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Marcos Roitman Rosenmann

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Bolivia y la sumisión de Europa

Por: Marcos Roitman Rosenmann

Tras 12 horas de secuestro del presidente Evo Morales en Viena, Austria, no hay muchas explicaciones para justificar lo que podemos considerar, si se me permite el símil, un golpe de Estado internacional contra la soberanía de Bolivia. Si el avión presidencial lo consideramos territorio inviolable, la sola petición de examinarlo, sea cual fuere el motivo, constituye un despropósito, un acto de piratería aérea, y abre la caja de pandora. Mañana se podría pedir, cortésmente, que todos los aparatos que transportan jefes de Estado y de gobierno en misiones oficiales sean sometidos a revisión voluntaria, por soplos de agencias de información o espionaje. La escusa, desde transportar estupefacientes, oro, dinero negro o personas indocumentadas. Se trata de un acto de impunidad avalado en una argucia técnica, repostar combustible y carecer de autonomía de vuelo. Cerrado el grifo de la gasolina y con opciones de no llegar a destino, la pregunta salta a la vista si se nos pide realizar la inspección. ¿Qué hacer?

En este plano, la negativa de varios gobiernos de la Unión Europea de prestar sus aeropuertos al avión presidencial boliviano supone un salto cualitativo en la escalada contra la soberanía de los Estados y la dignidad de sus mandatarios, en este caso de Evo Morales. Pero, si miramos un poco más lejos, también deja al desnudo la pérdida de soberanía de los gobiernos implicados. No hablamos de países menores, al menos en el caso de Francia e Italia. Portugal y España es otro cantar. Aunque no es menos grave. La situación obliga a preguntarnos: ¿Quién dio la orden? Si la respuesta es de Perogrullo, Estados Unidos y su lobby internacional: la Casa Blanca, la CIA, el Departamento de Estado y el Pentágono, debemos considerar el grado de sumisión de gobiernos dizque democráticos plegados a una petición aberrante. Su acatamiento pone de relieve, en primer lugar, la dependencia de las democracias europeas en relación con Estados Unidos. En segundo lugar una baja autoestima, al cumplirla sin rechistar ni cuestionar el argumento esgrimido por el solicitante. ¿Viajaba el supuesto espía?, ¿Cuáles eran los datos para aseverarlo?

La desmesura política o la revolución por Facebook

Por: Marcos Roitman Rosenmann

Todo está fuera de lugar. El quehacer político de la información se encuentra en manos de actores mediáticos que han sustituido al periodista profesional y los científico-sociales. Su lugar lo ocupan hombres y mujeres cuyo principal atributo consiste en proyectar imagen, tener cierto dominio del lenguaje y vestir a la moda. Un sinsentido. El conocimiento ha sido trasladado al desván de los trastos inútiles. La osadía de opinar pontificando copa lo cotidiano. Resulta penoso ver a destacados “líderes de audiencia”, no de opinión, discutir sobre leyes sin saber distinguir entre lo civil y lo penal, confundiendo, además, una querella con una demanda o una estafa con evasión de capitales. Para estos nuevos abogados todo es lo mismo. Asimismo, cuando se refieren al orden económico los gazapos son descomunales. Confunden balanza comercial con balanza de pagos, crisis con recesión, comercio exterior con exportaciones y crecimiento con desarrollo. Y no digamos cuando se trata de hablar de política. En ese instante se sueltan la lengua, les da igual ocho que 80. No tienen el menor empacho en homologar autocracia con dictadura, democracia con partidos políticos, gobernabilidad con seguridad ciudadana o legitimidad con legalidad. Sus intervenciones se miden por el grado de ignorancia, desfachatez y ridículo. Siguen guiones prestablecidos. Están en todos los medios de comunicación. Radio, prensa, televisión, páginas web y YouTube. Tienen su ranking de popularidad, cuya medida consiste en el número de veces que su intervención es visitada. Cien, 500, mil, 10 mil o 100 mil veces. Tienen “un millón de amigos” que comparten día a día, hora a hora, minuto a minuto y segundo a segundo, sus sesudas reflexiones sobre el desayuno, su estado de ánimo, su último libro, sus lecturas, sus desengaños amorosos, viajes y particular forma de entender la vida política. En 140 caracteres vierten todo su saber. Un prodigio de síntesis y sintaxis. No tienen límites. De allí su desmesura.

Caudillismo, caudillos y líderes políticos en América Latina

Por: Marcos Roitman Rosenmann

Los caudillismos siempre han sido aborrecidos. Su aparición se vincula al ejercicio autocrático del poder, en el que proliferan el miedo y la represión. Su correlato, la figura del caudillo. Un personaje deleznable como el régimen que preside. Los caudillos suelen ser considerados seres enfermizos, con delirios de grandeza, sueños faraónicos y proyectos imperiales. Sujetos que acumulan un poder desmesurado, sin control y al margen de las instituciones. Algo parecido a un monarca absoluto. “El Estado soy yo”, al decir apócrifo de Luis XIV, el Rey sol francés.

Los caudillos nunca han gozado de buena prensa, sobre todo cuando su definición se homologa a dictadores sin escrúpulos. Si echamos un vistazo al siglo XIX latinoamericano, el apelativo se adjudicó a figuras como Juan Manuel de Rosas en Argentina y Facundo Quiroga, tan bien descritos por Domingo Sarmiento en Facundo, civilización o barbarie. En Paraguay, el mote recayó en José Gaspar Rodríguez, de Francia, inmortalizado por Augusto Roa Bastos en su novela Yo, el supremo. Ningún país se libra de tenerlos. En Bolivia, los focos se centran en Manuel Mariano Melgarejo, asesinado en el exilio en 1871. Su personalidad ha sido objeto de múltiples chascarrillos. Alcides Arguedas lo retrata en su obra Los caudillos bárbaros. La lista es larga. Entre tantos, un caso singular, Chile, donde el caudillo nunca ocupó la presidencia. Ahí se habla del “hombre fuerte” que aglutinó a las “fuerzas vivas” del país para construir el Estado, Diego Portales. Resulta significativo que en 1973, tras el golpe de Estado, la junta militar, encabezada por Pinochet, adjetivara la sede de la dictadura como “Edificio Diego Portales”, antes llamado Gabriela Mistral.

[España] ¿Sirve de algo manifestarse?

Por: Marcos Roitman Rosenmann

El presidente de gobierno del reino de los súbditos borbónicos, Mariano Rajoy, antes ministro del Interior de Jose María Aznar, se despachó a gusto en Estados Unidos. En un acto de soberbia mandó el siguiente mensaje: agradecía a los millones de españoles, que no se manifiestan, ser leales a la "marca España", mostrando con su actitud el apoyo a los recortes. Semejante afirmación, digna de entrar en los anales de la manipulación, por no decir de la estupidez, no merece respuesta. Aunque, por su importancia, debe ser analizada. Igualmente el humorista político Gran Wyoming le contestó con el siguiente símil: “La visita del papa Benedicto XVI para celebrar las Jornadas Mundiales de la Juventud Católica contó con la presencia de un millón de personas provenientes de todo el mundo; 5 mil 999 millones se muestran contrarios y no asisten, quedándose en sus casas.”

El argumento maniqueo de Rajoy muestra la incomprensión de la convocatoria del 25-S, “toma el Congreso”. Tienen miedo a un desborde popular. En Portugal, una manifestación contra los recortes hizo retroceder al gobierno conservador, hasta ahora alumno aventajado de la troika. Las manifestaciones son la punta del iceberg. No son simplemente reivindicativas, expresan un estado de ánimo, una llamada de atención o un intento de hacer visible un problema. Las hay de derechas e izquierdas. Sólo que las derechas, guste o no, cuando convocan movilizan toda su gente, se deja la piel. Invierte en anuncios en televisión, radio, prensa escrita. En España son famosas las patrocinadas por la Iglesia católica y el Partido Popular en contra del aborto, la defensa de la familia tradicional, la educación privada y el terrorismo de ETA. Han llenado plazas y han sido cientos de miles sus participantes. Intentan tomar la calle y lo hacen. Pero tampoco, si hubiese sido un fracaso de asistencia sería un hecho relevante. Las manifestaciones no se miden por el número de asistentes, aunque tiene su importancia. Descalificar una asamblea, un plantón o una convocatoria por el escaso número de asistentes, es no comprender el significado de las convocatorias en tanto constituyen parte de la libertad de reunión y expresión de la ciudadanía. Señalar que los problemas no existen cuando la participación es minoritaria, es insultar la inteligencia. Son muchas las movilizaciones contra el rescate de los bancos, los desahucios, la corrupción política, la privatización de la salud, la educación o los recortes sociales que no han sido un éxito de convocatoria. ¿Y qué?

El mito de la juventud mejor preparada

Por: Marcos Roitman Rosenmann

En todo informe que se precie, cuando se analiza la juventud del siglo XXI, se destaca su elevado nivel de formación. Se le atribuye estar mejor capacitada y tener, dado la evolución informática, una visión del mundo de la cual carecían sus homólogas del siglo XX. Los adelantos tecnológicos les brinda estar en las redes sociales y gozar de una comunicación horizontal, más democrática y abierta con una velocidad de vértigo. Vivir al instante lo que sucede en el mundo. Asimismo, se le adjudican comportamientos inherentes a su tiempo, ser emprendedores, independientes, decididos y sobre todo competitivos. Asimismo, estadísticas publicadas por organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), subrayan la disminución del analfabetismo y la baja deserción escolar en las últimas décadas. Tal circunstancia se refleja en un aumento de la juventud que desea seguir estudios universitarios y de posgrado, lo cual abre un abanico de oportunidades para los jóvenes, ávidos de incorporarse al mundo laboral. Cada vez son más los jóvenes que culminan con éxito sus ciclos escolares.

África, Asia y América Latina, continentes que han ido a la zaga en educación, salvo casos excepcionales, ven cómo una proporción creciente de estudiantes obtienen diplomas, obligando a las universidades a diversificar su oferta. Nuevas titulaciones aterrizadas en el mercado se publicitan como salidas profesionales. Se ha producido una revolución educativa en todos los sentidos. Mayores exigencias en un orden globalizado obligan a los jóvenes a redoblar esfuerzos. Más competitivos y con deseos de comerse el mundo se reciclan para el mercado. Ellos han interiorizado el mensaje y se han puesto a funcionar. Todos contra todos. Quienes obtienen un título no se conforman con ello. Cursos de especialización, idiomas, becas de intercambio. Son auténticos triunfadores. Dominan el lenguaje de las nuevas tecnologías y son un ejemplo de perseverancia y entrega.

[España] Cuando la esperanza nos lleva al abismo

Por: Marcos Roitman Rosenmann

En situaciones extremas, donde la vida entra en juego, las decisiones personales y colectivas vienen acompañadas, muchas veces, de grandes sobresaltos. El refranero popular lo expresa contradictoriamente: a grandes males, grandes remedios. En el terreno político, esta afirmación, en momentos de crisis y recesión, conlleva riesgos imprevisibles. La desesperación es el caldo de cultivo para la emergencia de órdenes totalitarias. Mesías, salvadores de la patria ganan protagonismo, ofreciendo el paraíso. El desempleo, el hambre, la pérdida de derechos sociales, el aumento de la corrupción, la violencia social, minan la confianza del sujeto en las instituciones y lo hacen proclive a un discurso manipulador. A cambio se le vende nostalgia, el regreso a una época de bonanza y bienestar. Así, el individuo, convencido que vendrán tiempos mejores, se deja arrastrar hacia una deriva de comportamientos antidemocráticos. En esta huida hacia adelante, pierde la cordura y en un estado de sobrexcitación, abraza el sálvese quien pueda, pero yo primero. Conductas xenófobas, racistas, chovinistas, homofóbicas y reaccionarias son enarboladas como una salida a la crisis que acaban justificando cualquier tipo de recorte social y pérdida de derechos ciudadanos. Es una tabla de salvación para no ahogarse, cuando se tiene el agua al cuello. Sin pensarlo, se mira hacia otro lado y se deja hacer, creyendo firmemente en la quimera de un edén terrenal.

[Chile] Los mineros del norte y los mapuches del sur

Por: Marcos Roitman Rosenmann

El rescate de los 33 mineros chilenos se ha convertido en un espectáculo. Estamos presenciando el mejor ejemplo de periodismo infame. Nadie faltó a la cita. Las agencias de prensa, los medios televisivos, los corresponsales extranjeros, reporteros, enviados especiales y desde luego las trasnacionales, ellas han financiado, en parte,con sus anuncios publicitarios, la fauna sedienta de sensacionalismo. En esta aventura, no había que escatimar gastos. Millones de dólares se han invertido en cubrir la operación. La forma en que fue construida la noticia supone un antes y un después en la teoría comunicativa.Las lecciones no pueden pasar desapercibidas para quienes tienen un poco de pudor. Una tragedia, un drama humano, acaba siendo una excusa para ganar dinero y mantener atentos a radioescuchas y telespectadores. Así, se diluyen las causas y los responsables de tal desaguisado.De la noche a la mañana se construye una historia de héroes.Una irresponsabilidad en las medidas de seguridad de una mina propiedad de una empresa privada, muta en un acontecimiento con ribetes de epopeya. Los informantes soslayan esta particularidad y se dan a la innoble tarea de relatar una ficción. Mientras tanto,nadie entrevista a los dueños, para preguntarles como eran las condiciones de trabajo y por qué sucedió el derrumbamiento. Menos aún se hace alusión a las demandas sindicales ni se da la voz a sus compañeros y dirigentes sindicales, hacerlo supondría poner al descubierto la cruda realidad. Mineros cobrando sueldos de miseria, sin seguros médicos, trabajando en condiciones infrahumanas y sometidos a todo tipo de vejámenes legales. Contratos basuras, horarios interminables y chantaje de despido si denuncian a la empresa. Eso no es noticia, es desestabilización informativa”. No aporta nada. Por ende, hay que desviar la atención. Lo fundamental es falsear los hechos y reconstruirlos bajo una nueva perspectiva: emerge un melodrama. Primero las muestras de solidaridad. Políticos de todo el mundo, artistas, intelectuales, deportistas, en definitiva, los llamados famosos o personajes públicos se hacen presentes, son la guinda del pastel. Todos los días se incorpora uno nuevo a la lista. Así se mantiene viva la unidad mundial contra la desgracia. Una nueva muestra de humanidad humana. Canciones, raps, poemas, todo vale. Inclusive, en el propio campamento se han instalado distintas iglesias, la católica, protestante, los testigos de Jehová y un sin fin de sectas, ofreciendo sus servicios de vigilia y rogando a Dios para que les proteja. Pero eso es una parte ínfima del montaje. Para los clubes deportivos, las empresas hoteleras, las agencias de turismo, las marcas de electrodomésticos, aparatos electrónicos, etcétera, es una ocasión de oro para promover sus marcas. Los responsables publicitarios han comprendido el tirón que supone tener una audiencia cautiva, millones de personas siguen las labores del rescate. Por consiguiente,un poco de publicidad gratuita no viene mal. Para llamar la atención mutan sus intereses en acciones altruistas. Regalan camisetas de futbol, ofrecen vacaciones pagadas a las islas griegas o les prometen cocinas, neveras, etcétera.

¿Existen las clases sociales?

Por: Marcos Roitman Rosenmann

Los detractores del socialismo no pueden oír hablar de la existencia de explotación, imperialismo o explotadores. Se muestran iracundos cuando algún comensal o interlocutor les hace ver que las clases sociales son una realidad. Los portadores del nuevo catecismo posmoderno, dicen tener argumentos de peso para desmontar la tesis que aún postula su validez y su vigencia como categorías de análisis de las estructuras sociales y de poder. Lamentablemente, sólo es posible identificar, con cierto grado de sustancia, dos tesis. El resto entra en el estiércol de las ciencias sociales. Son adjetivos calificativos, insultos personales y críticas sin altura de miras. Yendo al grano, la primera tesis subraya que la contradicción explotados-explotadores es una quimera, por tanto, todos sus derivados, entre ellos las clases sociales, son conceptos anticuados de corto recorrido. Ya no hay clases sociales y si las hubiese, son restos de una guerra pasada. Desde la caída del muro de Berlín hasta nuestros días las clases sociales están destinadas a desaparecer, si no lo han hecho ya. El segundo argumento, corolario del primero, nos ubica en la caducidad de las ideologías y principios que les dan sustento, es decir el marxismo y el socialismo. Su conclusión es obvia, los dirigentes sindicales, líderes políticos e intelectuales que hacen acopio y se sirven de la categoría clases sociales para describir luchas y alternativas en la actual era de la información, vivirían de espaldas a la realidad. Nostálgicos enfrentados a molinos de viento que han perdido el tren de la historia. Para seguir adelante, hay que renovar, buscar conceptos en un mundo novísimo.

Uribe y la desestabilización en Venezuela

Por: Marcos Roitman Rosenmann

Cuando se busca derribar gobiernos de izquierda la primera tarea consiste en deslegitimar y destruir sus bases sociales de apoyo, punto de inflexión para llamar al golpe de Estado o el magnicidio. La estrategia posee dos flancos, el internacional y el interno. Ambos buscan estrangular la economía, provocar descontento, crear desánimo y promover una ruptura institucional. Los movimientos se dibujan en un tablero donde cada pieza tiene un valor estratégico. Nada se deja al azar.

Pobres Ricos!!!

Por: Marcos Roitman Rosenmann

En medio de la crisis del capitalismo, las perspectivas de futuro son contradictorias. Para las burguesías y los empresarios se trata de un momento amargo. Practicar la lujuria, la gula, la avaricia, la envidia o la soberbia está mal visto en momentos de recesión. Las plutocracias se ven obligadas a ocultar su obscena forma de vida con el fin de no ser atacadas. Los dueños de grandes fortunas, se sienten víctimas. Ellos, dirán, no son culpables del actual desaguisado. La responsabilidad es de los gobiernos, los que, independientemente de su color político, se mostraron incapaces de actuar a tiempo, dejando crecer la burbuja especulativa y financiera. Por consiguiente, ahora les toca hacer frente a su desidia. En otras palabras, gobernar con mano de hierro. La tarea: salvar al capitalismo de su colapso. En esta dinámica, se perfilan las medidas de austeridad. Todas cortadas por el mismo patrón. Rebajan los salarios, congelan las pensiones, abaratan el despido, suben el IVA y reducen las inversiones públicas en salud, educación o vivienda social. Bajo este paraguas se busca reducir el déficit fiscal, olvidando que su origen, entre otras cosas, está motivado por la aportación de miles de millones de euros o dólares, del erario público, destinados a salvar la banca privada.