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Joyitas en la red

Occidente y su "compasión" repentina hacia los pueblos oprimidos

Traducido para el CEPRID por Julio Fucik

En el año 2011 pudimos observar un cambio notario en la táctica de las grandes potencias occidentales en el despliegue de sus operaciones de conquista, de ocupación, de control de los territorios y de los recursos estratégicos. En primer lugar, estuvimos capaces de darnos cuenta de que las dos principales tácticas en la política extranjera de Estados Unidos (la de la potencia inteligente y la de la mano tendida) fueron aplicadas en el proceso de emancipe de los pueblos árabes de África del Norte y de Medio Oriente, primero en Egipto y en Túnez y luego en Libia, Bahrein, Yemen y Siria. Repetidas veces, la Administración Obama y los países miembros de la UE indicaron la vía que seguir a los diversos protagonistas ofreciendo por la misma su colaboración.

En efecto, los Estados Unidos y la Unión europea introdujeron una nueva parte en su discurso y sus intervenciones, que es la del pueblo oprimido de estos países. Esta nueva variante en la vía del imperialismo enseguida nos pareció engañosa ya que sabemos muy bien que la naturaleza del imperialismo nunca combinó con sentimientos y tratamientos humanitarios. Muy al contrario, el apoderamiento de los recursos siempre pasó por el control y la esclavitud de los pueblos. Premian la colaboración para el desarrollo de la potencia de los imperios, mientras que castigan la resistencia severamente o la erradican por completo.

La guerra contra Libia. ¿Un modelo eficaz para controlar la gobernación mundial?

La guerra entablada contra Libia, al apoyarse en una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, fue esencialmente definida en un contexto en el cual los miembros de las potencias de la OTAN fueron autorizados a bombardear Libia a voluntad asegurando la protección de la población civil. Es así que las bombas lanzadas por esta organización que no da cuentas a nadie, fueron calificadas con burla como "bombas humanitarias". En los hechos, estas bombas permitieron sostener el avance de las fuerzas rebeldes con dirección Trípoli y así apoyar los crueles combates que en el terreno causaron un número alto de víctimas. Es lógico preguntarnos cómo ese rasgo calificado de humanitario haya podido traducirse en la realidad. En la práctica, la guerra de los todo poderosos sacrifica la vida y el porvenir de la población de un país entero.

Esta táctica o este modelo operacional seguido para eliminar del poder a cualquier líder infiel [a Occidente] parece definirse así:

- Infiltración de mensajes en las redes sociales para llamar al derrocamiento del poder establecido y a la desestabilización de las instituciones nacionales;

- Acusaciones por crímenes de guerra o por crímenes contra la humanidad hechas en contra del Presidente y su régimen que tienen que ser eliminados del poder;

- Constitución de un gobierno provisorio al que se hace legítimo por reconocimiento formal por parte de los gobiernos occidentales;

- Resolución del Consejo de seguridad que autoriza la utilización de las fuerzas armadas contra el régimen establecido con el fin de "salvar" vidas humanas;

- Creación de una zona de exclusión aérea.

- Petición repetida al Presidente o al Primer ministro para que deje enseguida el poder. Estas peticiones van acompañadas de amenazas de sanciones.

- Adopción de sanciones económicas y políticas;

- Reconocimiento de victoria obtenida por combatientes considerados desde ahora por Washington como revolucionarios.

Según los analistas advertidos, la razón de ser de esta guerra reside en la necesidad por parte de las fuerzas imperialistas de sofocar la influencia que tiene el líder libio en el conjunto del continente africano a la manera de la que ejerce Hugo Chávez en América Latina. La neutralización de las intervenciones de Gadafi se había vuelto necesaria e incluso imperativa para Italia, Francia, Reino Unido que aun forman parte de las principales potencias que despojan y se comparten las riquezas del continente africano. Según el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, "esta operación militar había permitido frenar el avance del coronel Gadafi y prevenir una masacre que hubiera podido quebrantar la estabilidad de una región entera" (AP, AFP y La Prensa Canadiense, 2011).

En este conflicto, la potencia inteligente de Estados Unidos se afirmó sin duda al retractarse del mando directo de esta operación de guerra que desde ahora está dirigida por otros belicosos, miembros de la OTAN, sobre los cuales Estados Unidos ya ejerce un perfecto control y con quienes podrá contar cuando se trate de repartirse los recursos del territorio conquistado.

La guerra contra Libia se hizo también en los medios. Los occidentales fueron inundados por dos noticias: por una parte, la diabolización de Gadafi, y por otra parte, la determinación y el valor de los miembros del Consejo Nacional de Transición libio (CNT) y de sus combatientes en el terreno. Desde el principio de los bombardeos quisieron glorificar a estos insurrectos que tenían como objetivo derrocar en un tiempo muy breve al régimen establecido y echar al coronel Gadafi del poder e incluso del país. Además, la OTAN y los insurrectos actuaban avalados por la ONU. En un principio, estos elementos fueron suficientes para convencer a una parte importante de la opinión pública de lo bien fundado de esta agresión armada. El reconocimiento formal del CNT libio como nuevo gobierno legítimo que se hizo fuera de la ONU fue otro elemento determinante dentro de este proceso. La declaración del presidente Barack Obama diciendo que "Gadafi tiene que renunciar ’inmediatamente’" al poder vino a consagrar el final de esta guerra. El gran jefe acababa de hablar…

Conclusión

El orden mundial que dictaron y mantuvieron las fuerzas imperialistas ya no es sencillamente tolerable. Por todos lados, en el mundo, surgen voces para gritar: ¡Basta, ya basta! Este orden se instala sin parar con una táctica que hace poco caso de los derechos humanos y de las libertades fundamentales. Su edificación sigue un proceso de conquista, de dominación y de ocupación sistemática de los continentes, de los océanos y del espacio. Todo se tiene que sacrificar para que se expanda el imperio. La menor resistencia al desarrollo de este proceso es el objeto de intervenciones que se pueden traducir bajo diferentes formas: asesinatos de líderes políticos, derrocamientos de regímenes políticos, sanciones económicas, instauración de planes de austeridad, ayuda militar, agresiones armadas, etc.

Las rebeliones a las cuales asistimos en Túnez y en Egipto siguieron el plan de intervención de las grandes potencias. La secretaria de Estados Unidos, Hillary Clinton, pasando como un relámpago por estos dos países, apareció satisfecha del proceso de transición en curso. ¿Podríamos, entonces, hablar de revoluciones abortadas o inacabadas? Nada cambió realmente en estos países. En Egipto, el Ejército nacional preparado y equipado por Estados Unidos mantiene el poder y procura que la "democracia" se instale en las bases del antiguo régimen y según los términos de la diplomacia estadounidense , o sea los de la "potencia inteligente" y de la "mano tendida". ¿Cómo hubiéramos podido asistir a otro escenario conociendo el grado de avallasamiento de este país frente a las fuerzas imperialistas? Las cosas no podían cambiar en un día. ¿Todavía se puede tener la esperanza de que algún día los tunecinos y los egipcios se libren de las cadenas que siguen atándoles? Haría falta más que un cambio de guardia.

Uno de los capítulos pendientes fue marcado por la impostura más grande que podamos imaginar. El capítulo se teje con mentiras descaradas: Una intervención militar por las fuerzas de varios países occidentales contra Libia. Es una operación avalada por el Consejo de seguridad de la ONU que pretende proteger a la población libia pero que en los hechos provocó con los bombardeos (más de 1200 misiones de ataques aéreos) (V. Mazataud, 2011) la muerte de más de un millar de civiles y la destrucción de las infraestructuras del país que por otro lado nunca pidió la intervención de la OTAN. Uno no se puede imaginar un acto igual de cruel y bárbaro ni tampoco una acción igual de ilegal e injustificada.

Los medios occidentales nos hicieron rabiar más de una vez pero aquí, en el proceso de preparación de esta intervención armada, su servilismo a las potencias fue ejemplar. Pusieron en epígrafe de manera sistemática, en primera página y en primicia, las mentiras vinculadas a escala mundial y supieron, al igual que lo hicieron con Sadam Hussein, diabolizar en grado máximo al coronel Gadafi y a sus partidarios, glorificando a los "insurrectos" cuyos motivos y origen fueron secretos hasta ahora.

Por suerte, en este contexto horripilante algunas voces se alzaron para pedir alto el fuego y recurrir a la diplomacia en la resolución de este conflicto armado. ¿Cómo podemos aceptar que un país soberano sea el objeto de un ataque militar cuando nunca agredió a otro país? El derecho internacional fue una vez más pisoteado y el sistema de la ONU se mostró sometido a las órdenes de las grandes potencias, como en Costa de Marfil. ¡Vaya tristeza y vaya porvenir común nos reservan! Los repetidos llamamientos por la instauración de reformas sociales y políticas, por las fuerzas imperialistas, en Túnez, en Egipto, en Yemen, y en Siria esconden verdaderas intenciones por parte del Imperio: las de asegurar el control para el acceso fácil y, entre comillas, legal a los recursos estratégicos de estos espacios. El imperialismo impone sus leyes implacables a través de la violencia armada según la doctrina de "guerra permanente" y la de la "intervención militar preventiva". Creemos que sólo la unión de los pueblos, en un ambiente revolucionario mundial, podrá poner un fin a las matanzas bárbaras de Occidente.

Por último, el discurso de Hilary Clinton repetido sin parar a los jefes de estado árabes a propósito de la necesidad de proceder a una transición marcada por reformas en la gobernación y en la dispensación de los servicios públicos, claro es que no está inspirado por un sentimiento de compasión y de solidaridad por los pueblos. Los Estados Unidos y los miembros de la UE se entrometen en los asuntos de todos los países del planeta; rara vez experimentaron simpatía por los o las que no obedecen a las doctrinas de la ’democracia’ a la manera occidental.

Referencias

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