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Análisis de interés

Ha llegado la hora de la renovación de liderazgos en Chile

Si existe una verdad política irrefutable hoy en Chile es la siguiente: la clase política no está representando a la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas. Y este problema no es cualquier dilema, porque apunta a una falla del corazón de un régimen democrático. Por eso mismo es altamente preocupante esta situación política.

Uno podría empezar a preguntarse ¿En qué momento de la historia de Chile comenzó el divorcio entre el poder y sus representados al interior de nuestro régimen republicano? Una primera aproximación a la respuesta posee dos miradas. La primera radica en la confusión de los intereses personales de los líderes con los intereses de sus mandantes, prevaleciendo los primeros por sobre los segundos. La segunda es que los líderes no entendieron a tiempo que significaría que se masificara la educación, buena o mala pero instrucción a fin de cuentas, y su efecto en la ampliación del aparato crítico y el deseo participativo de los ciudadanos y ciudadanas.

Durante toda la historia republicana chilena, la élite ha deseado que su cosmovisión de mundo, sus valores e intereses pedestres, fueran los nuestros. Y ese deseo en sí mismo no tiene nada de malo, en la medida que lo que persiguieran hubiera sido lo mismo a lo cual aspirábamos nosotros. El punto es que dado el comportamiento y el modelo de sociedad creado, es evidente que la segregación producida y la desigualdad galopante no han sido del gusto de la inmensa mayoría. Ni podrían serlo nunca.

La élite en los últimos cuarenta años prometió lo siguiente: si nos dejan transformar el modelo económico, les garantizamos que llegaremos a ser un país desarrollado y que nuestras necesidades materiales básicas estarán resueltas. Y esa transformación y aceptación en la década de los ochenta fue particularmente dura. Y la pagamos todos. Sin embargo, la promesa fue cumplida rápidamente para aproximadamente un 20 % de los chilenos…El resto ha subido pero poco…Y continúa esperando ese bendito chorreo…

El problema es que esa generación que recibió esa promesa, hoy tiene más de 40 años y ya está entregada a su fatalidad, ha asumido que la promesa no se cumplió y bueno, con aceptación, espera una vejez tranquila y la posterior e inevitable muerte. Pero los menores a cuarenta tienen mucha vida por delante todavía y se están rebelando porque ya no creen el cuento del chorreo, como tampoco aceptan que la segregación y la desigualdad sea un estado natural y perpetuo de la sociedad…Y despertaron…

Si tuviéramos una élite política, económica y cultural muy integrada a la realidad social, ellos podrían solucionar este grave problema. Desgraciadamente no la tenemos y no porque yo lo diga, sino porque en las calles y plazas de Chile así es proclamado a los cuatro vientos. La élite perdió algo que no se debe perder nunca si se desea mantener el mando y la autoridad en el tejido social: la ética en el ejercicio del poder. La derecha y centroderecha perdió el poder en 1989 por tardarse mucho en entender que Chile es esencialmente un país democrático y libertario, y no acepta sino a civiles gobernando, sumándose a que no defendió los derechos humanos y permitió, directa o indirectamente con su silencio, que se cometieran atropellos inmorales con aquellos que pensaban políticamente distinto. Su resultado: los chilenos y chilenas los castigaron por veinte años y no les permitieron de nuevo gobernar el país.

¿Y qué pasa con la Concertación? ¿Por qué no pueden recuperar el liderazgo? También perdieron para la ciudadanía aquello que no se puede dilapidar: la ética para gobernar. Es cierto que no la perdieron por las razones de la derecha y centroderecha, y nunca afectaron los derechos humanos básicos relacionados con la integridad física y sicológica, como tampoco exilaron a nadie. La Concertación derrochó la ética por innumerables casos de corrupción en el manejo y administración del Estado; por no proteger a los ciudadanos de numerosos abusos de empresas privadas que poco han entendido de la ética de una economía social de mercado, y por no ayudar a detener la segregación y la desigualdad galopante. En otras palabras, no hizo la pega que la inmensa mayoría del país deseaba que hiciera.

Por lo anterior, la Concertación puede cambiar su nombre todas las veces que quiera, pero la ciudadanía no olvida los rostros que en múltiples cargos gobernaron el país los últimos veinte años. El problema de Chile con la Concertación no es su nombre o marca, el problema es con la mayoría de aquellos que ocuparon cargos de relevancia en la administración del país. Por todo lo anterior estamos como estamos…Con el 67 % sin representación…

Dado el actual escenario, es notorio como desde el tejido social se están formando cientos de movimientos y colectivos sociales. En las redes sociales abundan los intentos por darles forma y por buscar adherentes. Todos ellos no tienen acogida en los medios de comunicación tradicionales, pero eso no significa que no existan, más bien andan vivitos, coleando y con la energía y la fuerza de sentirse capaces de cambiar la historia de Chile. Es la clase media y los pobres que buscan unirse para construir un Chile más cercano a lo que desean: sin segregación y sin desigualdad, con más oportunidades, más libertad, más participación real y con más diversidad cultural.

Y todos esos movimientos hoy comienzan a tener algo claro: el diagnóstico está asumido y es indispensable crear una nueva organización y estructura política que pueda aglutinar a la enorme diversidad de miradas que posee el país. Tienen la convicción que si no dan ese paso, no podrán tener ninguna opción de cambiar los rostros que han gobernado a Chile en los últimos cuarenta años. Desean competir y ganarse su derecho en las urnas de gobernar Chile con valores, supuestamente extraviados, pero vigentes como nunca en el alma de muchos chilenos.

La oferta política y partidista actual no los satisface…Es inevitable el cambio…En las redes sociales se comienza a gestar la novedad…Luego, el 2012 y el 2014 tendremos nuevos líderes gobernando el país…Que duda cabe..


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