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Antonio Alvarez-Solís

Es un galaico-asturiano que vivió durante cuarenta y dos años en Cataluña. Estudió Derecho en Barcelona y en Santiago de Compostela. Cuando preparaba cátedras de Derecho Político y Constitucional, murió su padre, lo que determinó su abandono de la vida académica para dedicarse al periodismo. Trabajó veinte años en La Vanguardia, doce de ellos como redactor-jefe, fue cofundador de Por Favor, primer director de Interviú, director fundador de Economía Mediterránea y de Bouquet. Ha publicado cerca de veinte mil artículos en la prensa española. Asimismo, trabajó para la radio en Barcelona y Madrid, e intervino en diversos programas de televisión y conferencias en universidades de toda España.

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La Importancia de la Moral

Por: Antonio Álvarez-Solís

Hay que rescatar el lenguaje moral, secuestrado por la tecnocracia que ha destronado a todas las ideologías en nombre de un pensamiento único sin más pretensión que la del clan. Hablo del lenguaje moral. Sin ese lenguaje moral, tan maltratado por materialistas de vuelo corto y positivistas de ecuación y bolsa, será imposible la restauración de la dignidad humana, que es la materia básica que necesitamos urgentemente para levantarnos, hombres y pueblos, de la postración. Porque esa restauración es materia más de alma que de máquinas, de principios que de informática.

En el cuarto mundo –el tercero ya lo han metido en la lavadora y lo han planchado debidamente– esto lo tienen claro. Necesitan trigo, pero ante todo comprensión y respeto. Necesitan trabajo justamente remunerado, trabajo humanizado, que es mucho más que empleo. Desde este punto de vista no es admisible seguir sobreponiendo el concepto occidental de eficacia, básico en el citado materialismo positivista, a la necesidad del motor moral.

Dos lobos en busca del pasado

Por: Antonio Álvarez Solís

El presidente francés, François Hollande, ha destapado un fondo histórico viejo y miserable en torno a la guerra siria. Se trata de las ambiciones francesas e inglesas de apoderarse del país. La frase que pronunció en su discurso ante la XXI conferencia de los embajadores franceses -«Francia está dispuesta a castigar a aquellos que han tomado la espantosa decisión de gasear inocentes»- revela un estremecedor e impúdico cinismo. En primer lugar, si el Sr. Hollande, perteneciente a esas hornadas chatas y pobres de presidentes europeos, quisiera de verdad castigar a los que matan inocentes habría instrumentado una política para librar de la muerte a la ingente cantidad de seres, entre ellos una riada de niños, que mueren todos los días por la miserable actuación geopolítica y económica de Francia y sus pariguales. Morir por hambre y por negación de todo auxilio médico es tan criminal como morir por gas. Y ante esto que escribimos con el mismo valor de la fe notarial no cabe alegar que quienes esto decimos usemos de fáciles y despreciables argumentos primarios. Esos niños mueren; esos adultos mueren. De hambre, de sed, de enfermedades para las que ya hay remedio si sobre los medicamentos no pesara la dura mano de la Bolsa. Pero pesa tanto… Sr. Hollande, ¿qué derechos humanos maneja usted y con qué alcance? Solamente el desprecio democrático que personifican ustedes, los grandes poderosos de la Tierra, ante pueblos inertes le ha permitido expeler esa clamorosa necedad en la conferencia de sus apesebrados embajadores. Le he observado a usted con frecuencia y con el detenimiento que merece un jefe de estado y he llegado a sospechas que solamente ante la frase citada me atrevo a mantener. Se trata de ciertos restos que me quedan de frenología en mis cavilaciones. Los de mi edad suelen padecer algún resol lombrosiano. Sí, posiblemente esa frase estaba destinada a pronunciarse.

Muerte y resurrección de la sociedad

Por: Antonio Alvarez-Solís

Desaparecen día a día las características que definían al capitalismo burgués, que blasonaba de liberal. La concentración del capital, con el argumento de lograr empresas más potentes y racionales, conduce de modo inevitable a la privatización de la libertad y, por consecuencia, de la democracia. Los límites para la práctica de la libertad y de la democracia están siendo fijados por un número decreciente de actores políticos subordinados a los actores económicos. El capitalismo burgués era otra cosa. Consistía en el crecimiento del número de empresas y en la pluralidad de centros financieros, con lo que se extendía o diseminaba el empleo, el consumo y, lo que es más importante, el mercado intrasocial. El capitalismo burgués tenía un credo fundamental: la libre competencia, que era la expresión de una sociedad con un nutrido y creciente juego de protagonistas, lo que determinaba una cierta distribución del ingreso social y, con él, del bienestar colectivo. Entre otros benéficos logros, pese a su elevado precio humano, la libre competencia creó una clase media que impulsó el consumo, favoreció la libertad y fabricó una trama fundamental de sujetos económicos intermedios que enriquecieron la dinámica intelectual y multiplicaron las expresiones laborales y profesionales.

El rabo de la mosca

Por: Antonio Álvarez Solís

El Tribunal Supremo del Reino de España ha absuelto a cuatro neonazis condenados por la Audiencia de Barcelona por elogiar al Tercer Reich y verter opiniones favorables a la eliminación de los judíos y a la discriminación de colectivos de negros u homosexuales ¿Y por qué ha casado el Supremo esta sentencia de la Audiencia de Barcelona? Pues muy sencillo: porque la Constitución española «no prohíbe las ideologías» y «porque las ideas, como tales, no deben ser perseguidas penalmente, aunque sean execrables». ¿Se ha encendido una luz en el Tribunal Supremo de España? Pues ahí está la cuestión. El Tribunal Supremo español decidió no hace mucho ilegalizar una coalición política como Bildu basándose en que la coalición nacionalista era sucesora de Batasuna y Batasuna había sido ilegalizada por expresar ideas que, al parecer, convergían con postulados ideológicos de ETA.

La hora de la libertad

Por: Antonio Alvarez-Solís

Desde los míticos primeros tiempos de la humanidad lo objetivo se resumía en un discurso simple. Lo objetivo estaba constituido por cuatro elementos que, desde entonces, siguen formando la base indiscutible de la vida: el agua, la tierra, el aire y el fuego. Ese era el paisaje dado, lo no apropiable, la gran riqueza común que permitía las pequeñas riquezas personales. Al reflexionar sobre su función en ese paisaje el ser humano dio con un quinto elemento: la libertad, o sea, la facultad de hacerse a si mismo. La libertad se constituyó, pues, como lo específicamente humano; era lo que permitía interaccionar con los cuatro elementos dados para producir la vida; la vida genérica y la vida de cada cual. El «yo» y el entorno. Mientras se mantuvo el respeto, evidentemente religioso y trascendente, respecto a los cuatro elementos seminales, manteniéndolos como el gran medio colectivo dado, como la materia reelaborable desde la devoción y quizá el dies irae, el progreso humano revistió caracteres morales.

Mentira y falacia

Por: Antonio Alvarez-Solís

Dice el diccionario de la Real Academia Española que «mentira es expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree o piensa» y establece el Sr. Ferrater Mora que falacia resulta «una forma de argumento no válida» y que se apareja con el sofisma. Hay, pues, en las últimas declaraciones del Sr. Zapatero sobre Euskadi, cuando manifiesta que los pasos dados por la izquierda abertzale «no van a ser en balde», una mentira a la par que una falacia. El Sr. Zapatero ha entregado la cuestión vasca a su poderoso ministro de policía, que ha insistido en que la política antiterrorista no cambiará «un ápice» y que se sostendrá el mismo nivel de exigencia con la izquierda abertzale. Miente, pues, el presidente en esa sugestión maliciosa de que todo lo actuado por la izquierda abertzale no es «en balde», a la vez que, contradictoriamente, trata de manejar una falacia esperanzadora sobre el asunto.

[Euskal Herria] La moderación razonable

Por:Antonio Alvarez-Solís

Al parecer el Gobierno socialista de Madrid quiere consensuar un protocolo para impedir que la gente denoste, silbe y condene con gestos y gritos a los representantes del poder en las fiestas patrióticas, como sucedió el pasado 12 de octubre en la capital del Estado. El Gobierno Zapatero sostiene, mediante una finta verbal muy inconsistente, que los silbidos escuchados en contra del presidente injuriaban la memoria de los caídos por la patria, a los que se rindió también homenaje.

Yo no creo que esto último sea cierto. Los ciudadanos abroncaban al Sr. Zapatero por la situación de ruina en que se encuentran y en uso de la libertad democrática que les corresponde y de la cual escasea notablemente el país. Por otra parte la ocasión parece adecuada para puntualizar algunos extremos en torno a estas ofrendas a quienes han caído con las armas en la mano. En una época que presume de estar consagrada a construir una sociedad civil depurada de muchas quimeras no cavilo adecuado que se magnifique ese «morir por la patria» en quienes tienen por oficio las armas.

Lenguaje para la guerra

Por: ANTONIO ALVAREZ-SOLÍS

Hay una constante en la historia española que la convierte en tragedia permanente: la incompetencia verbal. Todas las grandes potencias, actuales o pretéritas, han sufrido el mal trance de la descolonización, pero siempre han dejado una puerta abierta al entendimiento final. Inglaterra es un caso paradigmático de sutilidad para abandonar con provecho lo que trató de conservar con brutalidades policiales y militares durante un periodo dado, a veces muy largo. En este sentido hay que mencionar a la India. Cuando al fin el gobierno británico se vio obligado a admitir la independencia de la India, que había producido ríos de sangre, lo hizo de forma tal que sus intereses económicos, políticos y culturales permanecieron allí con un acusado vigor. Del Ulster se ha ido mediante un comportamiento similar. Recuerdo cuando los combatientes del IRA volaron el yate de lord Mountbatten, primo de la reina y último virrey en las tierras del Indostán. Los ministros ingleses mostraron el dolor por la muerte del ilustre personaje, pero mientras la policía hacía su trabajo, el Gobierno inglés mantenía abierta su puerta a la posibilidad de negociación. Y así sucedió primero en las colonias del norte americano, en Australia, en África… El lenguaje inglés fue siempre contenido y repleto de matices.

El estrés de los banqueros

Por: Antonio Alvarez-Solís

Las más recientes medidas económicas demuestran al parecer que la Banca española no sufre estrés; es decir, que puede reaccionar perfectamente ante las circunstancias adversas. Pero el Fondo Monetario Internacional declara que la posible recuperación española se enfrenta con las siguientes dificultades: un mercado laboral disfuncional, una burbuja inmobiliaria que se desinfla, un gran déficit fiscal, un alto endeudamiento público y privado, un sector bancario con áreas de debilidad, difíciles condiciones en los mercados financieros y un crecimiento anémico de la productividad. De cualquier forma el Fondo hace también referencia optimista al plan Zapatero para hacer frente a la evidente catástrofe. Zapatero es, pues, la sonrisa del régimen.

Democracia Muerta

La gran ironía ha ocupado el lenguaje mismo hasta convertirlo en estéril. Hablan los reductores de la libertad de defensa de la democracia. ¿Y qué es la democracia sino la palabra viva sin frontera alguna? La democracia está muerta. Aquí y en medio mundo. Pero su muerte no es siquiera sutil; es torpe, encarnizada. No se combate con un estoque delicado sino con el garrote con que pelean en el cuadro goyesco los seres zafios que en él son reflejados. ¿A dónde ha venido a parar el poder que usa tales modos?