Trump no habla el idioma europeo de las sutilezas y las fórmulas diplomáticas. Habla el lenguaje crudo del poder y del precio. Dice lo que muchos en Washington siempre pensaron y pocos se atrevían a decir en voz alta: las alianzas son estratégicas, pero no gratuitas; la amistad no sustituye al equilibrio; y la protección se paga. Frente a ese lenguaje, Europa se descubrió desarmada, no solo en lo militar, sino en lo intelectual.
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