Alejandro Nadal es economista. Profesor investigador del Centro de Estudios Económicos y de “El Colegio de México”, colabora regularmente con el cotidiano La Jornada. Es, además, miembro del consejo edi- torial de Investigación Económica, una excelente revista de ciencias sociales dirigida por el economista mexicano Ignacio Perrotini.
Por: Alejandro Nadal
Para decirlo suavemente, el desempeño del capitalismo a escala mundial ha dejado mucho que desear. De manera más clara, frente a nuestros ojos tenemos un desastre desarrollándose en cámara lenta. No sólo el crecimiento ha sido mediocre y el problema de la desigualdad se ha agravado, sino que las crisis se hicieron más comunes y agudas. Los desequilibrios económicos mundiales se intensificaron y hoy constituyen uno de los factores más importantes de inestabilidad e incertidumbre. El sector financiero se expandió de manera absurda y en lugar de que las agencias reguladoras le tengan bajo control, pudo someter a la política económica a sus necesidades.
Frente a este panorama se fue consolidando algo muy engañoso: la idea de que las economías nacionales son entidades que se auto-regulan, que mantienen equilibrios saludables y casi bajo ninguna circunstancia requieren de la intervención del gobierno para enderezar el camino. Esta idea es muy vieja entre los economistas que mantuvieron la fe en las virtudes del mercado. Esos economistas en muchos casos estuvieron muy bien apoyados por contribuciones millonarias que les permitieron “amplificar el mensaje sobre la libertad de los mercados”. Un buen ejemplo es el de Milton Friedman y, en especial, en su libro Capitalismo y libertad, pieza literaria de extraordinaria debilidad intelectual y brutal virulencia ideológica. No por nada fue uno de los libros de cabecera de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.
Por: Alejandro Nadal
El 31 de diciembre de 1933 el economista John Maynard Keynes dirigió una carta abierta a Franklin Roosevelt, el único presidente de Estados Unidos que se ha enfrentado al capital financiero. Si Keynes estuviera vivo, este fin de año habría enviado a Obama una carta parecida. Considerando el estado actual de la economía mundial, y no sólo la estadunidense, es importante recuperar los puntos medulares de esa misiva.
Escribió Keynes al mandatario: "Usted se enfrenta a una doble tarea: recuperación de la crisis y la aprobación de reformas económicas y sociales que debieron haber sido introducidas hace mucho. El objetivo de la recuperación es incrementar el producto y el empleo. En nuestro mundo el producto se destina a ser vendido y su volumen depende del poder de compra que le hará frente en el mercado. Un incremento en el producto requiere de por lo menos uno de tres factores. Las personas deben ser inducidas a gastar una mayor parte de su ingreso, o las empresas deben ser persuadidas, ya sea por una mayor confianza o por una menor tasa de interés, a contratar más personal y así crear más ingresos en manos de sus empleados. Alternativamente, la autoridad pública debe ser llamada a crear ingresos adicionales a través del gasto público. Cuando los tiempos son malos no se puede esperar que el primer factor funcione a una escala adecuada. El segundo factor no podrá operar sino hasta que el gobierno haya revertido la situación a través del gasto público. En consecuencia, el mayor impulso para salir del bache sólo puede provenir del tercer factor."
Por: Alejandro Nadal
Durante el siglo XX las luchas por la emancipación popular en África fueron un referente político clave a escala mundial. Particularmente importantes fueron los movimientos de liberación en países como Argelia, Namibia, Tanzania, Zimbabwe, Sudáfrica, Angola y Mozambique. Esas históricas gestas marcaron el proceso de descolonización y en plena guerra fría, algunas transformaron el paisaje africano en campo de batalla. En ese contexto, la ofensiva contra el apartheid en Sudáfrica se convirtió en símbolo del combate contra la injusticia en todas sus formas.
El asesinato de 34 mineros que protestaban por las miserables condiciones de trabajo en la mina de platino de Marikana recuerda la represión en los peores días del apartheid. La mina es operada por la empresa Lonmin, uno de los productores más grandes de platino en el mundo. Este trágico episodio revela que el proyecto político del neoliberalismo, desde México hasta Sudáfrica, es convertir el mundo en un estado policiaco.
Por: Alejandro Nadal
¿Cuándo fue la última vez que una economía capitalista se mantuvo en expansión y en armonía social? Parece que hay que hacer un buen ejercicio de memoria porque no es fácil recordar semejante episodio de placidez. Y sin embargo, en el imaginario social perdura la creencia de que en una época perdida que habría que recuperar, el capitalismo pudo hacer entrega de buenos resultados. Quizás el anhelo profundo del ser humano es ese mundo de paz, bienestar y justicia. Pero esa aspiración no significa que ese mundo anhelado sea posible bajo la feroz regla del capital.
Por: Alejandro Nadal
¿Manipulaciones sobre la tasa de interés? Es un tema aburrido, pero el escándalo que involucra al banco inglés Barclays por la manipulación de información para fijar la tasa Libor afecta la vida cotidiana de miles de millones de personas en todo el mundo. El episodio revela una vez más que los agentes del mundo financiero se despachan con la cuchara grande. La investigación de las agencias reguladoras busca tapar con un dedo el deslumbrante resplandor de las mentiras y canalladas de los banqueros.
Vamos por partes. El sector financiero y sus comparsas en el mundo académico han buscado hacer creer, desde hace más de cien años, que la tasa de interés es una variable que se determina en el mercado de fondos prestables. Es decir, se ha difundido la fábula de que en una economía capitalista la tasa de interés es el precio que pone en equilibrio la oferta y demanda de fondos (hechas por los ahorradores y los inversionistas). De acuerdo con esta visión, los bancos sólo desempeñan una función de intermediación que es remunerada (por las diferencias entre las tasas activas y pasivas de interés). Un mecanismo de mercado impersonal, análogo al del mercado de manzanas, realiza el equilibrio entre oferta y demanda y determina la tasa de interés.
La Unión Europea firmó en Bruselas el nuevo pacto fiscal promovido por Alemania. La retórica oficial está envuelta en fórmulas sobre crecimiento y empleo, pero se trata de la peor respuesta de política económica de cara a la crisis. Equivale a entronizar el dogma de la austeridad fiscal que tanto daño hace en momentos de recesión. Puede ser también el último (...)
Por: Alejandro Nadal
La gran ironía del neoliberalismo es que su versión del capitalismo condujo a desarticular el vínculo entre salarios, ingresos y demanda agregada. De esta forma, terminó por socavar las bases de la economía capitalista a nivel mundial. La globalización neoliberal no es más que una cara de este proceso que hoy se expresa en una crisis de proporciones históricas y anuncia una prolongada temporada de estancamiento. La secuela de desempleo, desigualdad y pobreza sólo traerá malas noticias en la vida política de las naciones.
Para entender cómo se rompió ese vínculo y sus consecuencias, es necesario trazar un esbozo de las causas de la globalización. La narrativa dominante durante muchos años presentó a la globalización como muestra del éxito imparable del capitalismo moderno. El colapso de la Unión Soviética sirvió para presentar a la globalización como el triunfo del libre mercado. Pero la realidad siempre es terca y no puede moldearse como si fuera plastilina.
Por: Alejandro Nadal
Los soñadores, los especuladores y los reaccionarios acabaron por hundir al mundo en la segunda Guerra Mundial. Esa es la gran enseñanza de la controvertida obra del historiador A. J. P. Taylor sobre Los orígenes de la Segunda guerra mundial (publicada en 1961). Sólo le habría faltado añadir como telón de fondo de ese proceso a la Gran Depresión. Una vez que completamos el cuadro, las semejanzas con los acontecimientos de nuestros días comienzan a delinearse de manera más clara y alarmante.
Por: Alejandro Nadal
Parece que los mercados financieros ya dan por sentado que Grecia se declarará en suspensión de pagos en los próximos meses. El primer paquete de rescate y la austeridad que se impuso sobre Atenas fracasó. Sus objetivos principales, la reducción de la relación deuda/PIB y la estabilización de la relación con los mercados financieros, parecen hoy inalcanzables. El horizonte no se ve bien.
Por supuesto, la restructuración sería lo más conveniente para Grecia. Tendría un costo menor para el pueblo de aquel país, y tendría la virtud de colocar parte del peso de la crisis sobre los prestamistas que son corresponsables de esta debacle. Atenas podría dedicarse a recuperar la salud de sus finanzas sin sacrificar a una generación (como sucedió en América Latina a partir de la crisis de los ochenta).
Por: Alejandro Nadal
Mientras el tiempo corre, el debate sobre la manera de enfrentar la crisis económica se descarrila y toma un camino peligroso. Ese sendero está trazado alrededor de la idea equivocada de que los orígenes de la crisis se encuentran única y exclusivamente en el endeudamiento público. Alrededor de esta obsesión con la deuda pública se han organizado hoy los instrumentos de la política del rescate y recuperación, como si el génesis de la crisis se explicara por la expansión de la deuda pública. El resultado es que no sólo no se podrá asegurar la recuperación, sino que se anuncia un escenario mucho más sombrío para el futuro inmediato.
En el ámbito de la política económica, desde Washington hasta Bruselas y Francfort, el principal enemigo es el endeudamiento público y la forma de enfrentarlo es con austeridad fiscal: ¡recortad el gasto público que ya os saldrán bien las cuentas! Ni una palabra sobre el aumento de impuestos en un ejercicio redistributivo. Ni una referencia al impacto del recorte fiscal sobre la recesión. Se ha borrado del debate la idea de que el saneamiento de las finanzas públicas sólo se logrará en un contexto de crecimiento y que la manera de lograr eso es compensando el desplome de la inversión privada.