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Khalid Amayreh

Khalid (en español, a veces escrito Jaled o Jalid) Amayreh es un periodista independiente palestino formado en los Estados Unidos. Vive con su familia en Cisjordania, en la ciudad palestina ocupada de Dura. A continuación una narración autobiográfica.

Mi experiencia personal de la ocupación israelí

Yo tenía 9 años cuando Israel ocupó Cisjordania en 1967. Esto significa que he “vivido” estos últimos 34 años bajo la “era israelí” o, más precisamente, bajo la deshumanizante ocupación militar israelí.

Tres años antes de que yo naciera, los soldados israelíes mataron a tres hermanos de mi padre, Hussein, de 27 años, Mahmoud, de 25 años y Yosef, de 23 años, pese a que eran simples pastores que llevaban sus rebaños a pastar en los alrededores de Al-Burj, una aldea cercana a lo que llamábamos la “línea de la tregua”, 20 km al sudoeste de la ciudad de Hebrón, en Cisjordania.

Además de mis tres tíos, también fueron asesinados otros tres parientes, entre ellos una mujer. Pero los israelíes no sólo mataron a tres miembros de mi familia sino que confiscaron las trescientas ovejas que aseguraban en gran medida la subsistencia de mi familia. Esta calamidad nos condenó a una vida de pobreza y miseria en los años subsiguientes. Por tal razón mi familia debió vivir en una cueva durante 22 años.

El desamparo, el sufrimiento y una pobreza innombrable se manifestaron en todos los aspectos de nuestra vida. Mis tres tíos asesinados en un solo día y nuestras 300 ovejas confiscadas por el gobierno israelí se unían a muchas otras pérdidas sufridas en los seis años anteriores, ya que en 1948 nos habían quitado nuestras propiedades de al-Zaak y nuestra casa de Um Hartain, es decir, todo.

Durante la época de la dominación jordana las autoridades se preocupaban sobre todo de la lealtad al rey y a su familia. Relacionarse con el rey y sus servicios secretos significaba “haber llegado”. Gritar “viva el rey” concedía de manera automática un certificado de buena conducta. Se trataba, sin ninguna duda, de un régimen corrupto basado en la hipocresía, el favoritismo, el nepotismo, el soborno y la corrupción. El rey era la ley y la ley no existía.

El régimen jordano nunca hizo esfuerzos serios para estar preparado si se producía una agresión israelí. En cambio, parecía que la prioridad del régimen jordano era asegurarse de que los palestinos no tuviesen armas de fuego. Un palestino podía ir seis meses a la cárcel si encontraban una bala de fusil en su poder. Como hiciero después los israelíes, los jordanos reclutaban a las personas más importantes de los clanes para que les informaran de cada actitud o gesto de oposición a la monarquía o de insatisfacción en sus respectivas áreas. Esta manera de organizar el estado, al mismo tiempo policial y clientelista, no hacía más que aumentar la corrupción.

A los palestinos independientes de espíritu, que insistían en expresar su opinión adversa, los encerraban en la famosa prisión de El-Yafer, en el este de Jordania, donde a menudo los torturaban hasta morir. Yo conocí al menos a una persona de Dura, mi ciudad, que murió por las torturas de los jordanos debido a sus ideas políticas.

Por entonces, además de soportar el despotismo y la represión del régimen jordano, sufríamos los frecuentes ataques israelíes en la frontera. Nunca olvidaré el vuelo de los Mirages israelíes sobre mi cabeza en 1966, cuando arrojaban bombas de napalm sobre los civiles de la aldea de El-Samu.

En 1967 ya tenía 10 años y recuerdo que nos aconsejaron agitar banderas blancas cuando el ejército israelí cercara nuestra aldea, Jarsa, al oeste de Hebrón. También nos habían dicho que los israelíes nos dispararían y nos matarían si no agitábamos las banderas blancas. Cuando se produjo la invasión israelí de 1967, los soldados jordanos huyeron cobardemente hacia el este, algunos disfrazados de mujeres.

Al principio, los israelíes tenían con una conducta que se podría llamar “campaña de seducción”. Por eso algunas palestinos comenzaron a hacer, prematuramente, apreciaciones positivas de los israelíes como «Son mejores que los jordanos, son civilizados». Pero esos sentimientos no duraron mucho tiempo, ya que el ejército ocupante no tardó en adoptar medidas rigurosas contra nosotros. Enseguida los israelíes comenzaron a confiscar nuestras tierras y a construir colonias. También destruían nuestras casas como represalia por los ataques de la guerrilla.

En nuestra cultura, si usted quiere molestar a alguien, le dirá: «Yikhrib Beitak», ojalá se derrumbe tu casa. Los israelíes aprovecharon a fondo ese punto débil de nuestra psicología. Demolieron miles de casas.

Las demoliciones no cesaron jamás. Han dejado hondas heridas psicológicas en el corazón y en la memoria de nuestro pueblo. Lo niños volvían de la escuela y encontraban sus casas destruidas por las excavadoras manejadas por soldados que engalanaban su casco con la Estrella de David. Esa Estrella de David, que según nos habían dicho era un símbolo religioso, comenzó a simbolizar para nosotros el odio y la desgracia. Los niños de las casas demolidas sufrían, entre otros síntomas, fobias, estados de estrés, neurosis y depresiones.

A la edad de 11 años fui testigo, personalmente, de muchas demoliciones. Antes de la demolición, la aldea donde estaba la casa condenada se declaraba “zona militar prohibida”. Luego se ordenaba a todos los varones de entre 14 y 70 años que se reunieran con la cabeza baja en el patio de la escuela de la aldea y a menudo los soldados israelíes disparaban sobre sus cabezas para aterrorizarlos. En esas operaciones de demolición jamás tuvieron consideración alguna, y por entonces no existían CNN ni Al Jazeera para trasmitir estas acciones vergonzosas. Por tal razón, los israelíes se sentían libres de comportarse a su antojo. Luego, el oficial encargado de la demolición daba media hora a la familia acusada para poner a salvo sus bienes (hoy no se les da más de cinco minutos). Era muy penoso ver a los niños mayores consolando a los más chicos.

Mientras tanto, las madres desesperadas se apresuraban a recuperar sus útiles de cocina y aparatos domésticos antes de que fueran sepultados bajos los escombros y los niños se preocupaban por salvar su juguete preferido o algún retrato de su abuelo antes de que fuera demasiado tarde. Después de esa media hora, el oficial al mando ordenaba a la excavadora que avanzara y la casa sentenciada quedaba reducida a ruinas. Una vez demolida la vivienda, la Cruz Roja proporcionaba una tienda como refugio provisional, o la familia castigada instalaba simplemente una cerca para dormir al aire libre.

Estas imágenes indelebles de la desgracia son un testimonio repugnante del salvajismo israelí de tipo nazi.

Como había nacido en una familia muy pobre, a los 14 años comencé a trabajar en la construcción como ayudante de yesero en Beersheba. Así pude aprender el hebreo y el árabe dialectal marroquí de los numerosos judíos llegados del norte de África. Como los palestinos, la mayoría de los judíos marroquíes trabajaban en la construcción y algunos, también, en el mantenimiento de caminos. Sin embargo, a veces, mis patronos no me pagaron mi salario, pese a que trabajé para conocidas empresas de la construcción como Rasco, Solel Bonei y Hevrat Ovdeim. Todavía conservo mi antiguo permiso de trabajo israelí.

Los palestinos que teníamos trabajo en zonas israelíes sufríamos constantes humillaciones en los puestos de control israelíes y en las barreras del cruce d eA’rad en la carretera de Beersheba. Allí, un oficial judío podía golpear salvajemente a cualquiera de nosotros sin ningún motivo. Aunque en esa época tuve muchos amigos judíos (principalmente judíos marroquíes y tunecinos en A’rad, Beersheba y Simona), la barrera psicológica permanece intacta.

En 1974 me uní en Dura a una manifestación contra la ocupación (por entonces era estudiante de secundaria). Durante la manifestación, los soldados israelíes me acorralaron en un callejón de esta pequeña ciudad y me golpearon salvajemente con la culata de sus fusiles. Yo estaba medio muerto por los golpes y los odiaba porque en ningún momento había representado una amenaza para sus vidas.No mostraron ninguna humanidad, a pesar de que lo más peligroso que había hecho era gritar “Palestina árabe”.

En 1975, al terminar los estudios secundarios, volví a trabajar en la construcción en Beersheba, dado que mi familia era demasiado pobre para mandarme a la universidad. Durante un tiempo las obras en Beersheba fueron mi universidad. Allí trabajé para un patrón llamado Shimón, un judío tunecino. Era un trabajo pesado, pero me permitió ahorrar lo suficiente para viajar a Ammán, donde logré obtener una visa de estudios para los Estados Unidos. De esta manera y con solo 200 $ en el bolsillo pude viajar a los Estados Unidos en julio de 1976.

En los Estados Unidos cursé estudios en el Seminole and Oscar Rose College de Oklahoma y después en la Universidad de Oklahoma, en Norman, donde me licencié como periodista. En 1982 hice una maestría en la Universidad de Southern Illinois, en Carbondale. Mi proyecto inicial era ser ingeniero, pero al comprobar cómo los sionistas disfrazaban la realidad y convertían una enorme mentira en una “verdad” magnificada por millones de personas, me incliné por el periodismo.

Comencé a escribir cartas a las redacciones de los diarios, cartas que provocaban respuestas furiosas de estudiantes sionistas. Estos estudiantes enojados pasaban luego a las amenazas y a otras maneras de intimidación. Como había sobrevivido al infierno, la pobreza y la violencia, esas amenazas no me afectaban en lo absoluto y continué causando dolores de cabeza a los sionistas todo el tiempo que viví en los Estados Unidos.

Mientras viví en en ese país, me impliqué mucho en el movimiento estudiantil estadounidense y tenía sentimientos ambiguos hacia los Estados Unidos. Por un lado me impresionaban la democracia y la libertad de expresión pero, por el otro lado, estaba decepcionado por el indecente apoyo de los norteamericanos a las opresivas prácticas israelíes. Esta ambigüedad persiste, pero ahora estoy más decepcionado e indignado.

Mis cartas a los jefes de redacción se publicaron en diarios como The Oklahoma Daily y Daily Egyptians con el seudónimo de Khalid Suleiman, aunque en algunas ocasiones firmaba con otros nombres para despistar a los sionistas.

En 1983 volví a Cisjordania y me sucedieron algunas cosas notables en mi viaje de vuelta a Hebrón. Luego de dejar Estambul para ir a El Cairo, creí que podría ir directamente al Aeropuerto Ben Gurion (sin pasar primero por Ammán como era habitual), ya que el responsable de la aerolínea israelí El Al en el aeropuerto de El Cairo me había asegurado que todo iría bien y que podría llegar a Hebrón tranquilamente. No fue así.

En cuanto aterricé en el aeropuerto Ben Gurion me detuvieron y el Shin Beth me interrogó durante cinco horas acerca de mis estudios en Estados Unidos, mis amigos y las asociaciones a las que pertenecía, etc. Después me informaron de que el ministro del Interior de la época, Yosef Burg (padre de Abraham Burg, actual presidente del parlamento israelí) había dado orden de prohibirme la entrada en el país (mí país). La orden precisaba que debían devolverme a Egipto en un plazo de 24 horas.

Para empeorar las cosas, la policía me confiscó mis documentos, entre ellos la “autorización de viaje”, un documento imprescindible, impuesto por las autoridades militares israelíes, que había renovado en el consulado israelí en Dallas. Sin este documento me era imposible volver a Hebrón. ¿Burg quería desterrarme definitivamente de mi país, como a millones de palestinos?

Eran aproximadamente las 7 de la mañana cuando los soldados me llevaron a un antiguo campamento de barracas británico, donde me ordenaron permanecer hasta la mañana del día siguiente. Tres soldados se quedaron cerca de mí, haciendo toda clase de bromas sobre mi persona. Aparentemente, ignoraban que yo entendía el hebreo y uno de ellos me dio una naranja, pero la rehusé.

A la mañana siguiente dos agentes del aeropuerto me ubicaron a la fuerza en un avión de Air Sinaí y dos horas más tarde estaba de vuelta en El Cairo. Allí, como un pirata del aire profesional, me introduje en la plataforma de embarque de la Jordanian Royal Airwails después de convencer a un empleado palestino para que me dejara entrar. Sin embargo, durante el vuelo entre El Cairo y Ammán estuve atormentado por la ansiedad, ya que las autoridades israelíes habían visado mi pasaporte jordano en el aeropuerto Ben Gurion. Esto significaba que si los jordanos descubrían que había estado en Tel Aviv, probablemente me enviarían a prisión por “contactos con el enemigo”. Afortunadamente la policía aeronáutica y de fronteras del Aeropuerto Internacional de Ammán estaba demasiado ocupada para perder el tiempo examinado los sellos de mi pasaporte, lo que fue un alivio para mí.

Pero ahora aparecía el problema de mi autorización de viaje confiscada. Necesitaba actuar con astucia porque, de lo contrario, terminaría siendo un refugiado por el resto de mi vida.

Fui entonces a la sede de la Cruz Roja de Amman y denuncié el extravío de mi autorización de viaje a Nueva York (una feliz mentira). Afortunadamente, la Cruz Roja me creyó y me entregó un documento reservado a los VIP en lugar de aquel que los israelíes me habían confiscado, lo que me permitió partir hacia el puente Allenby (1), donde me trataron de manera muy respetuosa, ya que los israelíes, al parecer, no sabían que había llegado 48 horas antes al aeropuerto Ben Gurion.

En 1984 inicié mi carrera como periodista. Pero, poco a poco, los israelíes fueron hartándose de mis ideas y mis artículos. Por ello, la Shabak (Servicio de Seguridad General, antes conocido como Shin Beth o GSS - N.T.) solía citarme una vez al mes como promedio. Me exigían que me convirtiera en un colaboracionista y yo les respondía siempre lo mismo: “¿De verdad creen ustedes que alguien como yo podría convertirse en un colaboracionista?”.

La actitud de la Shabak (el Shin Beth) me convenció de que el Estado Israelí clasificaba a los palestinos en dos únicas categorías, a saber, “colaboracionistas” o “terroristas”, sin aceptar ninguna categoría intermedia.

El edificio donde tenían lugar los interrogatorios estaba lleno de palestinos a los que se torturaba. Podía oir gritos de personas y conocí al menos a seis palestinos muertos por torturas en el plazo de un año. Uno de ellos, Abdul Samad Herezat, era amigo mío, y murió a consecuencia de la técnica de tortura conocida como shaking (2).

Los israelíes recurrían a muchos métodos de tortura con los detenidos palestinos. Los mantenían permanentemente encapuchados, los “molían a palos”, les aplicaban la picana eléctrica, los privaban del sueño y ejercían muchas otras formas de presión física o psicológica; había médicos israelíes que ayudaban a los torturadores en esta tarea. A menudo, los interrogadores llevaban al lugar de los interrogatorios a la esposa o la hermana de un detenido y amenzaban con violarlas delante del torturado. Es cierto que los israelíes no cometían la violación, pero bastaba esa amenaza para obtener la confesión del prisionero.

Durante la primera Intifada (1987-93) el ejército israelí hizo uso de prácticas verdaderamente abyectas, castigando de manera colectiva a poblaciones enteras. Por ejemplo, confinaban a todos los vecinos de una aldea en su casa durante 30 días consecutivos y, si alguno se atrevía a salir, lo asesinaban. Era como una hibernación, y muchos enfermos perecieron, al no poder de salir de sus casas para ir la hospital.

En Hebrón el toque de queda duró tres meses después de la matanza de la mezquita de Ibrahim (conocida también como la Cueva de los Patriarcas) (3). Aquel largo período de toque de queda fue como pasar 90 días en el infierno.

También recuerdo que en marzo de 1994 Ezer Weisman, el presidente de Israel, llegó a Hebrón para presentar sus condolencias a los palestinos. Mi jefe de redacción me encargó la cobertura periodística de la visita, y tuve que pedir un permiso de viaje en el campamento militar de Adoyarem para desplazarme 10 kilómetros hasta Hebrón.

Me quedé estupefacto cuando el oficial al mando me respondió: “Lo siento, pero usted no puede ir allí”. Repliqué: “ Hay muchos periodistas allí” y el oficial me respondio: “Sí, pero son periodistas judíos y usted no es judío”.

Poco después, el oficial de la Shabak cerró mi oficina de Al-Qods Press en el centro de Hebrón y prohibió a todos los periódicos en árabe de Cisjordania que publicaran mis reportajes. Al mismo tiempo me confiscaron el receptor de fax y me prohibieron tener una línea de teléfono. No volví a disponer de un servicio telefónico hasta 1995, cuando se creó la Autoridad Palestina.

Actualmente me encuentro confinado en mi ciudad de Dura, próxima a Hebrón, de la que me está prohibido salir. Tampoco puedo viajar al extranjero y ni siquiera puedo viajar a la aldea más cercana.

El Shin Beth israelí controla siempre nuestras vidas. Hoy el capitan Eitan, oficial del Shin Beth, me ha interrogado por las recientes medidas de la Autoridad Palestina contra Hamás. Su mensaje inconfundible era: “Siempre nos tendrá encima”.

En resumen, la ocupación israelí es un infierno, un suplicio, una esclavitud permanente y una deshumanización absoluta. Me siento frustrado, ya que soy incapaz de comunicarles una idea adecuada de este calvario permanente. No hay manera de explicarlo, me faltan palabras.

Notas del traductor

(1) Hay varios puntos fronterizos para viajar de Jordania a Palestina. Entre ellos destaca el Puente Allenby cerca de Jericó, a unos 40 km de Jerusalén. La frontera del Puente Allenby está cerrada por la noche.

(2) La técnica de tortura conocida como shaking (agitación) fue documentada por Human Rights como la causa de la muerte de un palestino llamado Abd al-Samad Harizat, duamente sometido a dicha forma de maltrato cuando estaba detenido por los israelíes. La necropsia de Abd al-Samad Harizat mostró un hematoma parietal subdural, y un examen microscópico del cerebro y de los ojos reveló lesiones difusas en el cerebro y en las retinas. Según informes médicos, el shaking violento hace que el cerebro golpee contra los huesos de la cabeza y ocasiona el corte de las conexiones neuronales, la deformación del cerebro y contusiones en su superficie. Pese a las denuncias internacionales sobre las graves consecuencias de esta forma de tortura, el Gobierno de Israel ha renovado a sus servicios de seguridad la autorización para usar el shaking en los interrogatorios.

3) La mezquita de Ibrahim (Abraham), conocida como “Tumba de los Patriarcas” o “Cueva de los Patriarcas”, tiene mucha importancia para los fieles musulmanes ya que, según la tradición judía -recogida también por los musulmanes-, allí fueron enterradas cuatro parejas significativas para estas confesiones religiosas y para el cristianismo. Según dicha tradición, el lugar oculta las tumbas gemelas de Adán y Eva, Abraham y Sara, Isaac y Rebeca y Jacob y Lía. En esa mezquita, en 1994, el oficial israelí americano Baruch Goldstein asesinó a 29 devotos musulmanes durante la oración, antes de ser muerto por los sobrevivientes de esa masacre.

Traducido por Jorge Aldao y revisado por Juan Vivanco, miembros de Tlaxcala

Khalid Amayreh ha escrito 8 entradas por Stolpkin.net

Legislando el fascismo

Por: Khalid Amayreh

El domingo 10 de octubre, el gobierno conservador israelí aprobó una propuesta que obligaría a los ciudadanos que no fueran judíos a jurar lealtad a Israel como estado judío. Si bien la propuesta no establece explícitamente que los que no sean judíos disfrutarán de menos derechos y privilegios en comparación con los ciudadanos judíos, así es como la mayoría de la gente ha entendido la ley.

Para acallar las críticas, el gobierno israelí ha invocado al clásico argumento de que Israel ha sido siempre un estado judío y democrático y que los ciudadanos que no sean judíos no tienen nada de qué preocuparse. No obstante, lo que el gobierno no dice es que a partir de ahora Israel se definirá principalmente por su naturaleza “judía”, y sólo de forma secundaria por ser un estado democrático. En otras palabras, si y cuando “judío” y “democrático” no sean compatibles, como es normalmente el caso, uno no debe hacerse ilusiones sobre qué término invalida al otro.

Hamás: No entregues a Shalit

Por: Khalid Amayreh

El cruel régimen israelí está organizando una nueva campaña para exigir la liberación de uno de los soldados de su ocupación, al que se mantiene en paradero secreto en Gaza.

Esta última campaña, ampliamente aireada por los medios bajo control judío en Europa y Norteamérica, está asumiendo diversas expresiones, incluyendo las protestas dirigidas por la familia del soldado, un barco propagandístico organizado por los seguidores judíos estadounidenses de Meir Kahana, rabino de mentalidad nazi, y un llamamiento del superficial presidente francés Nicolas Sarcozy para la liberación incondicional del soldado israelí.

Ese es el mismo Sarkozy que guardó silencio durante el criminal ataque israelí contra el indefenso pueblo de Gaza hace dieciocho meses. Ahora se pone a invocar el humanitarismo y la caridad como si los miles de niños, hombres y mujeres de Gaza aniquilados o mutilados por el ejército israelí no alcanzaran la condición de humanos.

Otra traición más de la Autoridad Palestina

…al pueblo palestino, las víctimas que más tiempo llevan sufriendo un racismo genocida, y a todo el mundo libre alrededor nuestro, les gustaría saber qué es lo que hace que los líderes palestinos en Ramallah y su desorientado embajador en Ginebra se arrastren tan sumisamente frente a las presiones sionistas.

¿Es que no tenéis ni una pizca de honor ni dignidad nacional? Al fin y al cabo estamos hablando de auténticos crímenes y de cientos de niños asesinados sin piedad por el ejército de esos matones portavoces del sionismo que están ahora fanfarroneando desvergonzadamente de haber conseguido que el embajador de la AP colabore con ellos en la causa propagandística de Israel.

Un Estado criminal debe ser aislado, boicoteado

Israel está totalmente furioso por la publicación esta semana del informe de la Comisión Goldstone, que acusa al régimen de apartheid, de cometer crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en la Franja de Gaza durante el sangriento bombardeo contra el territorio costero palestino hace casi nueve meses.

Los oficiales israelíes y médicos hasbara han estado en contra de Goldstone, que es a la vez judío y sionista, en la medida de lo acusaron de "antisemitismo", un arma cada vez más obsoleta e ineficaz a la que recurre la propaganda israelí cuando las otras herramientas no funcionan.

Fatah se ha transformado finalmente en un hotel de cinco estrellas

Todos sabemos que Abbas acostumbra a hablar del derecho al retorno en términos despreciativos y desdeñosos. Eso es lo que hace que Israel le aprecie tanto y que se haya ganado el frívolo epíteto de “moderado”. También sabemos que si no hubiera sido por los esfuerzos de Hamas y otros dignos nacionalistas palestinos para reafirmar el carácter central del derecho al retorno, Fatah, bajo su comprometido liderazgo, probablemente habría permitido que la cuestión cayera en el olvido.

Esto demuestra que no se puede confiar en Fatah en relación con el sagrado derecho de los refugiados a retornar a sus hogares. Esto fue así durante la época de Arafat y es aún más verdad ahora con la aparición de una nueva generación de dirigentes de Fatah que muestran más interés por los coches elegantes y por la acumulación de riqueza que por el sufrimiento del pueblo palestino.

El pequeño Hitler de Israel

Siempre aparecen nuevas pruebas que justifican la analogía entre los nazis e Israel. En los últimos días y semanas varios altos cargos y legisladores israelíes han propuesto “proyectos de ley” que formalizarían en la práctica el racismo de facto de Israel y restringirían gravemente los derechos humanos y civiles de los ciudadanos no judíos de Israel.

Una de las propuestas que se están discutiendo criminalizaría la conmemoración de la Nakba por parte de palestinos con nacionalidad israelí. Como era de esperar, la descaradamente racista propuesta ha enfurecido a la comunidad de un millón y medio de palestinos de Israel.

El Nazismo Israelì es Una Realidad Flagrante

Traducido del inglés por Beatriz Morales Bastos Desde California hasta el Jerusalén ocupado y Sidney los sionistas supremacistas están bastante nerviosos estos días al ver que muchas personas en todo el mundo se liberan, lenta pero definitivamente, de los grilletes de la propaganda sionista. Durante más de sesenta años se han impuesto de forma generalizada (...)

"Los odiamos, sionistas, no porque sean judíos, sino porque representan el Mal"

El pueblo palestino no odia la música ni enseña a sus hijos a odiar a los judíos o a quienes no lo son, son sus acciones demoníacas y asesinas las que generan odio contra ustedes, no sólo entre los palestinos y los musulmanes, sino también entre muchas otras personas de todo el mundo.