioma europeo de las sutilezas y las f\u00f3rmulas diplom\u00e1ticas. Habla el lenguaje crudo del poder y del precio. Dice lo que muchos en Washington siempre pensaron y pocos se atrev\u00edan a decir en voz alta: las alianzas son estrat\u00e9gicas, pero no gratuitas; la amistad no sustituye al equilibrio; y la protecci\u00f3n se paga. 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