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[LIBRO] Armar a las Masas Revolucionarias, Construir el Ejército Popular

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NOTA DE LA EDITORIAL

A finales de 1971 y principios de 1972 en medio de la decidida y victoriosa lucha de la nación vietnamita, en el sur y el norte, contra la agresión norteamericana, el general Vo Nguyen Giap, miembro de buró político del partido de los trabajadores de Vietnam, viceprimer ministro, ministro de defensa nacional y comandante en jefe del ejército popular de la RDVM, escribió éste importante trabajo sobre las experiencias militares del pueblo vietnamita a lo largo de su lucha milenaria contra los agresores extranjeros, y sobre la teoría hábilmente elaborada y aplicada por sus líderes.

El gran general Giap, que ha comandado el ejército popular de Vietnam, desde su fundación el 22 de diciembre de 1944, a través de la lucha contra los imperialistas franceses y japoneses, hasta la portentosa victoria de Dien Bien Phu y durante todo el período de la lucha contra la agresión norteamericana, realiza en esta obra un recuento general y una síntesis teórica del crecimiento y la organización de las fuerzas armadas vietnamitas, y señala las pautas para su desarrollo futuro.

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INTRODUCCIÓN

Pueblo heroico, nuestro pueblo cuenta con una tradición de valiente lucha contra los agresores extranjeros. A lo largo de varios siglos, el pueblo vietnamita ha ido acumulando una gran experiencia en la insurrección popular y en la guerra de todo el pueblo contra ejércitos mucho más poderosos que el nuestro. Desde el nacimiento de la clase obrera vietnamita, guiado por nuestro partido y con la vista fija en los objetivos de la revolución, que son la independencia nacional, la democracia y el socialismo, nuestro pueblo ha exaltado esta tradición de lucha contra la agresión extranjera y ha elevado la insurrección popular y la guerra de todo el pueblo a niveles muy altos. Nuestro pueblo ha vencido al fascismo japonés y al imperialismo francés; nuestro pueblo ha puesto en jaque al imperialismo norteamericano y está a punto de derrotarlo, añadiendo nuevas páginas gloriosas a nuestra historia y contribuyendo dignamente a la obra revolucionaria de los pueblos de Indochina, del sureste asiático y del mundo.

Por su lucha, rica en victorias, contra las dos fuerzas de agresión más feroces del siglo XX –el imperialismo y el colonialismo-, Vietnam se ha convertido en el símbolo del espíritu de rebeldía indomable, en símbolo de inteligencia creadora, de talento militar en la lucha por la salvación nacional, del poder invencible de la guerra popular. La guerra del pueblo vietnamita es una gran hazaña, una acontecimiento legendario del siglo XX, y ha puesto de manifiesto una verdad irrefutable: en la época actual, por muy pequeño que sea un pueblo, por muy reducido que sea su territorio, por poco numeroso que sea su población y poco desarrollada su economía, si se mantiene unido y decidido, si sigue una línea revolucionaria justa, si sabe aplicar en forma creadora los principios marxistas – leninistas sobre la insurrección popular y la guerra de todo el pueblo a sus condiciones propias, y si goza, además, de la ayuda del campo socialista y de la humanidad progresista, entonces es perfectamente capaz de vencer agresores varias veces más poderosos que él, incluyendo al cabecilla de los imperialismos, el imperialismo norteamericano.

Para trazar el camino justo y creador de la revolución y de la guerra revolucionaria en Vietnam, nuestro partido ha estudiado y conoce a fondo las leyes del desarrollo de nuestra sociedad, las leyes de la guerra revolucionaria y de la violencia revolucionaria en nuestro país. El contenido esencial de la ley de la violencia revolucionaria es la combinación de las fuerzas políticas con las fuerzas armadas, la combinación de la lucha política con la lucha armada, de la insurrección con la guerra revolucionaria. En el proceso de la dirección de la insurrección popular y de la guerra de todo el pueblo, nuestro partido ha edificado el bloque popular unitario sobre la base de la alianza obrero – campesina y bajo la dirección de la clase obrera; ha organizado las amplias fuerzas políticas de las masas y creado unas poderosas fuerzas armadas populares que engloban a las masas armadas y al ejército revolucionario. Nuestro pueblo ha aplicado con espíritu creador, diferentes formas de lucha, combinando la ofensiva con la sublevación; ha adoptado una estrategia ofensiva en las tres zonas estratégicas –el llano, la región montañosa, las ciudades-, con el fin de aniquilar al enemigo, conquistar y mantener el control, sacudir el yugo del colonialismo y sus lacayos y hacer fracasar la guerra de agresión del imperialismo.

En la presente obra examinaremos el problema de la edificación de las fuerzas armadas populares en la insurrección y la guerra revolucionaria en nuestro país, uno de los aspectos fundamentales de la línea militar de nuestro partido.

Nuestras fuerzas armadas populares han surgido durante la insurrección de todo el pueblo, la guerra de todo el pueblo y la organización de la defensa nacional por parte de todo el pueblo bajo la dirección de nuestro partido; han crecido con rapidez y han derrotado gloriosamente a nuestros adversarios. Todos los vietnamitas patriotas se han puesto en pie para combatir al enemigo y salvar al país; han elevado hasta su más alto grado el lema nacional tradicional: “cada ciudadano, un soldado”, organizando a la vez el ejército regular y las numerosas fuerzas armadas de las masas, que hostigan al enemigo donde quiera que se encuentre. Contamos ahora con millones de combatientes en las amplias organizaciones militares de las masas con cientos de miles de combatientes en las unidades del ejército popular, dotadas de diferentes tipos de armas –armas rudimentarias y armas modernas y menos modernas-, combatientes que se enfrentan al enemigo con valor e ingeniosidad, que combaten sin dar cuartel y con abnegación, por la independencia, la libertad y la reunificación de la patria, por el socialismo, contra el principal representante del imperialismo en nuestra época: el imperialismo yanqui agresor.

Si lanzamos una mirada retrospectiva al rápido proceso de maduración y a las etapas llenas de brillantes hazañas de nuestro pueblo en general y de las fuerzas armadas populares en particular, en la lucha contra el fascismo japonés, el colonialismo francés y el imperialismo norteamericano, podemos decir que las fuerzas insurrecciónales populares y las de la guerra del pueblo, que abarcan las fuerzas políticas y las armadas, constituyen un modelo típico, logrado por nuestro partido en la organización y edificación del poder total de las masas revolucionarias, de la violencia revolucionaria. Dicho de otro modo: las fuerzas armadas de nuestro pueblo, que engloban las fuerzas armadas de las masas y el ejército revolucionario, organizados y dirigidos por el partido, constituyen un modelo acabado de organización de las fuerzas militares de nuestro pueblo, un pueblo pequeño que ha vencido sucesivamente a tres grandes imperialismos de la época actual.

Este modelo se ha podido lograr porque nuestro partido conocía a fondo y dominaba firmemente los principios del marxismo leninismo sobre la organización militar en la insurrección armada y en la guerra revolucionaria; porque ha continuado y desarrollado la tradición de combatir al enemigo con todo el país; porque ha sabido utilizar las experiencias en la organización de las fuerzas armadas acumuladas durante las insurrecciones nacionales y las guerras nacionales del pasado, y aprovechar con espíritu crítico las experiencias de los demás pueblos. Con espíritu creador, nuestro partido ha llevado a la práctica de la insurrección y de la guerra de nuestro país estos principios y experiencias; es decir, los ha aplicado a las condiciones de un pequeño país que se ve obligado a afrontar las poderosas fuerzas de agresión del imperialismo y de colonialismo, para poder alcanzar los objetivos de la revolución fijados por nuestro partido.

Su correcto enfoque de la violencia revolucionaria y de la guerra del pueblo llevó a nuestro partido a armar a las amplias masas, y a edificar a la vez un ejército popular poderoso; a considerar las fuerzas armadas de masas como la base del ejército popular, y a este como la armazón de aquellas, tanto en la insurrección armada y en la guerra revolucionaria como en la defensa nacional por todo el pueblo; tanto en la guerra de liberación nacional como en la guerra por la defensa de la patria.

De acuerdo con su criterio histórico concreto, nuestro partido ha logrado resolver con éxito, en los diferentes períodos de lucha revolucionaria, el armamento de las masas la edificación del ejército popular, adecuando su acción a las exigencias de las tareas revolucionarias, al adversario por vencer, a las formas de lucha revolucionaria en cada momento, y basándose siempre en las condiciones históricas concretas en materia política, social y económica.

En la actualidad, y a pesar de sus graves fracasos, la administración Nixón se obstina en proseguir la “vietnamización de la guerra” y en intensificar y extender el conflicto a toda Indochina. Conocedora de las leyes de la guerra revolucionaria en el período nuevo, la población subvietnamita intensifica la lucha armada y la lucha política y combina la ofensiva con las sublevaciones en las tres zonas estratégicas, determinando su acción en concierto con los pueblos hermanos de Cambodia y Laos, y está echando por tierra la estrategia de “vietnamización”, así como la doctrina Nixon en todo el teatro de operaciones indochino.

Ahora más que nunca, paralelamente al desarrollo de las fuerzas políticas y a la lucha política, tenemos que intensificar la edificación de las fuerzas armadas y la lucha armada, combinándolas estrechamente con los demás aspectos de la lucha, como tarea principal para vencer totalmente a los agresores norteamericanos y sus lacayos, para liberar el sur, defender el norte, lograr la reunificación del país y cumplir con nuestras obligaciones internacionales. Sin escatimar esfuerzos en llevar a cabo esta tarea primordial de nuestra revolución, debemos preparar, además, las condiciones y la orientación para organizar las fuerzas armadas populares y la defensa nacional por todo el pueblo de una forma permanente, para poder defender con firmeza nuestra patria y dar al traste con cualquier eventual agresión, cualquiera que sea el enemigo que la fomente, cualesquiera que sean la importancia de sus tropas y la calidad de sus equipos.

Debemos llevar a cabo el armamento de las masas revolucionarias y la edificación del ejército popular para poder realizar cabalmente las tareas inmediatas y futuras de nuestro pueblo.

Para ello es preciso que profundicemos aún más en los principios del marxismo leninismo sobre la organización militar del proletariado, que analicemos nuestras experiencias y tradiciones nacionales en la organización de las fuerzas armadas, y, sobre todo, que sinteticemos paso a paso las experiencias acumuladas por nuestro partido en el transcurso de más de 40 años dedicados a la edificación del ejército y al armamento de las masas.

La teoría y la práctica del armamento de las masas y la edificación del ejército constituyen uno de los problemas candentes para muchos pueblos en el momento actual, en su lucha por la independencia nacional, la democracia, y el socialismo, frente a la política de violencia y a la política de guerra feroz del imperialismo –cuyo representante principal es el imperialismo yanqui-, y frente al rápido desarrollo mundial de las armas y los medios de guerra, cada día más modernos.

I

TESIS MARXISTAS – LENINISTAS SOBRE LA ORGANIZACIÓN MILITAR DEL PROLETARIADO

El marxismo – leninismo estudia el problema de la organización militar del proletariado en su relación orgánica con la teoría de la lucha de clases y el Estado. Con la disolución de la comunidad primitiva, la sociedad se divide en clases, y su historia es la historia de la lucha de clases.

Con la formación de las naciones nace el problema de la opresión nacional y de la sujeción nacional, y entonces la lucha de clases se desarrolla también bajo la forma de lucha nacional. Esclavistas y esclavos, terratenientes y campesinado, burguesía y proletariado, naciones opresoras y naciones oprimidas, países agresores y países agredidos, grupos antagónicos en la sociedad, etc., han estado enfrascados en la lucha ininterrumpida, multiforme, que en su paroxismo toma la forma de conflicto armado, de guerra, hasta el presente, en la sociedad de clases han estallado una cantidad innumerable de guerras. Si solo contamos la de mayor envergadura su número asciende a más de una decena de miles, desde hace unos cinco mil años a esta parte. El ejército es el instrumento principal para llevar a cabo una guerra. Su origen está ligado a la aparición del Estado, cuando la sociedad se divide en clases antagónicas. El ejército es una organización especial del Estado, el instrumento de una clase determinada, que sirve a la realización de su línea política mediante la violencia armada.

La naturaleza clasista del Estado determina la naturaleza social del ejército y su misión. El ejército de los Estado explotadores tiene siempre como misión en el interior, la de reprimir a las masas explotadas y obligarlas a someterse al orden establecido por la clase dominante; y, en cuanto al exterior, la de conquistar otros países y defender el territorio nacional contra la agresión extranjera.

En la historia de la sociedad, encontramos tres tipos de Estado explotar, a los que corresponden tres tipos de ejército: el del Estado esclavista, el del Estado feudal y el del Estado capitalista.

En el transcurso de la historia, estos tipos de ejército han recibido diferentes nombres, han tenido diferentes formas de organización y diferentes procedimientos de reclutamiento, de acuerdo con las condiciones concretas; pero su naturaleza es siempre la misma: el ejército del Estado explotador es siempre el instrumento de la clase dominante, y sirve a la represión de las masas explotadas en el país, y al saqueo y sometimiento de otros países y pueblos.

Pero en los regímenes de explotación no encontramos solo al ejército de la clase dominante.

Para oponerse a la violencia armada de esta última, también las masas oprimidas han ido formando, en el transcurso de su lucha revolucionaria sus propias organizaciones armadas revolucionarias. Ya en la antigüedad, en Roma, los esclavos que se sublevaron bajo la dirección de Espartaco –a quien Marx considera como el hombre más espléndido de toda la historia antigua. Gran general… verdadero representante del proletariado antiguo- habían sabido organizar un importante ejército insurrecto que contaba con cientos de miles de hombres que combatían con tesón al ejército del Estado esclavista.

Durante el feudalismo, en Europa, Asia y África, las organizaciones armadas campesinas estuvieron siempre presentes en las insurrecciones, guerras campesinas y guerras de liberación de numerosos países; eran ejércitos bastante numerosos y dotados de una fuerza combativa muy grande. En las revoluciones burguesas antifeudales, con el asenso del capitalismo, encontramos también organizaciones armadas de los campesinos, e incluso de los obreros, en su forma de lucha espontánea, bajo la bandera de la burguesía.

Pero las organizaciones armadas revolucionarias de las clases explotadas de aquella época, a causa de sus propias limitaciones históricas y por el hecho de que todavía no podías promover una correcta línea política, militar y organizativa, terminaban siendo reprimidas por sus enemigos y traicionadas por sus “aliados”, pese a su valor en el combate y a las grandes victorias que a veces lograron alcanzar.

Esta traición se manifiesta en su forma más completa en la revolución burguesa dirigida por la clase capitalista. En Francia, como ya había observado Engels desde hacía tiempo, después de cada revolución los obreros estaban armados; “por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al frente del Estado. De aquí que después de cada revolución ganada por los obreros, se llevara a cabo una nueva lucha que acababa con la derrota de estos”.

Fue necesario esperar a que el marxismo viera la luz, a que el proletariado tuviera su propio partido político y llegara a ser una fuerza política independiente, a que pasara del estado “espontáneo” “conciente” y a que su lucha revolucionaria realizara un salto cualitativo, para que se pudiera resolver en forma completa, sobre esta base, el problema de la organización militar, de las bases oprimidas, con la ciencia militar del proletariado. El hecho de haber entrado en la arena política, los partidos de la clase obrera –partidos comunistas-, y haber tomado en sus manos la dirección de la revolución en los diferentes países, condujo a la creación de unas organizaciones armadas de naturaleza revolucionaria y francamente popular, surgidas de las revoluciones proletarias o revoluciones democráticas burguesas, revoluciones democráticas populares y revoluciones de liberación nacional dirigidas por la clase obrera. En particular después de la victoria de la revolución rusa de octubre y de las revoluciones de otros países socialistas de Europa, Asia y América Latina apareció por vez primera en el mundo un tipo de fuerzas armadas totalmente nuevas. Son las verdaderas fuerzas armadas del pueblo, del Estado de la dictadura del proletariado, el Estado más avanzado en la historia de la humanidad.

1. LAS TESIS DE MARX Y ENGELS

Al definir el papel histórico de la clase obrera mundial como sepulturera del capitalismo y constructora de la sociedad comunista, sociedad sin clases en la cual se suprime la explotación del hombre por el hombre, Marx y Engels han mostrado al proletariado la vía más justa para su liberación: la clase obrera, bajo la dirección del partido comunista, debe aliarse estrechamente al campesinado, debe emplear la violencia revolucionaria para destruir el aparato estatal de la burguesía, debe instaurar el Estado de la dictadura del proletariado, servirse de este Estado como instrumento para defender la dominación del proletariado y transformar la sociedad de acuerdo con los principios comunistas.

El problema de la organización militar proletaria se ha planteado, en primer lugar, partiendo de esta gran tarea de lucha revolucionaria del proletariado. Al alzarse para romper sus cadenas y echar por tierra todo el viejo mundo, el proletariado y las masas revolucionarias deben crear necesariamente, en el transcurso de los procesos revolucionarios su propia organización militar.

Es preciso hacerlo, ya que solo una fuerza material puede destruir otra fuerza material; solo el empleo de la violencia permite cumplir la gran tarea histórica de poner fin a la dominación capitalista e instituir la dictadura del proletariado. La clase dominante nunca se retira por voluntad propia de la palestra histórica. El Estado monárquico y el Estado burgués disponen en forma permanente de una importante fuerza armada, que perfecciona constantemente para hacer de ella un instrumento eficaz en la represión del pueblo trabajador del país y en la aplicación de su política de rapiña en el mundo.

Nunca dejan de apoyarse en el aparato militar contrarrevolucionario para sofocar cualquier aspiración a la libertad del proletariado y de las masas trabajadoras y ahogar en sangre su lucha revolucionaria. Engels ha señalado esta “característica fundamental” de la burguesía aún en el período ascendente del capitalismo: “la burguesía ponía de manifiesto a que insensatas crueldades de venganza es capaz de acudir tan pronto como el proletariado se atreve a enfrentarse con ella, como clase aparte con intereses propios y propias reivindicaciones”. El desarrollo del capitalismo, y sus contradicciones internas cada vez más agudas, conducen necesariamente a una creciente tendencia militarista, a la tendencia a inflar las fuerzas armadas contrarrevolucionarias en el aparato del Estado burgués. Engels escribió: “los ejércitos se han convertido en la finalidad principal de los Estados, en un fin en sí; los pueblos ya solo existen para suministrar soldados y sostenerlos. El militarismo predomina y devora a Europa”.

Esta situación obliga al proletariado y a las masas oprimidas a construir una organización militar propia para oponerse a la represión armada del Estado burgués, destruir su aparato militar, aplastar cualquier resistencia por su parte, con el fin de tomar el poder, instaurar el poder revolucionario y defenderlo. Si una organización militar es necesaria en la lucha del proletariado para derrotar a la burguesía ¿de qué forma debe realizarse?

Este es un problema que los maestros del marxismo – leninismo han resuelto en forma completa.

Fundadores de la ciencia militar proletaria, Marx y Engels fueron los primeros en sentar las bases teóricas del problema de la forma de organización militar del proletariado, con la siguiente célebre tesis: armar a la clase obrera, sustituir el ejército permanente por el pueblo en armas “los obreros… deben estar armados y tener su organización. Se procederá inmediatamente a armar a todo el proletariado con fusiles, carabinas, cañones y municiones… todo intento de desarme será rechazado, en caso de necesidad, por la fuerza de las armas”. Este ardiente llamado al combate fue lanzado por Marx y Engels en los años 50 del siglo pasado, basándose en la experiencia adquirida al precio de la sangre derramada en la primera gran batalla del proletariado francés contra la burguesía, en 1848 y Marx y Engels lo consideraban un imperativo del programa revolucionario del proletariado, en el momento en que la insurrección y la guerra civil se habían convertido en tareas políticas inmediatas de la revolución en algunos países capitalistas desarrollados de la Europa Occidental.

La historia de los países de Europa a fines del siglo XVIII y mediados del siglo XIX es la historia de las revoluciones democrático – burguesas. En aquel contexto, el proletariado todavía debía aliarse al partido democrático burgués para oponerse a los gobiernos feudales y reaccionarios burgueses en general: nos e podía evitar que el resultado victorioso de la revolución llevara provisionalmente ese partido al poder. En esta situación Marx y Engels consideraban el armamento del proletariado como una condición sine quanon, no solo para destruir el aparato del Estado de la clase feudal y de la burguesía reaccionaria y asegurar la victoria de la insurrección, sino también para neutralizar más tarde la inevitable duplicidad del partido democrático burgués, que traicionara a los obreros después de llegar al poder. Era, además, una condición indispensable para garantizar y reforzar la posición independiente de la clase obrera en materia política, para defender los resultados de su lucha y crear las condiciones para la realización de la revolución proletaria, poniendo fin a la dominación de la burguesía mediante la utilización de su propio poder.

Marx y Engels tenían la convicción de que, una vez armado, el proletariado dispondría de un poder inconmensurable: lo había comprobado en la revolución de 1848 en París. Marx escribe: “es sabido cómo los obreros, con una valentía y una genialidad sin ejemplo, sin jefes, sin un plan común, sin medios, carentes de armas en su mayor parte, tuvieron en jaque durante cinco días al ejército, a la guardia móvil, a la guardia nacional de París y a la que acudió en tropel de las provincias”.

En cuanto a Engels hizo este elogio: “si cuarenta mil obreros parisienses fueron capaces de oponerse tan vigorosamente a una fuerza cuatro veces más fuerte, ¡cuán grande sería el éxito que se lograría si todos los obreros de París actuasen con disciplina y unidos como un solo hombre!”.

En 1871, Marx y Engels desarrollaron esta idea sobre la base de una aguda recapitulación de las enseñanzas de la Comuna de París, y enunciaron el principio de que la preocupación de cualquier revolución victoriosa debe ser la de destruir el antiguo ejército, disolverlo y sustituirlo por uno nuevo; es decir, sustituir el ejército permanente por el pueblo en armas. Marx escribe: “París, sede central del viejo poder gubernamental y, al mismo tiempo, valuarte social de la clase obrera de Francia… pudo resistir… únicamente porque a consecuencia del asedio se había desecho del ejército, sustituyéndolo por una guardia nacional cuyo principal contingente lo formaban los obreros. Ahora se trata de convertir este hecho en una institución duradera”.

Marx y Engels demostraron que, en el régimen capitalista, el ejército permanente es el principal instrumento del aparato de dominación burguesa para llevar adelante la guerra contra los trabajadores. Destruir este ejército permanente significa privar al poder burgués de su instrumento temporal, eliminar el peligro de una resistencia y una contraofensiva de su parte. Al propio tiempo, apoyándose firmemente en las fuerzas de las masas revolucionarias, el proletariado debe edificar y desarrollar rápidamente su propia organización militar, armando a sus propias filas y a las masas revolucionarias, y considerándolas como la única fuerza armada capaz de defender las victorias de la insurrección y desarrollar la revolución. La Comuna de París legó al proletariado mundial esta enseñanza de alcance vital “el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado”. Marx y Engels apreciaron altamente esta enseñanza sobre la tarea de la clase obrera de destruir el aparato burocrático – militar del antiguo Estado y sustituirlo por una nueva forma de organización, la del Estado proletario, tarea que consideraban como una innovación de gran significado histórico, hasta el punto de que, el prefacio al manifiesto del Partido Comunista, redactado en 1872, la consideraron como enmienda de gran importancia al programa del manifiesto.

Engels había previsto, además, que el armamento del pueblo sería la forma de organización militar del Estado socialista.

Esta previsión se basaba, en primer lugar, en el principio de Marx y Engels según el cual la victoria del socialismo no podía producirse simultáneamente en la totalidad o en la mayoría de los países capitalistas desarrollados. Más aún el régimen socialista, por su naturaleza no es agresivo de modo que no tiene necesidad de un ejército permanente. En cuanto a la defensa de la seguridad interna el pueblo en armas podía hacerse cargo de ella. Engels se apoyaba además en el análisis de la situación de los ejércitos de los distintos países y de la situación del arte y la técnica militares en la segunda mitad del siglo XIX. Francia, Alemania y Rusia eran entonces los únicos países capitalistas desarrollados que contaban con un importante aparato militar; los demás, incluyendo a Gran Bretaña y Estados Unidos, todavía no poseían importantes fuerzas militares. Además, una vez que la revolución proletaria hubiese triunfado en todos o en la mayoría de los países capitalistas desarrollados, las fuerzas militares de las demás naciones capitalistas dejarían de ser potentes. En esta situación, y basándose en la experiencia de la Comuna de París, Engels opinaba que en el régimen socialista, y en virtud de su superioridad, el pueblo, una vez armado, organizado y entrenado militarmente, sería capaz de derrotar al ejército agresor en sus guerras de autodefensa para preservar el Estado socialista.

Después de este análisis, Marx y Engels llegan a la conclusión de que, en el curso de la revolución socialista, el ejército permanente de la burguesía debe ser sustituido por el pueblo en armas.

Marx y Engels estudiaron el problema del armamento de las masas, no solo en la insurrección armada del proletariado y la organización militar del Estado socialista, sino también en las guerras nacionales. Al analizar las guerras, distinguían las guerras justas de la agresión y se colocaban siempre del lado de las guerras justas, de las guerras de liberación, de las guerras de autodefensa de los pueblos oprimidos y agredidos. Engels siguió y estudió con suma atención todas las guerras contemporáneas, sacó de ellas enseñanzas y se esforzó por indicar a los pueblos oprimidos el camino a seguir en la guerra popular para destruir el ejército profesional de los agresores. En muchos de sus estudios sobre la historia de la guerra, Engels habló ampliamente del papel y de la eficacia considerable de las masas armadas en las guerras justas, en las guerras de autodefensa. Esta idea de Engels estaba estrechamente ligada al nuevo método de guerra popular preconizado por él. “un pueblo que quiera conquistar su independencia no debe ceñirse a los métodos ordinarios de guerra. Las insurrecciones de masas, las guerras revolucionarias, los destacamentos guerrilleros por todas partes: he ahí el único método de combate gracias al cual una nación pequeña puede vencer a una más grande, un ejército pequeño puede enfrentarse a un ejército más poderoso y mejor organizado”.

Las grandes masas populares armadas son precisamente las fuerzas básicas para aplicar este tipo de guerra.

Engels alabó entusiásticamente las resistencias francesas de (1793), española (1807-1812), la Rusia contra Napoleón (1812), la de Hungría contra Austria (1849), etc., en las cuales se había aplicado el método de guerra del pueblo, coordinando las operaciones del ejército permanente con las actividades militares de las masas armadas, lo que permitió desarrollar la considerable fuerza del pueblo y del país con el fin de poner en jaque a los ejércitos de agresión más fuertes.

Al analizar la derrota de los piamonteses en el norte de Italia, en su guerra de autodefensa contra las tropas austriacas Engels dijo: “de inicio, fue un enorme error que los piamonteses enfrentasen un simple ejército regular a los austriacos; que con él quisiesen llevar a cabo una guerra honesta, burguesa, corriente”. Engels señaló que la derrota de los piamonteses en Novara “no hubiese tenido la menor importancia si a la batalla perdida hubiese seguido inmediatamente la verdadera guerra revolucionaria, si el resto del ejército italiano se hubiese incorporado inmediatamente como núcleo del levantamiento nacional de masas, si la honesta guerra estratégica del ejército se hubieses transformado en una guerra popular, como lo hicieron los franceses en 1793”, si el gobierno de Turín tenía el coraje de adoptar medidas revolucionarias y se atrevía a lanzar al pueblo en una guerra revolucionaria. Engels llegó a la conclusión de que la pérdida de la independencia de Italia se debió a la cobardía del gobierno real y no a la invencibilidad de las tropas austriacas.

Una conclusión semejante sacó al comentar la guerra franco – prusiana de 1871. Según él, Francia hubiera sido perfectamente capaz de invertir la situación aún después de que las tropas alemanas habían ocupado la sexta parte de su territorio y sitiado de las plazas fuertes de Metz y París. Engels demostró que, en el momento en que la casi totalidad de las fuerzas alemanas estaban empeñadas en las regiones ocupadas, Francia en los 5/6 restantes de su territorio, estaba todavía en condiciones de reunir suficientes unidades armadas para hostigar al enemigo, cortarle sus vías de comunicación, destruir sus bases logísticas y atacar sus destacamentos aislados, obligándolo así a dispersar sus fuerzas y a retirar una parte de sus tropas de las fortalezas para hacer frente a la situación, de modo que Bazaine pudiera huir de Metz y que el sitio de París se convirtiera simplemente en un “fantasma”.

Engels cita también el alzamiento de las masas armadas, de las unidades no permanentes y de los destacamentos armados de Asia que, con sus multiformes métodos de guerra popular, eran temibles adversarios de los ejércitos agresores de tipo europeo. Escribe: “en masa y a sangre fría [los chinos] envenenan el pan de la colonia europea de Hong Kong… hasta los culís que emigran a tierras lejanas se sublevan, como por acuerdo, a bordo de cualquier barco de emigrantes; luchan por apoderarse de él y prefieren hundirse con la nave, o sucumbir entre las llamas, a entregarse. Incluso fuera de China, los residentes chinos, hasta ahora los más sumisos y humillados súbditos, conspiran y realizan sorpresivos levantamientos nocturnos…” y seguidamente pregunta: “¿Qué puede hacer un ejército regular para enfrentarse a un pueblo que libra una guerra con estos multifacéticos métodos?” veamos así claramente que el punto de vista inicial de los fundadores del comunismo científico sobre la organización militar del proletariado y las masas oprimidas, es el armamento de la clase obrera, el armamento del pueblo, el armamento de las masas revolucionarias. Marx y Engels sentaron las bases teóricas de este problema en la insurrección por la conquista de la dictadura del proletariado, en la guerra por la defensa del estado socialista, y también en la guerra de liberación, en la guerra de autodefensa de los pueblos oprimidos en los países agredidos, bajo el régimen político burgués.

Es este un punto de vista fundamental, un maravilloso logro de Marx y Engels en la aplicación de la concepción materialista de la historia, de los puntos de vista de clase, de masa y de la concepción de la violencia revolucionaria en la edificación de la organización militar del proletariado y de las masas oprimidas. Es un modelo típico de apreciación acertada del papel decisivo de las masas populares en la insurrección armada y en la guerra revolucionaria. El gran valor de esta tesis consiste en mostrar, por primera vez en el mundo, al proletariado y a los pueblos oprimidos, la orientación y el camino correcto para crear su propia organización militar, una organización militar de un tipo totalmente nuevo, surgido del proletariado y del pueblo trabajador, que combate para el pueblo y la clase. Si sabe apoyarse sólidamente en las masas revolucionarias –los obreros, los campesinos-, para edificar y desarrollar su organización militar y si sigue una línea revolucionaria correcta, el partido revolucionario puede crear unas invencibles fuerzas armadas revolucionarias.

Este punto de vista se ha convertido en el fundamento teórico de la edificación de las fuerzas armadas en la doctrina militar del marxismo leninismo. Es un arma sumamente poderosa del proletariado y de todos los pueblos oprimidos en el mundo: les da alas en la lucha revolucionaria para derrocar al viejo mundo y crear el mundo nuevo.

2. LAS TESIS LENINISTAS

Los marxistas rusos, guiados por el gran Lenin, aplicaron esta tesis de Marx y Engels en las nuevas condiciones históricas, las de las revoluciones socialistas y democrático – burguesas en la etapa imperialista.

En la nueva situación del capitalismo llegado ya a la etapa imperialista, Lenin formuló su nueva y célebre tesis: el socialismo no podrá triunfar simultáneamente en todos los países, sino primero en uno o en un cierto número de ellos.

Al propio tiempo, apoyándose en la nueva teoría sobre la dirección del proletariado en la revolución democrático – burguesa y sobre el paso de esta última a la revolución proletaria, Lenin y el partido bolchevique ruso elaboraron el programa militar de la revolución democrático burguesa y de la revolución socialista en Rusia; Lenin; destacó la necesidad de edificar la organización militar del proletariado en las nuevas condiciones históricas: “el armamento de la burguesía contra el proletariado es uno de los hechos más considerables, fundamentales e importantes de la sociedad capitalista moderna… nuestra consigna tiene que ser: armar al proletariado para derrotar, expropiar y desarmar a la burguesía. Esta es la única táctica posible de una clase revolucionaria, táctica que resulta de todo el desarrollo objetivo del militarismo capitalista y que es prescrita por este desarrollo”.

Desde los primeros años del siglo XX durante todo el proceso de dirección de la revolución de 1905 y de la gran revolución de octubre, Lenin y el partido comunista ruso aplicaron los principios de Marx y Engels y formularon la necesidad de sustituir el ejército permanente por el pueblo en armas, por las fuerzas de la milicia. Esta es una de las tareas fundamentales del programa de la revolución democrático – burguesa así como de la revolución socialista.

Lenin demostró que, en Rusia, al igual que en muchos otros países el ejército permanente (burgués) no estaba destinado esencialmente a combatir al enemigo extranjero, sino a reprimir al pueblo trabajador y a llevar a cabo la guerra de agresión para someter a otros pueblos. Afirmaba: “en todas partes el ejército regular se ha convertido en instrumento de la reacción, en sirviente del capital en su lucha contra el trabajo, en verdugo de la libertad popular”. Este ejército ya no puede en modo alguno ser el apoyo del pueblo. Para la revolución, suprimirlo es una condición de su victoria, el medio para evitar cualquier intento de restauración por parte de las fuerzas reaccionarias, y para reducir los enormes gastos necesarios para mantener el ejército. Hay que sustituir ese ejército por el armamento del pueblo, esencialmente de los obreros y campesinos pobres. En las condiciones históricas de aquel momento, Lenin afirmó: “ninguna fuerza en el mundo se atreverá a atentar contra la libre Rusia, si sirve de valuarte de esa libertad el pueblo armado, que ha liquidado a la casta militar, que ha hecho de todos los soldados ciudadanos y de todos los ciudadanos capaces de llevar un arma, soldados… la ciencia militar ha demostrado que es completamente realizable la milicia popular, la cual puede colocarse a la altura de las tareas militares no solo en una guerra defensiva, sino también en una guerra ofensiva.

Bajo la dirección de Lenin, durante el período anterior a la revolución de octubre, el partido comunista y la clase obrera de Rusia se habían preocupado por cumplir esta consigna, junto con la edificación del ejército político de la revolución. Intensificaron la agitación entre los soldados y el trabajo de organización del partido en el ejército zarista, con el fin de disgregar las unidades y lograr que se aliaran a la revolución; atribuyeron mucha importancia a la instrucción militar en el partido; difundieron activamente los conocimientos militares e impartieron instrucción militar a las masas; armaron a los obreros y a las masas revolucionarias; establecieron y reforzaron la dirección del partido comunista en todas las organizaciones militares; organizaron brigadas de milicia obrera, destacamentos de combate que servían como núcleos de las fuerzas armadas revolucionarias; edificaron una fuerza armada revolucionaria en la cual los obreros y los campesinos se aliaran a los soldados revolucionarios, una fuerza armada revolucionaria formada por estos tres componentes: a) el proletariado y los campesinos armados; b) los destacamentos organizados de vanguardia, formados por representantes de estas clases; c) la unidades del ejército aliadas voluntariamente al pueblo. De este modo, la revolución pudo edificar unas fuerzas armadas que comprendían fundamentalmente a las grandes masas obreras y campesinas armadas, que combatían bajo la dirección del partido comunista y servían como fuerza de choque en la irrupción revolucionaria de las masas. Fue esta la fuerza que desempeñó un papel determinante en la victoria de la revolución de febrero, y luego de la revolución de octubre.

El triunfo de la revolución rusa de octubre dio vida al primer estado socialista del mundo, rodeado por el cerco hostil del imperialismo. Este triunfo abre una nueva era en la historia de la humanidad, y sacudió a todo el mundo capitalista. Como Lenin había previsto, el imperialismo estaba decidido a sofocar al Estado proletario desde su nacimiento. El peligro de una agresión asignó directamente al Estado soviético la tarea evidente de armarse para defender a la patria socialista contra el imperialismo agresor, y de reexaminar la forma de su organización militar.

El gran mérito de Lenin consiste en que no solamente confirmó el principio de Marx y Engels sobre el armamento del pueblo, sino que también desarrolló la idea de ellos, planteando el principio de la necesidad de edificar un ejército permanente y regular del estado soviético sobre la base del armamento del pueblo, un ejército de un tipo nuevo, de la clase obrera y del pueblo trabajador.

Lenin señaló que, frente al grave peligro de agresión, si la república soviética no quería ser presa fácil del imperialismo, debía disponer de un poderoso ejército permanente y regular, bien equipado y bien entrenado, dotado de una disciplina rigurosa y recta, de un mando centralizado y unificado. Lenin demostró que, en aquella situación, en que las potencias capitalistas disponían de importantes ejércitos, bien entrenados y equipados con medios modernos; en que las fuerzas armadas del estado soviético se veían dotadas de un armamento cada día más moderno, y por consiguiente sus hombres necesitaban ser entrenados para poder manejar con seguridad sus armas y materiales según las reglas del arte militar moderno; en que los imperialistas podían desencadenar en cualquier momento ataques imprevistos; en esa situación, las fuerzas armadas del Estado soviético no podían mantenerse como milicia sino que debían convertirse en un ejército permanente y regular. Lenin afirmó: “en nuestros días, el ejército regular debe ser colocado en primera fila”. Se trata de un ejército regular cualitativamente diferente al de la burguesía. Es un ejército de tipo nuevo, el ejército del pueblo, el ejército revolucionario, el ejército socialista.

Teniendo en cuenta las exigencias de la guerra moderna, el ejército permanente es netamente superior a la milicia en varios aspectos: por no estar ligado a una región, está dotado de una gran movilidad; posee armas y medios técnicos modernos; está concentrado para un largo entrenamiento completo, en forma metódica y correspondiente a las exigencias de la técnica y del arte militar que evolucionan incesantemente; está provisto de un contingente de cuadros profesionales cuidadosamente formados y que han acumulado una rica experiencia; por todas estas razones, su poder combativo es muy grande y está siempre en condiciones de dar batalla, etc.

Frente a un problema totalmente nuevo y a múltiples dificultades de todo tipo, confiando en el apoyo y el poder creador del pueblo, Lenin y el partido comunista de la Unión Soviética resolvieron gradualmente con éxito tanto la disolución del antiguo ejército como una serie de problemas de principio concernientes a la edificación de un ejército regular de nuevo tipo del Estado proletario: el ejército rojo de los obreros y campesinos. Lenin definió el papel y las tareas del ejército rojo; precisó la naturaleza revolucionaria y popular del ejército del Estado proletario; fijó el sistema de organización del partido y del trabajo político; estableció la dirección del partido comunista con respecto al ejército, la orientación y la política de formación y perfeccionamiento de los cuadros, los principios organizativos, de dotación, educación e instrucción del ejército soviético, el arte militar soviético, etc., así como otros aspectos de la vida del ejército rojo.

En el proceso de edificación de éste último, Lenin tuvo que luchar con energía y constancia contra tendencias erróneas. Frustró las maniobras de los mencheviques, los social revolucionarios y los elementos anarquistas que, con el pretexto de defender el “armamento del pueblo”, se oponían en realidad tenazmente a la orientación del partido de edificar el ejército rojo. En el octavo congreso del partido, Lenin y sus compañeros combatieron al “grupo de críticos militares” del partido que se oponía al establecimiento de una mayor disciplina y al mando centralizado y unificado…, es decir, en resumen, a los principios de la educación regular del ejército rojo.

Después de la guerra civil, el problema de la forma de organización militar del Estado soviético volvió a ser colocado sobre el tapete. El partido comunista, con Lenin a la cabeza, rechazó en forma categórica la tendencia troskista a disolver el ejército rojo y convertirlo totalmente al sistema de milicias.

La práctica revolucionaria confirmó que esta tesis leninista era clarividente y muy correcta. La victoria obtenida por el estado soviético sobre la intervención armad del cartel de los imperialismos que, en conclusión con los contrarrevolucionarios del país, querían ahogarlos desde su nacimiento, así como la gran victoria de la Unión Soviética en su gran guerra patria de 1941 – 1945 sobre el fascismo alemán y el militarismo japonés, están indisolublemente ligadas a esta justa tesis de Lenin. Como es de todos sabido, en la segunda guerra mundial el ejército rojo de la URSS –el poderoso ejército del primer estado soviético en el mundo- desempeñó un papel determinante en la obtención de la victoria sobre los ejército agresores del fascismo alemán y el militarismo japonés –que contaba con una decena de millones de hombres y estaban equipados con medios ultramodernos barriendo a los agresores de la patria socialista y contribuyendo directamente a la liberación de nuestros países, de Europa y Asia; el ejército rojo persiguió a los nazis hasta su propia madriguera, para aniquilarlos, y salvó así a la humanidad del peligro fascista.

El ejército rojo dio pruebas no solo de su absoluta supremacía política y moral, sino también durante la guerra, de su superioridad con respecto al enemigo, en cuanto al número y a la calidad de sus tropas, a la calidad y cantidad de sus armas y medios modernos, a la técnica de combate y al arte del mando. Gracias a este enorme potencial, el ejército rojo pudo desencadenar contraofensivas de gran envergadura, aniquilar en una sola campaña a decenas de divisiones enemigas, romper sus líneas de defensa y liberar numerosas y bastas regiones, creando virajes decisivos en la guerra y llevándolo finalmente a la gran victoria.

La tesis leninista sobre la edificación del ejército rojo regular soviético constituye una nueva etapa de la tesis de Marx y Engels sobre la organización militar del estado socialista en las nuevas condiciones históricas, en las condiciones históricas del estado socialista que se encuentra en medio del cerco hostil del mundo capitalista. El gran valor de esta tesis reside en haber demostrado al proletariado que en la época imperialista, cuando el imperialismo, con su naturaleza extremadamente belicista, tiene en sus manos ejércitos de agresión colosales, dotados de equipos ultramodernos, es estado socialista debe necesariamente disponer de un ejército permanente poderoso, para su propia seguridad, y no contar solo con el pueblo en armas. El proletariado en el poder, apoyándose en la superioridad del nuevo régimen social y en la base material y técnica en constante desarrollo del socialismo, está perfectamente en condiciones de utilizar su aparato estatal para edificar con rapidez un ejército de este tipo, un ejército regular moderno, de un tipo nuevo, que sirva de pilar a la defensa del estado socialista.

Se plantea aquí un nuevo problema: una vez que el estado socialista haya edificado este ejército regular, permanente, poderoso, ¿Cómo se delineará el problema del armamento del pueblo?

Lenin opinaba que se debía edificar el ejército rojo socialista sobre la base de un armamento general del pueblo. En el tercer congreso de los soviets de diputados obreros, soldados y campesinos de Rusia, Lenin narró la anécdota de la vieja mujer Finlandesa que se había encontrado con un combatiente del ejército rojo mientras recogía leña: el soldado no solamente no le había robado su leña, como solían hacer los soldados del zar, sino que incluso la había ayudado a recogerla. Lenin hizo observar, con esta anécdota, que las masas populares ya tenían una opinión distinta acerca del soldado, del combatiente del ejército rojo. Afirmó: “sabemos que entre las masas populares se alza ahora otra voz; las masas se dicen: ahora no hay que temer al hombre armado de fusil, pues defiende a los trabajadores y será implacable en el aplastamiento de la dominación de los explotadores”. Era verdaderamente un ejército revolucionario, un ejército del pueblo. Lenin abordó luego las relaciones entre el ejército rojo y el pueblo en armas: “eso es lo que ha sentido el pueblo y por eso es invencible la agitación que realizan gentes sencillas, sin instrucción, al decir que los guardias rojos dirigen toda su fuerza contra los explotadores. Esta agitación llegará a millones y decenas de millones de seres y creará firmemente lo que la comuna francesa del siglo XIX empezó a crear, pero creó solo durante un breve período porque fue aplastada por la burguesía; creará el ejército rojo socialista al que han tendido todos los socialistas, el armamento general del pueblo.

En el octavo congreso del partido bolchevique Lenin subrayó la necesidad de concentrar los esfuerzos en la edificación del ejército rojo, y en esa misma oportunidad demostró que el partido continuaba manteniendo el sistema de las milicias. Además, el programa del congreso fijó la tarea de impartir instrucción militar a todo el pueblo trabajador y establecer relaciones estrechas entre las tropas ya reorganizadas y las empresas estatales, los sindicatos, las organizaciones de campesinos pobres, etc. En la unión soviética inmediatamente después de la victoria de la revolución de octubre, las fuerzas armadas de las masas revolucionarias, los destacamentos de guardias rojos, los guerrilleros obreros y campesinos pobres, desempeñaron un papel muy importante en el aplastamiento de las rebeliones contrarrevolucionarias. Al comienzo de la creación del ejército rojo de obreros y campesinos, las formaciones de la “guardia roja” constituían precisamente su esqueleto.

Antes de que el ejército rojo se convirtiera en una fuerza de millones de hombres, en numerosas regiones del país las formaciones guerrilleras habían constituido una de las fuerzas fundamentales de combate del pueblo contra los intervencionistas extranjeros y la guardia blanca. Durante la guerra civil, cientos de miles de guerrilleros combatieron en la retaguardia enemiga, coordinando estrechamente sus acciones con las del ejército rojo. Numerosas unidades y agrupaciones regulares de este último se formaron, en el momento de la guerra civil, a partir de unidades guerrilleras.

Después del fin victorioso de la guerra civil, paralelamente con la reducción de los efectivos y la elevación de la calidad del Ejército Rojo, el sistema de milicias fue mantenido durante muchos años, en formas adecuadas a las realidades de cada período.

Durante la gran guerra patria de 1941 – 1945, bajo la dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética y con Stalin a la cabeza, las formaciones de guerrilleros, de milicianos, de obreros, combatientes…, en coordinación con el ejército rojo, desempeñaron un papel muy importante en la derrota del fascismo alemán en el suelo de su patria.

En las regiones provisionalmente ocupadas por las tropas alemanas, un millón de guerrilleros, organizados durante la guerra por el Partido Comunista, combatieron valientemente aniquilando a millones de enemigos y manteniendo ocupada a la décima parte de las fuerzas terrestres del fascismo alemán. Incluso en los frentes principales, el pueblo en armas combatió junto al ejército rojo, disputando encarnizadamente al enemigo cada pulgada de tierra de la patria soviética. Durante numerosas e importantes campañas, decenas de divisiones de la milicia popular de concierto con la población, coordinaron sus actividades con las del ejército rojo, realizando hazañas inolvidables.

La estrecha alianza en el combate, entre el ejército permanente del estado soviético y el pueblo en armas, en la Gran Guerra Patria, en la que el ejército rojo de la unión soviética desempeñó el papel principal, es una muestra tangible de la guerra del pueblo en las condiciones modernas.

El pueblo soviético y los combatientes del ejército rojo están muy orgullosos del prodigioso poder de la santa guerra del pueblo contra el fascismo alemán durante los años de 1941 – 1945. Este orgullo se traduce en estas palabras de una canción muy familiar a todos los soviéticos: guerra del pueblo, guerra santa.

Fue la victoria de la ciencia militar soviética, la victoria de la línea marxista leninista de guerra del pueblo; fue también la victoria de los principios de edificación y organización militar de Marx, Engels y Lenin, aplicados por el PCUS a las nuevas condiciones.

Durante y después de la segunda guerra mundial, el movimiento revolucionario de los pueblos adquirió un impulso vigoroso; en muchas partes de Europa y Asia estallaron numerosas insurrecciones y guerras revolucionarias. La gran victoria obtenida por el ejército rojo de la Unión Soviética sobre el fascismo, y la victoria de las luchas revolucionarias de los pueblos del mundo dieron vida a una serie de países socialistas, que a integraron un sistema mundial. La lucha de los pueblos del mundo por el socialismo, la independencia nacional, la democracia y la paz, creó un empuje revolucionario que lanzaba ataque tras ataque contra el imperialismo.

Fue en el fuego de las insurrecciones armadas y las guerras revolucionarias, después de la revolución de octubre y durante y después de la segunda guerra mundial, cuando vieron la luz y maduraron rápidamente las fuerzas armadas revolucionarias de los pueblos de los países socialistas de Europa, Asia y América Latina. De acuerdo con las condiciones y circunstancias históricas específicas las fuerzas armadas revolucionarias de los países socialistas experimentaron diversos procesos y alcanzaron distintos niveles de desarrollo y diferentes sistemas de organización… pero, en su mayoría, surgieron del movimiento guerrillero contra los reaccionarios del país, contra los agresores fascistas que se constituyeron en ejércitos regulares, siempre englobando las organizaciones armadas de las masas en sus múltiples formas.

En Asia, en el transcurso de la larga y dura lucha armada revolucionaria contra los enemigos imperialistas, feudales y burgueses burocráticos, el pueblo chino organizó el ejército rojo de los obreros y Campesinos, realizó “la movilización y el armamento de todo el pueblo”, y obtuvo una gran victoria. Nuestro pueblo llevó a cabo victoriosamente la insurrección armada y la guerra revolucionaria; nuestras fuerzas armadas constituyen uno de los modelos logrados de la aplicación creadora de las tesis marxistas – leninistas sobre el armamento de las masas y la edificación del ejército; analizaremos todo esto en las partes que siguen.

A través de distintas formas de lucha, numerosos países colonizados y dependientes conquistaron su independencia en diferentes grados. Muchos de ellos conquistaron su independencia nacional a través de la lucha armada y se han convertido en estados nacionales en el transcurso de su lucha armada, así como después de la victoria, algunos de ellos, que combaten activamente al imperialismo y al colonialismo, se dedicaron a edificar sus fuerzas armadas organizando el ejército del poder del estado nacional y al propio tiempo, realizando también el armamento del pueblo a cierto nivel.

Hoy los pueblos de nuestros países de Asia, África y América Latina, que llevan a cabo la lucha armada para conquistar el poder y la independencia nacional, aplican también estas enseñanzas en la organización de las Fuerzas Armadas revolucionarias en sus propias condiciones concretas.

Asaltado por todas partes y sometido a repetidos fracasos, el imperialismo –con el imperialismo norteamericano a la cabeza- ha recurrido a políticas maquiavélicas y feroces para oponerse al movimiento revolucionario de los pueblos y mantener sus prerrogativas y privilegios. Los imperialistas aumentan su presupuesto de defensa nacional, se lanzan a la carrera armamentista, multiplican las armas de destrucción masiva, establecen en todas partes bases militares, lanzan sucesivas intervenciones armadas y guerras de agresión “especiales” y “locales”, y preparan una nueva guerra mundial.

Para defender la patria socialista y la paz mundial, para hacer fracasar los designios y los ardides de guerra del imperialismo, los países del campo socialista se preocupan por aumentar sus capacidades de defensa nacional a la vez que impulsan su economía y desarrollan las ciencias y las técnicas. Apoyándose en la superioridad del régimen socialista, en los éxitos de la construcción de la base material y técnica del socialismo, del comunismo, los países socialistas se dan a la tarea de edificar sus fuerzas armadas revolucionarias en el sentido de su modernización en distintos grados, de acuerdo con las condiciones de cada uno de ellos. Los países socialistas no cesan de cultivar la naturaleza revolucionaria del ejército socialista y de preocuparse por dotarlo de armas y medios cada vez más modernos: armas convencionales, cohetes, armas nucleares.

A la vez que edifican el ejército moderno, los países socialistas se preocupan por armar ampliamente a las masas: obreros, campesinos, colectivistas, con formas de organización y equipos adecuados para desarrollar al máximo la potencia de las masas populares, del régimen socialista, en la consolidación de la defensa nacional.

¿Qué conclusiones podemos sacar de este fundamento teórico y de esta práctica?

El armamento de las masas revolucionarias combinado con la edificación del ejército revolucionario, es el principio más completo del ejército revolucionario, es el principio más completo del marxismo leninismo en lo que concierne a las formas de organización militar de la defensa nacional de los países socialistas, de la guerra de liberación, de la guerra patria de autodefensa y de la guerra revolucionaria de los pueblos en la época actual. Este principio resulta de la evolución de la tesis de Marx y Engels acerca del armamento del pueblo, hasta la tesis de Lenin sobre la edificación del ejército revolucionario sobre la base del armamento del pueblo.

Marx, Engels y Lenin resumieron en forma genial las lecciones sobre la edificación de la organización militar del proletariado y de los pueblos oprimidos en el transcurso de su larga lucha revolucionaria por la conquista y la defensa del poder. Se trata también, en cierta medida de la herencia y el desarrollo creador de las enseñanzas sobre la organización de las fuerzas armadas de las clases revolucionarias, de los pueblos oprimidos y agredidos del las épocas históricas anteriores al marxismo.

Al comienzo, al alzarse con las manos vacías para llevar a cabo una revolución con el fin de derrocar la dominación burguesa, imperialista y feudal, el proletariado, los pueblos trabajadores y las naciones oprimidas no pueden, naturalmente, poseer un ejército. Pero a lo largo del proceso revolucionario, una vez que el problema de la lucha armada, de la insurrección armada, está planteado, el proletariado, los pueblos trabajadores y las naciones oprimidas deben necesariamente poseer su organización militar. En general, su forma inicial es el armamento de las masas y a partir de esta base se constituirá progresivamente el ejército revolucionario. En las insurrecciones, las masas armadas desempeñan en general el papel principal; también sucede que el ejército revolucionario asuma el papel de fuerza de choque. Y cuando la insurrección de bien en guerra revolucionaria, el papel del ejército se vuelve mucho más importante; las fuerzas armadas revolucionarias comprenderán entonces el ejército y las masas armadas.

El problema de la edificación de un ejército revolucionario permanente y regular propiamente dicho solo podrá plantearse cuando el proletariado y el pueblo trabajador hayan conquistado el poder e instituido un estado proletario. La forma de organización militar del Estado socialista, del estado de democracia popular, susceptible de desarrollar al máximo la fuerza combativa del pueblo, del nuevo régimen, consiste en conjugar la edificación de un ejército revolucionario regular y moderno con un amplio e intenso aumento de las masas revolucionarias. Las masas armadas y el ejército revolucionario son los dos componentes de las fuerzas armadas del estado; el ejército permanente constituye el esqueleto y las masas armadas las fuerzas ampliamente extendidas. De modo que es preciso edificar el ejército y multiplicar, a la vez, los efectivos de las masas armadas.

La estrecha alianza de estos dos componentes en las fuerzas armadas del estado socialista constituye una superioridad absoluta del régimen socialista con respecto a los regímenes de explotación.

En los regímenes donde dominan las clases explotadoras, a causa del antagonismo entre los intereses de la clase dominante y los de las masas laboriosas, existe una oposición fundamental entre las masas populares, de una parte, y el estado con su ejército permanente, de la otra. El estado explotador ve en el pueblo revolucionario armado un peligro para sí. En general, los gobiernos reaccionarios prefieren perder el país antes que armar al pueblo. Como observó Engels, prefieren un compromiso con sus enemigos más crueles pero de su misma extracción, que una alianza con el pueblo. Desde luego, han ocurrido casos en que la clase feudal y la burguesía, cuando todavía desempeñaban un papel históricamente progresista y conservaban una conciencia nacional, armaron a las masas para que combatieran contra las tropas de agresión junto con el ejército permanente. Pero incluso en estos casos el armamento de las masas era limitado.

En el régimen socialista la situación es totalmente distinta. Las clases explotadoras han sido derrocadas, el régimen de explotación del hombre por el hombre ha sido abolido, se ha instaurado la propiedad del pueblo y la propiedad colectiva, se ha establecido el derecho del pueblo trabajador a ser dueño colectivo. La tarea que corresponde a las fuerzas armadas socialistas –instrumento de violencia principal del estado de dictadura del proletariado- es la de reprimir y combatir a los enemigos internos y externos, y defender el nuevo régimen y los intereses del pueblo trabajador. Esta alta unidad político moral en la sociedad nueva y las fuerzas materiales y técnicas crecientes del socialismo, son las bases más sólidas para edificar las fuerzas armadas revolucionarias modernas, de nuevo tipo, para desarrollar la fuerza combativa global del ejército revolucionario y de las masas armadas. Las fuerzas armadas del estado socialista, son las primeras en la historia que engloban a los obreros y los campesinos convertidos verdaderamente en los amos de su destino dotados de una conciencia política elevada, dispuestos a sacrificarlo todo por los ideales socialistas y comunistas. Estas son unas fuerzas armadas invencibles.

II

TRADICIONES Y EXPERIENCIAS EN LA EDIFICACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS DE NUESTRO PUEBLO

Las tesis marxistas – leninistas sobre la organización militar del proletariado se derivan fundamentalmente de la práctica y la experiencia de las revoluciones proletarias y de las guerras nacionales en Europa, en la época del capitalismo y del imperialismo, así como de la práctica y la experiencia de la lucha militar y la organización militar de las clases y naciones a través de las diferentes épocas.

Si estudiamos la historia de la lucha contra las agresiones extranjeras y la historia de la organización militar de nuestro pueblo, observamos en ellas rasgos característicos muy marcados que las diferencian de la lucha armada y de la organización militar de muchos países europeos. La insurrección popular, la guerra de todo el pueblo y el armamento de las masas con los que soñaba Engels en la Europa del siglo XIX se produjeron en nuestro país como cosa natural hace un millar de años, en la propia época feudal. La práctica y la experiencia originales, ricas y vivientes de nuestro pueblo ilustran aun mejor las ideas geniales de Marx, Engels y Lenin acerca del modo de dirigir la insurrección popular y la guerra de todo el pueblo, y acerca de la organización militar del proletariado y de las naciones que se han alzado para alcanzar su liberación.

A diferencia de muchos países occidentales, cuya formación está ligada a la desintegración del régimen feudal y la aparición del capitalismo, nuestra nación se formó y desarrolló a partir de antiguas luchas contra las agresiones y la dominación de los señores feudales extranjeros. Fueron muchas las sublevaciones nacionales y las guerras nacionales que estallaron sucesivamente en el transcurso de muchos siglos de nuestra historia.

Vietnam es una de las cunas de humanidad. Desde que los reyes Hung fundaron el país de Van Lang y a través de los milenios anteriores a la era cristiana, las tribus pertenecientes al grupo étnico Viet, en su lucha contra la naturaleza y las demás tribus para sobrevivir y desarrollarse, fueron creando factores bastante sólidos que determinarían la constitución de la nación: vivieron generación tras generación en un mismo territorio, empleaban una lengua propia, crearon una economía y un régimen político social que alcanzaron cierto grado de desarrollo, edificaron una cultura y una tradición moral que les eran propias. Todo esto hizo que en nuestro pueblo surgieran muy pronto con una vitalidad muy fuerte los sentimientos nacionales, la conciencia nacional, el espíritu de soberanía. En el curso de sus luchas contra agresores poderosos, nuestro pueblo logró conservar su tierra natal; combatió con valor e inteligencia, trabajó con aplicación y perseverancia, dando pruebas de su espíritu creador para sobrevivir y desarrollarse.

Nuestro país es rico y hermoso, con muchos recursos naturales ocupan el sudeste asiático, una posición estratégica importante como encrucijada de vitales vías de comunicación tanto terrestres como marítimas: vías que van del norte al sur y del este al oeste, y que hacen parecer a Vietnam un trampolín hacia el mar, o una cabeza de playa para llegar a tierra firme. Por consiguiente, nuestro país siempre fue codiciado por potentes fuerzas agresoras que pretendieron sojuzgar y explotar a nuestro pueblo y utilizar nuestro territorio como base de expansión en diferentes direcciones de modo que a lo largo de toda su historia multimilenaria, nuestro pueblo se ha visto constantemente obligado a repeler agresiones y emprender sucesivas guerras patrias para defenderse, para salvaguardar su independencia nacional; nuestro pueblo nunca cesó de rebelarse de llevar a cabo guerras de liberación para reconquistar su independencia: guerras e insurrecciones durante las cuales nunca cesaron de desarrollarse los sentimientos nacionales y la conciencia nacional, el ideal de soberanía, la voluntad indomable de combatir para conservar y reconquistar la independencia poco a poco, nos fuimos creando así una tradición muy valiosa, que nunca hemos cesado de cultivar y desarrollar con vigor: una tradición heroica de lucha contra la agresión extranjera, por la independencia y la libertad.

Éramos un país pequeño: nuestro territorio no era vasto; nuestra población era poco numerosa. A comienzos de la era cristiana, nuestro pueblo vivía sobretodo en las regiones de las actuales Bac Bo y Trung Bo del norte; en la época de las damas Trung contaba con un millón de almas, aproximadamente; más tarde, el territorio se amplió y la población aumentó. Pero teníamos que enfrentarnos constantemente con agresores cuyas fuerzas eran muy superiores a las nuestras. Obligados a combatir lo grande con lo pequeño para conservar la tierra natal, para vencer a un enemigo feroz, fue preciso poner en acción la fuerza de todo el pueblo, de todo el país, y no contar exclusivamente con el ejército regular.

Nuestras resistencias a la agresión extranjera eran siempre guerras justas. Nuestro pueblo, por otra parte, estuvo siempre animado por un ardiente patriotismo, conciente de la necesidad de asegurar la cohesión nacional, firmemente decidido a ser dueño de su tierra, y siempre ha poseído una voluntad de lucha indomable. De modo que, en lo que concierne a su organización militar, en las insurrecciones y las guerras nacionales en nuestra historia, contaba generalmente con un “ejército de la justa causa” procedente de las masas armadas; o bien con un ejército nacional; o, más generalmente, con una coordinación entre las masas armadas y el ejército nacional, o a la inversa. Desde épocas tempranas, nuestro pueblo forjó la tradición de que “todo el país conjuga sus fuerzas” para combatir la agresión extranjera, y nunca ha cesado de cultivarla y desarrollarla. Es este un secreto para conquistar la victoria que Tran Quoc Tuan, nuestro héroe nacional, había descubierto muy pronto y elevado a principio desde el siglo XIII, basándose en la experiencia de lucha milenaria de nuestro pueblo; principio que, en nuestra época se ha convertido en la consigna de la “unión de todo el pueblo”. Ya en la época de los Tran había aparecido el lema “cada ciudadano un soldado” desde tiempos muy remotos circula entre la población el adagio “cuando el enemigo está dentro de la casa las mujeres también lo combaten”. Es esta una realidad grandiosa, pero también muy familiar en la vida y la lucha de nuestro pueblo.

La participación de las masas en las insurrecciones y en las guerras nacionales de nuestro país nuestra tradición de que “todo el país conjugue sus fuerzas, todo el pueblo combate al agresor”, nos permiten afirmar que las insurrecciones y las guerras nacionales de nuestra historia ya eran insurrecciones populares y guerras del pueblo. Dirigidas fundamentalmente por la clase feudal, esas insurrecciones eran bastante generalizadas y habían alcanzado un grado de desarrollo bastante elevado, pese a las limitaciones inherentes a esa clase dirigente y a las demás condiciones históricas.

Cabe preguntarse entonces: ¿Cómo se presentaban las luchas de clases, en el seno de nuestro pueblo, y cuál era la organización armada en estas luchas de clases?

Como toda sociedad dividida en clases y con antagonismos de clases, nuestra sociedad vietnamita se movía y desarrollaba entre encarnizadas luchas de clases en el seno de la nación, sobre todo entre la clase feudal y los campesinos. También en nuestro país el ejército del estado feudal era un instrumento que la clase feudal tenía en sus manos y utilizaba para mantener su dominación: su función interna era la de reprimir al pueblo, sobre todo al campesinado; y su función externa, la de luchar contra la agresión extranjera e invadir otros países. Cuando los antagonismos de clase en el seno de la nación se exacerbaban, generalmente en las épocas en que no había agresiones extranjeras, nuestros campesinos, que tenían un espíritu revolucionario y democrático bastante elevado, se sublevaban en luchas encarnizadas, organizando sus propias fuerzas armadas para realizar insurrecciones y guerras campesinas contra los feudales del país. Es este un tema importante que no trataremos en el marco de la presente obra.

Sin embargo, frente al peligro de agresión extranjera, o bajo la amenaza constante de agresión en tiempos de paz, cuando las contradicciones entre nuestro pueblo y los agresores feudales extranjeros prevalecían, las diferentes clases de nuestro pueblos se agrupaban, suavizando provisionalmente sus contradicciones para unir todas las fuerzas de la nación y oponerlas a los agresores extranjeros, con excepción de los casos en que los señores feudales hipotecaron al país o capitularon ante el enemigo. Desde el punto de vista marxista, las luchas nacionales son una forma de lucha de clases; en nuestro país, en aquella época, se desarrollaban entre los señores feudales y los campesinos del país, de una parte, aliados para salvaguardar su territorio nacional, y los agresores feudales extranjeros de la otra. En su fase ascendente, la clase feudal de nuestro país también poseía un espíritu nacional: había recurrido a ciertas formas de democracia para alentar a las masas a combatir al invasor. Tran Quoc Tuan se había preocupado por “incrementar las fuerzas del pueblo”, porque tenían profundas raíces que sostenían sólidamente el árbol, y consideraba esta forma de actuar como una “política superior de salvaguardia del país”. No existía una verdadera separación entre nuestro movimiento nacional y la función organizadora y dirigente de la clase feudal cuando esta todavía desempeñaba un papel positivo en nuestra historia; sobretodo, no existía una verdadera separación entre ella y las poderosas fuerzas del campesinado, ardientemente patriótico, que constituía en aquel momento la mayoría de nuestra nación, por estos mismos motivos, cuando la clase feudal decadente traicionó los intereses nacionales nuestro campesinado se sublevó para derrocarla, como sucedió con el movimiento Tay Son, que, bajo la dirección de Nguyen Hue, enarboló la bandera de la independencia nacional. El movimiento campesino Tay Son se convirtió en un movimiento nacional lo cual le permitió elevar la insurrección y la guerra nacional a un alto nivel de desarrollo, derrocar a los feudales del país, vencer a los agresores extranjeros y lograr grandes victorias.

El proceso de formación y desarrollo de nuestro pueblo, la tradición de que “todo el pueblo combate al agresor; cada ciudadano es un soldado”, que había surgido con las insurrecciones y las guerras nacionales, son sin lugar a dudas rasgos originales, una realidad grandiosa de nuestra historia, que repercutió sobre numerosos aspectos de nuestra actividad social: ejerció una acción profunda sobre las insurrecciones y las guerras sobre la antigua organización militar de nuestro pueblo en las insurrecciones y las guerras nacionales.

La lucha contra la agresión extranjera y la organización militar de nuestro pueblo en los siglos anteriores a la era cristiana se encuentran reflejadas en nuestras tradiciones orales y en nuestras leyendas, así como en algunos documentos históricos.

No es una casualidad que en la época de los reyes Hung y del país de Van Lang, paralelamente con la leyenda de Son Tinh Thuy Tinh, que refleja la ardua lucha de nuestro pueblo contra las fuerzas de la naturaleza, existiera la tradición oral de Thanhgiong, que exaltaba la lucha heroica de nuestros antepasados contra la agresión extranjera. Esta leyenda cristaliza los rasgos típicos de nuestra tradición de lucha contra la agresión extranjera: la voluntad indomable de combatir de nuestro pueblo, la fuerza invencible de las masas que participan en la lucha Thanhgiong crece de modo prodigioso al escuchar el llamado para la salvación del país. Se sirve de barrotes de hierro y troncos de bambú para aniquilar al enemigo. Va acompañado de labores, pescadores, pequeños pastores de búfalos que combaten al enemigo con sus azadas, sus cañas, sus instrumentos de bambú… esta leyenda oral, muy clara y altamente simbólica, era la propia imagen de “todo el pueblo que combate al agresor”, “todo el país (que) combate al agresor”, imagen de nuestro pueblo en la época anterior a la de la historia escrita.

En nuestro país existieron también desde muy temprano masas armadas que se sublevan espontáneamente para rechazar a los invasores extranjeros. Ya en el tercer siglo antes de la era cristiana, los habitantes de Aulac, de acuerdo con las demás tribus Viet, combatieron a las tropas agresoras de los Tan durante decenas de años, nombrando generales a los bravos entre los bravos, batiéndose de noche, lanzando ataques por sorpresa, aniquilando a cientos de miles de enemigos, hasta lograrla victoria. Esta forma de combatir y organizar las fuerzas era muy típica de las masas que, movidas por el odio al agresor, se le enfrentaban para aniquilarlo; y no podemos dejar de establecer una similitud con la forma de guerrear valiente y flexible, en orden disperso, de los patriotas norteamericanos en su guerra de independencia contra los colonialistas británico. En el siglo XVIII a los que Engels tanto elogió. Los habitantes que se armaban espontáneamente y espontáneamente repelían al agresor, eran nuestros “guerrilleros” de la antigüedad.

En nuestra historia apareció muy pronto la organización de un ejército nacional destinado a combatir a los agresores extranjeros. El ejército del rey An Zuong se componía de infantería y flota; la ciudadela de Co Loa era la base tanto de la una como de la otra. Este ejército poseía un arma muy eficaz, una especie de balista que lanzaba de una sola vez un gran número de flechas con puntas de bronce muy afiladas, que se fabricaban en grandes cantidades y se han encontrado por decenas en el sector de Co Loa. Esto testimonia la existencia de una organización militar que había alcanzado ya cierto grado de desarrollo. La aparición de las balistas y las flechas de bronce constituyó un gran progreso en nuestra técnica militar de aquella época. Tal vez sea este el origen de la leyenda de la ballesta mágica. Pero, aún con una ballesta mágica, si no se cuenta con el respaldo popular y si se descuida la vigilancia es imposible evitar la pérdida del país. El rey An Zuong se dejó vencer por Trieu Da.

Desde entonces, nuestro país cayó bajo la dominación de los feudales extranjeros. Durante diez siglos, nuestro pueblo no cesó de sublevarse y combatir por la liberación nacional, por la reconquista de su independencia. Las insurrecciones nacionales estallaron en forma continua, estuvieron presentes en todos los siglos, y algunas de ellas se convirtieron en guerras de liberación. La primera fue la de las dos damas Trung, que logró éxito en todo el país; luego vinieron las de Chu Dat, Luong Long, Dama Tribu, Ly Bi, Ly Tu, Tien y las de Dinh Kien, Mai Thuc Loan, Phung, Zuong y Thanh… finalmente, la sublevación de Khuc Thua Zu y la victoria de Ngo Quyen en el río Bach Dang pusieron fin a la dominación extranjera y permitieron la reconquista de la independencia nacional.

Durante este período de dominación extranjera, naturalmente, no podíamos contar con un ejército nacional. Nuestras fuerzas armadas estaban constituidas esencialmente por las “tropas de la justa causa”, organizadas en las insurrecciones bajo la dirección de los lac hau y los Lac Tuong, gobernadores civiles y militares y personalidades patrióticas; es decir, los representantes de la clase feudal de la época. Las “tropas de la justa causa, que tenían el carácter de fuerzas armadas de las masas insurrectas, se asemejaban a un ejército. Las fuerzas insurrecciónales, a veces limitadas y otras considerables contaban siempre con la participación de varias capas sociales y comprendían a ciudadanos patriotas, minorías del delta y la región alta, autoridades, jefes de tribu, mandarines, patriotas… después de la victoria de la insurrección o cuando esta se transformaba en guerra de liberación, los dirigentes organizaban hasta un determinado nivel el ejército nacional, para seguir combatiendo.

El movimiento de lucha de las masas y las insurrecciones de las “tropas de la justa causa” ejercían su influencia sobre los hombres de las tropas vietnamitas en el aparato de dominación extranjera: estallaban numerosos motines. Durante uno de ellos en el año 1803, el jefe militar Vuong Quy Nguyen, un vietnamita, seguido de sus hombres, se alzó y desalojó al mandarín extranjero.

En esa época, la conciencia nacional y el patriotismo de nuestro pueblo se pusieron claramente de manifiesto en las insurrecciones, las más representativas de las cuales fue la de las dos damas Trung, a comienzos de nuestra era. El rasgo original de esta insurrección, que se inició en Melín (el Ha Tay actual), era que los mandarines civiles y militares, así como los habitantes de los 65 distritos y ciudades, es decir la totalidad de nuestro territorio de aquel momento, “respondieron en forma unánime” esta “respuesta unánime” de todo el país, agrupado bajo la bandera de salvación nacional de las damas Trung, constituye uno de los fenómenos más raros de la historia. Se puede decir que fue una “sublevación en cadena”, hubo una insurrección popular que reflejaba la clara conciencia nacional de los gobernadores civiles y militares y de los habitantes de las diferentes tribus que formaban la población del antiguo país de Au Lac.

La insurrección de las dos damas se vio coronada con el éxito y fue reconquistada nuestra independencia nacional. Tres años después, los agresores invadieron de nuevo nuestro país. Las dos damas les opusieron su joven ejército, pero fueron vencidas.

La insurrección de Ly Bi, a mediados del siglo VI, fue una insurrección de gran envergadura, porque logró “reunir a los héroes de las diferentes provincias” en una sublevación simultánea. En 3 meses, esta insurrección logró abolir el poder del invasor. Las (tropas de la justa causa) dirigidas por Ly Bi, se apoderaron rápidamente de la ciudadela de Tan Luong, y golpe tras golpe rechazaron dos contraofensivas del ejército agresor de los Liang.

Después de la victoria fue fundado el estado de Van Xuan, con su ejército. En la resistencia que sirvió para la salvaguardia del país, el ejército de Ly Bi fue derrotado. Pero Trieu Kuang Phuc reorganizó las fuerzas, se replegó hacia la base de Zatrach, aplicó una “estrategia de larga duración” y puso en acción la táctica de los pequeños enfrentamientos de los combates aislados, de la escaramuza, del ataque nocturno, con el fin de cansar al enemigo. Luego, cuando los Liang tuvieron que hacer frente a graves desordenes en su país, Trieu Kuang Phuc pasó a la contraofensiva, derrotó al ejército agresor y reconquistó la independencia. El estado independiente de Van Xuan se mantuvo durante más de medio siglo. Fue una gran victoria de nuestro pueblo en aquella época. Nació así la idea de una guerra de larga duración. El pequeño enfrentamiento, el combate aislado, la escaramuza, el ataque nocturno… habían alcanzado un nuevo grado de desarrollo.

Después de la derrota del estado de Van Xuan nuestro pueblo no cesó de sublevarse durante tres siglos, combatiendo al enemigo con alas armas en la mano y desencadenando varias insurrecciones en el siglo X, las luchas llegaron a su clímax. Apoyándose en ese movimiento armado, aprovechando la debilidad de los Tang, como consecuencia de las insurrecciones campesinas en su país y de la degradación y ejecución del tiet do su (procónsul) de los Tang, y apoyado por el pueblo Khuc Thua Zu se sublevó, se proclamó él mismo tiet do su y restableció la soberanía nacional. Durante varias décadas esta soberanía pasó por duras pruebas y conoció algunos eclipses. Solo en el año de 938 nuestro pueblo pudo reconquistar verdaderamente su independencia, gracias a la victoria obtenida en el río Bach Dang por el ejército de Ngo Quyen sobre el ejército agresor de los An del sur. Esta batalla fluvial, con juncos de combate y estacas de hierro, con un modo de combatir valiente e ingenioso, indica la fuerza combativa y el grado de desarrollo de nuestro ejército nacional en aquella época. El historiador Levan Huu hizo el elogio de esta hazaña de Ngo Quyen en los siguientes términos: “con el ejército recientemente constituido de nuestra tierra viet, pudo derrotar al ejército de un millón de hombres de Liu Huang Tao” “excelente estratagema y excelente dirección de combate”, “fundar el estado y proclamarse rey” de tal modo que los agresores no se atrevieron a invadir nuevamente nuestro país.

La victoria de Bach Dang marcó un viraje en nuestra historia. Fue el comienzo de la época en que nuestro pueblo conquistó una independencia total, edificó y desarrolló un estado feudal, cada día más próspero y consolidó y salvaguardó su independencia durante muchos siglos sucesivos. El estado feudal centralizado, promovió de una dinastía a otra, políticas cada vez más perfeccionadas para edificar y consolidar el aparato del poder tanto en el centro como en los diferentes peldaños, para dar un fuerte impulso a la edificación económica y al desarrollo cultural y para consolidar y reforzar la defensa nacional. Bajo la dirección de la clase feudal –que desempeñaba entonces un papel positivo en el desarrollo de la misión-, nuestro pueblo llevó a cabo guerras patrias para salvaguardar su independencia nacional. Y cada vez que perdió su país, se sublevó y desencadenó una guerra de liberación para reconquistar la independencia.

El desarrollo de nuestras fuerzas armadas en esa época estaba estrechamente ligado a estas guerras y a estas insurrecciones. Reflejaba el desarrollo multilateral de un estado independiente, edificado sobre la base de un régimen feudal consolidado cada día más en todos los aspectos.

La diferencia más notable entre la edificación de las fuerzas armadas del estado feudal en nuestro país y en los distintos estados feudales europeos, es que nosotros teníamos el régimen de “todo el pueblo un soldado” y no el régimen de “mercenarios”. En cuanto al régimen de “todo el pueblo en armas” en Europa, del que hablaba Engels no hizo su aparición hasta los primeros años de la revolución francesa burguesa.

El régimen de “todo el pueblo un soldado” había sido creado y perfeccionado progresivamente a través de las dinastías.

Bajo la dinastía Dinh Le, después de ser eliminada la “rebelión de los doce señores”, y después de la fundación del estado feudal centralizado, se instituyó el censo de la población con el fin de reclutar hombres. Las fuerzas armadas fueron organizadas según el sistema “de llamado (de los hombres) a las armas en caso de necesidad, y devolución (de los mismos) a los campos después de la batalla”. Gracias a este sistema, con una fuerza permanente poco numerosa que servía de núcleo, el estado feudal de aquella época podía organizar diez grupos de ejércitos que contaban con un millón de hombres, bajo el mando del general Le Hoan. Esta cifra englobaba la totalidad de los hombres inscritos en el censo. Era una forma muy curiosa de armar a toda la población en la época feudal, pero era indispensable para una pequeña nación como la nuestra si quería combatir la agresión extranjera.

El desarrollo multilateral de la nación feudal independiente bajo los Ly aparece claramente en los reglamentos y en la política concerniente a la organización de las fuerzas armadas. Era la política que instituía el servicio militar en el campo, de modo que también el campesino era soldado y hacía su servicio militar sin dejar de trabajar en la producción. Los Ly dividían a los hombres inscritos en adultos de 18 a 20 años y en mayores de 20 a 60 años; estos últimos estaban sometidos al régimen de “rotación”: permanecían inscritos en el censo del ejército y se incorporaban en tiempos de guerra. Es el régimen que hoy llamamos de servicio militar obligatorio.

Bajo los Trang, la organización de las fuerzas armadas descansaba en el régimen de movilización de las fuerzas de todo el pueblo, de todo el país, según la idea de Trang Quoc Tuan: “todo el país conjuga sus fuerzas”, que encontraba su expresión característica en la concepción de entonces de hacer de cada habitante un soldado. El historiador Phan Huy Chu observó: “la situación de las fuerzas armadas era entonces muy fuerte. En general, en tiempos de paz se agrupaban en lugares favorables; en caso de guerra combatían enérgicamente. Así, bajo los Trang, toda la gente del pueblo eran soldados, lo que permitía derrotar al agresor y fortificar la situación del país. Las fuerzas armadas bajo los Trang, organizadas según un régimen bien definido, reflejaban el crecimiento y la consolidación de nuestro régimen feudal después de tres siglos de edificación en la Paz.

Apoyándose en el régimen de “todo el pueblo soldado”, desde el punto de vista de la organización concreta el estado feudal creó diferentes categorías de tropas: las tropas de la corte en el nivel central, las regionales, las de los grandes señores y jefes de tribu de las minorías étnicas, y las huong binh, dan binh, tropas locales de base en los municipios, en las aldeas, etc. Las tropas de la corte se llamaban “tropas del hijo del cielo” bajo los DinhLe y “tropas permanentes” “tropas sobre las armas”, bajo los Ly y los Trang. Eran las tropas en activo, las que hoy llamamos tropas permanentes. En cuanto a las tropas ubicadas en el campo, que “en tiempos de paz regresan a sus hogares para cultivar los arrozales y en caso de alerta son llamadas a las armas” se llamaron “ropas externas”, parecidas a las que llamamos hoy las reservas. Las huong binh, tho binh eran organizadas por la administración feudal en tiempos de paz para mantener la dominación del estado feudal en las aldeas y los municipios; en tiempos de guerra, combatían al agresor junto a las masas populares, de modo que constituían las grandes fuerzas armadas del pueblo.

Si durante los diez siglos de lucha por la independencia las fuerzas armadas de nuestro pueblo estuvieron constituidas fundamentalmente por las tropas de la justa causa en las insurrecciones en que participaban las grandes masas populares, en la época de la edificación y la consolidación de la independencia nacional las fuerzas del ejército eran las que emergían en la defensa nacional en las guerras por la defensa de la patria: era el ejército regular de nuestro estado feudal independiente y su organización se perfeccionaba cada día más. El ejército de los Ly comprendía la infantería, la caballería, las tropas montadas en elefantes, la flota; su armamento consistía en lanzas, picas, ballestas, catapultas. Las de los Trang poseían dispositivos para lanzar proyectiles encendidos: era de cierto modo su artillería. Nuestro pueblo atribuía gran importancia al equipo del ejército y sabía aprovechar el nivel de desarrollo de sus fuerzas productivas para inventar armas nuevas y máquinas de guerra eficaces. También existía preocupación por alimentar bien a las tropas, pues se consideraba “el alimento como algo vital para los hombres”. Las tropas permanentes no eran numerosas, pero sabían batirse muy bien y cuando la guerra estallaba las fuerzas podían multiplicarse rápidamente. Se atribuía gran importancia al entrenamiento de las tropas. Para el perfeccionamiento de los generales y oficiales Trang, Quoc, Tuang había escrito las obras Binh Thu Yeu Luoc (manual de fundamentos del arte militar) y Van Kiep Tong bi truyen thu (Transmisión del secreto de Van Kiep).

Los estatutos de organización del ejército del estado feudal fueron recogidos por el historiador Phan Huy Chu, que los insertó en la parte “Binh Che chi” (“Monografía de la organización del ejército”) de su gran obra Lich Trieu hien chuong loai chi; ésta comprendía los siguientes capítulos: 1) organización y composición del ejército; 2) principios de selección; 3) reglamento del mantenimiento de los hombres y la subvenciones; 4) método de entrenamiento; 5) prohibiciones; 6) método de examen; 7) rituales. Esto demuestra que nuestra organización militar había alcanzado una estructura bastante completa, y testimonia la alta vigilancia de nuestros antepasados, quienes, a pesar de los largos de paz, no cesaban de perfeccionar la organización de las fuerzas armadas, de alentar a las masas a cultivar el arte de las armas, de consolidar la defensa nacional para salvaguardar la independencia del país. Desde luego, el ejército del estado feudal no tenía únicamente la función de de defender el país; también debía “reducir los desórdenes”, es decir, reprimir las luchas populares.

Una vez que nuestro pueblo hubo reconquistado su independencia y edificado un estado bien estructurado, su patriotismo y su voluntad de combate alcanzaron un grado más elevado. Si en la época en que había perdido su independencia estos sentimientos encontraban expresión en la decisión de continuar el combate hasta reconquistar la independencia, ahora en la época de la recobrada independencia, se manifestaban en la voluntad de edificar el país con sus propias fuerzas y hacerlo fuerte y poderoso, en la voluntad de luchar enérgicamente para preservar nuestros montes y nuestros ríos, para salvaguardar nuestro territorio nacional que nuestros antepasados habían conquistado y construido al precio de tanta sangre y tantos sufrimientos. Gracias a su patriotismo y a su voluntad de combatir, gracias a las fuerzas armadas edificadas sobre la base de un régimen feudal cada día más floreciente, gracias al arte de conducir la guerra de nuestros héroes nacionales, nuestro pueblo obtuvo en esa época las victorias más brillantes en su historia de defensa de la patria. Nuestro país fue edificado y consolidado en todos los aspectos, tanto en el campo económico como en el de la defensa nacional, pero seguía siendo un pequeño país. No obstante, gracias a su régimen de “todo el pueblo soldado”, con un ejército poco numeroso pero bien entrenado, nuestro pueblo venció gloriosamente a los ejércitos agresores más poderosos y más bárbaros de la época, salvaguardando la independencia y la libertad de la nación. El generalísimo Le Hoan derrotó al ejército agresor del los Song en las batallas de Chilan en Bach Dang.

Ly Thuong Kiet lanzó una ofensiva preventiva en territorio enemigo y aniquiló las principales bases de partida del agresor. Durante la resistencia que siguió en territorio nacional, el gran ejército de la corte libró importantes batallas sucesivas a orillas del río Nhu Quyet, destruyendo más de la mitad de las fuerzas adversarias, mientras decenas de miles de hombres de las tropas regionales, incluyendo a los huong binh y tho binh, operaban coordinadamente en la retaguardia del enemigo, atacando sus pequeños destacamentos de combate y transporte. En la región de Lang Son, los Tay y al mando de Than Canh Phuc, después de retirarse a la selva, atacaron inmediatamente al enemigo aplicando con mucha eficacia la táctica de la escaramuza, los combates nocturnos, etc. Hizo así su aparición, ya desde esa época, la coordinación de combate entre el gran ejército y las fuerzas regionales, creando una posición estratégica en la que atacábamos a la vez de frente y por la retaguardia. Esta coordinación de las acciones era un rasgo muy original del arte militar de un pequeño pueblo que se oponía a la agresión de un enemigo poderoso. La agresión de los Son fue rechazada: estos tuvieron que reconocer a nuestro país como un reino independiente.

Durante las tres resistencias contra las tropas de los Yuan en el siglo XIII, gracias a la existencia del ejército y de los Huong Binh y Tho binh organizados bajo el régimen de “todo el pueblo soldado”, Tran Quoc tuan coordinó hábilmente en combate con tropas concentradas, el gran combate del ejército nacional y los pequeños enfrentamientos locales de los Huong binh y tho binh y las masas armadas, durante toda la guerra.

Es evidente que el ejército desempeñaba un papel decisivo: desarrollo con éxito y brillantemente numerosas batallas de exterminio en Dong Bo Dau, Hamtu, Chuong Duong, Van Kiet, Bach Dang… pero las masas armadas eran numerosas y su papel era también muy importante. La población montañesa interceptaba, detenía, diezmaba y aniquilaba a gran número de enemigos. Los Zan Binh, es decir, las tropas paramilitares del campo, combatían localmente con el apoyo de las aldeas y los caseríos, muy pronto nuestra población supo combatir con este apoyo. Podemos decir que era un tipo de “aldea de resistencia”. Los habitantes escondían todos sus bienes –hacían el vacío- ante el enemigo, creándole muchas dificultades en el abastecimiento de víveres. Las palabras “Sat That” (muerte a los tártaros) tatuadas en los brazos de los oficiales y soldados, traducía la determinación de resistir, el espíritu de sacrificio en combate de nuestro pueblo en esa época. Era verdaderamente una guerra de todo el pueblo. De todo el país. Era realmente la guerra popular en la época feudal. El ejército agresor mongol de los Yuan arrasó Europa y Asia a sangre y fuego, y conquistó y borró del mapa a numerosos estados. Pero las tres veces q1ue invadió Vietnam, las tres veces fue rechazado de plano por el pueblo vietnamita. Las grandes victorias de las guerras de resistencia en la época de los Trang, dirigidas por nuestro héroe nacional Trang Quoc Tuan, victorias de vidas fundamentalmente a que “todo el pueblo conjugaba sus fuerzas”, como el propio Trang Quoc Tuan había preconizado, son pruebas del alto nivel de desarrollo alcanzado por la organización armada de la época, así como del importante papel jugado por el ejército y las fuerzas armadas en las guerras patrias de nuestro país. Eran victorias gloriosas de una guerra de defensa nacional que se desarrollaba sobre la base del régimen feudal, mientras nuestro país se iba edificando y consolidando en todos los aspectos y se había ido preparando en la paz, durante cientos de años, para su defensa nacional.

A mediados del siglo XIV, el grupo feudal de los Trang degeneró, e intensificó la opresión y la explotación del pueblo. A lo largo de casi medio siglo estallaron numerosas insurrecciones de campesinos y esclavos domésticos. Ho Quy Ly aprovechó la situación para ascender al trono y fundó la dinastía de los Ho. El pueblo se dividió. La resistencia contra la agresión de los Ming organizada por Ho Quy Ly, se apoyó en el ejército, en las armas perfeccionadas en las ciudadelas fortificadas, y no en el pueblo. Por ello fracasó.

Pero los agresores no lograron subyugar a nuestro pueblo. Las insurrecciones estallaban sin interrupciones.

Le Loi se alzó en Lam Son con cerca de dos mil “soldados de la justa causa”. La insurrección se convirtió en guerra de liberación, cuyas fuerzas en las “tropas de la justa causa” apoyadas por las masas armadas insurrectas. Una vez que la insurrección se hubo transformando en guerra de liberación, estas tropas se convirtieron en ejército. En el momento de la victoria, este contaba con más de doscientos mil hombres y con una organización bien estructurada, gracias a la experiencia transmitida por los Ly y los Trang.

“Blandir los garrotes como banderas; reunir a los labradores y a los miserables”. Estas célebres palabras de Nguyen Trai traducían el carácter de masa de las fuerzas insurreccionales. Podemos decir que estas estaban constituidas por las considerables fuerzas de los campesinos trabajadores de nuestro país en aquella época: durante cerca de la mitad del siglo anterior, se habían batido con éxito contra los feudales Trang; ahora se agrupaban bajo la bandera nacional de Le Loi y Nguyen Trai. Además, la sublevación de Lang Son había instalado en condiciones distintas de las insurrecciones anteriores, durante los diez siglos precedentes bajo la dominación extranjera. Nuestro país había estado dominado por los Ming durante veinte años; pero anteriormente nuestro pueblo ya había construido un estado feudal independiente, había consolidado y mantenido firmemente la independencia nacional durante casi cinco siglos consecutivos, y había rechazado sucesivamente numerosas agresiones de un enemigo poderoso.

Por consiguiente, después de las dificultades de los primeros años, durante los cuales las “tropas de la justa causa” habían tenido que retirarse a las montañas y oponer la táctica de los pequeños enfrentamientos esporádicos a las ofensivas enemigas, las fuerzas insurreccionales se desarrollaron rápidamente, sobre todo después que adoptaron la justa orientación de apropiarse del Nghe an para hacer de él un trampolín, liberar thanh hoa, y luego a tan binh y thuan hoa. Donde quiera que llegaban las “tropas de la justa causa” la población se sublevaba para apoyarlas y abastecerlas, se integraba a ellas, se armaba para actuar en coordinación con ellas y atacar las guarniciones enemigas, aniquilar a las tropas adversarias, desintegrar por sectores enteros el poder agresor del extranjero, en los distritos y liberar bastas regiones.

Los Ming enviaban refuerzos. Con un ejército de “algunos centenares de miles de hombres, solamente pero unido como los cinco dedos de una mano”, distinto al de los Ho, que contaba con “un millón de hombres, pero desunidos en espíritu”, Le Loi y Nguyen Trai, secundados por brillantes generales, organizaron grandes batallas y obtuvieron clamorosas victorias en Tot Dong, Chu Dong y Chilan –Xuong Giang, aniquilando a cientos de miles de enemigos. La población se sublevó en masa para apoyar al ejército. Donde quiera que llegaban las “tropas de la justa causa”, “la gente la seguía en forma compacta, y a lo largo de todos los caminos se les brindaba alcohol”, y “más combatían y más victorias obtenían, aniquilando donde quiera al enemigo, como si destruyeran objetivos viejos o quebraran ramas muertas”. La población participaba también directamente y en múltiples formas en los ataques contra el enemigo. La vendedora de té de la familia Luong en Co Long, logró vencer al enemigo con un estratagema y conquistar la ciudadela. Ella recibió de Le Loi el título de “constructora del país”.

Nguyen Trai se preocupó también por dar un fuerte impulso a la “ofensiva dirigida a los corazones, es decir, al trabajo de agitación en las filas enemigas y entre las tropas fantoches para convencerlas y arrastrarlas, lo que permitió obtener la rendición del adversario en numerosas ciudades: Nghe An, Zien Chau, Thi Cau, Dong Quan… cien mil soldados enemigos se rindieron. Decenas de miles de mercenarios autóctonos se unieron a las filas del pueblo.

La victoria de la resistencia contra los Ming fue una victoria de la guerra del pueblo, conducida por Le Loi y Nguyen Trai. Pero, a diferencia de la guerra patria de defensa bajo los Tran, en este caso se trató de una insurrección nacional que llegó a convertirse en una guerra de liberación librada por las tropas de la justa causa, constituidas en ejército y combinadas con las grandes sublevaciones de las masas. “Una vez enarbolado el estandarte de la justa causa, todo el país se subleva como una colmena en efervescencia”; las grandes batallas “rugientes y fulgurantes”, van acompañadas de pequeños enfrentamientos, “galerías de hormigas que roen la muralla; se aniquila al ejército enemigo y se destruye el poder del invasor para liberar a todo el país y reconquistar la independencia nacional sin las sublevaciones de la población no se hubiera podido desintegrar las bases de ese poderío, ni extender el prestigio y la influencia de las tropas insurrectas y abrirles campos de acción. Y sin las “tropas de la justa causa”, convertidas más tarde en ejército, para librar grandes batallas de destrucción, no hubiera sido posible vencer al agresor y destruir el poder de la dominación extranjera. La coordinación entre la acción del ejército nacional y la de las masas armadas alcanzó, con respecto a la de la guerra patria, de los Trang, un nuevo desarrollo que tuvo como rasgo principal las grandes sublevaciones populares.

Después de la victoria, Le Loi y Nguyen Trai reconstruyeron rápidamente al país y llevaron el régimen feudal centralizado a una nueva etapa de desarrollo floreciente, cuyo reflejo era la evolución de la organización militar. Los tres le desarrollaron la tradición de “todo el pueblo soldado”, así como la experiencia del período de los Ly y de los Trang, y organizaron el ejército de la corte a nivel central, las tropas regionales y las de las aldeas. Los grandes señores no poseían tropas propias. Se desmovilizó a la mayor parte de los hombres del ejército, que volvieron a sus arrozales; solo quedaron sobre las armas unos cien mil. Existía el régimen de inscripción por censo, con vista al reclutamiento y al llamado en caso de guerra. “El censo estaba sometido a un control trienal, de modo que no se omitía a nadie. Cuando la situación lo exigía se llamaba tanto a los militares como a los civiles, y todos eran soldados. Fue esta una experiencia en materia de organización de las fuerzas armadas en tiempos de paz, que combinaba la consolidación de la defensa nacional con la edificación económica y preparaba así el país para emprender una guerra por la salvaguardia de la patria en caso de invasión extranjera. Evidentemente esto tendía también a robustecer la dominación del Estado Feudal.

A partir del siglo XVI nuestro régimen feudal comenzó a declinar. Durante más de doscientos años, las tropas feudales se destruyeron entre sí, la guerra civil entre los Tring y los Mac duró más de medio siglo. Vino luego la espera lucha entre los Tring y los Nguyen, que duró casi cincuenta años y culminó con la división del país durante más de un siglo. Los feudales en decadencia oprimieron y explotaron duramente a los campesinos. Por temor a sublevaciones populares, ordenaron la confiscación de las armas de fuego y prohibieron su fabricación por parte de la población. Las luchas campesinas fueron ferozmente reprimidas por el ejército. Insurrecciones y guerras campesinas de gran envergadura estallaron constantemente, sobretodo en el siglo XVIII y culminaron con la sublevación de los Tai Son, dirigida por Nguyen Hue.

Esta sublevación marcó un nuevo desarrollo de la insurrección y de la guerra, de la coordinación entre las masas armadas y el ejército en nuestro país. Tuvo su origen en el movimiento campesino que evolucionó hasta convertirse en movimiento nacional, y en la estrecha combinación de esos dos movimientos, mientras que la clase feudal decadente capitulaba ante el agresor y la bandera de salvación nacional pasaba a manos de Nguyen Hue, el eminente líder del movimiento campesino. Por esta razón, las insurrecciones campesinas y las guerras nacionales fueron animadas por un nuevo impulso ofensivo muy vigoroso.

Al comienzo de la sublevación, la consigna de “cogerle a los ricos para distribuir entre los pobres” impulsó a los campesinos y a las demás capas de la población humilde a sublevarse. La rebelión se extendió, devino en guerra campesina que derrocó el régimen feudal del país, y luego en guerra nacional que rechazó la agresión de los feudales extranjeros.

Las fuerzas armadas de esta insurrección campesina que se convirtió en guerra nacional se habían creado a partir de las “tropas de la justa causa” y se transformaron poco a poco en un ejército con una amplia participación del campesinado y otras capas de la población. Fue este un nuevo desarrollo de nuestra organización militar nacional, tanto en el sentido de sus objetivos políticos como en el de la envergadura de sus formaciones y el nivel de la organización y el arte militar. Las primeras “tropas de la justa causa” de Tai Son eran verdaderamente una organización armada de masas pobres: campesinos, artesanos, etc. Que se proveían por su propia cuenta de armas diversas: garrotes, lanzas, picas, sables, armas de fuego, etc.… durante la insurrección, donde quiera que llegaban las tropas de Nguyen Hue, se les unían los campesinos y otras capas oprimidas, engrosando así sus filas y destruyendo el poder feudal decadente. El prestigio y el poder de Nguyen Hue eran enormes. Sus tropas se desarrollaron rápidamente. A raíz de las sublevaciones, Nguyen Hue organizó el ejército de los Tai Son. Era el ejército de los campesinos; convertido más tarde en ejército nacional. Su organización, así como su armamento, alcanzaron un grado de desarrollo bastante elevado. Había infantería, caballería, tropas montadas en elefantes, y la flota. Había mosquetes y cañones de distintos calibres. Había también distintas categorías de embarcaciones de guerra, incluyendo grandes navíos capaces de transportar incluso elefantes, un centenar de hombres y cañones. Nguyen Hue hacía montar sus cañones en los barcos y los hacía colocar en baterías sobre el propio lomo de los elefantes. Era de cierto modo su artillería de campaña.

Respaldado por la sublevación de las masas, sobretodo de las masas campesinas y de otras capas humildes, el poderoso ejército de los Tai Son, que se batía con valor y estaba dotado de una gran movilidad, enriqueció nuestra historia nacional con hazañas prodigiosas bajo el mando de Nguyen Hue.

Con sus célebres batallas –la captura de la ciudadela de Quy nhon, la toma de la provincia de Quan Ngai, la liberación de Phu Yen, los cinco ataques victoriosos contra la ciudadela de Gia Dinh- las tropas Tai Son pusieron fin a la dominación feudalista de los Nguyen, establecida desde hace más de doscientos años, luego, con la clamorosa victoria de Rach Gian –xoai mut, en la que fueron aniquilados decenas de miles de hombres de las tropas siamesas, Nguyen Hue rechazó su agresión.

Mas tarde, con operaciones relámpago las tropas Tai Son forzaron la ciudadela de Phu Xuan y llegaron hasta la orilla del río Gianh, donde, al cabo de diez días, pulverizaron a las tropas de los Tring con la ayuda de la población insurrecta.

“Inmediatamente nuestras tropas tomaron rumbo hacia el norte”. Nguyen Hue se apoderó por sorpresa de Vi Huong y luego liberó Tang Long, derribando en menos de un mes la dominación feudal tricentenaria de los Tringh y echando las bases para la reunificación del país, desde la capital del norte hasta Gia Dinh.

Los Ly feudalistas, que querían aferrarse a toda costa a su trono, invitaron a los Tsing a invadir nuestro país. Frente al peligro, las tropas Tai Son se dirigieron hacia el norte. Después de una marcha relámpago, con un impulso ofensivo y resistible y el propósito de “ganar la guerra con una sola batalla”, y con una voluntad inquebrantable de pulverizar a los agresores y hacerles comprender que el Vietnam heroico ya tiene sus propios dueños”. Nuestro héroe nacional, el campesino Nguyen Hue –que se había proclamado emperador- derrotó en la gloriosa batalla de Ngoc Hoi –Dong Da, en el transcurso de cinco días, a los doscientos mil hombres de las tropas de Tsing, y echó por tierra sus designios de agresión.

La insurrección de los Tai Son –un movimiento campesino que devino en movimiento nacional-, respaldada por la masiva sublevación armada del pueblo y por un ejército poderoso, derribo tres clanes feudales reaccionarios en el país, rechazó dos invasiones extranjeras, perfeccionó la unificación de la patria y salvó la independencia nacional. Fue una hazaña, una obra de nuestro campesinado revolucionario y de nuestra nación, sin igual en nuestra historia y muy insólita en la del movimiento campesino de otros países.

En el siglo XIX nuestro pueblo se enfrentó a una prueba muy grave. El imperialismo francés emprendió la conquista de nuestro país. Era un enemigo nuevo, una potencia capitalista de occidente, dotada de un enorme potencial económico y militar, un enemigo muy distinto al antiguo agresor feudal. En el interior, el régimen feudal había decaído desde hacía tiempo. La clase feudal había cesado de desempeñar el papel de fuerza progresista en la historia nacional y se había vuelto extremadamente reaccionaria, sumiendo a nuestra sociedad en el caos y la ruina. El estado feudal recurría constantemente al ejercicio para reprimir las sublevaciones campesinas. Y el ejército del estado feudal se había tornado totalmente opuesto al pueblo, había perdido todo el apoyo del pueblo, de la nación. Los campesinos, por su parte, se levantaron en armas y emprendieron cientos de sucesivas insurrecciones grandes y pequeñas para oponerse a la dominación draconiana y a la feroz represión de la clase feudal.

Frente a la agresión del imperialismo francés, cuando la pérdida del país se hizo cada día más inminente, las masas campesinas se sublevaron en todas partes, pero los Nguyen feudales se negaron a cualquier reforma y siguieron reprimiendo al pueblo. Aferrados a sus egoístas intereses de clase –preferían capitular ante los agresores extranjeros que marchar junto al pueblo-, dejaron caer al país en manos del imperialismo francés. Pero nuestro pueblo, ignorando la vergonzosa capitulación de los Nguyen, continúo su lucha. Durante cerca de un siglo de dominación del imperio francés, el pueblo vietnamita dio pruebas de un espíritu indomable, siguió sublevándose y organizó “tropas de la justa causa” para resistir al enemigo. Tuvimos así los movimientos de Truong Cong Dinh y Nguyen Trung Truc en el sur, y los movimientos de Phan Dinh Phung, Nguyen Thien Thuat y Hoang Hoa Tham en el norte. Hombro con hombro con las “tropas de la justa causa”, nuestro pueblo combatió valientemente generación tras generación, sin alcanzar sin embargo sus objetivos porque le faltaba una línea y una orientación justa, acorde a las condiciones históricas de la nueva época. Y así, hubo que esperar hasta la aparición de la clase obrera vietnamita y de su partido de vanguardia para que nuestra historia nacional realizara un gran viraje.

La historia de las insurrecciones y las guerras, la historia de la organización militar de nuestro país, demuestra que nuestro pueblo posee heroicas tradiciones de lucha contra la agresión extranjera, tradiciones de un pequeño país estrechamente unido que conjuga todas sus fuerzas para combatir y vencer a enemigos mucho más poderosos que él. Las insurrecciones y las guerras nacionales de nuestro país fueron, en el pasado, verdaderas insurrecciones populares y guerras populares que lograron un alto nivel de desarrollo.

Desde el punto de vista de la organización militar, para llevar al éxito estas insurrecciones y guerras nacionales, nuestro pueblo aplicó muy pronto el principio “todo el pueblo soldado” arrastrando a las grandes masas a participar en la lucha en distintas formas entre las cuales la más elevada era la lucha armada al lado del ejército regular. Así, en nuestras insurrecciones y guerras nacionales, aparte de un pequeño número de casos en los cuales combatieron las fuerzas armadas de masas solas, o el ejército solo, nuestra organización militar comprendió generalmente tanto al ejército nacional como a las fuerzas armadas de las masas, ambos combinados, con diferentes formas de organización y distintos niveles de desarrollo, con un lugar y un papel distintos según las condiciones y las circunstancias históricas concretas. Así fue como nuestras insurrecciones y nuestras guerras nacionales pudieron desarrollar la fuerza de todo el país de todo el pueblo, y aplicar en forma creadora el arte militar tradicional, que oponía el pequeño número al gran número, que vencía a lo grande con lo pequeño, que “neutralizaba lo extenso con lo breve”, que “daba cuenta del fuerte con el débil”.

Nos damos cuenta así de que combinar las masas armadas con el ejército nacional y viceversa fue para nuestro pueblo, ya en el pasado, un principio de organización militar, e incluso de arte militar, para lograr la victoria tanto en la insurrección nacional como en la guerra nacional, tanto en la guerra de defensa de la patria como en la de liberación.

La organización militar dependía, en primer lugar, del régimen político, de la naturaleza clasista del Estado. Estaba estrechamente ligada al carácter y a los objetivos de las insurrecciones y las guerras. Si nuestra organización militar nacional pudo movilizar a las grandes masas y aplicar el principio de poner a todo el país frente al agresor, esto se debía sobretodo al carácter justo de nuestras insurrecciones y nuestras guerras nacionales: el objetivo político de esas insurrecciones y esas guerras era siempre la conquista y la defensa de la independencia nacional.

En esas insurrecciones y guerras, entre las “tropas de la justa causa” organizadas por los representantes de la clase feudal, o el ejército del estado feudal y las grandes masas, reinaba la unidad en cuanto al interés nacional y el objetivo de la lucha, aunque esta unidad estuviera limitada por la naturaleza de la clase feudal y las condiciones históricas. Por esta razón las “tropas de la justa causa” y el ejército podían contar con el ardiente patriotismo, con la cohesión nacional y con la voluntad combativa indudable de las masas. Por esta razón las masas participaban activamente en el ejército, lo apoyaban y tomaban parte directamente en los combates contra el agresor, realizando así la coordinación entre el ejército y las masas armadas. También las fuerzas de los huong binh y tho binh reunían las condiciones para poner en juego su poder combativo. En muchos casos, las fuerzas armadas de las masas podían ampliarse y establecer una estrecha coordinación con el ejército nacional, haciendo más fuerte a la nación. El régimen de “todo el pueblo soldado” permitía entonces que todos los ciudadanos patriotas participaran en el combate de salvación nacional y contribuyeran a la defensa de la patria. Como dijimos más arriba, la clase feudal aplicaba ciertas formas de democracia para alentar a las masas a rebelarse y combatir. Nuestros héroes nacionales ponían en práctica, en la edificación del ejército, ideas progresistas que reflejaban el carácter justo de las insurrecciones y las guerras nacionales. Inculcaban a los generales y a los soldados estas consignas: “dedicarse en cuerpo y alma al país”; “morir con honor antes que vivir vergonzosamente”; el ejército debe estar unido como “padre e hijos”; “en el ejército es la concordia lo que cuenta y no el número”, etc.

Pero no sucedía lo mismo cuando el estado feudal empleaba el ejército no para “defender al país” sino para “liquidar los desórdenes”, es decir, para reprimir a las masas; o cuando, ante el peligro de una agresión extranjera, la clase feudal dominante, más preocupada por sus propios intereses egoístas que por el interés nacional, utilizaba el ejército para reprimir el movimiento campesino en el interior del país en lugar de combatir al invasor. Esto sucedía generalmente en las épocas en que la clase feudal entraba en decadencia. Quedaba entonces suprimido el régimen de “todo el pueblo soldado” y la conscripción se convertía en una calamidad. El antagonismo que siempre había existido entre la clase feudal y las masas se exacerbaba. Estas últimas se rebelaban contra el estado feudal, contra el ejército reaccionario, en distintas formas, incluyendo la lucha armada, y creaban sus propias organizaciones armadas para combatir y derribar el estado feudal y aniquilar su ejército.

La organización militar edificada sobre la base del régimen feudal estaba subordinada a las condiciones materiales y técnicas y al nivel de las fuerzas productivas de este régimen. El desarrollo del equipo técnico, desde las simples ballestas hasta las balistas con flechas de punta de bronce, catapultas, proyectiles encendidos, armas de fuego, grandes navíos de guerra, cañones montados de elefantes, etc.… era, en el pasado, uno de los factores determinantes de las formas concretas de organización, así como de los métodos de combate y del poder combativo de las fuerzas armadas de nuestro pueblo.

Debemos precisar que, en aquella época, aunque el agresor fuera poderoso, se encontraba al igual que nosotros bajo el régimen feudal. Por consiguiente, tenía efectivos más importantes que los nuestros, pero su equipo y su armamento no eran necesariamente más perfeccionados que los nuestros, y a veces incluso lo era menos. El problema que se planteaba entonces para nuestro pueblo, para nuestras organizaciones militares nacionales, era el de aplicar el principio de “combatir lo grande con lo pequeño”, “oponer el pequeño número al gran número”, en situaciones en que el equipo y el armamento eran casi los mismos en una parte como en la otra. Solo en la época actual, al tener que afrontar a los ejércitos agresores del imperialismo, nuestro pueblo tiene que resolver el problema siguiente: con fuerzas militares mediocremente armadas, edificadas sobre la base de una economía atrasada con respecto a la del enemigo, afrontar y vencer ejércitos agresores no solamente superiores en número, sino también dotados también de un equipo y un armamento más moderno.

La práctica de nuestras insurrecciones, nuestras guerras nacionales, con la participación de las grandes masas, confirma la justeza de las concepciones del materialismo histórico y de la ciencia militar proletaria en lo referente al papel de las masas populares en la historia en general, y en las insurrecciones y en las guerras en particular. Confirma también las geniales tesis del marxismo – leninismo sobre el armamento de las masas y sobre la edificación del ejército en la insurrección y en la guerra de las clases revolucionarias y los pueblos oprimidos contra las clases explotadoras y la agresión extranjera. Una comparación con la situación de los países europeos de la misma época histórica nos lleva a esta conclusión: si la historia de loas guerras europeas del medio evo es la historia de las matanzas entre diferentes grupos feudales con los ejércitos mercenarios, la historia de las guerras de nuestro país en la misma época, es fundamentalmente la de las insurrecciones nacionales y las guerras nacionales, la de las insurrecciones populares y las guerras del pueblo.

La tradición de que “todo el país conjuga sus fuerzas” para combatir la agresión extranjera; la experiencia de las insurrecciones populares y las guerras populares; la experiencia de la organización militar que une el ejército nacional con las fuerzas armadas de las masas son tradiciones y experiencias valiosas de nuestro pueblo. Son también rasgos notables, muy raros en la historia militar de las naciones.

Cuando surgieron nuestra clase obrera y nuestro partido, nuestro pueblo y nuestro partido recibieron esta tradición y estas experiencias valiosas como herencia, y las llevaron, a la luz del marxismo – leninismo, de la línea política y de la línea militar del partido, a un más elevado nivel de desarrollo en las condiciones históricas nuevas, para combatir y vencer a los agresores más feroces de nuestra época.

III

EL APORTE CREADOR DE NUESTRO PARTIDO Y NUESTRO PUEBLO EN EL ARMAMENTO DE LAS MASAS REVOLUCIONARIAS Y EN LA EDIFICACIÓN DEL EJÉRCITO DEL PUEBLO

Desde sus comienzos, nuestro partido se ha asignado la misión histórica de dirigir la revolución de liberación nacional en una época nueva, inaugurando la era más brillante de nuestra historia, la era de la independencia, la libertad y el socialismo.

A lo largo de miles de años de edificación y defensa del país, nuestro pueblo ha llevado a cabo insurrecciones y guerras nacionales para reconquistar y salvaguardar la independencia nacional. En el transcurso de los últimos cuarenta años, bajo la orientación revolucionaria del partido, nuestro pueblo no ha cesado de desencadenar y llevar a cabo insurrecciones de todo el pueblo y guerras del pueblo sumamente heroicas para reconquistar y salvaguardar su independencia nacional, para edificar y defender nuestro régimen democrático popular, nuestro régimen socialista.

Nuestro pueblo se ha sublevado, y durante la revolución de agosto llevó adelante victoriosamente la insurrección general, sacudió el yugo de los fascistas japoneses y franceses y fundó la república democrática de Vietnam, el primer estado de democracia popular en el sur este asiático. Nuestro pueblo ha desarrollado con éxito la primera guerra de resistencia sagrada, ha hecho fracasar la guerra de agresión de los colonialistas franceses, ha liberado la mitad del país y hecho progresar el norte hacia el socialismo. Nuestro pueblo ha efectuado y efectúa victoriosamente la segunda resistencia, contra los imperialistas norteamericanos, la más gloriosa y la mayor guerra contra una invasión extranjera en nuestra historia para liberar el sur, salvaguardar el norte, encaminarnos hacia la reunificación pacífica del país y contribuir a la obra revolucionaria de los pueblos del mundo.

En toda su historia, nunca nuestro pueblo había llevado a cabo una guerra tan larga como esta, con insurrecciones armadas y guerras revolucionarias que se extienden a lo largo de decenas de años. Y nunca nuestro pueblo había hecho frente a agresores tan feroces como los de hoy: los japoneses, esos poderosos fascistas de Asia; los imperialistas franceses, vieja potencia colonialista de Europa; y luego los imperialistas norteamericanos, el mayor de los imperialistas, el enemigo número uno de la humanidad.

Nuestro pueblo ha llevado a un grado muy alto su heroísmo y su férrea voluntad, y ha obtenido grandes victorias. Estas últimas están estrechamente ligadas al surgimiento de la clase obrera vietnamita, a la dirección de nuestro partido y del venerado presidente Ho Chi Minh, a las condiciones y circunstancias históricas de la nueva época inaugurada por la gran revolución rusa de octubre.

Para cumplir con éxito la tarea histórica de vencer a los agresores, para lograr su independencia, su libertad y el socialismo, nuestro pueblo ha movilizado las fuerzas de todo el país y, bajo la dirección de nuestro partido, ha desarrollado su justa lucha con un heroísmo maravilloso. Sin dejar de organizar las fuerzas políticas de las masas, y sobre la base de este gran ejército político, nuestro partido ha resuelto con éxito el problema de la organización militar del pueblo y ha creado las fuerzas armadas populares.

Las fuerzas armadas populares constituyen uno de los factores determinantes de la victoria de la lucha revolucionaria en nuestro país. Su desarrollo se inscribe en el marco de las insurrecciones armadas y las guerras revolucionarias tendientes a realizar la línea del partido. Por consiguiente, el análisis del nuevo desarrollo de las insurrecciones armas y de las guerras revolucionarias sirve de base para comprender cabalmente el espíritu creador de nuestro partido y nuestro pueblo en la edificación de las fuerzas armadas revolucionarias.

En el pasado, nuestro pueblo protagonizó insurrecciones populares y guerras populares dirigidas por la clase feudal. También participó en insurrecciones populares y guerras populares originadas por movimientos campesinos, nacidas de la alianza entre movimientos campesinos y movimientos nacionales. En la actualidad, tenemos insurrecciones de todo el pueblo y guerras populares dirigidas por la clase obrera, surgidas de la alianza entre las grandes corrientes revolucionarias: revolución de liberación nacional y revolución socialista.

Aplicando con espíritu creador el marxismo leninismo en las condiciones concretas de la lucha revolucionaria de nuestro país, continuando y haciendo evolucionar la tradición de lucha gloriosa de nuestra nación contra la invasión extranjera, nuestro partido y nuestro pueblo han dado un nuevo paso adelante en las insurrecciones armadas y la guerra revolucionaria y le han dado a estas un contenido nuevo y una calidad nueva en cuanto a los objetivos políticos a las fuerzas y a los métodos de lucha y a la poderosa fuerza ofensiva.

En cuanto al objetivo político, las insurrecciones y las guerras nacionales del pasado tendían a reconquistar y salvaguardar la independencia nacional contra los feudales extranjeros; tendían, al propio tiempo, a edificar, defender y desarrollar el régimen feudal en el interior. A través de las insurrecciones y guerras nacionales, los campesinos habían conquistado ciertos intereses económicos y ciertos derechos democráticos, pero siempre en el marco del régimen feudal, de la política de la clase feudal que quería “incrementar las fuerzas del pueblo” y desempeñaba de este modo, un papel positivo.

En la actualidad, las insurrecciones armadas y las guerras revolucionarias tienen un objetivo político nuevo, es decir, el de abolir la dominación del imperialismo y sus lacayos, hacer fracasar la guerra de agresión del imperialismo, alcanzar la independencia nacional, la democracia popular y el socialismo, y edificar, defender y desarrollar el régimen democrático popular, el régimen socialista.

Este objetivo político es también la tarea fundamental e inmediata que nuestro partido asigna a la revolución vietnamita. De acuerdo con la línea revolucionaria del partido; la misión de lograr la liberación nacional está ligada a la de la conquista de los derechos democráticos; la vía de liberación nacional está ligada a la de la revolución socialista; la tarea revolucionaria de nuestro país a la de los países y los pueblos del mundo. Las insurrecciones armadas y las guerras revolucionarias dirigidas por nuestro partido tienden a liberar a nuestro pueblo y reconquistar la independencia total para la patria. Tienden, además, a liberar a las clases explotadas y defender los derechos e intereses, en todos los dominios, del pueblo trabajador, y en primer lugar de los obreros y campesinos, contribuyendo así a la obra revolucionaria de los pueblos del mundo. Este objetivo político de las insurrecciones y las guerras es precisamente el objetivo por el cual se baten las organizaciones militares revolucionarias y las fuerzas armadas populares, y la fuente de sus energías.

En cuanto a las fuerzas de combate, las insurrecciones y las guerras nacionales del pasado contaban con la gran energía de “todo el país conjugando sus esfuerzos”, y con el patriotismo ardiente y el espíritu de cohesión de nuestro pueblo; por otra parte, los grupos feudales progresistas recurrían a ciertas formas de democracia para estimular a las masas a participar en la lucha. Nuestro pueblo logró vencer así a enemigos mucho más fuertes que él. Pero esta fuerza de “todo el país conjugando sus esfuerzos” tenía limitaciones inherentes a las condiciones históricas y a los antagonismos de clase entre los feudales y el campesinado.

Las insurrecciones armadas y las guerras revolucionarias de la actualidad extraen una nueva fuerza del bloque de unión de todo el pueblo sobre la base de la alianza obrero – campesina dirigida por la clase obrera, y que procede de la perfecta comunidad de intereses entre la clase obrera y la totalidad del pueblo trabajador, así como de todas las demás capas patrióticas, como en la conquista de la independencia nacional como en la edificación del nuevo régimen social. Es la fuerza de un patriotismo ardiente, unida a una alta conciencia de clase; la fuerza de una combatividad indomable, unida a la inteligencia creadora de las grandes masas populares, sobretodo de los obreros y campesinos, en la lucha por su propia liberación, por la liberación nacional, por la liberación de sus clases, por la conquista y la salvaguardia del derecho a ser dueños de su propio país y de su propio destino. Es la fuerza del nuevo régimen social, régimen democrático popular y régimen socialista, netamente superior desde todos los puntos de vista a cualquier otro régimen basado en la explotación. El poder de las fuerzas armadas populares reside en el hecho de que se apoya en la fuerza invencible del bloque unitario de todo el pueblo, basado en la alianza obrero – campesina dirigida por la clase obrera y en la superioridad del nuevo régimen social.

Nuestro pueblo se beneficia de la ayuda y el apoyo de la revolución mundial, y en primer lugar de los países hermanos del campo socialista, a diferencia de nuestros antepasados, que no podían contar, en la época feudal, más que con sus propias fuerzas. Esta ayuda internacional que refuerza considerablemente a nuestro pueblo es un factor muy importante de victoria.

En cuanto a los métodos de lucha, nuestro pueblo ha adoptado el punto de vista marxista leninista sobre la violencia revolucionaria, ha heredado y desarrollado las experiencias de nuestros antepasados sobre las insurrecciones populares y las guerras del pueblo, y ha creado nuevos métodos de lucha para asegurar la victoria. Estos métodos adoptan varias formas y materializan la ley del desarrollo de la violencia revolucionaria en nuestro país, la posición de ofensiva y el poder ofensivo de nuestras corrientes revolucionarias en la posición ofensiva general de la revolución mundial. Métodos de lucha mediante los cuales participan, en la insurrección y la guerra, las fuerzas de todo el pueblo, de toda la nación y de todo el país; métodos puestos en acción por las fuerzas políticas y armadas, tanto en el campo como en las ciudades; por el ejército popular y las fuerzas armadas de las masas, presentes en todas partes, que aplican múltiples formas de lucha en diversos frentes, fundamentalmente coordinando la lucha armada con la lucha política, creando la mayor fuerza global posible para lograr la victoria. El conjunto de estos métodos constituye un modo particular de realizar la insurrección, de realizar la guerra, creando un arte militar original y creador en una época nueva.

En virtud del nuevo contenido y de la nueva calidad tanto de los objetivos políticos como de las formas y métodos de lucha, y poniendo en acción la fuerza acumulada en el transcurso de cuatro mil años de edificación y defensa del país, la insurrección armada y la guerra revolucionaria actuales disponen de una fuerza totalmente nueva. Apoyándose en esta fuerza, nuestro partido y nuestro pueblo han resuelto con éxito y brillantemente un problema que para nuestros antepasados no se planteaba: ¿qué debe hacer un pequeño pueblo, económicamente atrasado, para vencer las guerras de agresión de grandes países imperialistas que poseen no solo una población más numerosa sino también una economía muy desarrollada, una industria moderna, un enorme potencial económico y militar, y un ejército no solo numéricamente superior, sino además equipado con armas y medios técnicos de los más modernos?

Tanto en el pasado como en la actualidad, nuestro pueblo ha tenido que oponer su pequeño número al gran número y sin embargo la situación es hoy muy distinta. Anteriormente, nuestros agresores eran generalmente poderosos, pero poseían el mismo régimen feudal que los otros; eran superiores a nosotros desde el punto de vista numérico, pero no en el terreno del armamento y las técnicas, en el que, a veces, eran incluso inferiores. Los dominadores y agresores de nuestro país en el momento actual son enemigos poderosos, potencias imperialistas, empezando por el imperialismo norteamericano, el más importante. Ellos llevan a cabo una guerra injusta y poseen un régimen social reaccionario. Pero poseen una economía desarrollada, una industria moderna, un gran potencial económico y militar, un ejército más numeroso, y equipos técnicos mucho más modernos que los nuestros. A la inversa, nuestro país es pequeño, nuestro territorio no es grande, nuestra población es poco numerosa. Nuestras insurrecciones y nuestras guerras son justas; después de conquistar el poder, nuestro pueblo ha instaurado un régimen político avanzado, pero nuestra economía es todavía atrasada y esencialmente agrícola, nuestra base material y técnica es limitada a consecuencia de un régimen feudal milenario estancado y de casi un siglo de colonización, además de decenas de años consecutivos de guerra después de la toma del poder por el pueblo. De modo que, pese a la considerable ayuda de los países hermanos del campo socialista, nuestro pueblo se encuentra todavía en una situación en la cual debe apoyarse fundamentalmente en su economía para vencer a agresores que disponen de un potencial económico y militar mucho mayor y más poderoso.

En el proceso de dirección de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo, para llevar adelante las insurrecciones armadas y las guerras revolucionarias, nuestro partido y el presidente Ho Chi Minh crearon, organizaron y entrenaron las fuerzas armadas populares vietnamitas, heroicas e invencibles.

Estrechamente ligadas al desarrollo de la insurrección de todo el pueblo y de la guerra del pueblo, las fuerzas armadas populares vietnamitas y la organización militar actual de nuestro pueblo han conocido, en comparación con las épocas precedentes, un nuevo desarrollo en cuanto a su naturaleza de clase, en cuanto a sus formas de organización, a su equipo, a su armamento, así como a su arte militar y su fuerza combativa.

Si se considera la naturaleza de clase, las fuerzas armadas de la insurrección y las guerras nacionales estaban principalmente organizadas y dirigidas por la clase feudal; entre las tropas insurrectas organizadas por la clase feudal, entre el ejército del estado feudal y las grandes masas populares, había conformidad en cuanto al interés nacional y a los objetivos de la lucha. De ahí el poder considerable de las fuerzas armadas nacionales en su combate contra la dominación y la agresión de los grupos extranjeros. Pero entre el ejército del estado feudal y las grandes masas populares existía oposición de intereses de clase, ya que el ejército del estado feudal era el instrumento de una minoría feudal para dominar y someter a la mayoría de la nación, a los campesinos. Así pues, la conformidad en cuanto al interés nacional y a los objetivos de la lucha en las insurrecciones y las guerras nacionales no era perfecta, lo cual constituía una desventaja para la fuerza combativa de nuestro ejército nacional de aquella época.

Las fuerzas armadas actuales de nuestro pueblo son de un tipo nuevo, una organización militar de tipo nuevo, organizada y dirigida por el partido de la clase obrera, y lleva la marca de clase de esta última. Es la organización militar del pueblo, principalmente del pueblo trabajador, y fundamentalmente de los obreros y campesinos, del pueblo de las diferentes nacionalidades y grupos étnicos. El objetivo de su lucha es el objetivo de la revolución, definido por el partido.

Las fuerzas armadas populares comprenden los cuadros y los combatientes procedentes de las clases revolucionarias, en primer lugar y fundamentalmente de las masas obreras y campesinas, y constituye el instrumento de nuestro partido y de nuestro estado de democracia popular, estado socialista, en las insurrecciones armadas y guerras revolucionarias llevadas a cabo bajo la dirección del partido contra los agresores y los traidores a sueldo de aquellos. Entre las fuerzas armadas populares, el ejército de nuestro estado y la totalidad del pueblo, reina no solamente una perfecta conformidad en cuanto a los intereses nacionales y a los objetivos de la lucha nacional sino también una gran conformidad en cuanto a los intereses de clase y a los objetivos de la lucha por la edificación y el desarrollo del nuevo régimen social.

Esta conformidad de objetivos entre las fuerzas armadas y el pueblo en sus tareas tanto externas como internas, así como la conciencia de los intereses nacionales y de clase, el patriotismo, el amor al nuevo régimen social y el internacionalismo proletario, son el origen de la alta combatividad, del heroísmo revolucionario de las fuerzas armadas populares. Por esta razón las fuerzas armadas populares vietnamitas son verdaderamente un arma “fiel al partido y al pueblo, dispuesto a combatir y sacrificarse por la independencia, por la libertad de la patria, por el socialismo, y capaces de cumplir con éxito cualquier misión de superar cualquier dificultad, de vencer a cualquier enemigo”. La fuerza invencible de las fuerzas armadas populares procede, en primer lugar, de la dirección del partido, de la naturaleza revolucionaria de las fuerzas armadas, de los lazos de sangre que unen al ejército y el pueblo. De modo que el robustecimiento de la dirección del partido con respecto al ejército, una buena edificación del partido en el seno del ejército, la intensificación del trabajo político, la edificación del ejército en todos los planos, apoyada en la educación política e ideológica, constituyen la garantía más sólida para elevar el poder combativo.

En cuanto a la forma de organización de las fuerzas, nuestro partido ha aplicado de modo creador las tesis marxistas leninistas acerca de la organización militar del proletariado, a continuado y desarrollado la experiencia adquirida en el pasado en la organización de las fuerzas armadas nacionales, se ha basado en las condiciones políticas y sociales, así como en la base material y técnica existente, y ha realizado en todas partes y con éxito el armamento del pueblo entero, llevando a cabo el armamento de las masas revolucionarias y la edificación del ejército popular con tres categorías de tropas: las tropas regulares, las tropas regionales y las milicias populares, y luego las fuerzas populares armadas de seguridad. Las fuerzas armadas populares procedían de las fuerzas políticas de masas, constituidas progresivamente a partir de las fuerzas armadas de masas, que se organizaron gradualmente en ejército del pueblo. La fuerza armada de masas procedía de las pequeñas unidades de autodefensa y de las guerrillas, y se desarrollaron en una fuerza numerosa de gran envergadura, con un nivel de organización cada vez más elevado y un equipo cada vez mejor. A partir de las primeras secciones y compañías, el ejército popular se ha convertido en un ejército poderoso con una organización cada día mayor y un equipo técnico cada día más moderno, pasando rápidamente de un ejército compuesto únicamente de infantería a un ejército regular moderno que comprende diferentes armas y diversos armamentos. Estas fuerzas armadas de masas y el ejército popular coordinan siempre estrechamente su acción en cualquier circunstancia, en la insurrección nacional y en la guerra del pueblo por la liberación así como en la defensa nacional.

El muy amplio carácter de masas de las fuerzas armadas populares es un rasgo sobresaliente. Gracias a la política de “unión de todo el pueblo” que ha movilizado la fuerza de todo el pueblo combatiente para alcanzar los objetivos de la revolución, la participación de nuestro pueblo en el combate es mayor que en cualquier otra época anterior de nuestra historia. Se trata de un desarrollo por saltos del “carácter multitudinario” de la organización militar revolucionaria surgida de las luchas revolucionarias de las que hablaba Engels. Después de la toma del poder y de la instauración del Estado de democracia popular y del Estado socialista dirigido por el partido, las fuerzas armadas populares se han convertido0 en el instrumento de violencia de nuestro estado para combatir a los enemigos externos e internos, con el fin de salvaguardar el régimen, el poder revolucionario, los intereses del pueblo. El pueblo participa por su propia voluntad en el combate para defender el Estado, el régimen; el Estado puede armar al pueblo en forma verdaderamente amplia y, sobre esta base, edificar un ejército popular poderoso. Como previeron los fundadores de la ciencia militar proletaria, la liberación del proletariado se hace sentir también en el terreno militar, dando vida a fuerzas armadas de un nuevo tipo, unas fuerzas armadas mucho más numerosas que el ejército nacido de la revolución burguesa.

Nuestro partido atribuye siempre gran importancia al problema de la base material y técnica, al problema del armamento y los equipos, porque el hombre y el armamento son los elementos fundamentales del poder combativo de las fuerzas armadas, siendo el primero el determinante. Engels dijo que la acción revolucionaria en la organización militar se debe al invento de armas más perfeccionadas y a los cambios que se operan en el soldado, en la fuerza del hombre en el combate. Las fuerzas armadas populares son una colectividad de hombres en quienes se ha despertado una conciencia revolucionaria y que se sienten animados por una alta combatividad, unidos en un espíritu de disciplina voluntaria y estricta y agrupados en organizaciones de formas apropiadas; hombres que utilizan las armas y los medios de que disponen, y aplican métodos de combate adecuados para vencer al enemigo.

En el transcurso de la insurrección armada y de la guerra revolucionaria, la conciencia revolucionaria del pueblo ha experimentado un sensible cambio cualitativo, se han formado los hombres nuevos de la nación vietnamita, los combatientes vietnamitas de la época nueva; pero la base militar y técnica sigue siendo muy limitada. Nuestro partido ha definido muy bien el lazo dialéctico entre el hombre, el armamento y los métodos de combate, y ha precisado la interacción de estos factores para preconizar la organización militar más adecuada. Con una economía nacional aún atrasada, nuestro partido ha sabido apoyarse en la conciencia revolucionaria del pueblo, en el espíritu revolucionario radical del combatiente, en la alta moral del ejército, en el “carácter multitudinario”, en los métodos de combate variable que ponen en acción todas las armas y todos los medios disponibles, desde las armas y medios rudimentarios o relativamente modernos hasta las armas y medios más modernos que se van añadiendo progresivamente para resistir a enemigos dotados de fusiles automáticos, tanques, cañones, aviación y marina. Gracias a su valentía, a su inteligencia y sus métodos de combate creadores, nuestras fuerzas armadas populares han utilizado y desarrollado la potencia de numerosos tipos de armas y medios, desde los aparatos rudimentarios, palos de bambú, trampas de piedra, garrotes, perchas, manguales, hasta las armas y los medios más o menos modernos y las realizaciones técnicas militares del siglo XX: cañones, tanques, aviones, cohetes, etc., para aniquilar al enemigo.

Con un ejército poco numeroso, pero fuerte, ya que opera en coordinación con las fuerzas armadas de masas y sus fuerzas políticas considerables, nuestro pueblo ha vencido a ejércitos de agresión mucho más numerosos. Con armas y medios de guerra numéricamente inferiores y menos modernos, nuestro pueblo ha vencido a ejércitos de agresión dotados de armas y medios de guerra mucho más modernos.

Sin embargo, siempre hemos pensado que una base material y técnica mediocre es una gran debilidad que es preciso superar. Mientras más moderno es el armamento, más posibilidad tienen las fuerzas armadas revolucionarias de aumentar su poder combativo. Nuestro partido concede siempre una gran importancia al mejoramiento del armamento, a la modernización del ejército. Apoyarnos en las masas, batirnos con lo que tenemos, combatir al enemigo con lo que tenemos, con las armas capturadas, fabricar armas nosotros mismos cuando las condiciones lo permitan, y al propio tiempo asegurarnos lo más posible la ayuda de los países hermanos del campo socialista, mejorando incesantemente el equipo: así es como resolvemos el problema del equipo de nuestras fuerzas armadas.

Después de la toma del poder por nuestro pueblo, nuestro partido se ha apoyado en el nuevo régimen social progresivamente edificado sobre la economía del país cada vez más desarrollada, y se ha asegurado una gran ayuda internacional para renovar el equipo de nuestras fuerzas armadas populares y crear un nivel técnico cada día más moderno y a escala cada día mayor. Podemos decir que el equipo técnico de nuestras fuerzas armadas refleja la economía y el nivel de desarrollo de las fuerzas de producción, no solo de nuestro país, sino en parte también de los países hermanos del campo socialista. Por esta razón nuestro equipo se ha ido modernizando poco a poco; nuestro ejército popular ha recibido armas y medios modernos, y también nuestras fuerzas armadas de masas han recibido un cierto número de armas y medios relativamente modernos, o modernos pero adaptados a sus necesidades, para elevar incesantemente su fuerza combativa. Las fuerzas armadas de nuestro pueblo han pasado por todo un proceso de desarrollo. Pequeñas, poco numerosas y débiles al comienzo, han llegado a ser grandes, numerosas y fuertes en el transcurso de muchas décadas de lucha llenas de sacrificios, de dificultades y también de victorias gloriosas: desde el movimiento de los soviets de Nghe – Tinh hasta la insurrección general de la revolución de agosto; desde la resistencia contra los colonialistas franceses hasta los años de la edificación pacífica en el norte, hasta la resistencia contra la guerra de destrucción sistemática por parte de la fuerza aérea y naval de Estados Unidos y la resistencia actual contra la agresión norteamericana en las dos zonas de nuestro país. En la larga y encarnizada lucha de nuestro pueblo contra los agresores más feroces y poderosos de nuestra época, nuestro partido ha tenido en cuenta las tareas revolucionarias, las formas de lucha y el adversario concreto de cada una de las etapas, y ha solucionado de forma creadora los problemas del armamento de todo el pueblo, de la edificación del ejército popular y del armamento de las masas revolucionarias, conforme a las condiciones y circunstancias históricas concretas. Las fuerzas armadas de nuestro pueblo han acumulado una rica y valiosa experiencia; en cada una de las etapas, han solucionado exitosamente los problemas clave planteados por el combate, con el fin de edificar y desarrollar su fuerza, crecer constantemente, vencer a cualquier enemigo, realizar gloriosas hazañas y cumplir cualquier misión encomendada por el partido y el pueblo.

En el momento de su fundación, nuestro partido definió, en su programa revolucionario, su punto de vista sobre la revolución, concebida esta siempre como acción violenta; indicó la vía de la lucha armada para conquistar el poder, y precisó la línea a seguir en la edificación de las fuerzas armadas. En el programa político sucinto de febrero de 1930, el presidente Ho Chi Minh preconizó la “organización del ejército de los obreros y campesinos”. Mas tarde, las tesis políticas de octubre de 1930 plantearon también claramente el problema del “armamento de los obreros y los campesinos” y de la “organización de las unidades obrero – campesinas de autodefensa”. Así, desde el comienzo, nuestro partido preconizó el armamento de las masas y la edificación del ejército, e indicó al propio tiempo la orientación clasista que se debía dar a la organización de las fuerzas armadas revolucionarias. En cuanto se fundó nuestro partido en todo el país estalló una tempestad revolucionaria cuyo clímax fue el movimiento de los soviets de Nghe – Tinh (1930 – 1931). Por primera vez en nuestro país, las masas obreras y campesinas se sublevaron bajo la dirección del partido, usaron la violencia para sacudir el yugo de los colonialistas, los mandarines y los tiranuelos locales, y fundaron el poder de los soviets, sembrando el pánico en las filas de los colonialistas y feudales.

Los soviets de Nghe – Tinh duraron solo poco tiempo, pero tuvieron una gran significación. Eran los primeros pasos de alcance decisivo sobre todo el proceso ulterior de desarrollo de la revolución de nuestro país. Afirmaron el derecho y la capacidad de dirección de la clase obrera, de la que nuestro partido es la vanguardia. Confirmaron la poderosa fuerza de las masas obreras y campesinas, del bloque de la alianza obrero campesina, dirigido por la clase obrera. Indicaron el camino de la revolución violenta y los métodos de utilización de la violencia revolucionaria de las masas para conquistar el poder. Constituyeron un ensayo general del pueblo vietnamita, bajo la dirección de nuestro partido, para el triunfo de la insurrección general quince años más tarde.

Durante los años treinta, nuestras fuerzas armadas populares eran organizaciones de autodefensa. Eran el germen de las fuerzas armadas de las grandes masas y también el del futuro ejército revolucionario. La autodefensa estaba organizada por los obreros y campesinos, en las ciudades y en el campo, para protegerse en su lucha multiforme contra el enemigo.

Las unidades de autodefensa eran de gran utilidad. Durante una manifestación y una huelga realizada por los obreros de la plantación cauchera de Phu Ring, en febrero de 1930, las fuerzas obreras de autodefensa hicieron resistencia a los soldados, pusieron fuera de combate al sargento francés, obligaron al adversario a retirarse y protegieron su manifestación. La conferencia celebrada en Nha Be a fines de 1930, a causa de la cual abandonaron su trabajo de 700 a 800 obreros, tuvo éxito porque “las fuerzas obreras de autodefensa de Nha Be hirieron en la cabeza a un policía y le quitaron el arma, lo que lo obligó a soltar al conferencista. La multitud no se dispersó hasta que no hubo terminado la charla”. En el movimiento de los soviets de Nghe – Tinh, obreros y campesinos armados con bastones, hoces y picas, se sublevaron para castigar a los tiranuelos locales, destruir las oficinas del mandarín y la presión del distrito, sitiar al cuartel y fundar el poder… muchas fábricas y aldeas fueron brigadas obrero campesinas de autodefensa, cuyos miembros eran escogidos entre la elite de las asociaciones obreras, las asociaciones campesinas o la unión de jóvenes comunistas. El mitin celebrado el 18 de septiembre de 1930 en Thanh Chuong (Provincia de Nghe An) por más de veinte mil personas, para celebrar la victoria, se desarrolló bajo la protección de más de mil miembros de las fuerzas de autodefensa.

Nuestro partido combatió las concepciones y las acciones erróneas referentes a la organización de la autodefensa. Algunos condenaban su formación, pues la encontraban arriesgada. En algunos lugares solo se la organizó provisionalmente o, si estaba organizada, no iba acompañada del trabajo de explicación y agitación entre las masas y no se realizaba el entrenamiento militar, etc.

En lo que concierne al armamento de las masas, el partido indicaba que “cuando las condiciones estén maduras, será absolutamente necesario desencadenar un combate sangriento de los obreros y los campesinos, quienes aprenderán, bajo la dirección del partido, una acción armada para conquistar el poder… si no se prepara a tiempo al armamento de las masas, no se podría llevar a la victoria la revolución… a la vez que se realiza el entrenamiento militar y se prepara el armamento de las masas, es preciso oponerse enérgicamente a la acción violenta prematura, a las tendencias que solo incitan a fabricar armas y descuidan el trabajo diario entre las masas laboriosas”…

En cuanto a las formas de organización, el partido indicó: “las brigadas obreras y campesinas de autodefensa difieren de los destacamentos guerrilleros y no constituyen tampoco el ejército rojo. No se puede organizar el ejército rojo y los destacamentos guerrilleros en cualquier momento, cuando se quiera, mientras que las brigadas de autodefensa pueden y deben organizarse sin demora en cuanto exista agitación revolucionaria, y cualquiera que sea su fuerza… no debe quedar ninguna fábrica, ninguna aldea donde existan bases del partido, de la unión de jóvenes comunistas y asociaciones de masas revolucionarias, sin su organización de autodefensa. Hay que organizar a la vez brigadas de autodefensa permanentes y numerosas fuerzas de autodefensa entre las masas…

En relación con la dirección del partido y la naturaleza clasista, el partido ha dicho: “las brigadas de autodefensa, de los obreros y de los campesinos revolucionarios están sometidas a la dirección centralizada del comité militar central del partido… es necesario asegurar constantemente el carácter revolucionario de la brigada de autodefensa… asegurar la dirección estricta del partido en la organización de autodefensa permanente… para ello es preciso hacer participar en la autodefensa y en su mando a los miembros más resueltos del partido y de la unión de jóvenes comunistas. El jefe de la brigada y el delegado del partido deben cooperar entre ellos para asegurar el mando. Para las actividades diarias, la brigada está subordinada al escalón del partido correspondiente. Para sus actividades militares en general, obedece a los responsables del escalón superior de la autodefensa y al comité militar del partido del escalón correspondiente.

Se puede decir que las ideas expuestas anteriormente son las primeras ideas del partido, pero las fundamentales, acerca de la edificación de las fuerzas armadas revolucionarias de nuestro pueblo. Estas ideas, unidas a la práctica del movimiento de los soviets de Nghe – Tinh confirman que nuestro partido y nuestro pueblo aplicaron muy pronto y en forma creadora las ideas del marxismo leninismo acerca de la violencia revolucionaria, el armamento de las masas revolucionarias y la edificación del movimiento obrero campesino, en las condiciones concretas de nuestro país.

En los años de 1936 y 1939, ante el peligro de una activa preparación de la guerra mundial por parte de los fascistas alemanes, italianos y japoneses, nuestro partido modificó la orientación de la lucha. Dejó temporalmente de lado las consignas “derrocar a los imperialistas franceses” y “apropiarse de las tierras de los latifundistas para dividirlas entre los campesinos”, e impulsó la fundación del frente democrático indochino, apuntando así sus armas contra los reaccionarios coloniales, los reyes y mandarines feudalistas. Reclamó, además, las libertades democráticas, el mejoramiento del nivel de vida, la lucha contra los fascistas agresores y la salvaguardia de la paz mundial. Modificó también las formas de lucha, pasando la lucha clandestina a la lucha abierta combinada con las actividades clandestinas, combinando hábilmente las formas legales y semilegales con las ilegales. Pudo así dar vida a un movimiento de una amplitud y un ímpetu sin precedentes, tanto en las ciudades como en el campo, despertar políticamente a millones de hombres, elevar la conciencia de clase de las masas obrero campesinas e inculcar el patriotismo en los compatriotas de todo el país. Esta era una situación insólita en las condiciones de un país colonizado. Después del movimiento de los soviets de Nghe – Tinh (1930 – 1931), la edificación de las fuerzas políticas y el desencadenamiento de la lucha política en el período del frente democrático (1936 – 1939) constituyeron un nuevo paso fundamental en la preparación para los combates decisivos tanto de las fuerzas políticas como de las fuerzas armadas, tanto de la lucha política como de la lucha armada de nuestro pueblo en el período revolucionario subsiguiente, el período de preparación para la insurrección armada y de la insurrección general para la conquista del poder.

Estalló la segunda guerra mundial. Mientras en Europa los imperialistas franceses se rendían a los fascistas alemanes, y en Asia ofrecían Indochina a los militares japoneses, nuestro pueblo se sublevó heroicamente contra ambos fascismos: el japonés y el francés. Tres insurrecciones, las de Bac Son, Nam Ky y Do Luong, marcaron el inicio de un nuevo período de lucha revolucionaria en nuestro país.

En su sexta conferencia, en 1939, y luego en la séptima, en 1940, el comité central definió una nueva orientación para la dirección estratégica, subrayando que la liberación nacional era la que tenía prioridad, mientras que la consigna de la revolución agraria quedaba aplazada, para poder concentrar las fuerzas contra el imperialismo y sus lacayos. En la primavera de 1941, la octava conferencia del Comité Central del partido, presidida por Ho Chi Minh, dio una nueva orientación. Precisando que la revolución era en lo inmediato una revolución de liberación nacional, preconizada la creación del frente Viet Minh (liga por la independencia de Vietnam), que englobaba las asociaciones de salvación nacional de las diferentes capas sociales. La conferencia adoptó, además, la resolución de edificar y desarrollar las fuerzas armadas revolucionarias, organizar brigadas de autodefensa, pequeños grupos de guerrilleros de la salvación nacional, destacamentos permanente de guerrilleros, crear bases de la revolución, dar un fuerte impulso a las actividades en todos los sentidos, pasar progresivamente de la lucha política a la lucha armada, unir estrechamente estas formas de lucha y preparar activamente la insurrección armada por la conquista del poder.

El movimiento revolucionario estaba en plena actividad en todo el país. El frente Viet Minh, el ejército político de la revolución, se desarrollaba muy rápidamente y con gran vigor, primero en el campo, y para llegar luego a las ciudades, pese al terror implantado por los fascistas franceses y japoneses. Las fuerzas armadas de las masas también se desarrollaron rápidamente, basándose en las fuerzas políticas de las masas, sobre todo después del llamado del comité central del partido, de conseguir las armas y expulsar al enemigo común.

Se crearon numerosos destacamentos de guerrilleros. Surgido en el transcurso de la insurrección de Bac Son, el destacamento de Bac Son se había mantenido y desarrollado hasta convertirse, a fines de 1940 en el ejército de salvación nacional, con la creación del destacamento de propaganda armada por la liberación de Vietnam en diciembre de 1944, se mencionó en las directivas del presidente Ho Chi Minh la decisión de nuestro partido concerniente a la resistencia nacional, el armamento de todo el pueblo, la edificación del ejército y las fuerzas armadas regionales: “como nuestra resistencia es una resistencia de todo el pueblo, es necesario movilizar a todo el pueblo, armar a todo el pueblo. Por consiguiente y cuando reunimos nuestras fuerzas para construir las primeras tropas, es preciso mantener las fuerzas regionales para coordinar la acción, y ayudarlas en todos los sentidos…”.

Como nuestro partido había previsto, el 9 de marzo de 1945 los japoneses derrocaron a los franceses en Indochina. Un impetuoso movimiento de resistencia contra los japoneses, por la salvación nacional, se desencadenó en todas las direcciones como premisa a la insurrección general. La revolución se desarrolló con insurrecciones y guerrillas locales que tenían lugar en varias regiones. Las fuerzas armadas se unificaron para convertirse en el ejército de liberación. Las organizaciones de autodefensa y de autodefensa de choque se desarrollaron en todas partes. La zona liberada, que comprendía 6 provincias del Viet Bac, vio la luz y se convirtió en la base esencial de la revolución en todo el país, y el embrión de la futura república democrática de Vietnam.

Así tomó forma el ejército revolucionario, junto con las numerosas fuerzas armadas de las masas organizadas a partir de las organizaciones de salvación nacional. Por primera vez en nuestro país, habían surgido fuerzas armadas revolucionarias, un ejército de nuevo tipo, que pertenecía verdaderamente al pueblo, organizado y dirigido por nuestro partido.

La segunda guerra mundial llegaba a su fin. Los fascistas alemanes e italianos se habían rendido. Para los fascistas japoneses también se acercaba la hora de la rendición. La segunda conferencia nacional del partido, celebrada el 13 de agosto de 1945 en Tan Trao, decidió desencadenar la insurrección general estalló; su historia en la capital, Hanoi, el 19 de agosto de 1945, tuvo un efecto decisivo sobre la situación revolucionaria en todo el país. La insurrección se extendió rápidamente a las provincias desde el Bac Bo hasta el Trung Bo y el Nam Bo, desde las ciudades hasta el campo. La insurrección general de agosto de 1945 había triunfado. En pocos días, el viejo régimen colonial de casi 100 años y el régimen feudal milenario fueron derrocados. El 2 de septiembre de 1945, el presidente Ho Chi Minh leía en Hanoi la declaración de independencia; nacía la república democrática de Vietnam; se abría una era nueva en la historia del pueblo vietnamita.

La insurrección general de agosto de 1945 fue una insurrección de todo el pueblo, dirigido por el partido de la clase obrera. Respondiendo al llamado del partido, nuestro pueblo se sublevó en su totalidad, tanto en las ciudades como en el campo, combinando estrechamente las fuerzas políticas y las fuerzas armadas, y conquistó el poder con la insurrección armada. La victoria de la revolución de agosto se debió fundamentalmente al hecho de que las fuerzas políticas del pueblo supieron aprovechar la oportunidad más favorable para desatar la insurrección y tomar el poder. Pero, si nuestro partido no hubiese edificado previamente las fuerzas armadas, sino hubiese establecido amplias bases que sirvieran de apoyo a las fuerzas y al movimiento de lucha política; y si, en las condiciones que habían ido madurándose, no hubiese dado la señal de la insurrección armada, la revolución no hubiera podido triunfar con tanta rapidez.

El inmenso ejército político de la revolución englobaba a millones de compatriotas; con sus fuerzas armadas bien organizadas, constituyó la fuerza fundamental que aseguró el triunfo de la insurrección. En la acción de las masas que se sublevaron con las armas en la mano, que atacaron directamente al poder enemigo para derribarlo, es muy difícil distinguir claramente las fuerzas políticas de las inmensas fuerzas armadas de las masas. Se puede decir que las fuerzas armadas de nuestro pueblo, en el momento de la insurrección general de agosto, se componían por una parte, de las unidades del ejército de liberación y, por la otra, de las fuerzas de autodefensa, de una multitud de pequeños grupos de guerrilleros que comprendían a decenas de miles de personas, organizadas sobre la base de las asociaciones de salvación nacional. Debemos tener en cuenta, además, a las grandes masas que se alzaron en el momento oportuno y se armaron con lo que tenían a su alcance: bastones, martillos, hoces, picos, machetes, etc. Para construir el poder. En esta ofensiva tempestuosa de todo nuestro pueblo en la totalidad de nuestro territorio, las fuerzas armadas de las masas se multiplicaron por saltos, con efectivos considerables, con un impulso irresistible y una fuerza ofensiva muy grande. En estas condiciones, nuestro ejército de liberación, que solo contaba con algunos millares de hombres, adquirió un gran prestigio y una sólida posición, un poder combativo muy grande, así como la capacidad de aplastar la moral del enemigo, estimulando enérgicamente la sublevación de las masas revolucionarias.

La experiencia de la revolución de agosto demuestra que, en un país colonizado, donde no existía ni la sombra de un derecho democrático y donde las armas estaban prohibidas, hubiera sido difícil organizar desde el comienzo un ejército revolucionario de gran envergadura para vencer al ejército de los dominadores, bien organizado y bien equipado. Pero, una vez definido el objetivo político de la insurrección, para llevar la sublevación de todo el pueblo a la victoria fue preciso disponer de una poderosa fuerza política, de un numeroso ejército político y, sobre esta base, disponer de las fuerzas armadas de las masas ampliamente organizadas, de un ejército revolucionario de cierto nivel.

El gran ejército político de las masas y sus fuerzas armadas ampliamente organizadas fueron las fuerzas fundamentales que permitieron alcanzar la victoria en la insurrección, porque nuestro partido se había dedicado a edificarla y entrenarlas durante todo el proceso de dirección de la revolución, y supo prever y aprovechar a tiempo la ocasión favorable para la insurrección. “Descargar el golpe decisivo, comenzar la insurrección, cuando la crisis ha llegado ya a su punto culminante, cuando la vanguardia está dispuesta a luchar hasta el fin, cuando la reserva está dispuesta a apoyar a la vanguardia y el desconcierto en las filas del enemigo ha alcanzado ya su grado máximo”. En estas condiciones frente a la fuerza ofensiva del pueblo, los dominadores perdieron la voluntad y la posibilidad de utilizar sus tropas para combatir la insurrección.

Aprovechar la ocasión favorable es una de las cuestiones cruciales del arte insurreccional. En la insurrección general de agosto, nuestro partido hizo previsiones acertadas y supo aprovechar la ocasión favorable, supo llevar adelante los preparativos y desencadenar en el momento oportuno la insurrección. Después de la capitulación de los fascistas japoneses, su ejército en Indochina quedó desmoralizado; en su mayoría, los militares japoneses en Indochina ya no tenían ánimo para utilizar sus tropas en el combate contra la insurrección.

Fue precisamente en esta coyuntura que el ejército político y sus grandes fuerzas armadas se sublevaron, pusieron en acción todo su poder decisivo, derribaron el poder enemigo y se apoderaron del poder para el pueblo.

Sin embargo, fue necesario disponer de un ejército revolucionario, organizado hasta cierto nivel, que sirviera como fuerza de choque para atacar y aniquilar a una parte del ejército y de la administración enemiga, para paralizar y desintegrar las fuerzas enemigas en los puntos en que estas combatían la insurrección; solo así se puede exhortar a las masas a seguir adelante, creando buenas condiciones para llevar la insurrección a la victoria. La revolución de agosto demuestra que, en el transcurso de las insurrecciones parciales y de las guerrillas locales que llevarían a la insurrección general, se habían verificado numerosos combates armados entre el ejército revolucionario y el ejército reaccionario. Combates de este tipo se habían producido incluso durante la insurrección general, en algunas localidades, mientras las fuerzas de las masas se sumaban a la insurrección. Así, las fuerzas fundamentales de la insurrección fueron las inmensas fuerzas políticas de las masas armadas. Pero el apoyo del ejército revolucionario permitió alentarlas activamente, favoreciendo el triunfo de la insurrección. El apoyo del ejército de liberación, aún cuando este era poco numeroso, constituyó una experiencia positiva. Un punto básico de la revolución de agosto.

Para asegurar la victoria de la insurrección es preciso, además, llevar a cabo una labor de agitación entre las tropas enemigas para conquistarlas, paralizarlas, desintegrar sus filas, para que pierdan la voluntad de combatir, para que permanezcan pasivas, vacilantes, para que no intervengan y no combatan contra las masas insurrectas, o bien para que se alíen a ellas.

Lenin dijo “solo el empuje combinado de las masas obreras, de los campesinos y de la parte mejor del ejército puede crear las condiciones para una insurrección victoriosa, es decir, oportuna”.

De modo que el trabajo de agitación entre las tropas enemigas, para cumplir la consigna de “unión entre los obreros, los campesinos y los militares” adquiere en las insurrecciones una importancia estratégica.

No sucede lo mismo en la confrontación entre dos ejércitos; aquí es importante también la agitación entre los soldados enemigos, pero lo esencial es aniquilarlos, vencer al ejército adversario.

“una victoria efectiva de la insurrección sobre las tropas [enemigas]… una victoria como en el combate entre dos ejércitos, es una de las mayores rarezas… en todos los casos se alcanzó la victoria porque no respondieron las tropas, porque al mando le faltó decisión o porque se encontró con las manos atadas”.

Esta labor de agitación la realizan fundamentalmente las fuerzas políticas, con el apoyo, en cierta medida, de las unidades del ejército revolucionario. De hecho, en la revolución de agosto, las masas se apoyaron en sus propias fuerzas aplastantes, pero también realizaron un trabajo de agitación y de persuasión entre las tropas enemigas que les permitió paralizar a casi todas las fuerzas japonesas y a los soldados vietnamitas en sus filas, y volverlos pasivos y vacilantes en su combate contra las fuerzas insurreccionales; en algunos lugares, los soldados vietnamitas de las filas enemigas se pasaron al lado de la revolución.

La labor de agitación debe realizarse; pero si las fuerzas de la dominación tienen aún la posibilidad y la voluntad de utilizar sus ejércitos para combatir la insurrección, entonces es preciso desarrollar decididamente la posición ofensiva de la revolución, intensificar la lucha armada, ampliar y reforzar el ejército revolucionario para vencer al ejército reaccionario, transformar la insurrección armada en guerra revolucionaria.

En resumen, en la revolución de agosto nuestro partido supo conducir a nuestro pueblo a adueñarse del poder en todo el país gracias a su correcta orientación política en la organización de las fuerzas, desencadenando la insurrección de todo el pueblo en el momento oportuno y poniendo en acción el poderoso potencial del numeroso ejército político de las masas de las fuerzas armadas largamente organizadas.

La revolución de agosto fue el primer triunfo del marxismo leninismo de un país colonial y semifeudal. Demostró que en la actual coyuntura internacional favorable, un pequeño pueblo, oprimido y dominado, está perfectamente en condiciones de sublevarse y conquistar el poder a través de una insurrección armada, para sacudir el yugo de los imperialistas coloniales, que disponen de un enorme aparato de dominación y de un ejército profesional equipado con las armas más modernas.

El poder conquistado en todo el país se acababa de consolidar, cuando los colonialistas franceses desencadenaron una guerra de conquista.

“¡Antes sacrificarlo todo que perder a la patria, que caer de nuevo en la esclavitud!” nuestro pueblo, respondiendo al llamado del presidente Ho Chi Minh, se alzó con un impulso irresistible para resistir al agresor y salvaguardar la independencia de la patria y el poder popular recién instaurado. La insurrección popular de la revolución de agosto se convirtió en una guerra de todo el pueblo, una guerra de liberación que era a la vez una guerra por la defensa de la patria.

La resistencia contra los colonialistas franceses fue una resistencia “de todo el pueblo, en todos los planos, a largo plazo, y apoyada en nuestras propias fuerzas”.

La resistencia se inició en el Nam Bo. La población del Nam Bo y sus fuerzas armadas, dando prueba de un valor sin par, enfrentaron con armas rudimentarias y lanzas de bambú a las tropas francesas dotadas de cañones, tanques y aviones y respaldadas por las tropas inglesas y japonesas.

El 19 de diciembre de 1946, la resistencia se extendió a todo el país. Nuestras fuerzas armadas populares, mal equipadas y sin experiencia, pero animadas de valor y de un alto espíritu de sacrificio y de concierto con la población de las ciudades libraron un combate desigual pero glorioso para contener al enemigo, hostigarlo e inflingirle pérdidas considerables. Luego la resistencia se desplazó, poco a poco, de las ciudades al campo. Tratábamos activamente de atacar al enemigo sin dejar de preservar nuestras fuerzas, con vista de una larga resistencia. Donde quiera que el enemigo pusiera los pies se encontraba frente a las milicias de la guerrilla. Estas últimas, en coordinación con la población, destruyeron caminos y puentes, hicieron el vacío ante el avance del enemigo, lo hostigaron, lo cansaron…

A fines de 1947, los franceses lanzaron una gran operación con el Viet Bac, tratando de aniquilar a nuestras fuerzas regulares, así como a los órganos dirigentes de la resistencia, y tratando de asestar un rudo golpe a la base nacional de la resistencia y determinar rápidamente la guerra. Gracias a la acción de las tropas regulares y a las múltiples escaramuzas de las tropas regionales y las milicias de guerrillas a lo largo de la línea de avanzada del enemigo, la población del Viet Bac y sus fuerzas armadas, en coordinación con los demás teatros de operaciones del país, lograron rechazar en lo esencial la ofensiva.

La balanza de la guerra comenzó a inclinarse a nuestro favor. De una guerra relámpago, el enemigo se vio obligado a pasar a una guerra prolongada, a replegarse hacia sus retaguardias en el norte, en el centro y en el sur, para consolidarlas, tratando de alimentar la guerra con la guerra y de hacer combatir a los vietnamitas contra los vietnamitas. Decidimos entonces penetrar profundamente en esas retaguardias, para librar allí una guerra de guerrillas vigorosa y generalizada. Al dispersar una parte de las tropas regulares en compañías independientes y batallones agrupados, logramos dar un fuerte impulso al desarrollo de las milicias de guerrilla y a las tropas regionales en las retaguardias enemigas. Al propio tiempo, creamos unidades móviles para impulsar progresivamente la guerra de movimientos. Las fuerzas armadas populares comprendían tres categorías de tropas.

La victoria en la batalla de la frontera, en el otoño – invierno de 1950, marcó el rápido crecimiento de las tres categorías de tropas, y de las tropas regulares en primer lugar con una organización de mayor envergadura y un equipo y un armamento mejorados, nuestro ejército desencadenó por primera vez una gran ofensiva, gracias a la cual aniquiló a una parte importante de las fuerzas móviles del enemigo, rompió su dispositivo de defensa en la frontera y libero un basto territorio. La guerra del pueblo se desarrollo y paso de la guerrilla a la guerra regular. Después de la proclamación de la republica Popular China, la victoria de la batalla de la frontera puso fin al cerco de la revolución vietnamita por el imperialismo; se había abierto una vía de comunicación entre nuestro país y los países socialistas.

El segundo congreso del partido, celebrado a comienzos de 1951, adoptó decisiones sobre varios problemas fundamentales de la revolución vietnamita y la resistencia prolongada. Las justas directivas del partido que siguieron, sobre todo la reforma agraria, movilizaron a grandes masas de campesinos trabajadores que se pusieron en pie con un nuevo impulso revolucionario, para derribar a imperialistas y feudales. Fue posible así movilizar las fuerzas humanas y materiales a favor de la resistencia y la edificación de las fuerzas armadas. La guerra del pueblo adquirió de este modo nuevas fuerzas que le permitieron dar cuenta de los agresores franceses, a pesar de que estos últimos recibieron, después de 1950, una ayuda importante del imperialismo norteamericano.

Nuestras tropas regulares desencadenaron sucesivas ofensivas y contraofensivas de gran envergadura, sobre todo en el Bac Bo, principal teatro de operaciones. La guerrilla también adquirió un impulso vigoroso y generalizado. En las retaguardias enemigas, la población – con las milicias de guerrilla y las tropas regionales como sostén- combinó la lucha política con la lucha armada, emprendió numerosas sublevaciones armadas que permitieron liquidar a los consejos de autoridades colaboracionistas y a los traidores, arrasar las bases para poder edificar el poder popular y transformar las retaguardias enemigas en nuestro propio frente. La guerra de guerrillas recibió un nuevo impulso, combinada con la guerra regular sobre todo durante las grandes campañas. Mientras el movimiento revolucionario se reforzaba en las zonas rurales, la lucha de la población en las ciudades adquiría nuevo vigor.

A fines de 1953 y principios de 1954, la gran contraofensiva estratégica se desarrolló a escala nacional, en las direcciones estratégicas importantes. Se reforzaron la guerra regular y la guerra de guerrillas, estrechamente combinadas. Nuestras fuerzas armadas y nuestro pueblo lograron grandes victorias en todos los teatros de operaciones. En particular en Dien Bien Phu, aniquilamos una parte muy importante de las aguerridas fuerzas móviles estratégicas del adversario en Indochina. La clamorosa victoria de la histórica batalla de Dien Bien Phu, de gran alcance estratégico, junto con los triunfos en los demás teatros de la guerra, asestaron un golpe decisivo a la voluntad de agresión del enemigo, transformaron la fisonomía de la guerra e hicieron triunfar la resistencia.

La revolución de agosto y la resistencia antifrancesa permitieron comprobar en la práctica que, en lo que se refiere a las fuerzas impulsoras de la insurrección y la guerra revolucionaria, si en la insurrección de agosto la fuerza esencial descansaba en el ejército político de las masas y en sus amplias fuerzas armadas, en la guerra popular contra los imperialistas franceses, en cambio, descansaban en las fuerzas armadas populares, apoyadas por las fuerzas políticas del bloque de la gran unión nacional y en coordinación con ellas. Porque la insurrección es, en general, la sublevación de las masas, mientras que la guerra es, generalmente, el enfrentamiento entre dos ejércitos. Evidentemente, la guerra popular también conlleva sublevaciones de las masas, y en una insurrección de todo el pueblo se verifican choques entre los ejércitos de ambos lados.

En la resistencia antifrancesa, nuestro pueblo supo combinar las fuerzas armadas con las fuerzas políticas, teniendo estas últimas como base. Las tres categorías de fuerzas armadas constituyeron el núcleo de la resistencia: la lucha armada se combinaba con la lucha política, y el combate con la sublevación, de modo que la forma de lucha fundamental era la lucha armada.

Nuestro partido se había preocupado por edificar las fuerzas armadas populares basándose en las fuerzas políticas del pueblo y partiendo de la alianza de los obreros y los campesinos bajo la dirección de la clase obrera, nuestras fuerzas armadas, surgidas durante el período preinsurreccional, realizaron un salto hacia delante en el transcurso del primer año del poder popular, y luego se forjaron y crecieron rápidamente durante la larga resistencia. El ejército de liberación se convirtió en el ejército popular de Vietnam, el ejército regular de nuestro estado. Las formaciones de autodefensa y de guerrillas se desarrollaron sin cesar. Las tres categorías de las fuerzas armadas populares: tropas regulares, tropas regionales y milicias de guerrilla aumentaban cada día más.

Las fuerzas regulares, que eran las fundamentales, operaban en los teatros de guerra más importantes del país. Tenían la misión de destruir las fuerzas regulares del enemigo, sobretodo sus fuerzas móviles y estratégicas, asestarles golpes severos, liberar el territorio y unir sus esfuerzos a los de la guerrilla para modificar el perfil de la guerra. Los suyos fueron golpes de alcance estratégico para quebrantar la voluntad de agresión del enemigo y hacer triunfar la resistencia. Las fuerzas regulares y la guerra regular crearon, además, las condiciones para desarrollar la guerrilla y acelerar la lucha política y las sublevaciones armadas de las masas, así como la labor de agitación y persuasión entre las tropas y funcionarios enemigos.

En la resistencia antifrancesa, nuestras fuerzas regulares, que al comienzo comprendían pequeños destacamentos, evolucionaron hasta convertirse en fuerzas móviles estratégicas que abarcaban a grupos aguerridos, cada vez mejor equipados y entrenados con un espíritu combativo muy elevado y una gran fuerza de combate, capaces de aniquilar a varios batallones y regimientos enemigos en una sola batalla. Nuestros grupos móviles entraron en acción por primera vez en la batalla de la frontera sinovietnamita (1950), y luego participaron en otras: la de Hoa Binh, la del noroeste, etc. Cooperaron estrechamente con las fuerzas armadas regionales, y las tres categorías de tropas desempeñaron así un gran papel y contribuyeron al avance de la resistencia. La batalla de Dien Bien Phu marcó un hito en el desarrollo de las fuerzas móviles estratégicas. Mientras nuestras fuerzas armadas y nuestro pueblo lograban grandes victorias en lugares importantes, nuestros grupos móviles aguerridos, reforzados por unidades técnicas y sostenidos por todo el pueblo, aniquilaron en Dien Bien Phu el más poderoso campo fortificado del enemigo en Indochina.

Las fuerzas regionales, estructuradas para adaptarse a las condiciones y tareas concretas en cada uno de los teatros de operaciones, constituían el núcleo de la lucha armada local. Distribuidas en fuertes unidades, operaban tanto agrupadas como dispersas, en estrecha coordinación con las milicias populares y las fuerzas regulares, para aniquilar al enemigo, o para mantener y desarrollar la guerrilla, actuar en coordinación de la lucha política y la sublevación de las masas y hacer fracasar las maniobras enemigas de concentración y reclutamiento de la población, protegiendo a esta última al poder revolucionario y a los recursos de la resistencia en hombres y bienes.

Surgidas de las secciones de propaganda armada de las compañías independientes, de los batallones agrupados durante los primeros años de la resistencia, las fuerzas regionales de provincia y de distrito no cesaron de desarrollarse: su armamento y su equipo mejoraban cada día más, fundamentalmente gracias al botín ocupado al enemigo. Con mucha frecuencia, las tropas regionales aniquilaban al enemigo por secciones y por compañías, y hacia el final de la resistencia lograron incluso destruir batallones adversarios.

Las milicias de guerrilla, fuerzas armadas ampliamente organizadas de la población se dedicaban a la guerrilla de concierto con las fuerzas regionales, cooperaban con las fuerzas políticas de masa en la eliminación de las autoridades fantoches y los traidores, y emprendían sublevaciones para conquistar el poder. Los guerrilleros no abandonaban la producción, utilizaban cualquier arma, atacaban a tiempo al enemigo; sus formas de combate, muy variadas, eran de su propia invención: cansaban y destruían al enemigo en las aldeas o en los caminos, donde quiera que se presentara, incluso en la retaguardia. Las milicias locales y la guerrilla constituían el fundamento de la edificación del ejército popular y del desarrollo de la guerra regular.

Las milicias de guerrilla evolucionaron vigorosamente, tanto en relación con sus efectivos como en cuanto a su capacidad combativa. Apoyándose en las aldeas de resistencia, que eran cada vez más numerosas, manejaban con habilidad armas rudimentarias que perfeccionaron progresivamente, y aniquilaban al enemigo por grupos, por secciones y, hacia el final de la resistencia, incluso por compañías enteras. En unión de las fuerzas regionales, desempeñaron un papel cada vez más importante en la edificación del mantenimiento y la ampliación de las zonas y las bases de guerrilla, así como en la protección de la zona liberada, haciendo fracasar las operaciones de limpieza y de requisamiento del enemigo y dando un fuerte impulso a la guerra del pueblo. El papel y la eficacia de las milicias de guerrilla y de las tropas regionales fueron muy grandes durante toda la larga resistencia, sobre todo en los períodos cruciales cuando el partido desencadenó la guerra de guerrillas en la retaguardia del enemigo en 1948 a 1949, o cuando la impulsó enérgicamente en las batallas de Hoa Binh, Dien Bien Phu, etc.

El desarrollo de las fuerzas armadas populares en tres categorías de tropas: las regulares y las regionales – que formaban el ejército popular-, y las milicias de guerrilla –que constituían las fuerzas armadas de masas-, traduce el carácter ampliamente popular de nuestra organización militar en la guerra del pueblo contra la agresión de los colonialistas franceses.

Las relaciones, desde el punto de vista de la organización, entre las tropas regulares, las regionales y las milicias de guerrilla en el curso del desarrollo de las fuerzas armadas revolucionarias, así como en la coordinación de la acción entre las tres categorías de tropas, entre el ejército del pueblo y las fuerzas armadas de masas, están estrechamente ligadas a la evolución de la resistencia desde la guerrilla hasta la guerra regular, así como a la estrecha coordinación entre la guerra regular y la guerrilla.

La experiencia de la resistencia antifrancesa demuestra que la coordinación de la acción entre las tropas regulares, las regionales y las milicias de guerrilla, entre la guerra regular y la guerra de guerrillas, constituye una gran ventaja de la guerra popular para movilizar al pueblo, poner en acción la fuerza de una guerra justa, una guerra de liberación que se desarrolla en nuestro propio suelo. Esta coordinación impidió que los ejércitos profesionales de agresión pese a sus grandes efectivos y su moderno equipo, pudieran realizar una guerra convencional que les hubiera permitido poner en juego todas sus fuerzas. Los ejércitos agresores tienen que enfrentarse no solamente con el ejército revolucionario, sino también con todo un pueblo que lleva resueltamente una resistencia en todos los planos. Sus tropas se hunden el océano de la guerra del pueblo, en una guerra sin frente ni retaguardia, en la que el frente se encuentra en todas partes y en ninguna. Las contradicciones inherentes a todas las guerras de agresión, entre la dispersión y la concentración, entre la ocupación del terreno y la movilidad, se van agudizando. Las tropas agresoras, numerosas y dotadas de equipos modernos, resultan inoperantes. No solamente no han podido destruir las fuerzas armadas del pueblo, sino que se han visto rodeadas, cansadas, luego aniquiladas y al final vencidas.

Así con un ejército del pueblo cuyos efectivos eran mínimos en comparación con los del enemigo, y en coordinación con las amplias fuerzas armadas de las masas, nuestro pueblo sostuvo una resistencia de todo el pueblo, en todos los planos, aliando estrechamente la guerrilla a la guerra popular, y venció al ejército agresor de los imperialistas franceses, de casi medio millón de hombres dotados de medios modernos.

Esta primera victoria de la guerra de liberación nacional en un país colonizado demuestra que, en la época actual, una pequeña nación, con un territorio nacional pequeño, una población poco numerosa y una economía subdesarrollada, está perfectamente en condiciones de derrotar la guerra de agresión colonialista de viejo tipo de los imperialistas, a través de la guerra revolucionaria.

Ya totalmente liberado y con las estructuras completas de un estado independiente, Vietnam del norte ha pasado a la revolución socialista y a la edificación del socialismo en la paz, mientras nuestro pueblo sigue luchando por completar la revolución nacional y establecer la democracia popular en todo el país, ya que el sur está aún bajo el yugo del imperialismo norteamericano y sus lacayos.

Después de realizar la reforma agraria y la restauración de la economía nacional, el pueblo del norte se ha dedicado a las transformaciones y a la edificación socialista, la revolución más profunda y más radical de nuestra historia. Con la realización, en lo esencial de las transformaciones socialistas, se ha abolido la explotación del hombre por el hombre, se han instaurado nuevas relaciones de producción, se ha establecido la propiedad socialista del pueblo trabajador sobre los medios de producción y se han edificado progresivamente las bases materiales y técnicas del socialismo. La unidad política y moral del pueblo está más que consolidada. El amor a la patria y al socialismo, la conciencia de ser dueño colectivo del hombre nuevo, socialista, se elevan sin cesar. Por otra parte, nuestro pueblo obtiene la ayuda, cada día más importante de los países hermanos del campo socialista, tanto para la edificación como para el combate.

El nuevo desarrollo de las fuerzas armadas populares se sitúa, pues, dentro de este marco del desarrollo histórico de la sociedad del norte. Es la organización militar con vista a la defensa nacional por parte de todo el pueblo de un estado independiente que edifica el socialismo en la paz; su función es la de servir de instrumento al estado de dictadura del proletariado, defender el norte socialista y cumplir su misión hacia la revolución en todo el país, manteniéndose listo para hacer fracasar en todo momento, cualquier maniobra del imperialismo norteamericano.

Edificar el ejército, consolidar la defensa nacional en la paz y en las condiciones del régimen socialista, es este un problema nuevo para nuestro partido y nuestro pueblo. En el pasado, durante muchos siglos, nuestro pueblo ya había adquirido la experiencia de la edificación del ejército y la consolidación de la defensa nacional de una nación independiente en la paz; pero las condiciones de aquellas épocas eran las del régimen feudal. Después del surgimiento de nuestro partido, nuestro pueblo luchó sin descanso durante décadas; acumulamos una experiencia de un valor inestimable en la edificación de las fuerzas armadas con vista a la insurrección por la conquista del poder, cuando todavía nuestro país se encontraba bajo el yugo de los imperialistas y los feudales, y más tarde con vista a una larga guerra de liberación sobre la base de un régimen de democracia popular cada día más sólido.

Hoy nuestro partido y nuestro pueblo han resuelto con éxito un problema nuevo.

En tiempos de paz, la tarea principal de nuestro pueblo es la de concentrar todas sus fuerzas para edificar el país y la economía socialista. Por consiguiente, un problema fundamental es el de resolver cabalmente las relaciones entre la economía y la defensa nacional. Solo una economía fuerte permite una fuerte defensa nacional. Y, a la inversa, solo con una poderosa defensa nacional es posible proteger el trabajo pacífico de edificación del pueblo y garantizar la seguridad de la patria. Las relaciones entre la economía y la defensa nacional deben resolverse en armonía con la situación del país, aún dividido, con el enemigo que aún persiste en su agresión contra el sur y con el norte destinado a convertirse en una base sólida para la revolución en todo el país en el menor tiempo posible, ya que nuestro país, un pequeño estado, debe prepararse para vencer a un agresor poderoso: el imperialismo yanqui. Por consiguiente, en la edificación de la economía es preciso tener muy en cuenta las necesidades de la consolidación de la defensa nacional, no solamente en la orientación y las tareas del plan económico general y en la repartición de las grandes regiones económicas, sino también en las diferentes ramas, como la industria, la agricultura, las comunicaciones y el transporte, así como en los problemas culturales y alas actividades sociales. Al propio tiempo, hay que mantenerse listos, desde el punto de vista de la organización para convertir la economía de tiempo de paz en una economía de guerra.

Nuestro partido se mantiene firmemente consecuente con la concepción de la guerra popular, de la defensa nacional por parte de todo el pueblo, realiza el armamento de todo el pueblo en las nuevas condiciones, y edifica un ejército popular poderoso, a la vez que arma en todas partes a las masas revolucionarias y refuerza las tres categoría de fuerzas populares con fuerzas de masas ampliamente expandidas, que se mantienen en la producción, y con un ejército popular bien entrenado y dotado de una gran fuerza combativa, disponemos a la vez de una poderosa defensa nacional y de mano de obra suficiente para la producción. Esta política de defensa nacional es la única correcta para un pequeño país como el nuestro, que debe esforzarse, en tiempo de paz, por desarrollar su economía, y enfrentar victoriosamente en tiempo de guerra a poderosos enemigos imperialistas.

Debemos estar consientes de nuestra obligación, en las condiciones que acabamos de exponer, de conjugar la economía con la defensa nacional. Esto traduce la estrecha vigilancia de nuestro pueblo, conocedor de la necesidad de salvaguardar la independencia y la soberanía del norte socialista y de estar listo, aun en tiempo de paz, a rechazar cualquier intento de agresión del enemigo; al propio tiempo, nuestro pueblo está animado por la inquebrantable decisión de liberar el país, y para ello se prepara. Por estas razones, nuestro partido impulsó la edificación de un fuerte ejército popular que se convirtiera en un ejército regular y moderno, impulsó el desarrollo generalizado de las milicias populares y de autodefensa y la edificación de poderosas fuerzas de reserva.

Se desmovilizó una parte del ejército para reintegrarla a la producción y se hicieron esfuerzos para consolidar el ejército permanente con efectivos apropiados y dotados de una alta calidad combativa. Numerosas unidades del ejército deben participar directamente en la edificación de la economía, sin dejar de estar listas para el combate. En lugar del enrolamiento voluntario, el estado destituyó el servicio militar obligatorio con el fin de crear numerosas fuerzas de reserva. Los militares desmovilizados que reúnen las condiciones necesarias son admitidos como oficiales y soldados de la reserva. Se han reajustado y consolidado también las organizaciones de las milicias populares y de autodefensa; se ha activado la creación de comunas, aldeas y barrios de resistencia, reforzando así la defensa del orden y la seguridad. Se ha dado a los jóvenes un entrenamiento militar general, se ha activado el movimiento de educación física y deportes a favor de la defensa nacional, y ha comenzado la edificación de las fuerzas armadas populares de seguridad.

En relación con el robustecimiento de las fuerzas armadas populares y el papel del ejército popular, las resoluciones del tercer congreso del partido, de 1960, establecen que “el ejército popular es la fuerza fundamental del estado, llamado a defender la independencia nacional y el trabajo pacífico del pueblo norvietnamita, y es a la vez el firme pilar de la lucha por la reunificación del país. Es necesario reforzar la defensa nacional, edificar el ejército permanente en el sentido de un ejército regular y moderno, consolidar las fuerzas populares armadas de seguridad, y velar, al propio tiempo, por la consolidación y el desarrollo de las milicias de autodefensa y por la edificación de las fuerzas de la reserva”.

Apoyándose en las realizaciones en todos los dominios de la revolución socialista y de la edificación del socialismo, las fuerzas armadas populares se desarrollan rápidamente.

El ejército del pueblo, ejército revolucionario de un estado socialista, es un ejército moderno que comprende diferentes fuerzas y armas: ejército terrestre, aviación y marina. El ejército de tierra comprende la infantería, la artillería, los blindados, el cuerpo de ingenieros, las transmisiones, las unidades antiquímicas, los transportes… existen reglamentos que fijan diversos regimenes de un ejército regular; se alienta la combatividad y la disciplina del ejército. Las tropas regulares están constituidas por grandes y potentes unidades, dotadas de armas y equipos cada día más modernos, con una creciente movilidad, un nivel de coordinación inter armas cada vez más elevado, y un gran poder combativo. Las tropas regionales, consolidadas y mejor equipadas, ven aumentar su capacidad combativa. Gracias al patriotismo del pueblo y a su amor por el socialismo, gracias al servicio militar obligatorio, a las numerosas fuerzas de la reserva, a las importantes fuerzas de la milicia popular y de autodefensa, el ejército popular puede aumentar en cualquier momento sus efectivos.

Las milicias populares de autodefensa, por su parte, se desarrollan vigorosamente sobre la base de las nuevas relaciones de producción socialistas, tanto en el campo como en las ciudades. Son las fuerzas armadas de las masas, organizadas dentro del pueblo trabajador, en las condiciones del socialismo. Las milicias populares y los guerrilleros constituyen la organización armada de los campesinos, de las cooperativas. La autodefensa y la autodefensa de choque constituyen la organización armada de los obreros en las fábricas, empresas, minas, obras y granjas estatales; de los empleados y cuadros en los servicios estatales, y del pueblo trabajador en los barrios. Las milicias populares de autodefensa y las fuerzas de la reserva, animadas por una elevada conciencia política, con un cierto nivel de instrucción general, bien organizadas, equipadas, con armas diversas –algunas de las cuales modernas-, bien entrenadas en los métodos de combate apropiados, pueden combatir localmente, o bien completar las fuerzas permanentes.

En 1965 frente al peligro de un fracaso total de la “guerra especial” en el sur de nuestro país, los imperialistas norteamericanos lanzaron su aviación contra el norte a la vez que introducían un cuerpo expedicionario en el sur para una agresión directa. Comenzó entonces la resistencia de la población del norte a la guerra yanqui de destrucción sistemática. Fue un aspecto de nuestra resistencia nacional antinorteamericana en todo el país, y al propio tiempo una guerra por la defensa de nuestra patria socialista contra las fuerzas aéreas enemigas.

Los norteamericanos han movilizado una gran fuerza aeronaval moderna. Han descargado sobre el norte millones de toneladas de bombas, perpetuando crímenes inauditos contra nuestro pueblo. De escalada en escalada, han atacado diversas regiones para terminar lanzándose sobre Hanoi, el corazón de nuestro país. Contaban con su enorme poderío militar y creyeron que podían subyugar a nuestro pueblo. Se equivocaron rotundamente. Fiel a su tradición de lucha indomable contra las agresiones extranjeras, nuestro pueblo nunca se ha doblegado ante ningún agresor. El ejército y la población del norte socialista, respondiendo al llamado del presidente Ho Chi Minh“nada es más preciso que la independencia y la libertad”, han opuesto una guerra popular tierra aire, resuelta y eficaz.

Este es un tipo de guerra popular totalmente nuevo: todo el pueblo combate a las fuerzas aéreas y navales enemigas; todo el pueblo se entrega a los trabajos de defensa y protección; todo el pueblo asegura las comunicaciones y los transportes; todo el pueblo participa a la vez en el combate y en la producción; todo el pueblo defiende la retaguardia a la vez que sirve al frente. Es este un nuevo desarrollo de la guerra popular en nuestro país. Continuamos la guerra del pueblo sobre la base de un régimen socialista que está en sus comienzos, en el momento en que nuestro pueblo posee un estado independiente bien estructurado, después de diez años de consolidación y desarrollo en la paz y que se beneficia, además, de una ayuda considerable de los países socialistas hermanos.

En la resistencia antifrancesa movilizamos a todo el pueblo para combatir al invasor, fundamentalmente a sus fuerzas terrestres, y vencimos a ese ejército agresor equipado con armas relativamente modernas. Hoy movilizamos de nuevo a todo el pueblo para combatir al agresor, fundamentalmente a sus fuerzas aéreas, que constituyen una de las armas más modernas de los imperialistas yanquis.

Nuestro partido movilizó las fuerzas de todo el pueblo y puso al país en estado de guerra para dar un fuerte impulso a la guerra del pueblo. Rápidamente multiplicó las fuerzas armadas populares y dio una nueva orientación a la economía: dispersó las industrias centrales, impulsó la economía regional, evacuó las regiones muy pobladas y los lugares particularmente enfocados por el enemigo, combinó el combate con la producción, e intensificó la producción durante la guerra misma. Nuestro partido ha precisado que en cualquier circunstancia debemos continuar avanzando, en el norte, hacia el socialismo, para reforzar la resistencia en todos los sectores; debemos lograr que el norte cumpla su misión en la revolución de todo el país y prepare, al propio tiempo la edificación del país en el futuro. La triple revolución ha recibido un fuerte impulso. Las relaciones de producción socialista se consolidan cada día más, la unidad política y moral del pueblo se refuerza constantemente, la base material y técnica del socialismo se robustece cada día más, la unidad política y moral del pueblo se refuerza constantemente, la base material y técnica del socialismo se robustece cada día más. Nuestro partido y nuestro pueblo se esfuerzan por lograr que la superioridad del socialismo se haga sentir en todos los sectores, para cumplir así todas las tareas impuestas por la guerra popular contra los intentos de destrucción de los norteamericanos.

Tenemos así, en primer lugar, el considerable desarrollo, en un breve lapso de tiempo, de las fuerzas DCA – Aviación del ejército popular, de las fuerzas antiaéreas en el ejército regular y en las tropas regionales: son estas las fuerzas que sirven de pilar en la guerra popular tierra aire, cuya acción está coordinada con la de las amplias fuerzas de las milicias populares. Nuestra DCA aviación posee piezas de artillería de diferentes calibres, cohetes de los aviones a reacción, medios técnicos modernos que integran fuerzas móviles o fijas capaces de aniquilar los aviones enemigos y defender los principales objetivos amenazados. Numerosas batallas de considerable envergadura, por grupos mixtos formados por varias armas de nuestra DCA aviación en coordinación con unidades de infantería del ejército terrestre y tropas regionales apoyadas por la población, se han desarrollado en nudos de comunicación importantes, sobre los centros industriales y las grandes ciudades. Nuestra DCA – aviación y nuestra joven aviación han logrado grandes victorias. Es esta una nueva forma de combate regular de nuestro ejército, en la guerra del pueblo tierra aire.

También se han desarrollado mucho los transportes militares. Los transportes de las fuerzas armadas comprenden diversas armas modernas: trenes, cuerpo de ingenieros, DCA, infantería… bajo encarnizados bombardeos, las fuerzas de transporte militar, de concierto con los transportes civiles, se han batido con heroísmo y habilidad y han asegurado el tráfico en todas las circunstancias, cumpliendo sus tareas en todos los caminos del país, desde la retaguardia hasta el frente.

Las grandes unidades de infantería del ejército terrestre, reforzadas con armas técnicas, han hecho progresos visibles en el sentido de la modernización; su fuerza combativa ha aumentado: están listas para combatir al agresor en cualquier parte, hacer fracasar todas sus aventuras militares. Las tropas regionales han desarrollado aun más su organización, su equipo y su capacidad de combate. Numerosas provincias poseen unidades de artillería antiaérea y unidades de artillería terrestre que han abatido a aviones enemigos y hundido barcos de guerra enemigos, así comunidades de zapadores que han contribuido ampliamente a asegurar las comunicaciones y los transportes.

Gracias al patriotismo del pueblo y a su amor por el socialismo, y gracias al servicio militar obligatorio, hemos logrado llevar a cabo con éxito la labor de movilización en tiempo de guerra, y hemos ampliado rápidamente las fuerzas armadas populares sobre la base de las fuerzas de la reserva, organizadas desde el tiempo de la paz. Al llamado de la patria para defender el norte socialista y cumplir con sus deberes para con la resistencia nacional, numerosos jóvenes, la elite de las cooperativas, de las fábricas, de los servicios públicos, de las escuelas, han tomado el camino del frente y ocupado su lugar en las filas del ejército popular y en la brigadas de choque de la juventud; ellos se han batido con valor y han trabajado con abnegación en todos los teatros de la guerra.

Creadas y organizadas desde el tiempo de paz, las fuerzas armadas de las masas han tenido un rápido desarrollo en tiempo de guerra, tanto en el sentido de la cantidad como de la calidad. Su equipo ha aumentado y ha sido perfeccionado. En numerosas aldeas, las milicias se han organizado en unidades capaces de utilizar fusiles, armas automáticas armas DCA de pequeño calibre, o buses y cañones, y en grupos especializados: zapadores, observadores, grupo de primeros auxilios, etc. En muchos lugares se han constituido fuerzas móviles destinadas a operar en todo el territorio de la comuna. Muchas fábricas y empresas poseen numerosas fuerzas de autodefensa, organizadas en forma estricta y racional para permitir conjugar la producción y el combate; estas fuerzas utilizan diversas ramas, algunas de las cuales son modernas.

Las milicias populares y las formaciones de autodefensa han desempeñado un importante papel. Interpretando las consignas de “el arado con una mano y el fusil con la otra”, “el martillo en una mano y el fusil en la otra”, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, en el campo como en la ciudad, desde el delta hasta las montañas, han participado activamente en el combate contra los aviones enemigos, tejiendo por todas partes una red de fuego a baja altura, para proteger directamente a la población y la producción locales; en coordinación estrecha con la DCA y la aviación, han creado una red de fuego en distintos niveles, móvil y elásticas, que cubre el territorio manteniéndose centrada en puntos clave; esta red de fuego ha abatido un gran número de aparatos norteamericanos que volaban a distintas alturas, sobre distintos terrenos y en circunstancias diversas. Las milicias han derribado con armas de infantería, numerosos Jets yanquis y han hecho prisioneros a muchos pilotos. La casa de los aviones enemigos que vuelan a baja altura es, para las unidades de las milicias populares y de autodefensa, una nueva forma de guerrilla en la guerra popular tierra aire. Las unidades de las milicias, además, han capturado o aniquilado numerosos comandos enemigos y destruido o desactivado decenas de miles de bombas y minas. En el contexto del régimen socialista, las fuerzas armadas de las masas han dado pruebas de sus nuevas y considerables capacidades combativas.

El hecho mismo de que las milicias populares hayan derribado aviones a reacción del imperialismo yanqui con ametralladoras y fusiles contiene ya los elementos de respuesta a esta pregunta ¿cómo puede, un pequeño país de economía subdesarrollada, con un ejército poco equipado, vencer a una gran potencia imperialista que cuenta con un ejército numeroso y con equipos y medios modernos?

El papel de las milicias populares y de autodefensa se ha manifestado, además, en numerosas otras tareas en otros frentes de la guerra del pueblo: aseguramiento de las comunicaciones y los transportes; defensa antiaérea popular; mantenimiento de concierto con las fuerzas populares armadas de seguridad, del orden y la seguridad públicos; edificación de aldeas de resistencia para proteger la producción local, la vida y los bienes de la población. De este modo contribuyen en gran medida a hacer fracasar totalmente las maniobras del enemigo en su guerra de destrucción sistemática.

Las fuerzas populares armadas de seguridad, creadas desde el período de paz, han madurado rápidamente y han desempeñado un gran papel en la guerra. Sus cuadros y sus combatientes no han cesado de mantener su vigilancia, asegurando la producción de la línea de demarcación militar provisional de las fronteras, de las islas; han mantenido el orden y la seguridad en el país, derribando aviones, capturando pilotos, capturando y aniquilando numerosos grupos de bandidos y de comando rangers.

Nuestro pueblo ha participado activamente en el combate, ha dedicado millones de jornadas de trabajo a la construcción de caminos, a la instalación de posiciones de combate y de auxilios a los heridos, al abastecimiento de las tropas, para ayudar al ejército; se ha dedicado a desarrollar la economía, la cultura, la educación, el servicio sanitario, a estabilizar la vida pese a los horrores de la guerra. El heroísmo revolucionario de nuestro ejército y de nuestro pueblo se manifiesta tanto en el combate como en los esfuerzos al servicio del combate, para asegurar las comunicaciones, los transportes, la defensa antiaérea popular, así como el trabajo de producción y de edificación de la nueva vida.

La guerra norteamericana de destrucción sistemática es una dura prueba para nuestro régimen socialista y para su organización militar. Coordinando su acción con la de sus compatriotas y las FAPL del sur, y con la ayuda considerable de los países hermanos del campo socialista, las fuerzas armadas y la población del norte han logrado grandes victorias. El agresor ha sido derrotado, sus designios maquiavélicos han fracasado. Más de tres mil aparatos modernos, de más de cuarenta tipos distintos algunos de ellos de reciente invención y utilizados por primera vez en Vietnam, han sido derribados. Numerosos pilotos condecorados de las fuerzas aéreas yanquis han sido muertos o capturados. El norte socialista ha soportado el golpe como un bastión de bronce; no ha cesado de consolidarse, tanto en el plano económico como en el militar; no ha cesado de desempeñar plenamente su papel de base revolucionaria para todo el país, de proseguir en el cumplimiento de su glorioso deber para con el gran frente. De concierto con las fuerzas armadas y la población en todo el país, el norte ha llevado la resistencia nacional a éxitos cada vez mayores.

La victoria de la guerra del pueblo sobre la guerra de destrucción sistemática en el norte socialista es una victoria para nuestro pueblo en su totalidad; esta victoria tiene un gran significado, no solo para nuestro pueblo, sino también en el plano internacional. Es la victoria de la línea política y militar de nuestro partido, de sus líneas de resistencia antiyanqui, por la salvación nacional y la edificación del socialismo, de su línea política internacional correcta, independiente y rica en iniciativas.

A diferencia de lo que sucedió durante la insurrección general de agosto y la resistencia antifrancesa esta es la primera vez que nuestro partido asume la dirección del pueblo en el desarrollo victorioso de una guerra popular tierra aire sobre la base del régimen socialista, apoyándose en el poder de la unión combativa de todo el pueblo, cuyo esqueleto lo forman el ejército popular, regular y moderno, que comprende las tropas regulares y las tropas regionales, en coordinación con las milicias populares de autodefensa, esas fuerzas armadas de masas, poderosas y omnipresentes, y poniendo en juego la eficacia de todo tipo de armas, más o menos modernas para hacer frente a la guerra aérea de agresión del imperialismo norteamericano. En las condiciones y circunstancias nuevas, nuestro pueblo y sus fuerzas armadas han dado un nuevo desarrollo al arte de combatir lo grande con lo pequeño, el gran número con el pequeño número, lo moderno con lo menos moderno. En una guerra patria, el primer problema que se plantea es, sin duda, el de hacer pasar al país de la paz a la guerra; las tareas más importantes son: la movilización de todo el pueblo para engrosar las fuerzas armadas populares; la modificación de la orientación económica; la organización de una economía de guerra tendiente a satisfacer las necesidades de la resistencia y de la vida de la población. El éxito de este tránsito es resultado, en primer lugar, de la solución correcta de las relaciones entre la economía y la defensa nacional, así como de todos los preparativos, durante el período de paz, a escala nacional y en cada región. Reforzar la retaguardia en los planos económicos, políticos, material y moral, es una garantía fundamental para asegurar el abastecimiento del frente en hombres y bienes. Una retaguardia sólida y poderosa es sin la menor duda, una de los más importantes factores de victoria de la guerra en general, y de la guerra patriótica en particular.

En cuanto a la organización militar, por el hecho de que las fuerzas armadas populares han sido organizadas, edificadas y preparadas para el combate en tiempo de paz, y de que se han aprovechado las condiciones favorables ofrecidas en todos los aspectos por un estado independiente y soberano, por un régimen socialista progresivamente consolidado, las mismas han alcanzado, en el transcurso de la guerra patriótica por la salvaguardia de la patria socialista, un nivel de desarrollo más elevado que durante la insurrección y la guerra de liberación.

Al comienzo, nuestro pueblo se había alzado para el combate con las manos vacías. Fue necesario despertar en las masas la conciencia revolucionaria y movilizarlas, crear las fuerzas políticas y, sobre esta base, crear las fuerzas armadas revolucionarias, en primer lugar las fuerzas armadas de masas. A partir de estas últimas se fue constituyendo gradualmente el ejército revolucionario; partiendo de los éxitos de la insurrección y de la guerra revolucionaria, fuimos elevando poco a poco el nivel de las fuerzas armadas. Luego tuvimos que pasar de la lucha política a la lucha armada y combinar estas dos formas de lucha; ir de la guerra de guerrillas a la guerra regular y combinar estas dos formas de guerra. En la insurrección y la guerra de liberación siempre mantuvimos estrechamente unidas la lucha política y la lucha armada, las sublevaciones y los ataques, la aniquilación del enemigo y la conquista del poder por el pueblo, etc.

En la guerra patriótica para la salvaguardia de la patria socialista contra la aviación enemiga, nuestro pueblo dispuso desde el comienzo de un ejército permanente regular y moderno, bastante poderoso, que comprende tropas regulares y tropas regionales creadas en tiempo de paz y rápidamente incrementadas en el momento en que estalló la guerra. Disponemos, además, de las fuerzas armadas de las masas, compuestas por millones de milicianos y miembros de la autodefensa, organizados, equipados e instruidos, tanto en el campo como en las ciudades. La edificación de las fuerzas armadas revolucionarias se ha apoyado en el patriotismo y el amor al socialismo, así como en las políticas concretas y las reglamentaciones aplicadas por el poder popular.

Por el hecho de existir un ejército popular regular y moderno y fuerzas armadas poderosas y ampliamente extendidas, desde el comienzo aparecieron simultáneamente el combate regular y la guerrilla, combinados estrechamente. La guerra ha puesto de relieve esta vez el papel muy importante del ejército popular, de la guerra regular. Las unidades de la defensa aérea y de la aviación pertenecientes al ejército regular han librado grandes batallas, han derribado un gran número de aparatos, han puesto en jaque al enemigo en todas sus escaladas. Con su nueva capacidad de combate, las tropas regionales ampliadas han servido de núcleo en la guerra popular en las regiones. Las milicias populares y las formaciones de autodefensa, a su vez, han desempeñado un papel muy importante, como el de asegurar las comunicaciones y el transporte, la defensa antiaérea popular y el servicio del frente.

Estamos seguros de que, en el combate contra las fuerzas terrestres enemigas, todas las armas del ejército popular, así como las fuerzas armadas de masas, desarrollarán plenamente su capacidad combativa y coordinarán eficazmente sus acciones para vencer al enemigo.

Naturalmente, en la guerra patriótica, para desarrollar las fuerzas de todo el pueblo, de todo el país, de toda la nación y para crear un poder global máximo, nuestro pueblo es perfectamente capaz de aplicar la experiencia de las insurrecciones y guerras de liberación pasadas. Porque la guerra por la defensa de la patria, en nuestro país, es una guerra de todo el pueblo y en todos los frentes, al igual que la guerra de liberación; por otra parte, en la guerra de liberación, cuando ya disponíamos de una base revolucionaria, de una zona liberada cada vez más basta, se asistió a la aparición y al desarrollo de los elementos de una guerra por la defensa de la patria.

La gran victoria de nuestra población y de sus fuerzas armadas en el norte socialista demuestra que un país, incluso pequeño, con una economía poco desarrollada y un ejército dotado de un equipo y una técnica poco modernos, pero con una línea revolucionaria justa, una gran determinación de combatir por la independencia y la libertad de la patria, capaz de apoyarse en la fuerza de todo el pueblo y de tomar el ejército popular y las fuerzas armadas de las masas como base, capaz de conquistar las simpatías y el apoyo internacionales, está en condiciones de poner en marcha la guerra del pueblo, para derrotar la guerra de destrucción sistemática de las fuerzas aéreas modernas del imperialismo yanqui. La victoria de la población del norte y de la población combatiente del sur demuestran elocuentemente la gran posibilidad que ofrece la guerra popular para vencer a cualquier agresor.

Nuestra resistencia nacional antinorteamericana se ha desarrollado como una guerra de liberación en el sur y como una guerra de salvaguardia del régimen socialista en el norte. La práctica y la experiencia acumuladas, sumamente ricas, nos ayudan a resolver correctamente el problema de la edificación de las fuerzas armadas y de la consolidación de la defensa nacional por todo el pueblo, para defender el norte, en lo inmediato y para, a largo plazo, conducir la resistencia hasta la victoria total, para defender eficazmente la independencia de nuestra patria.

La guerra revolucionaria de nuestro pueblo, en el sur, comienza hace más de diez años. Es una guerra de liberación contra la agresión neocolonialista del imperialismo yanqui, guerra que pretende liberar el sur, cumplir las tareas de la revolución nacional democrática popular en todo el país, contribuir a salvaguardar al norte socialista y progresar hacia la reunificación pacífica del país. La lucha de nuestros compatriotas y nuestros combatientes en el sur, contra un enemigo nuevo, -el imperialismo yanqui- y contra una nueva forma de agresión –la guerra de agresión neocolonialista- se desarrolla en las mismas condiciones en que nuestro pueblo llevó al triunfo la revolución de agosto en todo el país, en las mismas condiciones en que obtuvo la victoria de la resistencia y liberó la mitad del país; el norte, liberado, se entregó a la revolución socialista y a la edificación del socialismo y se ha convertido en la sólida base de la revolución en todo el país y en miembro del campo socialista. Por otra parte, nuestra revolución goza de la creciente ayuda de los países socialistas hermanos y se desarrolla en una coyuntura internacional cada vez más favorable en la palestra internacional, las fuerzas revolucionarias son francamente superiores a las reaccionarias y se encuentran en una posición de ofensiva constante contra la muralla del imperialismo, que tiene al imperialismo yanqui a la cabeza.

Por estas razones, la guerra revolucionaria en el sur ha experimentado un nuevo desarrollo de un alto nivel y posee una fuerza considerable. La evolución de las fuerzas armadas populares de liberación del sur está estrechamente ligada a todas las características de la guerra revolucionaria en Vietnam del sur a través de sus diferentes fases (sublevaciones en cadena, guerra popular contra “guerra especial”, contra “guerra local”, contra “guerra vietnamizada”).

En los años 59 y 60, la población emprendió sublevaciones en cadena en numerosas y bastas regiones rurales. La fuerza comprometida en estas sublevaciones era el ejército político de las masas, apoyado por las unidades armadas de autodefensa, todavía poco importantes. Este ejército político, edificado al costo de largos esfuerzos en la época del movimiento revolucionario anterior a la insurrección general de 1945, se desarrolló rápidamente durante la revolución de agosto y la resistencia antifrancesa y enfrentó las nuevas pruebas de la ardua y encarnizada lucha contra la administración Ngo Dinh Diem; éste ejército político poseía una moral muy alta y un impulso poderoso y adquirió una rica experiencia. Aprovechando el momento en que la administración fantoche, minada por profundas contradicciones, rebeló sus debilidades, la población de las diferentes regiones se alzó valientemente, desencadenando insurrecciones parciales, coordinando sus fuerzas políticas con sus fuerzas armadas y dejando a las primeras el papel principal. La gran fuerza de las sublevaciones en cadena minó la base del poder fantoche en numerosas regiones, aunque la administración central saigonesa dispusiera todavía de un ejército de varios centenares de millares de hombres y usara los procedimientos de represión más feroces. La política de dominación por los medios clásicos del neocolonialismo fracasó.

Cuando el imperialismo yanqui desencadenó “la guerra especial” para continuar su agresión, el movimiento de sublevaciones en cadena de la población subvietnamita se convirtió en guerra de liberación. Con perfecto dominio de las leyes que rigen la revolución y la guerra revolucionaria subvietnamita, y descubriendo rápidamente las leyes de la guerra de agresión neocolonialista de los yanquis, la población de Vietnam del sur, bajo la dirección del FNL, reforzó la posición ofensiva del movimiento, puso en juego la fuerza global de sus fuerzas políticas y de sus fuerzas armadas, impulsó la lucha política paralelamente con la armada, atacó al enemigo en el plan o militar y político e intensificó la agitación entre sus hombres en las tres zonas estratégicas: las regiones montañosas, el delta y las ciudades.

Partiendo del numeroso y potente ejército político de las masas revolucionarias, las fuerzas armadas populares de liberación llegaron pronto a su madurez. Se organizaron las tropas locales de liberación, convertidas luego en unidades del ejército regular. Se formaron en todas partes milicias de guerrilla y autodefensa. Fueron tomando cuerpo así, gradualmente, las tres categorías de tropas de las fuerzas armadas de liberación.

El armamento utilizado, que en su mayor parte era conquistado al enemigo o fabricado con los medios disponibles, era todavía mediocre.

La guerra del pueblo en las diversas regiones se desarrolló con vigor en amplias zonas rurales. El ejército y la población combinaron estrechamente la lucha política con la lucha armada, desencadenaron ofensivas y sublevaciones, intensificaron la guerrilla y las insurrecciones parciales. De este modo agotaron y aniquilaron numerosas fuerzas vivas del ejército fantoche, hicieron fracasar sus tácticas de “helitransportación” y de “movimiento por vehículos blindados” conquistaron el derecho de soberanía en la base, destruyeron las dos terceras partes del sistema de las “aldeas estratégicas” y sacudieron fuertemente la administración títere central. La lucha política se hizo más intensa en las ciudades y coordinó sus actividades con las del movimiento revolucionario en el campo. El ejército político numeroso y las amplias fuerzas armadas de las masas hicieron sentir eficazmente su peso. El propio enemigo reconoció que los “Viet cong” eran “maestros en la guerrilla”. La fisonomía de la guerra cambió progresivamente en nuestro favor. El enemigo se veía desgarrado por contradicciones internas cada vez más agudas y se hundía en un callejón sin salida. Los norteamericanos tuvieron que asesinar a su propio títere, Ngo Dinh Diem, y “cambiar de montura en medio del vado”. La guerra del pueblo adquirió un nuevo impulso cuando hicieron aparición las fuerzas regulares móviles del ejército de liberación, que libraron batallas con fuertes concentraciones de tropas y aniquilaron unidades enteras regulares enemigas en Binh Gia, Dong Xoai y Ba Gia : la guerra revolucionaria pasó así a una nueva y poderosa ofensiva.

La estrecha coordinación entre las fuerzas políticas y las fuerzas armadas, entre las fuerzas armadas de las masas y el ejército de liberación, llevó a una nueva situación, en la cual el conjunto del ejército y la administración títeres se vio amenazado por la desintegración total, a pesar de que sus efectivos habían sido elevados a 550 mil hombres, mientras que las unidades regulares del ejército de liberación aún no habían aumentado considerablemente en cuanto a cantidad, ni en cuanto a la envergadura de las batallas con fuertes concentraciones de tropas. Esto se debió al gran poder de las fuerzas políticas y armadas locales, a la gran intensificación del movimiento político y de las sublevaciones de las masas, al vigoroso impulso de la guerrilla. Las tropas regulares, que habían hecho aparición recientemente en los campos de batalla, conquistaron un gran prestigio y una fuerte posición y adquirieron una gran fuerza ofensiva para amenazar, dominar y aniquilar al enemigo, responder golpe por golpe y lograr victorias sucesivas. Ante el fracaso de la “guerra especial”, el imperialismo yanqui se vio obligado a enviar a Vietnam del sur un importante cuerpo expedicionario para rescatar a las tropas títeres.

Así, en las condiciones y circunstancias nuevas de los años 1960 – 1965, en el sur, la guerra revolucionaria pasó de la lucha política a la lucha armada combinando estas dos formas de la insurrección armada pasó a la guerra de liberación combinando estas dos formas. De la guerrilla pasó a las grandes batallas y las coordinó. Las fuerzas populares de liberación del sur se desarrollaron también según el mismo proceso: las fuerzas armadas se organizaron partiendo de las fuerzas políticas; las tres categorías de tropas se formaron progresivamente a partir de las formaciones de autodefensa armadas en la insurrección. Tropas regulares y tropas regionales constituyen el ejército de liberación del sur; las formaciones de la guerrilla y de autodefensa integran las fuerzas armadas de masas. Apoyándose en las fuerzas políticas y en coordinación con ellas, las fuerzas armadas populares de liberación del sur desempeñaron un gran papel estratégico en las insurrecciones parciales de las masas que derribaron el poder fantoche en la base y conquistaron la soberanía para el pueblo, así como en las ofensivas militares que destruyeron los distintos tipos de tropas fantoches bajo el mando de los “asesores” yanquis.

Cuando los agresores norteamericanos introdujeron masivamente su cuerpo expedicionario en el sur y lanzaron contra el norte su aviación, emprendiendo la “guerra local” más importante y feroz en la historia de sus agresiones, nuestro pueblo en su totalidad, y sus fuerzas armadas revolucionarias, se encontraron ante una prueba sin precedentes. El imperialismo yanqui, cabecilla de los imperialismos, posee el potencial económico y militar más poderoso del mundo capitalista y un ejército dotado de efectivos considerables y de equipos y armamentos de los más modernos. Para agredir al sur de nuestro país, movilizaron progresivamente hasta un millón de soldados norteamericanos, saigoneses y de los países satélites, de los cuales más de 500 mil eran norteamericanos; gastaron centenares de millones de dólares, dejaron caer más de una decena de millones de toneladas de bombas y/o buses, emplearon casi todas las armas y aparatos de guerra más modernos con la única excepción del arma nuclear.

Respondiendo al llamamiento sagrado del presidente Ho Chi Minh y fiel a nuestras tradiciones nacionales de valor indómito, nuestro pueblo se levantó masivamente, desde el sur hasta el norte, unido, decidido a combatir por la salvación nacional y a cumplir con sus nobles obligaciones internacionales.

Nuestro pueblo y sus fuerzas armadas han realizado una correcta apreciación de los designios del imperialismo yanqui, de la correlación de fuerzas entre nosotros y el enemigo: así, hemos descubierto sus puntos fuertes, sus debilidades, sus dificultades y contradicciones; tenemos clara conciencia de nuestras ventajas y de nuestras dificultades, de nuestro poder y nuestra fuerte posición. Sobre esta base y sobre la unión de nuestro pueblo en su totalidad, hemos tomado la firme resolución de vencer totalmente a los agresores norteamericanos, de continuar esta estrategia ofensiva, de afrontar su ejército de agresión numeroso y dotado de armamentos muy modernos.

Nuestra resistencia se ha convertido en la vanguardia de la lucha de los pueblos del mundo contra el imperialismo yanqui agresor. Los pueblos de los países socialistas, los pueblos progresistas del mundo, consolidan aún más su unión con nosotros en la lucha contra el enemigo común. La simpatía, el apoyo y la importante ayuda de la humanidad progresista constituyen uno de los factores determinantes en la victoria de nuestra resistencia.

En el campo de la batalla subvietnamita y apoyándose en dos fuerzas estratégicas –el cuerpo expedicionario norteamericano y el ejército títere, constituyendo el primero la fuerza esencial-, los agresores norteamericanos han desencadenado contraofensivas masivas contra las fuerzas armadas revolucionarias, y en particular contra las unidades regulares del ejército de liberación, con la esperanza de aniquilarlas. Al propio tiempo, han seguido adelante con su cruel, “programa de pacificación”, con el fin de someter y controlar a la población. Han llevado a cabo lo que llaman “la guerra en los dos frentes, militar y político”, una guerra total que conjuga las prácticas militares brutales con la estafa económica y política y los aviesos procedimientos de la guerra sicológica.

Explotando su posición de victoria e iniciativa, nuestros compatriotas y combatientes del sur siguen intensificando la lucha armada y la lucha política para hacer fracasar las maniobras del imperialismo yanqui. Las fuerzas armadas populares de liberación han multiplicado las batallas con fuerte concentración de tropas y las actividades de guerrillas; han atacado a las tropas norteamericanas, así como a las tropas fantoches y satélites, combinando las grandes batallas con los combates de mediana y pequeña envergadura, aniquilando numerosas fuerzas vivas y una gran cantidad de efectivos bélicos enemigos, apoyando eficazmente la lucha política y las sublevaciones populares. Con efectivos más débiles y peor equipados que el enemigo, el ejército de liberación asestó de entrada al cuerpo expedicionario norteamericano golpes demoledores en Van Tuong (Trung Bo central), en las altiplanicies occidentales, en el Nam Bo oriental, en Tri Thien. Las operaciones de envergadura cada vez mayor de las unidades regulares del ejército de liberación, y las oleadas de guerrillas de las fuerzas armadas regionales, se han desarrollado sucesivamente en todos los teatros de operaciones. En las ciudades, sobre todo en Da Nan y Hue, ha estallado un potente movimiento político. El cuerpo expedicionario norteamericano ha sufrido uno tras otro golpes inesperados, y ha experimentado fracaso tras fracaso que le hicieron perder muy pronto su actividad inicial. La contraofensiva lanzada con 200 mil hombres durante la temporada de sequía de 1965-1966 fue rechazada; la estrategia conciente en “buscar y destruir”, en “romper el lomo al Viet Com” fracasó al igual que el “programa de pacificación”. Las tropas de liberación abrieron el frente de Tri Thien y siguieron atacando con todas sus fuerzas en los diferentes teatros de operaciones. La contraofensiva de 400 hombres durante la temporada de sequía de 1966 – 1967 fue a su vez rechazada: las maniobras estratégicas de “los dos brazos de tenaza”, “buscar y destruir” y “pacificar” también han fracasado.

En el momento en que fracasaba la escalada norteamericana, llevada hasta su más alto nivel, contra las dos zonas de nuestro país, norte y sur, la ofensiva generalizada de la primavera de 1968 por parte del ejército y la población de Vietnam del sur, estalló como un rayo, sacudiendo a Vietnam del sur y a los propios Estados unidos. Este estratégico ataque por sorpresa, llevado a cabo en forma original y creadora por las fuerzas armadas de liberación y unido a las sublevaciones de las masas, asestó un golpe decisivo a la estrategia de “guerra local” y provocó un viraje histórico de la guerra.

En la respuesta del pueblo contra la “guerra local”, y con la obligación de intensificar la lucha militar y coordinarla con la lucha política para vencer militarmente al imperialismo norteamericano, las fuerzas armadas populares de liberación han experimentado un nuevo desarrollo, tanto en el sentido de la cantidad como de la calidad, así como desde el punto de vista de la organización, el equipo y el arte de combatir.

Las tropas regulares del ejército de liberación adquieren nuevas armas y se organizan en agrupaciones móviles cada día más poderosas. Las milicias de guerrilla y las formaciones de autodefensa se desarrollan enérgicamente en todos los teatros de operaciones. Hacen su aparición unidades de elite. El armamento y el equipo de las fuerzas armadas han experimentado un sensible mejoramiento, lo cual permite a las tres categorías de tropas aniquilar no solamente a los infantes enemigos sino también a los tanques y otras unidades blindadas, y derribar incluso aviones. La experiencia adquirida en el combate ha sido aprovechada en cada caso. La determinación y la fe en la victoria por parte de los cuadros y combatiente no ha cesado de reforzarse durante el combate. Las capacidades de organización y dirección por parte de los cuadros y el poder combativo de las fuerzas armadas ha progresado constantemente. Un movimiento de acumulación por el ataque contra los soldados yanquis y la aniquilación de los soldados títeres, por la adquisición de título de “valiente combatiente” ha galvanizado al ejército, a la población a las tres categorías de tropas de las fuerzas armadas de liberación.

Con un muy eficaz dispositivo estratégico de la guerra popular, que aprovecha la fuerza global resultante de la coordinación entre la lucha armada y la lucha política, el ejército de liberación del sur, altamente calificado y dotado de efectivos adecuados, y las numerosas fuerzas armadas de las masas, han asestado, de concierto con el ejército político del pueblo, potente y numeroso, golpes mortales al cuerpo expedicionario yanqui, al ejército títere y a las tropas de los países satélite venciéndolos paso a paso.

Las fuerzas regulares del ejército de liberación saben concentrar en forma adecuada sus fuerzas en el campo de batalla, destruir con fuerzas poco numerosas a un enemigo numéricamente superior, poner en acción sus diferentes armas tanto en coordinación como por separado.

Las tropas regionales saben combatir admirablemente en múltiples formas, y utilizando efectivos poco numerosos pero aguerridos, para lograr grandes victorias. Las FAPL de Vietnam del Sur han asestado golpes decisivos a los soldados norteamericanos aniquilando una gran cantidad de fuerzas vivas y de medios de guerra modernos, en particular cuadros de mando, oficiales, personal técnico, aviones de todo tipo y equipos técnicos ultramodernos. Apoyándose en las fuerzas regionales, las milicias de guerrilla y autodefensa han llevado la guerra de guerrillas a un nivel más alto, utilizando armas rudimentarias, así como armas modernas e incluso ultramodernas, y formas de combate muy variada. Han sido creados métodos de combate nuevos y originales, de gran eficacia: combatir con fuerzas concentradas, utilizar la guerrilla, atacar las retaguardias enemigas, las vías de comunicación, las ciudades, unir el combate a la labor de agitación y persuasión en las filas enemigas, etc.

Tanto en el conjunto del territorio como en el marco de cada región, se realiza una coordinación entre las fuerzas móviles y las fuerzas locales, unidas en un dispositivo estratégico eficaz, sólido y móvil a la vez, sobretodo en los sectores cruciales de las tres zonas estratégicas. Las fuerzas armadas locales comprenden las unidades de las fuerzas regionales, las milicias de guerrilla y de autodefensa que se apoyan sólidamente en las fuerzas políticas locales y cooperan estrechamente con ellas, tanto en el campo como en las ciudades; obligan a las tropas norteamericanas, títeres y satélites a dispersarse al máximo; las inmovilizan en todos los teatros de operaciones, las cercan, las atacan y agotan, y destruyen donde quiera sus medios de combate. Mientras tanto las tropas móviles, con una concentración cada vez más importante en diferentes frentes de guerra, asestan al enemigo golpes demoledores, aniquilando sus fuerzas vivas en grandes cantidades.

La guerra del pueblo ha descuartizado al enemigo, lo ha acercado, lo ha atacado sin cuartel y lo ha destruido. El cuerpo expedicionario norteamericano, las tropas títeres y los mercenarios de los países satélites, con más de un millón de hombres y un equipo técnico ultramoderno, no han podido cumplir lo que se esperaba de ellos. El enemigo se ha visto en una situación tal que, pese a sus efectivos considerables, ha resultado demasiado débil. Al querer atacar no logra dar en el blanco, mientras que por otra parte es atacado cada vez con mayor intensidad y destruido por las FAPL. Sus tropas se dispersan, su capacidad ofensiva disminuye constantemente, lo que lo lleva poco a poco a ponerse a la defensiva. Quiere resolver rápidamente la guerra pero se ve obligado a prolongarla. El ejército agresor, numeroso y moderno, se hunde cada día más en la pasividad. Sufre pérdidas cada día más graves, y poco a poco se ve reducido al fracaso por la guerra revolucionaria llevada a un alto grado de desarrollo. Mientras tanto, sus ultramodernas fuerzas aeronavales han sufrido severos golpes inflingidos por la guerra popular tierra aire del ejército y la población del norte. Al afrontar el gigantesco aparato militar del imperialismo norteamericano, hemos logrado grandes victorias. Hemos hecho fracasar la mayor guerra de agresión local de los norteamericanos, precisamente en el período en que llevaban su escalada al punto más alto en las zonas de nuestro país.

Una vez fracasada la estrategia de “guerra local” la administración Jonson se ha visto obligada a abandonar su escalada, a cesar sin condiciones sus bombardeos contra el norte, a mantenerse a la defensiva en el sur y a “desamericanizar” la guerra para tratar de salir del paso.

Nixon ha modificado la estrategia y ha “vietnamizado” la guerra de agresión, prolongándola con el fin de mantener la dominación neocolonialista de los Estados Unidos en Vietnam del sur.

La estrategia de “vietnamización de la guerra” no es otra cosa que una guerra de agresión neocolonialista llevada a cabo con un método nuevo: la aplicación de la doctrina Nixon en el sur de nuestro país. Esta doctrina reaccionaria es la nueva estrategia global del imperialismo norteamericano de los años 70, surgida como consecuencia de sus sucesivos fracasos en Vietnam, y en el momento en que la correlación de fuerzas en el mundo se modifica en contra suya. Esta estrategia tiende a mantener el papel de gendarme internacional del imperialismo norteamericano y a proseguir la implantación de su neocolonialismo en el mundo con nuevos métodos y maniobras: apoyarse en el poderío de Estados Unidos y aprovechar en mayor grado los recursos en hombres y materiales de los países satélites.

Para realizar loa “vietnamización, el imperialismo yanqui y sus lacayos concentran sus esfuerzos para llevar a la práctica un brutal programa de pacificación, considerado como un procedimiento estratégico fundamental con vista a subyugar a la población del sur. El designio maquiavélico de los imperialistas norteamericanos es hacer combatir a los vietnamitas contra los vietnamitas, alimentar la guerra con la guerra, utilizar la carne de cañón suministrada por sus lacayos y los dólares y armas norteamericanas en provecho de sus sórdidos intereses. Los yanquis se han dado a la tarea de convertir el ejército mercenario de Saigón en un ejército moderno, para hacer de él una fuerza estratégica en el sur, una fuerza de choque en Indochina, llamada a rebelar progresivamente a las tropas norteamericanas en los combates terrestres. La administración Nixon ha agredido descaradamente a la neutral Cambodia y ha intensificado la guerra en Laos, extendiendo su guerra de agresión a toda Indochina; se esfuerza por “quimerizar” la guerra , por “lotizarla”, por reforzar la unión militar entre sus lacayos saigoneses y los de Prom. y Penh, entre los reaccionarios tailandeses y los lacayos de Loa y Cambodia, realizando una alianza regional de facto entre las fuerzas de los países satélites y lanzando los indochinos contra los indochino, a los asiáticos contra los asiáticos.

Bajo la dirección del frente nacional de liberación y del gobierno revolucionario provisional de la república de Vietnam del sur, la población del sur y sus fuerzas armadas, concientes de las características y de las leyes de la guerra en su nuevo desarrollo, continúan reforzando la posición ofensiva estratégica de la guerra del pueblo, para hacer fracasar la “vietnamización”.

En las tres zonas estratégicas, ellas se esfuerzan por impulsar y combinar estrechamente la lucha armada con la lucha política, las ofensivas con las sublevaciones, y por intensificar la agitación entre las tropas enemigas, con el fin de disgregar y aniquilar al enemigo, conquistar el poder para el pueblo, extender la zona liberada y vencer al enemigo.

Nuestro pueblo y sus fuerzas armadas han coordinado estrechamente su resistencia con la lucha revolucionaria de los pueblos hermanos de Laos y Cambodia para hacer fracasar la doctrina Nixon en Indochina. La posición ofensiva de la guerra revolucionaria en el sur se ha convertido en posición de ofensiva de los pueblos indochinos que combaten con todo contra el enemigo común. La guerra patria del pueblo que Laos ha conseguido nuevas e importantes victorias. La revolución de Cambodia ha dado un salto.

Al hacer fracasar poco a poco los planes de Nixon, las tropas de liberación del sur, con efectivos adecuados y una alta calidad, han realizado un gran progreso en el robustecimiento de su capacidad combativa, respondiendo las nuevas exigencias de la guerra revolucionaria; su armamento y su equipo son cada vez más modernos, las armas técnicas se desarrollan rápidamente, su capacidad de combatir con una fuerte concentración de tropas y de coordinar las diferentes armas ha aumentado. A comienzos de 1969, las tropas de liberación ocasionaron graves pérdidas a las tropas norteamericanas, asestándole un golpe vigoroso desde la llegada de Nixon a la Casa Blanca. Después de 1970, cuando Nixon hizo invadir Cambodia y Laos, las fuerzas revolucionarias de los tres países, codo a codo emprendieron numerosas batallas de aniquilamiento con sus poderosas unidades regulares, y lograron grandes victorias. Aunque las tropas títeres gozan del potente apoyo aéreo y logístico de los norteamericanos, quienes por otra parte, han aumentado considerablemente su equipo, han tenido que sufrir fracaso tras fracaso. No solo las tropas de Vientiane y de Phnom Penh han sido duramente castigadas; también las de Saigon, espina dorsal de la “vietnamización” doctrina de choque en Indochina, han sido derrotadas. Las grandes victorias logradas por las fuerzas armadas y la población de los tres países indochinos, en particular de la de la carretera número 9 – sur de Laos-, de alcance estratégico, les han abierto la perspectiva real de vencer militarmente la estrategia de “vietnamización”, así como de hacer fracasar la doctrina china en Indochina.

Mientras el enemigo realiza grandes esfuerzos para incrementar las tropas reaccionarias y las otrotas fuerzas de opresión, para edificar un sistema compacto de postas y puntos de apoyo con el fin de controlar a la población y para realizar su brutal plan de pacificación de las zonas rurales, el papel de la guerra del pueblo en las regiones, y de las fuerzas armadas regionales, adquiere una importancia cada vez mayor. En bastas regiones rurales nuestros compatriotas y combatientes del sur han unido estrechamente la lucha armada con la lucha política y hacen converger las tres puntas de ataque para dar al traste con el “plan de pacificación”. Exaltadas por las victorias de las tropas regulares, las milicias de guerrilla, de concierto con las tropas regionales que le sirven de columna regional, han llevado a la práctica la directiva de que los cuadros se mantengan unidos a la población, que la población se aferre a la tierra y que los guerrilleros hostiguen al enemigo. Han llevado la guerra de guerrillas, la guerra del pueblo en la base hasta un nivel más elevado; han aniquilado y diezmado a las fuerzas armadas reaccionarias regionales, y destruido numerosos cuarteles; en coordinación con las luchas políticas y las insurrecciones por la conquista de la soberanía popular, han eliminado a los verdugos, roto el cerco enemigo, disgregado las fuerzas de la “defensa civil” y derribado la administración títere en la base. Las fuerzas revolucionarias de las masas se mantienen, se consolidan y se desarrollan. La guerra popular en el campo ha detenido y ha hecho retroceder el “plan de pacificación” enemigo y lo ha vencido en un primer round importante.

Mientras las tropas regulares de liberación operan victoriosamente y la guerra popular en el campo no cesa de intensificarse, la lucha política de la población urbana progresa, se hace más amplia y profunda y se desarrolla en formas nuevas y diversas.

Durante los últimos tres años, el ejército y la población del sur han obtenido numerosas y grandes victorias. En 1971, año durante el cual los imperialistas norteamericanos y sus lacayos esperan cumplir en lo esencial el plan de “vietnamización” de la guerra, a cuyo fin la administración Nixon no ha escatimado esfuerzos en todos los sentidos en los campos de batalla, es también el año durante el cual han sufrido las más graves derrotas. La estrategia de “vietnamización” ha fracasado. Esta situación demuestra que tanto la “vietnamización” como la “doctrina Nixon” llevan en sí numerosas contradicciones insolubles y numerosas debilidades insuperables. La gran ilusión de Nixon consiste, en el plano político, en querer borrar, bajo la insignia neocolonialista, engañosa de la independencia y la libertad, la contradicción fundamental que opone nuestro pueblo a los agresores norteamericanos, en el momento en que todo nuestro pueblo se une estrechamente para resistir al agresor, en el momento mismo en que ésta contracción se agudiza. Nixon quiere apoyarse en sus lacayos, que han perdido todo sentimiento nacional para “hacer combatir a los vietnamitas contra los vietnamitas”, en beneficio de las miras norteamericanas de agresión. En el plano militar, después de las derrotas sufridas más de un millón de soldados norteamericanos y títeres – los que ocasiona la retirada forzada y progresiva de la mayor parte de las tropas norteamericanas-, Nixon quiere transformar la debilidad en fuerza, la derrota en victoria y poner en pie a los títeres para que combatan en lugar de los norteamericanos. Al chocar con la resistencia heroica de nuestro pueblo, que cuenta con una gloriosa tradición de lucha indomable contra la agresión extranjera y que combate desde una posición de fuerza, de victoria y de iniciativa, la estrategia de “vietnamización”, principal resorte de la doctrina Nixon, está destinada a un inevitable fracaso. En el norte y en el sur, nuestro pueblo, estrechamente unido a los hermanos pueblos laosiano y khmer, continuará e intensificará su resistencia, hará fracasar con toda seguridad la estrategia de “vietnamización” y la doctrina Nixon en Indochina, y alcanzará la victoria total.

En general, en la guerra revolucionaria en el sur, nuestro pueblo ha aplicado en forma global la suma de las experiencias de la revolución vietnamita durante las últimas décadas: en la lucha militar y política, en la insurrección armada y la guerra revolucionaria, en la organización militar. Gracias a su perfecto dominio de las leyes de la revolución y de los métodos de la acción revolucionaria, así como de las leyes del neocolonialismo y de la guerra de agresión neocolonial del imperialismo norteamericano, nuestros compatriotas y combatientes del sur han desarrollado esta experiencia en las nuevas condiciones.

En la guerra revolucionaria de Vietnam del Sur nuestro pueblo ha desarrollado la fuerza global resultante de la estrecha coordinación entre las fuerzas políticas y las fuerzas armadas, llevando adelante a la vez la guerra armada y la lucha política, y combinando la insurrección con la guerra y la guerra con la insurrección, para lograr la victoria.

De acuerdo con las circunstancias, en cada etapa del desarrollo de la guerra, la población del sur y sus fuerzas armadas, combinando de modo flexible y creador las fuerzas armadas con las fuerzas políticas, han hecho fracasar sucesivamente todas las formas de guerra de agresión del neocolonialismo, incluso cuando el imperialismo norteamericano lleva su guerra de agresión a nivel más alto.

Nuestra resistencia antinorteamericana ha colocado en un nivel muy alto la movilización y el armamento de todo el pueblo. Apoyándose en la correcta línea de la revolución nacional democrático popular en el sur, y en la superioridad del régimen socialista en el norte, nuestro pueblo ha creado fuerzas políticas forjadas al calor de muchos años de lucha, cada vez mejor organizadas y cada vez más considerables; sobre esta base, nuestro pueblo ha edificado fuerzas armadas populares cada vez más poderosas, que comprenden a las amplias fuerzas armadas de masas, estrictamente organizadas, y un ejército revolucionario cada vez más regular y moderno. Cada una de esas fuerzas ha desempeñado papeles distintos en campos de batalla diversos, a través de las diferentes etapas del desarrollo de la resistencia. Pero, en general, en la guerra revolucionaria en el sur, tanto las fuerzas armadas como las fuerzas políticas han desempeñado un papel estratégico fundamental y decisivo; en las fuerzas armadas populares de liberación del sur, el ejército de liberación comprende las tropas regulares y las tropas regionales y, a su vez, las fuerzas armadas de las masas comprenden las milicias de guerrilla y las formaciones de autodefensa; todas estas fuerzas desempeñaron un papel estratégico considerable, y cada vez más importante en el transcurso de la guerra.

El fracaso norteamericano en Vietnam y en Indochina es el mayor fracaso en la historia de las guerras de agresión desencadenadas por el imperialismo. La gran victoria de nuestro pueblo es su lucha patriótica contra los agresores norteamericanos demuestra que, en nuestra época un pequeño pueblo que movilice todas sus fuerzas y coordinen estrechamente la acción de sus fuerzas políticas y la de sus fuerzas militares, la acción de su ejército revolucionario y la de las fuerzas armadas de masas, y lleve adelante simultáneamente la lucha política y la lucha armada, la insurrección armada y la guerra revolucionaria es perfectamente capaz de derrotar la guerra de agresión neocolonialista de las potencias imperialistas, incluyendo al imperialismo norteamericano.

Si echamos una mirada retrospectiva a la lucha revolucionaria, al desarrollo de la insurrección armada, de la guerra revolucionaria y de las fuerzas armadas populares de nuestro país durante más de 40 años, nos sentimos orgullosos de nuestro partido, del venerado presidente Ho Chi Minh, de nuestro pueblo y de nuestra nación. Nunca en su historia cuatrimilenaria se había visto empeñado nuestro pueblo en una insurrección y una guerra durante un período tan largo. Nunca había vencido, en pocas décadas, a tres agresores feroces, incluyendo el imperialismo norteamericano, el cruel y pérfido gendarme internacional, poseedor del mayor potencial económico y militar del mundo capitalista.

Para llevar a la victoria la insurrección de todo el pueblo y la guerra popular, nuestro partido. Sin abandonar su labor de propaganda, educación y organización en el seno del pueblo, ni la edificación de las fuerzas políticas de las masas –necesidad fundamental en todas las fases de la lucha revolucionaria-, ha dedicado una atención particular a la edificación de las fuerzas armadas populares y ha resuelto satisfactoriamente la organización militar, otro problema de importancia fundamental.

Partiendo de la idea de “todo el país conjuga sus fuerzas”, nuestros antepasados lograron materializar el principio de “cada ciudadano un soldado”. En la actualidad, nuestro partido parte del principio de “unión de todo el pueblo”, para lograr que “todo el pueblo combata al agresor”, que “todo el país combata al agresor”, y para hacer “cada aldea, cada municipio, una fortaleza”, “cada camino un frente”, “treinta y un millones de nuestros compatriotas, treinta y un millones de valerosos combatientes”.

Nuestro partido ha emprendido en gran escala el armamento de todo el pueblo; ha edificado el ejército popular a la vez que ha armado a las masas revolucionarias en situaciones condiciones concretas de lucha, diferentes en cuanto al enemigo y sus formas de guerra de agresión, en cuanto a nuestros métodos de empleo de la violencia revolucionaria, en cuanto a las coyunturas nacionales y mundiales y a la correlación de las fuerzas comprometidas en el conflicto.

Nacida de las fuerzas políticas de las masas, de pequeñas formaciones de autodefensa, de grupos clandestinos armados, las fuerzas armadas de nuestro pueblo se han convertido en fuerzas armadas revolucionarias poderosas, portadoras de una gloriosa historia, de una tradición de fidelidad al partido y al pueblo, y de invencibilidad; estas fuerzas armadas revolucionarias disponen a la vez de un ejército popular aguerrido, dotado de un equipo cada vez más moderno y que incluye al ejército terrestre, la aviación y la marina, y unas amplias y poderosas fuerzas armadas de masas, organizadas en todas partes y dotadas de una gran variedad de armas, algunas de las cuales modernas.

En su historia de edificación y combate en condiciones y situaciones de lucha diferente, las fuerzas armadas de nuestro pueblo, han adoptado diversas formas concretas de organización, con posiciones y papeles diferentes, y han alcanzado un grado de desarrollo cada vez más elevado, pero han estado siempre formadas por dos componentes fundamentales, aliados entre sí:

Primero: el ejército popular, que comprende las tropas regulares y las tropas regionales. Segundo: las fuerzas armadas de masas, que comprenden las amplias formaciones de milicias populares y de autodefensa.

La práctica de las insurrecciones y la guerra en nuestro país ha demostrado que armar a todo el pueblo significa armar a las grandes masas populares, y edificar, además, el ejército popular. El ejército popular ofrece ventajas que las fuerzas armadas de las masas no poseen, y viceversa. El ejército popular es una fuerza estrictamente organizada, con una disciplina rigurosa, cuidadosamente entrenada, provista de un equipo técnico relativamente avanzado, con un mando y una dirección centralizados y unificados, que poseen grandes capacidades de combate y están siempre listas para combatir. Las fuerzas armadas de las masas son fuerzas más estrechamente ligadas a las masas, cuyo potencial desarrollan directamente; utilizan una gran variedad de armas y aplican distintos métodos de combate en todas partes y en todo momento.

Coordinar la edificación del ejército popular y el armamento de las masas revolucionarias es conjugar la edificación de las fuerzas que sirven de andamiaje y la de las amplias fuerzas, la edificación de las fuerzas móviles y la de las fuerzas fijas, para rechazar a ejércitos de agresión numerosos y provistos de un equipo moderno, de una gran movilidad y de un gran potencial de fuego. Es preciso edificar las fuerzas que sirven de andamiaje y las fuerzas móviles, tanto a escala nacional como local; edificar las fuerzas fijas en todas partes, en las tres zonas estratégicas: región montañosa y delta, campos y ciudades. Las fuerzas móviles que sirven de andamiaje a escala nacional son las tropas regulares; a escala local, las tropas regionales. Las fuerzas amplias son las milicias populares y las formaciones de autodefensa. De modo que las fuerzas armadas populares se componen de tres categorías de tropas: tropas regulares, tropas regionales y milicias populares y de autodefensa. Las tropas regulares y regionales forman el ejército popular. Las milicias populares y de autodefensa constituyen las fuerzas armadas de las masas. A escala nacional las tropas regulares son fuerzas móviles; las tropas regionales, las milicias populares y de autodefensa son fuerzas fijas. Las tropas regionales y las milicias populares y de autodefensa constituyen las fuerzas armadas populares regionales. En cada localidad, las tropas regionales son fuerzas móviles; las milicias populares y de autodefensa son fuerzas fijas. La relación entre las tropas regionales y las milicias populares y de autodefensa en las localidades representa la relación entre el ejército popular y las fuerzas armadas a escala nacional. La coordinación entre el ejército popular y las fuerzas armadas de las masas constituyen la forma de organización más adecuada de las fuerzas armadas para aumentar el poder de todo el pueblo, de todo el país, de toda la nación. Si la coordinación entre las fuerzas políticas y las fuerzas armadas, entre la lucha política y la lucha armada, entre la insurrección armada y la guerra revolucionaria, es entre nosotros la forma fundamental de la violencia revolucionaria, la coordinación entre el ejército revolucionario y las fuerzas armadas de las masas es la organización militar más adecuada para ligar estrechamente las fuerzas armadas con las fuerzas políticas y la lucha armada con la lucha política, y para aplicar los métodos de insurrección y de guerra, así como el arte militar de la insurrección de todo el pueblo y la guerra de todo el pueblo.

La practica y la experiencia nos permite llegar a la conclusión de que la coordinación entre el ejército revolucionario y las fuerzas armadas de las masas y viceversa, y la edificación de las tres categorías de tropa de las fuerzas armadas populares, constituyen leyes de la organización y el empleo de las fuerzas armada populares, para acrecentar el potencial de todo el pueblo, y de toda la nación, de todo el país, la insurrección de todo el pueblo, en la guerra popular, así como en la defensa nacional por parte de todo el pueblo, tanto en la guerra de liberación como en la defensa de la patria por parte de nuestro pueblo, un pequeño pueblo que debe resistir la dominación y la guerra de agresión de grandes países imperialistas.

La iniciativa de nuestro partido y nuestro pueblo en cuanto al armamento de las masas revolucionarias y a la edificación del ejército popular, se inspira en la tesis marxista leninista sobre la organización militar del proletariado y es la continuación y el desarrollo de las enseñanzas de nuestros antepasados en materia de edificación de las fuerzas armadas. Nuestro partido ha sabido unir estrechamente la teoría de vanguardia de la ciencia militar proletaria con las tradiciones originales de nuestro pueblo, y ha sabido llevar cabalmente estas teorías y enseñanzas a la práctica de la lucha de nuestro pueblo en las nuevas condiciones y situaciones históricas de nuestra época. Así, el nuevo e importante desarrollo de la insurrección armada y la guerra revolucionaria, al igual que el de la organización militar en nuestro país, bajo la dirección del partido, es lógico y necesario en la historia y las tradiciones de lucha de nuestro pueblo en la época en que la clase obrera vietnamita constituye su representante auténtico. Bajo la dirección del partido y el presidente Ho Chi Minh, nuestro pueblo ha continuado y ampliado las heroicas tradiciones de lucha contra la agresión extranjera de la nación vietnamita. La insurrección popular y la guerra popular son, bajo la dirección del partido, la cumbre de la insurrección armada y de la guerra revolucionaria en nuestro país. Son la insurrección de todo el pueblo y la guerra del pueblo vietnamita en la nueva época, la época de Ho Chi Min.

Las sucesivas victorias de nuestro pueblo, contra tres imperialismos demuestran el gran poder invencible de las fuerzas armadas populares, organización militar de nuevo tipo de la clase obrera, de las masas trabajadoras y de los pueblos oprimidos, en lucha por su propia liberación y la edificación del nuevo régimen social.

Con la gran fuerza de la insurrección y la guerra nacional, del ejército nacional y del pueblo en armas, nuestros antepasados lograron brillantes victorias de la reconquista y la salvaguardia de la independencia del país, venciendo a enemigos ciertamente más fuertes, pero que poseían el mismo régimen social feudal, el mismo nivel de desarrollo de las fuerzas de producción y las mismas bases materiales y técnicas, hoy, con la nueva fuerza de la insurrección de todo el pueblo y de la guerra del pueblo, dirigidas por la clase obrera; con las fuerzas de todo el pueblo, bajo la bandera del partido; con el ejército popular y las fuerzas armadas de masas, nuestro partido y nuestro pueblo han cumplido con éxito la gran misión histórica de poner en acción la fuerza de todo el pueblo en un pequeño país cuyo potencial económico y cuyas bases materiales y técnicas son inferiores a las del adversario, poner en acción la superioridad del nuevo régimen social para vencer a ejércitos agresores de grandes países imperialistas, más numerosos y dotados de armas y medios bélicos más modernos.

Para resolver este problema de importancia estratégica de primer plano, nuestro partido ha solucionado en forma conciente y correcta la relación dialéctica entre la organización de las fuerzas y las bases materiales y técnicas, entre el hombre y el arma, como hemos analizado anteriormente. La victoria pertenece generalmente a los ejércitos que combaten por una causa justa, numéricamente superiores al enemigo, dotados de armas más perfeccionadas y que se apoyen en una economía más desarrollada. Las insurrecciones y guerras de nuestro país se han caracterizado sobre todo por haber logrado nuestro pueblo la victoria combatiendo al grande con el pequeño, al gran número con el pequeño número. Hoy nuestro pueblo sigue obteniendo la victoria sobre enemigos provistos de armas ultramodernas y de una economía más desarrollada, y la obtiene con armas de calidad inferior o relativamente inferior. El secreto de este brillante éxito reside en el hecho de que nuestro partido ha sabido unir el hombre al arma, siendo el hombre el factor determinante y el arma un factor muy importante. El hombre vietnamita al combatiente vietnamita, posee, en la nueva época, un nuevo grado de conciencia política, una gran combatividad; el nuevo régimen social, régimen de democracia popular y régimen socialista, posee una potente vitalidad y una franca superioridad desde todos los puntos de vista. La organización militar de nuevo tipo moviliza a las grandes masas más que en cualquier otra época anterior de la historia nacional.

La alianza entre el ejército y las fuerzas armadas de las masas ha experimentado un nuevo desarrollo. El arte militar de las fuerzas armadas populares posee un contenido radicalmente revolucionario, un potente espíritu de ofensiva y métodos de combate ingeniosos y originales. Todos estos nuevos elementos sirven precisamente de base para el aumento del poder de todo el pueblo de las fuerzas armadas populares, aun cuando solo contaran con armas y equipos mediocres. Por consiguiente, en la sublevación general de la nación, las fuerzas armadas de todo el pueblo poseen un potencial abrumador capaz de vencer a un enemigo con tropas más numerosas y dotadas de equipos ultramodernos, como el imperialismo norteamericano. Nunca había sido lanzado contra nuestro país un ejército agresor de un millón de hombres, dotados de equipos modernos, como el cuerpo expedicionario norteamericano y las tropas mercenarias saigonesas. Nunca antes nuestro pueblo se había enfrentado a un enemigo provisto de un potencial económico y militar tan enorme como el del imperialismo norteamericano. Pero nuestro ejército y nuestro pueblo han obtenido grandes victorias, están obteniendo otras aún más importantes, y marcharán sin la menor duda hacia la victoria final.

La victoria militar de nuestro pueblo, de nuestras fuerzas armadas populares, ha desmentido la tesis militar burguesa sobre el papel determinante de las armas y de la técnica en la guerra. En cambio, confirma la tesis militar del proletariado sobre el papel decisivo del hombre, de las masas populares y nos brinda las pruebas de la superioridad neta de la ciencia militar proletaria con respecto a la ciencia militar burguesa. Ha terminado la época en que los grandes países imperialistas empleaban su fuerza militar para hacer su voluntad y someter a los pueblos pequeños.

La gran victoria del pueblo vietnamita –una pequeña nación, con un territorio poco basto, una población poco numerosa, una economía subdesarrollada- contra los imperialistas dotados de un potencial económico y militar enorme, de tropas numerosas y equipos técnicos modernos; esta gran victoria, demuestra el gran poderío de los pueblo, incluyendo a los pueblos pequeños, en su justo combate, así como las posibilidades limitadas de los grandes países imperialistas en sus guerras de agresión. Evidente que en nuestra época, un país, aunque sea pequeño, pero que esté unido y decidido, y que siga una orientación revolucionaria justa, que sepa exhortar a todo su pueblo a sublevarse, a ir a la guerra, a participar en la edificación y la consolidación de la defensa nacional, y que sepa, además, ganarse el apoyo y la ayuda internacionales, está perfectamente en condiciones de derribar la dominación colonialista y de hacer fracasar las guerras de agresión de los grandes países imperialistas, incluyendo al imperialismo norteamericano, su cabecilla.

IV

ARMAR EN TODAS PARTES Y SÓLIDAMENTE A LAS MASAS REVOLUCIONARIAS, EDIFICAR UN EJÉRCITO DEL PUEBLO REGULAR Y MODERNO

La resistencia norteamericana de nuestro pueblo en las dos zonas ha obtenido importantes victorias y ha entrado en una fase decisiva.

En Vietnam del sur, pese a sus graves fracasos militares y políticos en el transcurso de los últimos años, la administración Nixon se obstina en proseguir su estrategia de “vietnamización de la guerra”.

Paralelamente a la retirada de la mayor parte de las unidades combatientes norteamericanas, la administración Nixon refuerza febrilmente a las tropas saigonesas, para ponerlas en condiciones de relevar a los soldados yanquis en Vietnam del Sur y en una parte del teatro de guerra indochino, con el apoyo y bajo el mando de los norteamericanos. Estos activan la aplicación del “programa de pacificación”, reclutan, reagrupan a los habitantes, implantan una cerrada red de cuarteles, transforman a Vietnam del sur en un inmenso campo de concentración, con el fin de controlar estrechamente a la población, sabotear las bases revolucionarias, saquear los bienes y reclutar a los hombre para alimentar su guerra de agresión neocolonialista. Los yanquis se esfuerzan por mantener en el gobierno a la junta fascista de Nguyen Van Thieu y reprimen abiertamente y sin piedad cualquier tendencia o aspiración a la paz, la independencia, la neutralidad, la concordia nacional, las libertades democráticas y el mejoramiento de las condiciones de las capas populares.

En el norte, los yanquis se obstinan en sus acciones de guerra, lanzan sin cesar misiones de reconocimiento y bombardeo sobre regiones muy pobladas y acumulan nuevos crímenes en perjuicio de nuestros compatriotas. Nixón y Laird han llegado incluso a amenazar con reanudar la guerra de destrucción aeronaval, para tratar de impedir nuestro apoyo al frente nacional, de destruir el potencial económico y militar del norte socialista, de quebrantar la voluntad combativa de nuestro pueblo.

En Laos, los norteamericanos intensifican la “guerra especial”, bombardean bárbaramente la zona liberada, activan la “loaización” de la guerra e introducen nuevas unidades tailandesas para salvar las tropas de Vientiane y a las fuerzas especiales de Vang Pao; de concierto con los mercenarios, desencadenan contraofensivas para prevenir la ofensiva de la revolución laociana.

En Cambodia, activan la “khmerización” de la guerra, tratan de reanimar la administración de Phnom y Penh, refuerzan sus tropas, proceden a la “pacificación” y reagrupan a la población, y utilizan sus fuerzas mercenarias, en coordinación con la aviación de Estados Unidos, para desatar operaciones criminales contra la población. La administración Nixon, por otra parte, obliga al gobierno reaccionario de Vang Kok a introducir tropas tailandesas y lanzarlas contra el pueblo Khmer.

Es evidente que, en suposición de derrota los norteamericanos prosiguen sus intentos de agresión contra nuestro país y se obstinan en prolongar y extender la guerra, con el fin de mantener su yugo neocolonialista en el sur y desempeñar su papel de gendarme internacional en el sudeste asiático con el pretexto de la “división de las responsabilidades” preconizada por la “doctrina Nixon”. En realidad, se trata de hacer combatir a otros en lugar de los soldados yanquis, con armas y dólares norteamericanos, por los sórdidos intereses de los grupos capitalistas monopolistas norteamericanos. Por consiguiente, el enemigo sigue siendo el imperialismo yanqui, pero el adversario que nuestro pueblo y los demás pueblos indochinos tienen que enfrentar en el campo de batalla ya no es el mismo que antes. En el estadio actual de la estrategia de “vietnamización”, el ejército mercenario, organizado, equipado y entrenado por los norteamericanos, dotado en abundancia de modernas armas y material bélico yanqui, compuesto por diferentes fuerzas y armas modernas, apoyado por la acción coordinada de la aviación y de la marina yanqui, y sostén ido por el apoyo logístico yanqui, se convierte poco a poco en la fuerza estratégica esencial de la guerra de agresión, y en el adversario principal, en el campo de batalla, de los revolucionarios. Por otra parte, el imperialismo yanqui se esfuerza por aprovechar al máximo el poder la aviación y su marina para destruir sistemáticamente el norte de nuestro país.

En todo el país, nuestro pueblo está decidido a derrotar la guerra de agresión del imperialismo yanqui y sus lacayos.

Las fuerzas armadas populares de liberación del sur enfrentan la tarea de coordinar su acción con las fuerzas políticas de las masas, para disgregar y aniquilar al ejército saigones, “columna vertebral” de la estrategia de “vietnamización”, y, al propio tiempo, echar por tierra el “plan de pacificación, fuente de hombres y bienes para esa estrategia. Nuestras fuerzas armadas populares en el norte se ven obligadas a resistir los ataques de la aviación y la marina yanquis, y deben estar listas para hacer fracasar cualquier aventura militar yanqui, para salvaguardar eficazmente el norte socialista y contribuir a la lucha del gran frente. Nuestro pueblo se preocupa por coordinar estrechamente su acción con la de los pueblos hermanos de Laos y Cambodia, para echar por tierra la siguiente fórmula de la doctrina Nixon en los teatros de guerra indochinos: “las fuerzas militares reaccionarias de los títeres, más la aviación yanqui”.

Proseguir la revolución socialista y la edificación del socialismo en el norte, completar la revolución nacional democrático-popular en el sur, progresar hacia la reunificación pacífica del país: esta lucha de nuestro pueblo atravesará etapas difíciles y complejas, pero desembocará necesariamente en la victoria. Nuestra organización militar debe responder no solamente a las tareas urgentes inmediatas, sino también a todas las tareas en cualquier circunstancia, en el transcurso de la marcha adelante de la revolución, incluso después que el imperialismo yanqui y sus lacayos hayan sido vencidos. Las fuerzas armadas populares del norte deben estar en condiciones de defender el norte socialista, de rechazar cualquier acto de agresión o destrucción del imperialismo y sus lacayos, de servir eficazmente de instrumento a la dictadura del proletariado de asegurar la edificación del norte, que debe hacerse sólido y poderoso en todos los aspectos, para servir de base a la lucha por la reunificación del país. Las fuerzas armadas de liberación del sur deben tener fuerzas suficientes para defender las conquistas revolucionarias, salvaguardar la independencia y la neutralidad del sur, rechazar todas las maniobras de los imperialistas y de los reaccionarios, contribuir al progreso de la revolución y edificar un Vietnam pacífico, reunificado, democrático y próspero.

Como hemos visto anteriormente, a causa de su posición geográfica de estratégica importancia, Vietnam ha sido objeto de codicia por parte de muchos agresores. En el transcurso de las últimas décadas, tres imperialismos se han sucedido en el intento de someter a nuestro país.

Después que el imperialismo yanqui haya sido vencido, el imperialismo internacional no renunciará por eso a sus miras sobre Vietnam. Nuestro pueblo, muy apegado a su independencia y su libertad, desea también ardientemente la paz, para edificar el país y elevar su nivel de vida en todos los sentidos. Pero es preciso que mantengamos la guardia en alto. Debemos siempre ser fuertes en todos los aspectos: político, económico y militar; debemos combinar estrechamente la edificación económica con la consolidación de la defensa nacional; en cualquier circunstancia; debemos disponer de una poderosa defensa nacional, de fuerzas armadas considerables, compuestas de un fuerte ejército permanente y numerosas fuerzas armadas de masas, para defender el trabajo de construcción pacífica de nuestro pueblo, estar siempre en guardia para emprender victoriosamente una guerra patriótica contra cualquier invasor, y defender el poder del estado contra los saboteadores internos.

A largo plazo, después de la reunificación, nuestro país experimentará grandes cambios. Se convertirá, en las próximas décadas, en un país próspero, y con una industria y una agricultura moderna, una cultura y una ciencia avanzadas, con una población de 50 a 70 millones de seres. Poseemos la base necesaria para edificar una poderosa defensa nacional, para llevar a un nivel más alto la edificación de nuestro ejército popular y el armamento de las masas revolucionarias, y hacerlos tan poderosos que pueden asegurar la defensa del país y vencer a cualquier imperialismo agresor.

Todas las guerras por la defensa de nuestra patria, tanto ahora como en el futuro, son guerras justas, de autodefensa, desarrolladas en nuestro propio territorio. De modo que pueden desarrollar al máximo la fuerza de todo el pueblo, de todo el país, de toda la nación, para vencer al enemigo. Una eventual guerra patriótica se podría verificar en algunas condiciones y algunas circunstancias parecidas a las actuales; por ejemplo, las condiciones geográficas, el hecho de combatir al grande con el pequeño… generalmente, el enemigo debe ser más poderoso que nosotros para atreverse a desatar la agresión. De modo que la correlación de fuerzas comprometidas podrá variar, pero el hecho de que tengamos que combatir al grande con el pequeño no cambiará. En cuanto a las condiciones geográficas, durante mucho tiempo seguirán siendo las mismas en sus rasgos generales, aunque la labor tenaz de nuestro pueblo no cese de modificarlas: un país pequeño, estrecho y alargado, ocupado en gran parte por selvas y montañas, atravesado por una red hidrográfica abundante, bordeado por algunos millares de kilómetros de costa, con un clima tropical…

Podemos, pues, llegar ala conclusión de que heredamos numerosas experiencias sobre la guerra patriótica de autodefensa, sobre la insurrección y la guerra de liberación, sobre la organización militar de ayer y de hoy, experiencias que podemos aplicar, desarrollándolas, a las condiciones y circunstancias nuevas, en la edificación de una defensa nacional por parte de todo el pueblo, en la edificación de unas fuerzas armadas populares para el norte socialista, para el sur independiente y neutral, así como para el futuro Vietnam reunificado. Esta guerra patriótica de autodefensa será una guerra del pueblo altamente desarrollada; nuestras fuerzas armadas populares habrán logrado inmensos progresos en todos los aspectos: importancia de los efectivos; nivel de desarrollo, en todos los campos, de los cuadros y combatientes; calidad del equipo y de la técnica, nivel de organización, métodos de combate, capacidad combativa.

Hoy, para cumplir su misión histórica de vencer totalmente al agresor norteamericano nuestro pueblo debe disponer de fuerzas políticas numerosas, y de fuerzas armadas importantes, y poderosas, reforzando nuestro poderío desde el punto de vista político, económico y de la defensa nacional. Es preciso no perder de vista la orientación del partido en materia de armamento de todo el pueblo: desarrollar vigorosamente y en todas partes las fuerzas armadas de masas; llevar adelante paralelamente la edificación intensificada del ejército del pueblo, dándole un poder sin precedentes; movilizar y poner en acción al máximo las fuerzas de nuestro pueblo en el frente militar, para lograr que el ejército, de concierto con todo el pueblo de cuenta del enemigo en cualquier circunstancia.

En el sur, aplicando el principio de llevar adelante la lucha militar conjuntamente con la lucha política, para hacer fracasar la “vietnamización de la guerra”, la población y las fuerzas armadas desarrollan con vigor y en todos los planos la posición ofensiva de la guerra revolucionaria combinando estrechamente la lucha armada con la lucha política. La ofensiva con la sublevación, los grandes combates con la guerrilla, el aniquilamiento de las fuerzas enemigas con la conquista y la extensión del poder popular en las tres zonas estratégicas; a la vez que combaten el pueblo y las fuerzas armadas desarrollan su fuerzas militar y política y extienden y consolidan activamente la zona liberada, para poder adquirir más fuerza a lo largo de los combates.

Como han indicado el gobierno revolucionario provisional y el alto mando de las fuerzas armadas de liberación del sur, el contenido fundamental del fortalecimiento de las fuerzas armadas revolucionarias en el sur en el momento actual consiste en desarrollar con vigor y en todas partes las fuerzas armadas de las masas, junto con la edificación de un ejército de liberación de un poder sin precedentes, y reforzar las tres categorías de tropas de las fuerzas armadas de liberación.

En los teatros de guerra, los títeres y sus amos norteamericanos se mantienen en una posición de defensiva estratégica, apoyándose en el brutal aparato de represión y coerción desde el escalón central hasta la base, aplican contra nuestros compatriotas una política fascista de barbarie inaudita. En estas condiciones, apoyándose en un ejército político popular que no cesa de organizarse y crecer, la población de Vietnam del Sur se esfuerza por desarrollar rápidamente sus fuerzas armadas de masas y prosigue activamente la edificación de las milicias de guerrilla y autodefensa en las tres zonas estratégicas.

El desarrollo vigoroso y generalizado de las milicias de guerrilla y autodefensa debe marchar parejo con el desarrollo de la guerrilla, para que esta se una al gran combate para vencer la “vietnamización” en el plano militar; y también está ligado a la intensificación de las masas, para realizar la convergencia de las tres puntas de ataque y hacer fracasar la “pacificación”. Las fuerzas armadas de masas y la guerrilla, con las tropas regionales como andamiaje, se combinan estrechamente con las fuerzas políticas, para poderse mantener firmemente en el teatro y combatir al enemigo localmente, utilizando diferentes métodos, ingeniosos y flexibles: cansarlo y aniquilarlo en la mayor medida posible, dispersarlo, contenerlo, cercarlo, aislarlo, atacar por sorpresa los puntos neurálgicos, destruir las bases logísticas, cortar las vías de comunicación fluviales y terrestres, contribuir a neutralizar sus procedimientos de combate, impedir los reclutamientos y la concentración de la población, proteger nuestras bases y puntos de apoyo políticos, disgregar y aniquilar el aparato de coerción del enemigo en las aldeas y municipios, así como sus fuerzas armadas regionales reaccionarias, volar su red de puestos militares, mantener y reforzar el potencial de la resistencia en todos los aspectos, echar por tierra el designio maquiavélico del imperialismo yanqui de “hacer combatir a los vietnamitas contra los vietnamitas”, alimentar la guerra con la guerra.

En la larga lucha revolucionaria en nuestro país en el sur, las fuerzas armadas de masas adquieren una importancia cada día mayor. Donde quiera que existan las bases políticas del pueblo y crean organizaciones armadas de masas. Apoyándose en el ejército popular de la revolución, cada día más desarrollado sobre la base de la alianza obrero campesina, la población del sur se preocupa por desarrollar sus fuerzas armadas de masas, tanto en el número como en la calidad, con formas de organización adecuadas, para lograr que en todas partes en el sur, de las montañas al llano, de los campos a las ciudades, tanto en la zona liberada como en la zona ocupada, se encuentran fuerzas armadas que combaten al enemigo y, de concierto con las fuerzas políticas de masas, constituyen una fuerza considerable en cada región así como en la totalidad del teatro de guerra.

Apoyándose en las fuerzas políticas del pueblo y las fuerzas armadas de masas, la población del sur y sus fuerzas armadas se han dado a la tarea de edificar las fuerzas armadas de liberación, numerosas y potentes. La edificación de estas fuerzas, que comprenden tropas regulares y regionales, está ligada al fuerte impulso que es necesario dar a la lucha militar, al desarrollo de la guerra regular, así como a la guerrilla, con el fin de vencer al enemigo militarmente y, en coordinación con la lucha política, llevar la resistencia hasta la victoria final.

Las unidades de las tropas regulares de liberación se desarrollan en número, y sobre todo en calidad y equipo; cuentan con los cuerpos necesarios y disponen, además, de poderosas fuerzas de reserva, así como de una movilidad muy grande; bien servida desde el punto de vista logístico, material y técnico, saben combatir cada día mejor, coordinando las distintas armas, en combates de envergadura variable y en diferentes teatros de operaciones. En los campos de batalla del sur, el combate regular se desarrolla sin cesar, con una envergadura y una fuerza creciente y luna eficacia cada día mayor. Gracias al combate regular, las fuerzas armada de liberación han logrado aniquilar fuerzas vivas importantes, derribar sus líneas de defensa, hecho fracasar sus procedimientos de combate, ampliar la zona liberada y alcanzar éxitos cada día más importantes. Sus víctimas entre las tropas regulares saigonesas han tenido fuerte repercusión en la moral y la organización del conjunto del sistema del ejército y del poder títere, asestándose así grandes golpes a la voluntad de agresión del imperialismo yanqui. Las fuerzas armadas de liberación han sostenido eficazmente las luchas políticas y las sublevaciones de las masas, facilitando el trabajo de agitación entre las tropas adversarias y las filas del enemigo en general, contribuyendo en medida considerable al cambio en nuestro favor en la correlación de fuerzas en la fisonomía de la guerra.

Las tropas regionales de las fuerzas armadas de liberación serán muy pronto lo suficientemente numerosas y potente como para servir de andamiaje, junto con la milicia popular, a la guerra del pueblo en las regiones, desarrollar la guerrilla y el movimiento insurreccional de las masas y llevarlos a un nivel más elevado, hacer añicos el programa de “pacificación” y, al propio tiempo, cooperar eficazmente con las tropas regulares en el gran combate para destruir militarmente la “vietnamización”. La edificación de las tropas regionales tiende a dotar a cada distrito, provincia y ciudad con un número adecuado de unidades combatientes de envergadura apropiada, dotadas de las unidades técnicas necesarias y con un alto valor combativo y un dominio total de varios métodos de combate. Las tropas regionales deben ser muy fuertes, bien entrenadas, fáciles de mover; deben saber llevar a cabo tanto el trabajo entre las masas como el combate; operan tanto agrupadas como en orden disperso, y constituyen la vanguardia de la guerra del pueblo en las regiones. En estrecha coordinación con las milicias de autodefensa y guerrilla, numerosas unidades de las tropas regionales han aniquilado unidades adversarias de las milicias provincial y aldeana, han desmantelado una serie de puestos, de aldeas estratégicas y de sectores de concentración de la población, han sostenido vigorosamente las luchas políticas y la sublevación de masas, a la vez que han cooperado eficazmente con las tropas regulares de las fuerzas de liberación que han venido a operar en su región.

En el momento actual, en el teatro de operaciones del sur, numerosas regiones y provincias han asimilado la línea de la guerra del pueblo, la línea de armamento de todo el pueblo, que han aplicado en forma resuelta y creadora, y gracias a esto han podido edificar no sólo fuerzas políticas amplias y sólidas, sino también fuerzas armadas regionales poderosas, que comprenden milicias y formaciones de guerrilla numerosas y fuertes, tropas regionales fuertes, dotadas de una gran combatividad, capaces de enfrentarse al enemigo localmente con procedimientos hábiles y eficaces. Así es como se ha logrado dar un fuerte impulso a la guerra del pueblo y hacer avanzar el movimiento de ofensiva y sublevación, hacer fracasar progresivamente la “pacificación” del enemigo, así como sus planes de reagrupación de la población, de reclutamiento, de vuelco de las formaciones paramilitares en el ejército regular; así es como se ha logrado mantener y desarrollar todas las fuerzas revolucionarias.

La práctica de la guerra revolucionaria en el sur ha demostrado que las masas populares constituyen el fundamento sólido de toda la obra revolucionaria; las fuerzas políticas de masas son el fundamento sólido de las fuerzas armadas y las fuerzas armadas so el fundamento sólido del ejército revolucionario. Para poder asegurar la guerra revolucionaria fuerzas considerables, para poder desarrollar plenamente el enorme poder de la guerra del pueblo, es preciso no escatimar esfuerzas para edificar el ejército político de la revolución y sobre esta base edificar las fuerzas armadas populares que comprenden las fuerzas armadas de masas y el ejército revolucionario; desarrollar en proporciones adecuadas las tres categorías de tropas y mantenerlas en una posición estratégica de ofensiva en todos los teatros de guerra; combinar estrechamente el gran combate con la guerrilla, y la lucha armada con la lucha política y la agitación entre los soldados enemigos. Solo así se logra engendrar la mayor fuerza global, para desintegrar y aniquilar al ejército títere, hacer fracasar la “pacificación” y la “vietnamización”, y finalmente derrotar por completo la agresión yanqui.

Es sobre todo el momento en que el imperialismo norteamericano pasa a la estrategia de “vietnamización”, poniendo en marcha su propósito maquiavélico de combatir a los vietnamitas con los vietnamitas; en el momento en que se apresura a edificar el ejército mercenario, con tropas regulares y regionales, para hacer de él un instrumento para la prosecución de su guerra de agresión; es sobre todo en este momento cuando el conocimiento de las leyes de organización de las fuerzas armadas populares adquiere una significación de suma importancia.

Nuestros compatriotas y combatientes en el sur disponen de una fuerza política y unas fuerzas armadas poderosas; de fuerzas armadas de masas presentes donde quiera; de un ejército de liberación aguerrido, móvil con efectivos apropiados; de milicias de autodefensa fuertes y numerosa, de tropas regionales poderosas que desempeñan el papel de fuerzas locales potentes y omnipresentes y, además, de tropas regulares muy fuertes y móviles. Dos fuerzas y tres categorías de tropas estrechamente coordinadas, que desarrollan plenamente su papel estratégico en la guerra revolucionaria e impulsan constantemente la lucha armada y la lucha política, la guerra convencional y la guerrilla hasta un grado muy alto. En estas condiciones, no cabe la menor duda de que nuestros compatriotas y combatientes vencerán al ejército y derribarán a la administración títere, harán fracasar la estrategia de “vietnamización” y llevarán nuestra lucha antiyanqui y por la salvación nacional hasta la victoria final.

Mientras prolonga la guerra de agresión en el sur y la extiende a toda Indochina, la administración Nixon no cesa de intensificar sus actos de guerra contra el norte de nuestro país. Tanto en lo inmediato como a largo plazo, fragua planes alevosos contra el norte socialista, gran retaguardia nacional, sólida base de la revolución en todo el país. Por esta razón, tenemos que velar constantemente por la edificación de las fuerzas armadas populares del norte, que tienen la tarea, junto con todo el pueblo, de vencer totalmente a los agresores yanquis y defender sólidamente el norte socialista, tanto en el presente como en el futuro.

El norte debe ser firme y potente en todos los aspectos; en lo político, en lo económico y en el de la defensa nacional. Por consiguiente, debemos dar un fuerte impulso a la revolución socialista y a la edificación del socialismo, reforzar continuamente nuestra unidad política y moral, edificar y desarrollar la economía y la cultura, para, sobre esta base, consolidar y reforzar nuestra defensa nacional por todo el pueblo, unir estrechamente la edificación económica y la defensa. Sólo con una economía poderosa, que comprenda un sector central y un sector regional, podemos tener una poderosa defensa nacional, una guerra del pueblo que se desenvuelva tanto en la totalidad del país como en cada región. Es preciso poseer un plan para estar siempre listos al combate, para preparar al país en todos los dominios y asegurar así una libertad de maniobra en cualquier circunstancia.

En cualquier circunstancia, es necesario que tengamos siempre presente esta ley de la edificación de la organización militar de nuestro pueblo: armar a todo el pueblo, armar a las masas revolucionarias, sin dejar de edificar el ejército del pueblo; combinar el ejército del pueblo con las fuerzas armadas de masas, y viceversa.

Es preciso que edifiquemos activamente un ejército del pueblo regular y moderno, y que desarrollemos en todas partes poderosas fuerzas armadas de masas, reforzando las tres categorías de tropas: las tropas regulares, las regionales y las milicias populares. Es preciso que continuemos consolidando las fuerzas populares armadas de seguridad. Es necesario que dispongamos de fuerzas permanentes poderosas, y también de fuerzas de reserva considerables.

Debemos seguir aplicando correctamente las políticas y regulaciones promulgadas por el estado, relacionadas con la edificación de las fuerzas armadas populares y la consolidación de la defensa nacional por parte de todo el pueblo; debemos completarlas y perfeccionarlas para que se mantengan en armonía con el ulterior desarrollo de nuestro país. Debemos prestar atención particular a la formación del contingente de cuadros, columna vertebral de la edificación de las fuerzas armadas y la defensa nacional. Es preciso reforzar constantemente las bases materiales y técnicas, las bases logísticas de las fuerzas armadas, tanto a escala nacional para el norte en su totalidad, como en cada región.

Es necesario, en primer lugar, dar un fuerte impulso a la edificación de nuestro ejército, para hacer de él un ejército revolucionario de nuevo tipo, verdaderamente popular, un ejército regular y moderno, apropiado a las condiciones de nuestro país, que debe servir de andamiaje a la organización militar del pueblo para defender sólidamente las adquisiciones revolucionarias de la patria, para vencer a cualquier agresor, tanto en lo inmediato como en el futuro, para llevar a cabo con éxito cualquier misión de combate y de producción, cualquier trabajo que nos confíen el partido y el pueblo.

Tanto en este momento como en un futuro próximo, debemos proseguir la edificación del ejército popular de Vietnam, para hacer de él un ejército socialista, regular y moderno, que comprenda tropas regulares y tropas regionales, con fuerzas permanentes que poseen efectivos adecuados, dotados de altas cualidades combativas, y fuerzas de reserva considerables, bien organizadas y entrenadas.

Nuestro ejército ha de ser un ejército verdaderamente revolucionario y popular, pero con un nivel muy alto y moderno, que comprenda un ejército terrestre, una aviación y una marina modernos.

Nuestro ejército terrestre deberá poseer las armas necesarias, una estructura y una envergadura organizativa apropiadas a misiones de combate cada vez más extensas; deberá estar dotado de un fuerte poder de fuego y de una poderosa fuerza de choque, de una gran movilidad en cualquier terreno y en cualquier tiempo en nuestro país, y estar en condiciones de cumplir plenamente su misión de fuerza decisiva de la victoria en el campo de batalla.

Nuestra aviación debe ser reforzada hasta adquirir una envergadura adecuada, pero con una alta calidad combativa, con métodos de combate llenos de inventiva, para defender eficazmente el cielo de nuestro país contra cualquier agresor y cooperar estrechamente con el ejército de tierra y la marina en operaciones coordinadas.

Nuestra marina debe hacerse cada vez más fuerte, con un número suficiente de navíos, una calidad combativa elevada, una organización cada vez mejor estructurada y un equipo cada vez más moderno; debe desarrollar métodos de combate moderno; debe desarrollar métodos de combate adecuados al teatro de guerra marítima y fluvial de nuestro país, y ser suficientemente fuerte para defender nuestras costas, de gran longitud, y nuestro extenso sistema hidrográfico.

Nuestro ejército será, ante todo y para siempre, un ejército verdaderamente revolucionario y popular. Es éste un principio básico de la teoría de nuestro partido acerca de la edificación del ejército, y debemos tenerlo siempre presente, cualquier circunstancia.

La fuerza combativa de un ejército revolucionario es el resultado de estos factores: la conciencia revolucionaria, la moral de los cuadros y combatientes, la organización racional del equipo técnico de las tropas, el nivel técnico y táctico de los combatientes, el nivel de la ciencia y del arte militar, las capacidades de dirección y mando de los cuadros… esta fuerza es el producto de la alianza dialéctica entre el hombre y el armamento, entre la política y la técnica, entre la ciencia militar y los medios de guerra, entre la ideología y la organización.

Sin una buena moral, o con una moral baja, no puede haber energía revolucionaria creadora, ni actos de combate eficaces, ni bases para desarrollar la fuerza de los factores materiales y técnicos y del arte de combatir… aun cuando estuviera bien organizado, equipado y entrenado, un ejército sería fácilmente vencido si su moral dejara que desear. Sin embargo, no es posible dar cuenta del enemigo sólo con una buena moral. Aun con una buena moral, si el equipo técnico es mediocre, si la organización de las tropas es irracional, si los métodos de combate no son apropiados, no se puede desarrollar una gran fuerza combativa, y el factor moral no podría actuar plenamente y transformarse en una fuerza material considerable, susceptible de vencer al enemigo en el campo de batalla.

Lenin ha insistido en el papel eminente de la moral en la guerra: “en toda guerra, la victoria se condiciona, en último término, por el estado anímico de las masas, que derraman su sangre en el campo de batalla” Y añadía: “El mejor ejército, los hombres más leales a la causa de la revolución serán de inmediato aniquilados por el enemigo si no están bien armados, bien abastecidos y adiestrados” .

Así, cuando se considera la fuerza combativa de un ejército, hay que comprender bien la unidad dialéctica de estos factores. Es un error evidente poner el acento en el factor material, técnico, y considerarlo como decisivo. A la inversa, también es erróneo insistir únicamente en el factor político – moral y separarlo del factor material.

Al precisar la importancia de los factores que componen la fuerza combativa de un ejército revolucionario, estimamos que el factor fundamental es el elemento político – moral, la moral de los cuadros combatientes, la conciencia del ejército en cuanto al ideal revolucionario, al objetivo de la lucha, al fin político de la guerra.

En la guerra, “el hecho de que las masas tengan conciencia de las finalidades y las causas de la guerra tiene una enorme importancia y garantiza la victoria” . Cuando los cuadros y combatientes de un ejército revolucionario poseen una alta conciencia de los intereses clasistas y los intereses nacionales, están siempre dispuestos a sacrificarse por la independencia, la libertad y el socialismo, sólo muestran un deseo y una voluntad en el campo de batalla: vencer al enemigo, y están animados de una energía y una fortaleza extraordinaria. La historia de la lucha y del crecimiento de nuestro ejército, que a partir de nada ha logrado llegar a vencer a los imperialismos más feroces de la época, confirma elocuentemente esta tesis de Lenin.

La lucha armada es la forma más encarnizada de la lucha de clases, de la lucha nacional; tiene cierta característica: conlleva el sacrificio de sangre. Es por esto que un ejército revolucionario debe poseer una férrea voluntad combativa, y una alta abnegación hacia la patria. Sólo así podrá superar las pruebas y dificultades de la guerra, desarrollar la potencia de las distintas armas, aplicar de manera creadora los métodos de combate y poner en juego toda la potencia organizativa para vencer el adversario.

Bajo la justa dirección del partido, y a través de las pruebas de una lucha ardua, encarnizada y larga, nuestro ejército se ha forjado una naturaleza revolucionaria, un valor político muy alto, una moral elevada, que traducen brillantemente el pensamiento, los sentimientos y la moralidad de la clase obrera, de la nación vietnamita y de nuestra época. Es una fidelidad a toda prueba a la obra revolucionaria del partido y del pueblo; una determinación inquebrantable de combatir por la independencia y la libertad de la nación –“antes sacrificarlo todo que perder el país, que volver a caer en la esclavitud-”, un auténtico internacionalismo proletario. Es la voluntad de combatir y vencer, de atacar y aniquilar al enemigo; es una moral heroica, un espíritu inventivo e ingenioso, un espíritu de unión y coordinación, un sentido de subordinación a la organización y a la disciplina. Es un profundo amor por los compatriotas y los camaradas, un odio profundo a los imperialistas y sus lacayos, a la opresión y la explotación. Es una vigilancia revolucionaria siempre alerta ante las miras y las maniobras del enemigo de la clase y de la nación. Esta naturaleza política, estas cualidades han sido ilustradas por el presidente Ho Chi Minh con estas palabras: “Nuestro ejército es fiel al partido devoto del pueblo; está siempre listo a combatir y sacrificarse por la independencia y la libertad de la patria, por el socialismo. Nuestro ejército lleva a cabo bien cualquier misión, supera cualquier dificultad, da cuenta de cualquier adversario”. Es éste el punto fuerte fundamental de nuestro ejército, la fuente de su poder combativo. Es un capital particularmente valioso para él, tanto en su edificación y su combate de hoy como del futuro. Durante el desarrollo de nuestro ejército hacia un ejército regular y moderno, estamos decididos a mantener y desarrollar este valioso capital, a transformar esta noble naturaleza en un conjunto de cualidades estables, en una hermosa tradición que el ejército popular de Vietnam dejará a todas las generaciones.

Hoy más que nunca, frente a los designios del imperialismo norteamericano de prolongar la agresión contra nuestro país y extender la guerra a toda Indochina, nuestro ejército debe dar pruebas de abnegación, sin temer a las dificultades; debe perseverar en la resistencia e intensificarla, y desarrollar al máximo el papel, el efecto y la función del ejército del pueblo.

Para reforzar constantemente la naturaleza revolucionaria del ejército, es preciso conocer y aplicar correctamente los principios leninistas de la edificación política del ejército, lo cual se ha convertido, para nuestro ejército, en una tradición. Estos principios son los siguientes: asegurar constantemente, con respecto al ejército, la dirección directa y absoluta del partido en todos los campos. Este principio es fundamental; consolidar sin cesar la organización del partido, así como el sistema de trabajo político; reforzar sin descanso este trabajo dentro del ejército; prestar una gran atención a la enseñanza de la línea, de las tareas revolucionarias, de las directivas y políticas del partido; elevar la conciencia política, la conciencia nacional, la conciencia de clase; reforzar la determinación de combatir y vencer en el ejército; conceder gran importancia a la asimilación, por parte del ejército, de la línea y las ideas militares del partido, de la ciencia y el arte militares de la guerra del pueblo; formar activamente un contingente de cuadros absolutamente fieles a la obra revolucionaria del partido, dotados de capacidades de dirección, de mando y organización, aplicar una amplia democracia; reforzar la disciplina de acero, justa y libremente aceptada del ejército revolucionario; crear una buena relación entre el ejército, por una parte, y el partido, el poder revolucionario y el pueblo por la otra; en el propio seno del ejército, así como con el ejército y el pueblo de los países hermanos.

Con respecto al partido, nuestro ejército tiene siempre una confianza absoluta en su orientación y su dirección; se somete voluntariamente a su dirección; aplica escrupulosamente sus orientaciones, directivas y políticas; defiende resueltamente su línea, sus principios y sus puntos de vista; cumple cualquier misión que le confíe el partido.

Con respecto al poder revolucionario, nuestro ejército ha dado siempre pruebas de respetarlo y de voluntad de defenderlo; se une estrechamente a los organismos estatales, aplica estrictamente las orientaciones, directivas y políticas y la legislación del estado.

Con respecto al pueblo, nuestros cuadros y combatientes dan pruebas de una fidelidad total; lo respetan, le prestan ayuda, se baten con abnegación para defender sus intereses, respetan escrupulosamente la disciplina de masas.

En cuanto a las relaciones en el seno del ejército, cuadros y combatientes dan pruebas de espíritu de unión, unidad de puntos de vista, afecto recíproco; comparten alegrías y penas, se ayudan mutuamente de todo corazón. Todos se someten a la organización, cumplen estrictamente las órdenes, directivas y decisiones de los superiores, se ajustan a los reglamentos y regímenes fijados.

Con respecto al ejército y el pueblo de los países hermanos, nuestro ejército da pruebas de un auténtico internacionalismo proletario, se solidariza sinceramente con el ejército y el pueblo de los países hermanos, pese a los sacrificios y a las privaciones, para combatir juntos al enemigo común, considerando la obra revolucionaria de ellos como suya propia.

Para desarrollar todo el poder y la eficacia de la dirección del partido, es preciso elevar el nivel de asimilación de su línea política y de su línea militar, reforzar las capacidades de organización práctica de sus organismos, de sus cuadros y militantes en el ejército, responder a los imperativos de la edificación de un ejército regular y moderno, con el fin de cumplir cabalmente cualquier misión política y militar encomendada por el partido.

Nuestro partido posee una gran experiencia en la edificación política e ideológica del ejército, así como en la edificación de un ejército compuestos esencialmente de infantería y de un cierto número de otras armas. Nuestro partido está en condiciones de resolver con éxito los problemas planteados por la edificación de un ejército regular y moderno, constituido por numerosas fuerzas y armas, tanto en lo inmediato como en el futuro, en las condiciones concretas de nuestro país. Una de las tareas importantes en el momento actual es la de tratar de dominar progresivamente las leyes de la edificación y del combate de un ejército popular regular y moderno en las condiciones de nuestro país, y aplicarlas progresivamente en la elaboración de una ciencia militar vietnamita avanzada, que permita, en lo inmediato, vencer al imperialismo norteamericano y, a largo plazo, defender a nuestra patria. Partiendo de ahí proseguiremos el perfeccionamiento, el desarrollo y la realización de la línea militar, de la línea de nuestro partido de edificación de un ejército revolucionario regular y moderno.

Sobre la base del robustecimiento de la naturaleza revolucionaria del ejército, debemos acelerar el proceso de su transformación en un ejército regular y moderno.

Todo ejército que haya llegado a un determinado nivel de organización y estructuración tiende necesariamente a convertirse en regular. Ya en el pasado, tanto en nuestro país como en muchos otros, este problema se ha planteado y resuelto. Mientras más se moderniza el ejército, más imperiosa se hace su centralización y su unificación, y más se acentúa su transformación en un ejército regular.

Lenin demostró que, cuando se tiene que combatir a un enemigo poderoso que puede lanzarse en cualquier momento a una aventura militar, y cuando el ejército pone en acción en medida cada vez mayor medios técnicos modernos y combate según el modo moderno, que exige una coordinación de acción muy estrecha y a la vez muy flexible, entonces no es posible realizar la unidad de ideas y de acción sin una alta centralización. Sin esta centralización, decenas, centenares de miles de hombres que operan en un amplio espacio, no puede cambiar rápidamente de modo o de método de combate, de dirección operacional, según una voluntad unificada y en relación con las modificaciones de la situación en el campo de batalla, para cumplir con éxito las misiones de combate en la guerra moderna.

Convertir en regular a un ejército es realizar su unificación organizativa sobre la base de los reglamentos, con el fin de dar a sus actividades una práctica unificada, elevar el sentido de la subordinación a la organización, su carácter centralizado, científico, para lograr una acción resuelta y unánime, una coordinación estrecha entre las diferentes partes del ejército en la guerra. Este proceso está ligado a la promulgación de diferentes reglamentos y regímenes, y a su aplicación.

Al igual que cualquier otro ejército, el ejército revolucionario debe convertirse en regular. Pero, a causa de su naturaleza política propia, el proceso es totalmente diferente en cuanto a los objetivos por alcanzar, el contenido y el método. El ejército de las clases explotadoras persigue un objetivo reaccionario; sus reglamentos y regímenes reflejan su naturaleza antirrevolucionaria, sus relaciones internas no igualitarias: este ejército se basa en una disciplina impuesta y mecánica, que obliga a los soldados a obedecer ciegamente. En cambio, para un ejército revolucionario, el mismo proceso mira a servir los nobles objetivos políticos de la revolución; los regímenes y reglamentos reflejan la naturaleza revolucionaria del ejército, los excelentes principios de edificación de un ejército de tipo nuevo; su aplicación se apoya en la conciencia política, el sentido de libremente aceptada, el espíritu de iniciativa de los cuadros y combatientes. Al apoyarse sobre esta base política, el proceso confiere al ejército revolucionario un poder netamente superior al ejército de las clases explotadoras.

En el transcurso de los años pasados, la promulgación, la modificación y el completamiento de los reglamentos y regímenes tuvieron un gran efecto en la edificación de nuestro ejército. Regímenes tales como el servicio militar, el servicio de los oficiales y los suboficiales, los grados militares, los reglamentos como el reglamento interno, los reglamentos de orden cerrado, de seguridad y de policía, sobre la disciplina y el combate; el trabajo de estado mayor, el trabajo político y logístico… todos contribuyeron a reforzar la centralización de nuestro ejército; están impregnados del pensamiento, de la línea, del arte militar de nuestro partido, así como de sus principios de edificación del ejército, y son apropiados a las condiciones de nuestro ejército y nuestro país. La práctica de la guerra nos ayuda, por otra parte, a completarlos, a aportar las modificaciones necesarias; nos sirve como una experiencia muy útil para la elaboración y el desarrollo de los reglamentos.

En consideración a la situación y a la tarea creciente del ejército de edificarse y combatir, es preciso continuar estudiando y mejorando los regímenes y reglamentos, con vista a servir mejor la edificación actual de un ejército regular. Al propio tiempo es necesario impulsar la elaboración de regímenes y reglamentos cada vez más completos, que sirvan de base para un trabajo ulterior en este sentido. Este sistema deberá englobar todas las actividades de nuestro ejército, y comprender:

- Los regímenes importantes, que reflejen las grandes políticas y directivas del partido y del gobierno en la edificación del ejército y en la consolidación de la defensa nacional, y que tengan fuerza de ley tanto en el ejército como entre la población;

- Los estatutos de organización, composición y equipo del ejército y de las diferentes armas, destinados a servir de base para una organización unificada del ejército;

- Los reglamentos del servicio interno, de orden cerrado, de seguridad y de policía, y sobre la disciplina, que sirvan de base a la vida dentro de un ejército regular;

- Los reglamentos del combate coordinado, del combate de las diferentes armas, destinados a establecer los métodos de combate fundamentales del combatiente y de las unidades en los distintos niveles;

- Los reglamentos del trabajo de estado mayor, del trabajo político, logístico, del trabajo en las escuelas y de los diferentes sectores…

Estimamos que, por muy completo que sea un régimen o un reglamento no podrán responder a todas las exigencias que se plantean en la práctica. Los reglamentos sólo indican la orientación fundamental para las diversas actividades del ejército, y no pueden brindar solución a todos los problemas que se tienen que enfrentar en los distintos momentos y los distintos lugares. Por consiguiente, sin dejar de exigir su escrupulosa aplicación, es necesario tratar siempre de dejar desarrollar el espíritu creador y la ingeniosidad de los cuadros y combatientes, y evitar el extereotipo, lo mecánico.

El contenido de los reglamentos refleja las experiencias, así como las exigencias de la edificación y del combate del ejército durante un tiempo determinado y en determinadas condiciones. La práctica de la edificación y del combate de nuestro ejército, sus capacidades, así como las del ejército enemigo en distintos campos, la ciencia y el arte militar, etc., están en movimiento perpetuo y cambian constantemente. Por consiguiente, los reglamentos deben completarse y desarrollarse sin cesar, para que mantengan una vitalidad renovada y puedan desempeñar un papel efectivo de dirección concreta con respecto a todas las actividades del ejército.

Sobre la base de su edificación y a medida que se vaya completando, es necesario activar el trabajo de educación entre los combatientes, para su aplicación escrupulosa. Esta aplicación debe apoyarse ante todo en el sentido de subordinación a la organización, de disciplina de los cuadros y combatientes; debe convertirse progresivamente en una práctica corriente, en un estilo de trabajo, en un nuevo hábito de la clase obrera ligada a la producción moderna, no de los pequeños productores ligados a una producción dispersa, artesanal, “libertaria”.

Para activar la edificación del ejército regular, un problema de importancia primordial es el de elevar el sentido de la subordinación a la organización y de la disciplina en el ejército. Lenin decía que el hecho de formular una disciplina estricta, un espíritu de ejecución radical de las órdenes y prescripciones posee una significación sumamente importante para elevar el nivel regular y el poder combativo del Ejército Rojo. “El ejército debe tener una disciplina de las más severas y rectas” . “Es necesario transformar el aparato de mando de arriba abajo, convirtiéndolo en un brazo de acero que ejecute a toda costa las órdenes de combate” .

La disciplina de nuestro ejército es una disciplina severa y justa, libremente aceptada, la disciplina de un ejército revolucionario. Refleja la naturaleza revolucionaria y los principios de edificación ideológica y organizativa del ejército de la clase obrera. Es una verdadera disciplina férrea: de disciplina nuevo tipo, muy firme, y que ningún ejército de las clases explotadoras podrían poseer.

Bajo la dirección del partido, y en el transcurso de un largo proceso de edificación y combate, nuestro ejército ha forjado su propia y hermosa tradición de disciplina revolucionaria. Esta tradición ha sido siempre un importante factor de sus victorias. Pero, en este campo, nuestro ejército no tiene solo cualidades. Surgió y creció en un país agrícola atrasado, que sólo ahora comienza a edificar el socialismo, y donde los vestigios de la economía de pequeña producción siguen todavía vivos en varios sectores de la vida social e individual. Por otra parte, maduró al calor de una guerra revolucionaria prolongada, se desarrolló partiendo de la nada, pasó de la guerrilla a la guerra convencional, ha operado en diferentes teatros de operaciones, se ha batido sin descanso durante décadas en condiciones extremadamente duras… Llegado a su madurez en tales circunstancias, nuestros cuadros y combatientes, cuyos aspectos positivos son esenciales, presentan todavía defectos, hábitos, modos de ser que ya no están de acuerdo con el alto sentido de la subordinación a la organización en un ejército moderno. Todavía no hemos alcanzado un nivel de disciplina militar muy elevado en relación con el desarrollo nuevo de nuestro ejército en cuanto a la organización y el equipo, y que responda plenamente a sus tareas de combate y de edificación cada día más grandes y complejas.

Por esta razón, debemos continuar inculcando en la tropa una profunda conciencia del papel y de las exigencias de la disciplina en un ejército regular moderno; debemos provocar una franca evolución en el espíritu de subordinación a la organización, en el sentido de la disciplina así como en el método de gestión de las tropas, para lograr que el ejército aplique estrictamente los regímenes y reglamentos y cumpla en forma radical todas las órdenes y todas las directivas de los superiores.

Se plantea ante nosotros el problema de edificar un ejército del pueblo, un ejército revolucionario y un ejército regular. Por consiguiente, en el transcurso de este proceso es preciso resolver correctamente las relaciones entre el centralismo y la democracia, entre la dirección del comité del partido y el papel del jefe; las relaciones de unión entre los cuadros y los combatientes, entre superiores y subordinados. Es preciso combinar estrechamente el trabajo ideológico con el trabajo de organización, el trabajo de educación y de persuasión con el entrenamiento práctico y la gestión estricta, el libre consenso con la obligación; aplicar en forma razonable y justa las recompensas y las sanciones. Hay que desarrollar el sentido de la responsabilidad, la conciencia de ser dueño colectivo de cada cuadro, de cada combatiente, con respecto a la aplicación de la disciplina, de los regímenes y reglamentos. En este campo, el papel de ejemplo y las capacidades de organización y de gestión por parte de los cuadros tienen una importancia muy grande.

Junto con la edificación del ejército regular, es necesario continuar dando un fuerte impulso a su modernización. Es ésta una exigencia que tiene carácter de ley en la elevación del poder combativo de nuestro ejército, en el momento en que nuestro pueblo emprende la edificación del socialismo, de las bases materiales y técnicas de la gran producción socialista; y sobre todo en el momento actual, en que las ciencias y técnicas han alcanzado en el mundo un alto grado de desarrollo y llevan incesantemente a grandes y rápidas modificaciones en el equipo y la técnica de los ejércitos. La modernización da a nuestro ejército un equipo y un nivel técnicos cada día más elevados, y lo hace capaz de hacer frente victoriosamente a cualquier agresor.

Modernizar significa renovar incesantemente el equipo y la técnica del ejército, multiplicar las armas técnicas, elevar entre los cuadros y combatientes el nivel de conocimiento y de utilización de las armas y medios bélicos nuevos. Significa, además, edificar una industria de defensa nacional moderna, desarrollar una red de comunicaciones modernas, que permitan al ejército operar en las condiciones de la guerra moderna. El equipo y la técnica modernos, unidos a una naturaleza política sólida y a un nivel de organización científico, asegurarán progresos sin precedentes en el poder combativo de nuestro ejército. El hombre nuevo en el ejército popular debe estar animado por un ardiente patriotismo, por una conciencia socialista elevada, por un sentido profundo de la subordinación a la organización y a la disciplina, y debe poseer conocimientos militares modernos.

Apoyándose en los éxitos de la revolución técnica en la edificación del socialismo en el norte en el transcurso de los años pasados, y en la ayuda de los hermanos países socialistas, nuestro ejército posee hoy una base material y técnica más poderosa que nunca. Nuestra infantería está dotada de armas muy modernas. Las fuerzas y armas (fuerzas terrestres, aviación, marina, artillería, defensa aérea, blindados, ingeniería militar, tropas químicas, transmisiones, transportes, etc.), están todas equipadas con armas y medios bélicos modernos. En armonía con este desarrollo, ha comenzado a tomar cuerpo una red de bases que aseguran el buen funcionamiento de la técnica. Nuestros cuadros y combatientes han progresado mucho en el conocimiento y la utilización de las armas y medios modernos, en las condiciones concretas del teatro de guerra de nuestro país. Es evidente que, después del período final de la resistencia antifrancesa y hasta el presente, nuestro ejército ha realizado grandes progresos en el sentido de la modernización. Las grandes victorias logradas por él en la resistencia antiyanqui son inseparables de este desarrollo de materia y de equipos y técnica.

Sin embargo, se trata solo de los primeros progresos. En comparación con muchos países de nuestro campo y del mundo, el novel de modernización de nuestro ejército no es todavía muy alto. Entre él y el ejército enemigo sigue existiendo un enemigo entre el equipo y la técnica. Tanto la resistencia antinorteamericana en lo inmediato, como la defensa del país a largo plazo, exigen aún grandes esfuerzos en la modernización de nuestro ejército. Es esta para nosotros una tarea y una aspiración de nuestro ejército y nuestro pueblo.

Debemos edificar un ejército moderno adaptado a las condiciones concretas y que responda lo mejor posible a los imperativos de nuestra defensa nacional. Debemos, pues, dominar las líneas política, militar y de edificación económica del partido, partir de las posibilidades y condiciones reales de nuestro país, tener presente el enemigo a combatir y la correlación de fuerzas entre nosotros y el enemigo, el arte militar de la guerra del pueblo, el sentido de la ciencia y de la técnica militares en el mundo, para resolver en forma creadora el problema de la modernización del ejército.

Debemos seguir esforzándonos por renovar incesantemente el equipo y la técnica de nuestro ejército, que posee armas modernas y menos modernas para reforzar su potencial de juego, su fuerza de choque su movilidad. Es preciso apoyarse, por una parte, en el desarrollo de la economía nacional y, por la otra, aprovechar al máximo la ayuda de los llamados países socialistas, con vistas a realizar progresos rápidos en vísperas de la renovación del equipo y de la técnica de nuestro ejército.

En nuestra época, un ejército moderno debe comprender numerosas fuerzas y armas. Por consiguiente, es necesario edificarlo de forma equilibrada y adecuada.

Hoy, y para un período bastante largo en el futuro, en nuestro ejército popular las fuerzas terrestres constituyen las fuerzas fundamentales; la infantería es el arma esencial, y la artillería es el principal poder de fuego. Continuaremos reforzando nuestras fuerzas aéreas, nuestra defensa aérea, nuestra marina, nuestros blindados, nuestras tropas de ingeniería, de trasmisiones, químicas, de transportes; continuaremos organizando las armas y los servicios de forma racional, para aumentar cada día más la proporción de las fuerzas y armas técnicas en la estructura del ejército; continuaremos desarrollando cada día más su efecto en el combate coordinado de las fuerzas y de las armas en la guerra moderna. Nuestro ejército debe estar listo a vencer al enemigo, tanto en las situaciones en que éste utilice armas convencionales como en el caso en que se atreva a hacer uso del arma nuclear.

Para que un ejército moderno pueda desarrollar toda su eficacia, es indispensable asegurar el conocimiento de la técnica y poseer una buena red de comunicaciones. Es necesario, además, sobre la base de una alianza estrecha entre las exigencias de la defensa nacional y de la economía, entre la edificación de las bases nacionales y las del ejército, intensificar la edificación de una industria de defensa nacional y de una red de comunicaciones apropiadas a las exigencias del combate de nuestro ejército y a las realidades de nuestro país.

Esta industria debe ser capaz de asegurar las reparaciones pequeñas, medianas y grandes; debe producir las piezas de repuesto, los artículos destinados a mejorar el equipo y el material en el sentido que exigen las tácticas y, al propio tiempo, debe llegar a producir ciertos tipos de armas y medios bélicos en la medida de nuestras posibilidades. Es preciso ampliar incesantemente las red de comunicaciones, que comprende carreteras, vías férreas, fluviales, marítimas, aéreas; combinar estrechamente las vías de comunicación importantes desde el punto de vista militar con las que son importantes para la economía, las comunicaciones nacionales y regionales; satisfacer las necesidades del ejército moderno en cualquier circunstancia.

La modernización del ejército exige largos esfuerzos y está subordinada al nivel de desarrollo de las bases materiales y técnicas del socialismo. Así, pues, sobre la base de una coordinación estrecha con los planes de desarrollo económico y cultural, es preciso trazar un plan a largo plazo de modernización del ejército, con vista a fijar la orientación y los grandes objetivos que han de servir de base para la formación de los cuadros, para la investigación científica y técnica, las condiciones de infraestructura, etc. Es importante trazar al propio tiempo, planes a corto plazo con objetivos precisos, de modo que se pueda hacer avanzar al ejército a medidas que las posibilidades lo permitían.

El ejército del pueblo comprende tropas regulares y tropas regionales, desempeñando estas últimas un papel estratégico importante en la guerra del pueblo. Por esta razón, en la edificación del ejército popular prestamos una atención particular a la edificación de las tropas regulares, sin dejar de edificar las tropas regionales.

Gracias a las correctas directivas del partido, durante los años de la resistencia antinorteamericana las tropas regionales experimentaron nuevos desarrollos desde los puntos de vista de la organización, del equipo, de la capacidad combativa y del mando… en primer lugar, las que han combatido directamente contra la guerra yanqui de destrucción sistemática: las tropas antiaéreas, la artillería, la ingeniería militar… en muchas provincias, ciudades, distritos y regiones industriales, unidades de artillería de la DCA han derribado numerosos aviones yanquis, unidades de artillería terrestre han incendiado barcos enemigos, unidades de ingeniería han contribuido ampliamente a mantener abiertas las vías de comunicación, unidades de infantería han puesto rápidamente fuera de combate a los comandos enemigos y llevado a cabo con éxito muchas otras tareas. Con un poder combativo nuevo, las tropas regionales se mantienen listas para hacer fracasar, junto con otras fuerzas armadas, cualquier aventura militar del imperialismo norteamericano. Está claro que, en cierto sentido, nuestras tropas regionales de hoy están más desarrolladas que nuestras tropas regulares en la etapa final de la resistencia antifrancesa. Esto ha contribuido a aumentar el poder de la guerra del pueblo en las regiones, lo cual confirma que la decisión de reforzar las tropas regionales y dotarlas de las armas necesarias, abastecerlas de armamento y material bélico moderno, y transformarlas progresivamente en tropas regulares y modernas, es correcta.

La edificación de las tropas regionales debe llevarse a cabo siguiendo los principios y orientaciones definidos para la edificación del ejército del pueblo. Sin embargo, por sus tareas de combate, por el carácter de sus actividades, por sus métodos de combate, que difieren más o menos de los de las tropas regulares. Y por estar acantonadas en su región, es necesario aplicar en forma adecuada este principio y esta orientación.

La edificación de las tropas regionales debe basarse en las características particulares de cada región, en su posición militar, en sus particulares misiones de combate dentro del conjunto de la misión general de las fuerzas armadas, en su potencial humano y económico, en las condiciones del terreno, en la apreciación de la situación enemiga en la región… La envergadura de las tropas regionales, su composición, su equipo, su forma de combate en cada provincia, ciudad, distrito, región industrial, no pueden ser copiaos de las tropas regulares, ni pueden repetirse mecánicamente de una región a otra.

También en el caso de las fuerzas regulares y su transformación en ejército regular y moderno, siempre hemos insistido en la necesidad de otorgar una atención suficiente a las características de la misión y de los métodos de combate… de las diferentes fuerzas que operan en los diversos teatros de la guerra, para determinar la organización de las tropas, su composición, equipo, modo de vida… en forma apropiada, evitando uniformarlas mecánicamente.

Tratándose de las tropas regionales, esta transformación requiere una atención suficiente a las circunstancias y condiciones concretas, a las características propias de cada región. La transformación debe tener un contenido concreto que refleje tanto la centralización y la unificación necesarias como la diferenciación, no menos necesaria, entre las regiones. Alegar particularidades de tal o más cual región para subestimar la necesidad de la centralización y la unificación, subestimar la importancia de la subordinación a la organización y la disciplina, descuidar la aplicación de regímenes y reglamentos entre las tropas regionales es un grave error; a la inversa, realizar la centralización y la unificación según una fórmula estereotipada, en forma mecánica, es otro error. Al realizar la modernización, es necesario también determinar exactamente sus exigencias, saber utilizar los armamentos y los medios apropiados, combinando siempre estrechamente los armamentos y los medios modernos, con los menos modernos y los rudimentarios. La experiencia nos enseña que armas incluso muy modernas son ineficaces si no son apropiadas a las regiones; y también es cierta la situación inversa. Batir al enemigo, desempeñar correctamente el papel de andamiaje, de fuerza de choque en la lucha armada en la región, cumplir cabalmente todas las tareas: éste es el objetivo que debemos proponernos al aplicar los principios de edificación de las tropas regionales.

Las provincias, las grandes ciudades, las regiones industriales en el norte de nuestro país ocupan en el momento actual un territorio bastante vasto, con una población de uno a dos millones de hombres cada una de ellas. Paralelamente al desarrollo de la economía central, nuestro partido ha decidido dar un fuerte impulso a la economía regional, para hacer de las provincias las grandes ciudades y las regiones industriales unidades económicas cada día más poderosas. Es preciso unir estrechamente la economía y la defensa a escala regional, dar a las provincias, las grandes ciudades y las regiones industriales solidez y poder en todos los aspectos, hacer de ellas unidades estratégicas fundamentales de la guerra del pueblo a escala regional.

Los éxitos de la revolución socialista y de la edificación socialista a escala regional, así como a escala nacional, han creado y siguen creando en las regiones, y en todos los aspectos, crecientes posibilidades para la edificación y el desarrollo de las tropas regionales.

En las condiciones actuales, que exigen la intensificación del trabajo militar regional con el fin de contribuir activamente a la derrota de cualquier aventura militar del imperialismo norteamericano, defender eficazmente el norte socialista y cumplir cabalmente el papel de gran retaguardia con respecto al sur combatiente, es preciso imprimir un nuevo impulso a la edificación de las tropas regionales. Estas tropas deben contar con fuerzas permanentes en cantidad racional, y con fuerzas de reserva poderosas, bien organizadas y entrenadas, listas para engrosar rápidamente para engrosar los efectivos combatientes cuando la situación lo exija. Es necesario disponer de fuertes unidades de infantería y de otras armas, dotadas de armamentos y medios bélicos modernos y menos modernos, bien entrenadas, de gran movilidad, con métodos de combate llenos de inventiva y con una creciente capacidad de combate. Las tropas regionales deben distinguirse tanto en el gran combate como en la guerrilla, deben poder operar estrecha coordinación con las milicias de autodefensa y de guerrilla, así como con las tropas regulares dependientes del Alto Mando, para aniquilar al enemigo y defender la región.

Con tropas regionales poderosas, edificadas en armonía con las condiciones de cada región y que puedan responder a las exigencias del combate en su territorio, con milicias de guerrilla y de autodefensa fuertes y presentes en todas partes; con la estrecha colaboración de las unidades armadas de seguridad cada día más consolidadas, las fuerzas armadas populares regionales en el norte socialista poseerán un nuevo poder combativo muy grande, y la guerra popular en las regiones dispondrá de nuevas posibilidades considerables.

Para realizar con éxito la edificación de las fuerzas armadas regionales, en particular, y el trabajo militar regional en general, es necesario reforzar la dirección de las instancias del partido con respecto al trabajo militar regional, consolidar los organismos militares regionales, formar un contingente de cuadros militares regionales. Los organismos militares regionales deben estar a la altura de las tareas militares de la región, deben estar a la altura de las tareas militares de la región, debe ser capaces de dirigir y mandar a las tropas regionales tanto en su edificación como en el combate, y dirigir a las fuerzas armadas de masas en la región.

Es preciso elevar el nivel de dirección general y particular del trabajo militar regional, para que este último responda a los imperativos de la defensa nacional actual y futura en la región, y para que avance paralelamente con las nuevas potencialidades, cada vez mayores, de la construcción y del desarrollo de la economía regional.

Para que el ejército domine el equipo y la técnica modernos, para que conozca a fondo los principios del arte militar, para que los aplique magistralmente y posea una alta capacidad combativa, es indispensable prestar la mayor atención a la instrucción militar. Se trata de un trabajo importante, permanente, en la edificación del ejército, tanto en tiempo de paz como durante la guerra, para elevar las capacidades combativas de las tropas y mantenerlas siempre listas para el combate.

La instrucción militar tiene el objeto, en definitiva, de vencer al enemigo. Por consiguiente, debe concordar con las tareas y la línea militar, con los imperativos del arte milita, con la situación real del enemigo y la nuestra, en cada período determinado. La instrucción militar debe obedecer totalmente al principio de hacer que el ejército asimile todo lo que la guerra exige de él; debe formar al ejército en todos los aspectos: voluntad de combatir, sentido de la organización y de la disciplina, estilo de combate, técnica, táctica, resistencia física, etc.… Debe elevar el nivel de esta formación para ponerla en condiciones de responder lo mejor posible a las realidades prácticas del combate; debe exaltar el espíritu de ofensiva, el valor, la determinación, la ingeniosidad, el espíritu inventivo de los cuadros y combatientes en todos los actos del combate.

Para adaptarse a los imperativos de la guerra moderna, sobre la base de una asimilación completa del pensamiento operacional en nuestro ejército, y de nuestro arte militar, instruir a los cuadros y combatientes de modo que conozcan y utilicen perfectamente todo el equipo, todas las técnicas modernas; que asimilen y lleven correctamente a la prácticas los principios operacionales, los principios tácticos, los principios de organización y mando de acciones concertadas de diferentes fuerzas y armas. Formar al ejército para hacerlo capaz de librar diferentes géneros de combate, de distinguirse tanto en la ofensiva como en la defensiva, tanto en la guerra de movimientos como en el ataque a obras fortificadas, tanto en las operaciones coordinadas como en los enfrentamientos aislados, en batallas de cualquier envergadura, en todos los terrenos, con cualquier tiempo y en las circunstancias más complejas. Nuestro ejército debe estar listo para vencer al enemigo, ya use éste armas convencionales o se atreva a emplear su arsenal nuclear o químico.

Para lograr el éxito en la acciones interarmas, el ejército debe ser fuerte en toda su estructura, de arriba abajo, desde el órgano de mando a las unidades de base, en todos los niveles, en todas las armas y sectores. Así, pues, hay que asegurar una buena formación en cada nivel operacional y en cada uno de los peldaños tácticos; una buena instrucción tanto del combatiente como de las formaciones pequeñas o grandes, del órgano del mando, de la unidad de combate, de la unidad de apoyo. Dominar bien la instrucción de los cuadros y órganos de mando, preocuparse por construir unidades de base fuertes y aguerridas.

Enseñar al ejército a contener la evolución de la situación del enemigo desde todos los puntos de vista, a mantenerse listo para hacer fracasar cualquier nuevo procedimiento de guerra que éste emplee. Prestar una atención particular al estudio y al desarrollo creador de la rica experiencia de combate de nuestro ejército, y al propio tiempo estudiar en forma selectiva y creadora la de los ejércitos de los hermanos países socialistas.

Es peligroso, tanto en la guerra como en la paz, complacerse en la autosatisfacción y descuidar el arte militar. De modo que es necesario coordinar estrechamente el estudio de la ciencia militar y la instrucción militar, desarrollar y mejorar incesantemente nuestro arte militar, poner el acento en la síntesis de la experiencia en materia de instrucción, perfeccionar el contenido y los métodos de instrucción, poner a nuestro ejército en condiciones de aplicar, en cualquier circunstancia, su excelente arte militar y sus grandes capacidades combativas, con vista a vencer al enemigo.

Una buena edificación de un ejército popular regular y moderno implica un punto clave: la formación de un contingente de cuadros fuerte y poderoso en todos los aspectos.

Este contingente debe ser calificado, debe comprender efectivos suficientes y satisfacer los imperativos cada vez más elevados de las tareas revolucionarias; debe reflejar el crecimiento continuo de nuestro ejército, comprender un sólido núcleo y abundantes fuerzas de reserva y relevo. Estructuralmente, será completo, equilibrado; comprenderá a la vez cuadros de dirección, de mando, cuadros especializados, técnicos, cuadros superiores y cuadros de base, cuadros del ejército regular y de las tropas regionales, cuadros del activo y de las reservas, que respondan a las exigencias tanto del tiempo de paz como del tiempo de guerra, tanto a las exigencias inmediatas como a las de largo plazo, de las diversas fuerzas y armas de nuestro ejército.

Para llegar a formar este contingente de cuadros, es preciso, en primer lugar, comprender y observar siempre escrupulosamente la línea del partido en relación con los cuadros. El carácter de la clase obrera que debe marcar este contingente es un problema fundamental en esta línea. La solución –satisfactoria o no- que se dé a este problema tiene una gran importancia: nuestro ejército será capaz o no de mantener y exaltar su naturaleza revolucionaria, de ser firme y sólido en cualquier circunstancia, de elevar su espíritu de ofensiva y su heroísmo revolucionario. En cualquier situación, debemos conocer bien esta línea del partido, observar estrictamente la orientación de clase y los criterios políticos que el partido ha definido para cada fase de la revolución. En las condiciones de una sociedad donde todavía existen las clases, la guerra y el ejército, hay que recordar siempre este principio y atenerse a él: no disminuir nunca el carácter de clase en la edificación del contingente de cuadros para nuestras fuerzas armadas.

Como cuadros de un ejército revolucionario, regular y moderno, los nuestros deben poseer una sólida base política, un excelente nivel de conocimientos políticos, militares, especiales y técnicos y una cultura cada vez más elevada. La calificación de nuestros cuadros debe materializarse en su capacidad de cumplir con éxito cualquier tarea –combate, trabajo- que el partido les confíe.

En primer lugar, los cuadros deben mostrar una fidelidad a toda prueba hacia el partido, hacia la obra revolucionaria del proletariado, hacia el ideal comunista; deben estar animados por un patriotismo ardiente, una devoción sin límites al pueblo, a la patria, puros sentimientos revolucionarios, un gran espíritu de ofensiva revolucionaria, una firme voluntad de combatir y vencer, un odio implacable al enemigo, heroísmo en el combate, abnegación en el trabajo, alto sentido de la organización y la disciplina, un buen estilo de combate y de trabajo, sin temor ante las pruebas ni los sacrificios; serán valientes y decididos, ingeniosos e inventivos; realizarán todas las tareas en cualquier circunstancia.

Nuestros cuadros deben llegar a poseer conocimientos profundos en los dominios político, militar, científico y técnico; conocimientos indispensables en materia económica; capacidades de dirección y mando, organización y acción. Deben estudiar para asimilar bien los principios del marxismo – leninismo en los problemas de la guerra y el ejército y la línea política y militar y la ciencia militar del partido; deberán conocer las tradiciones y experiencia de la guerra de nuestro pueblo; deberán conocer más a fondo al enemigo; aprenderán en forma selectiva y creadora la experiencia de los hermanos países socialistas y, al propio tiempo, las nuevas realizaciones de la ciencia militar mundial. Se les pide un esfuerzo paciente para elevar su nivel cultural, científico y técnico, sus capacidades de gestión e instrucción del ejército, de dirección y mando, de organización en las acciones concertadas entre diversas fuerzas y armas.

La edificación del ejército popular, regular y moderno, exige un contingente de cuadros que sea expertos en la técnica y seguros políticamente, que sirvan de núcleo en la utilización, la gestión, el perfeccionamiento y la invención de equipos y técnicas modernos. El contingente de cuadros debe comprender todas las ramas indispensables y el nivel profesional vario: cuadros medios, superiores, ingenieros – jefes y científicos; debe dominar la ciencia y la técnica modernas, aplicarlas en forma creadora para resolver mejor los problemas técnicos de nuestro ejército, y contribuir al propio tiempo a la edificación de la ciencia y la técnica de nuestro país. Debemos tener un contingente de investigadores que conozca el marxismo leninismo, la ciencia militar, la práctica de la revolución y de la guerra revolucionaria en nuestro país… para que sirva de columna vertebral al estudio y el desarrollo de la teoría y la ciencia militares.

Al hablar de los cuadros del ejército popular, no podemos dejar de mencionar a los reservistas. Su papel es parecido al de las fuerzas de reserva del ejército en la guerra. Por consiguiente, su formación debe marchar pareja con la edificación del contingente de cuadros del ejército en activo, para constituir un potencial. Sus efectivos deberán ser suficientes, bien calificados, bien estructurados, equilibrados, para poder responder en cualquier circunstancia a las necesidades de crecimiento del ejército, de sus diferentes fuerzas y armas. Es necesario asegurar un buen control de los cuadros militares desmovilizados, y al propio tiempo impartir una instrucción conveniente a los reservistas, reglamentar la inscripción, el censo, la movilización en las distintas ramas de actividad, organismos del estado, empresas y fábricas, escuelas, etc.… y en las fuerzas armadas populares.

Las leyes del desarrollo de la revolución y de sus fuerzas armadas revolucionarias postulan que nuestro partido asocie estrechamente los cuadros veteranos a los cuadros jóvenes. Será necesario perfeccionar a los primeros, ricos en experiencia, y al propio tiempo formar, perfeccionar y promover ampliamente a los segundos, forjados en el combate y el trabajo, poseedores de virtudes revolucionarias y aptitudes, que son promesas para el futuro y pueden servir durante mucho tiempo en el ejército.

Para formar este contingente de cuadros, podemos seguir varios caminos: forjarlos al calor del combate y el trabajo, y formarlos y perfeccionarlos en escuelas o en cursos nocturnos mientras siguen realizando sus actividades normales. Tanto en lo inmediato como en el futuro, el sistema de las escuelas del ejército desempeñan un papel de primerísimo importancia. Es necesario reforzarlo y consolidarlo con academias, facultades y escuelas para la formación y el reclutamiento, organizadas por las distintas fuerzas y regiones militares.

Paralelamente con la edificación del ejército popular, regular y moderno, es preciso aumentar en todas partes las fuerzas armadas de masas, numerosas y potentes, desarrollar en el campo y las ciudades las milicias campesinas y de autodefensa, con efectivos considerables, una calidad cada vez más alta, una capacidad combativa cada vez mayor, en armonía con el desarrollo, en todos los aspectos, de la construcción del socialismo en nuestro país, y correspondiendo a los imperativos, cada vez más elevados en las condiciones modernas, de la guerra del pueblo y de la guerra por la defensa de la patria socialista.

Estas fuerzas deberán estar en condiciones de servir de andamiaje a todo el pueblo que defiende las regiones en la propia base, de desempeñar plenamente su papel de elemento de choque en el desarrollo económico, así como de constituir poderosas reservas para el ejército popular. Las mismas formarán una base sólida para la defensa nacional de todo el pueblo y la guerra del pueblo. Junto con el ejército popular, constituyen unas poderosas fuerzas armadas del estado socialista, capaces de hacer frente en la actualidad al imperialismo yanqui, y a cualquier otro invasor eventual en el futuro; capaces de realizar con éxito las tareas encomendadas por el partido y el pueblo; capaces de salvaguardar las conquistas de la revolución y defender la soberanía, la integridad territorial y la seguridad d la patria.

Intensificar en todas las circunstancias la edificación de las fuerzas armadas de masas, amplias y poderosas, tanto en tiempos de guerra como en tiempos de paz, es una manifestación concentrada en la alta vigilancia revolucionaria de nuestro pueblo. En la resistencia actual, esto es necesario para contribuir a la defensa y la construcción del norte socialista y hacer fracasar cualquier maniobra y acción de guerra del imperialismo norteamericano. Más tarde, cuando esta larga y dura resistencia haya concluido victoriosamente y nuestro pueblo haya conquistado la independencia y la libertad totales y esté enfrascado en la reconstrucción del país en la paz, entonces las fuerzas armadas permanentes podrán disminuir, mientras que aumentarán en proporción las fuerzas armadas de masa para mantenernos listos a hacer frente a cualquier eventualidad, coordinando estrechamente la edificación económica y la defensa nacional, la reconstrucción del país y los preparativos para defenderlo.

Como todos sabemos, las fuerzas armadas de masas constituyen uno de los dos componentes fundamentales de la organización militar de nuestro estado; y las milicias populares constituyen uno de los tres elementos de las fuerzas armadas populares. Como organización armada revolucionaria del partido, las milicias deben edificarse de acuerdo con la línea, los puntos de vista y los principios comunes de la edificación de las fuerzas armadas revolucionarias. Se trata de un problema de posición, de principio, que nos cuidamos mucho de no perder de vista. Son organizaciones armadas no separadas de la producción, y cuyos miembros son a la vez civiles y militares: no pertenecen a las fuerzas armadas permanentes y se diferencian del ejército regular y de las tropas regionales. Es preciso captar bien estas diferencias para poder impulsar vigorosamente la edificación de las fuerzas armadas de masas y lograr que desempeñen plenamente su papel estratégico eminente de milicias populares.

Las milicias populares, amplias fuerzas armadas de masas, condensan en forma directa el carácter multitudinario de la organización militar del estado proletario, carácter surgido de la liberación de la clase obrera, tal como lo había previsto Engels. Las milicias populares son la fuerza armada más estrechamente ligada y más directamente unida a las fuerzas políticas. Extraen su poder combativo del poder de las masas en la base, en cada localidad. Por este motivo, al organizarlas, es muy importante desarrollar sus efectivos y movilizar hasta el último hombre de las fuerzas políticas locales.

Como fuerzas armadas no separadas de la producción, se dedican directamente a la producción, sin dejar de combatir directamente para defender la producción, la vida y los bienes de la población. Todas sus actividades militares están íntimamente ligadas a las actividades productivas, económicas y culturales. La fuente de su poderío reside en la de todos los campos de la organización de la producción. En el campo, el poder combativo de las milicias campesinas marcha parejo con la pujanza de las cooperativas; el de las milicias de autodefensa en las ciudades y zonas industriales va unido a la fuerza, en todos los aspectos, de las fábricas, empresas, obras, etc. Por consiguiente, al crear las milicias es necesario coordinar siempre estrechamente las exigencias de la producción y las del combate, las exigencias de la economía y las de la defensa nacional. Sin este principio, esta edificación no tendría éxito y las milicias carecerían de poder combativo.

Las milicias populares son las fuerzas armadas que más íntima y directamente están vinculadas a la base, a las localidades. Son el fundamental instrumento de violencia del poder popular en la base, organizado y dirigido por las instancias locales del partido. Edificadas en las condiciones particulares de la base en cada localidad, las milicias crecen y combaten en ellas. Su valor combativo debe materializarse, en primer lugar, en su capacidad para cumplir su misión de combate y de producción localmente. Al organizarlas, es indispensable basarse en las tareas del combate y de la producción de cada localidad, de cada base, así como de su estructura real desde los puntos de vista político, económico, militar, geográfico, etc., para impartir directrices y fijar medidas adecuadas, evitando caer en el estereotipo, en lo mecánico.

Las milicias populares combaten esencialmente en orden disperso, practican la guerrilla, se adhieren a la población, al suelo, combaten en sus propios centros de producción y de vivienda, cansan a las fuerzas adversarias y las aniquilan por partes, defienden directamente la vida y los bienes de la población local. Se comprende que su organización no puede calcarse mecánicamente de la del ejército regular ni de la de las tropas regionales, que constituyen formaciones concentradas, que operan en grados diferentes, en orden compacto y en forma convencional.

En el actual Vietnam del Norte, las milicias populares están organizadas sobre la base del régimen socialista, que se consolida y refuerza constantemente. Esto plantea un conocimiento perfecto de las características de este régimen en lo que respecta a las relaciones de producción, a la estructura de las clases sociales, etc., para sacar el mayor provecho de su indiscutible superioridad en los planos político, moral y organizativo, de las nuevas posibilidades ofrecidas por la base material y técnica, del desarrollo del hombre nuevo entre la clase obrera y entre los campesinos colectivistas, para estar en condiciones de imprimir un impulso cada vez más enérgico a la edificación de las milicias populares.

En primer lugar, hay que asegurar la más amplia expansión numérica de sus efectivos. Es éste un imperativo cuya importancia debemos subrayar en la organización de las fuerzas armadas de masa. Lenin dijo: “La victoria de la revolución depende del número de masas proletarias y campesinas que se alcen para defenderla” .

Gracias a la superioridad del régimen socialista, estamos perfectamente en condiciones de reunir grandes masas en las organizaciones locales de combate o de servicios para el combate; estamos en condiciones de aumentar la proporción de milicianos en la población, con el fin de hacer de las milicias una amplia organización militar del pueblo trabajador. Preconizamos una educación militar generalizada, con vista a dar a todas las capas de la población, a todos los jóvenes y viejos, a todos los muchachos y las muchachas, una preparación militar necesaria y apropiada, que les permita realizar su deseo de participar en la lucha contra el enemigo. Estamos decididos a lograr que el enemigo –si se atreve a desencadenar una guerra de agresión total contra nuestro país- se enfrente a la respuesta, no de unos cientos de miles o de unos millones de personas, sino de decenas de millones de nuestro pueblo entero levantado en todas partes, desde las montañas hasta el llano, desde la región media hasta la costa, en el campo y las ciudades, para que, estrechamente asociado con el ejército popular, ataque dondequiera, en todas las formas y con todo tipo de armas.

El poder de las fuerzas armadas de masas en el régimen socialista no reside sólo en sus efectivos numerosos, sino también en la calidad, en la organización de los armamentos, en la forma de combate y, fundamentalmente, en su poder político-moral. Es importante, pues, conocer a fondo los principios del partido acerca de la organización de las fuerzas armadas revolucionarias, y aplicarlos en la organización de las milicias populares; consolidar y reforzar la dirección del partido en relación con las milicias; prestar la mayor atención al trabajo político y conocer bien la línea de clase y los criterios políticos en su organización, para hacer de ellas el instrumento eficaz y seguro de la dictadura del proletariado en la base. Su conciencia política está directamente ligada a la del pueblo trabajador. Su educación política no puede separarse de la del pueblo trabajador de la localidad, en la base, y debe ser resuelta simultáneamente por las organizaciones del partido, los organismos de masas, los órganos de poder, los centros de producción y los organismos militares de la localidad.

Como contenido de la educación política e ideológica, además de las nociones comunes a todos los ciudadanos, las milicias deberán asimilar las tareas de las fuerzas armadas revolucionarias en general y las de las milicias en particular, las tareas militares de la localidad. Aumentarán su vigilancia revolucionaria, su voluntad de defender a la patria, su espíritu de sacrificio en la defensa de la vida y los bienes de la población en la aldea, el barrio, la cooperativa y la fábrica; aumentarán su conciencia de ser dueños colectivos en la defensa y la edificación del país.

Como organización, se debe edificar al propio tiempo las milicias campesinas, las milicias de guerrillas en el campo, en las cooperativas; las de autodefensa, la autodefensa de choque en la ciudad, en las zonas industriales, en el centro de trabajo, en la granja estatal, en los organismos del poder, en la escuela. A medida que la construcción del socialismo se desarrolla, aumenta el número de zonas industriales y nuevas regiones económicas. Entre la población, la proporción de obreros, cuadros, funcionarios y pueblo trabajador en las ciudades crece constantemente. Al propio tiempo, en los campos se realizan muchas modificaciones: en las cooperativas agrícolas las relaciones de producción se consolidan, se refuerzan las bases materiales y técnicas; la clase de los campesinos colectivistas se amplía. En este contexto, las milicias de autodefensa desempeñarán un papel cada vez más destacado junto a las milicias campesinas, y será necesario organizar la autodefensa paralelamente con las milicias campesinas. Las primeras deben traducir el desarrollo en todos los aspectos y el poder combativo de la clase obrera y del pueblo trabajador de las ciudades; las segundas, los de la clase de los campesinos colectivistas y del campo socialista en el norte de nuestro país.

Nuestro país comprende la región montañosa, la región media, el delta, la zona costera, las ciudades y los centros industriales. Cada región ocupa una posición de importancia variable en los planos político, económico y estratégico, y posee sus particularidades desde los puntos de vista geográfico, de la población, de las costumbres y hábitos, de las potencialidades amplias y variadas… Es necesario partir de estas particularidades regionales para trazar la orientación y las tareas apropiadas a cada región en la edificación de las fuerzas armadas de masas. Naturalmente, esta edificación varía entre la región montañosa y el delta, entre la costa y el interior, entre los campos y la ciudad. Sólo así podemos poner a las milicias populares en condiciones de utilizar a fondo los recursos propios de cada región en hombres, equipos y armas, para convertirlas en fuerzas locales aguerridas, acostumbradas a combatir y a servir al combate en las condiciones particulares de cada región, desempeñando el papel de punta de lanza en el desarrollo de la guerra del pueblo en la base, y de las fuerzas de choque en la construcción y el florecimiento de la economía local.

Las milicias populares cumplen simultáneamente con la tarea militar y la producción, o con cualquier otro trabajo del aparato estatal. Por consiguiente, al edificarlas, hay que tener en cuanta todas las condiciones de la producción, del trabajo, del estudio, de la vida de la población, y apoyarse en las bases de producción; brigadas de producción y cooperativas agrícolas, fábricas, empresas, granjas estatales, servicios públicos, escuelas, aldeas y comunas, barrios… Sólo bajo estas condiciones lograrán las milicias populares unir estrechamente el combate, la producción y el trabajo en cualquier circunstancia, tanto en tiempo de guerra como en la paz.

Es necesario explotar al máximo y sacar la mayor ventaja de las posibilidades existentes y siempre crecientes de las distintas ramas de la economía nacional y de otras ramas de actividad de la sociedad, organizar y utilizar racionalmente sus fuerzas de milicias con el fin de elevar la capacidad combativa de las milicias y permitirles combatir y servir al combate con eficacia. En los años de resistencia a la guerra norteamericana de destrucción sistemática, se ha formado progresivamente en las ciudades y los centros industriales la autodefensa en distintos sectores: ingeniería mecánica, construcción, comunicaciones, correos y telecomunicaciones, asistencia médica, actividades fluviales y marítimas, etc.… La experiencia demuestra que, si se sabe aprovechar la competencia técnica y especial de cada rama, las milicias podrán especializarse y se podrá prescribir una orientación para la edificación de las milicias, para su correcta utilización, su organización y una distribución racional del trabajo. Esto dará a las fuerzas armadas de masas nuevas y considerables potencialidades, las hará capaces de responder a los imperativos de la guerra moderna, de coordinar eficazmente su acción con la de las tropas regionales y el ejército regular, de engrosar las filas de las distintas fuerzas y armas del ejército popular.

En cuanto al equipo, partiendo de las exigencias del combate y la topografía, preconizamos dotar gradualmente a las milicias de guerrilla y a las milicias de autodefensa de choque de un cierto número de armas y medios bélicos relativamente modernos y adecuados; y esforzarnos, al propio tiempo, por aumentar sus armas rudimentarias y mejorarlas. La revolución técnica en el norte de nuestro país tiende a construir la nueva base material y técnica del socialismo, a mecanizar el trabajo artesanal, confiriendo ya desde ahora un nuevo contenido a la directiva de “equipar con los medios a nuestro alcance”. Si en el pasado la aplicación de esta directiva para las milicias estaba ligada, en lo esencial, a una técnica rudimentaria, hoy tiende a explotar cada vez más la técnica moderna. Con las nuevas posibilidades de las regiones en el momento actual, debemos utilizar al máximo los medios y las armas relativamente modernos existente en el país, para equipar las fuerzas de choque de las milicias. Sin embargo, nos cuidaremos mucho de subestimar las armas y los medios rudimentarios o mejorados. La práctica de la guerra de larga duración en nuestro país ha demostrado que estos últimos son muy eficaces, que poseen un gran poder que permite al conjunto de la población combatir al enemigo con procedimientos muy variados e ingeniosos en una guerra de autodefensa en nuestro propio suelo. Además, por muy industrializado que sea un país, no podría en realidad suministrar armas suficientes a toda la población. Por esta razón, mientras la vanguardia de las fuerzas armadas de masas está provista de armas y medios bélicos nuevos, más modernos, la gran mayoría de la población, en cambio, debe utilizar todo tipo de armas y medios rudimentarios mejorados. De otro modo, el armamento de la población, de las grandes masas, se vería limitado.

Continuar impulsando la organización y el desarrollo de los equipos, los grupos, las unidades especializadas en las milicias: es esta una fase que tiene carácter de ley en la elevación del poder combativo de las milicias en las condiciones de una guerra moderna, cuando sus equipos pueden ser gradualmente perfeccionados y aumentados, cuando nuestro pueblo persigue la industrialización socialista del país y edifica las bases materiales y técnicas del socialismo.

Gracias a las justas orientaciones del partido, durante los años de resistencia a la guerra norteamericana de destrucción sistemática se han creado en las milicias equipos antiaéreos de ametralladoras y artillería, equipos de artillería terrestre, de ingeniería, de transmisiones, equipos contra la guerra química; las unidades de fuego han sido equipadas con morteros y otras armas modernas. La eficacia de las milicias en el combate o en el servicio al combate ha aumentado claramente. En numerosas localidades, las milicias han derribado aviones norteamericanos, incendiado barcos de guerra norteamericanos, aniquilado rápidamente destacamentos de comando enemigos, manejado con maestría medios de guerra modernos y relativamente modernos; han contribuido en medida apreciable a desactivar y destruir bombas, minas y torpedos norteamericanos; han reparado y construido carreteras, puentes, bases, campos de aviación; han realizado distintas obras y fabricado medios técnicos modernos para nuestras unidades de defensa aérea, de cohetería, de comunicaciones, de ingenieros, de la marina, etc.… Esta realidad nos permite afirmar que, en el norte socialista, las milicias son perfectamente capaces de utilizar hábilmente las armas y medios de guerra modernos para aniquilar al enemigo y servir al combate. En el futuro, sus capacidades aumentarán cada vez más, gracias al incesante mejoramiento del nivel cultural, técnico y organizativo de nuestro pueblo, y al numeroso contingente de cuadros y combatientes desmovilizados de todas las armas del ejército popular, que constituye en todas partes el andamiaje de las fuerzas armadas de masas.

Debemos conceder gran importancia a la instrucción militar de las milicias populares y de toda la población.

Debemos estudiar, profundizar y definir el contenido de esta instrucción y un método de instrucción acordes con nuestro método de guerra, con nuestro arte militar, con las exigencias y las tareas de cada región en las diferentes situaciones de la guerra, acordes con el adversario a combatir, con las condiciones concretas de organización, equipo, actividades productivas, y trabajos de las milicias. Debemos inculcar en estas últimas una fuerte voluntad ofensiva, hacerles asimilar el pensamiento operacional y los modos de combate de las guerrillas en las condiciones modernas, y proporcionarles un buen nivel técnico, táctico y especializado, que responda a los imperativos del combate en la región. Debemos hacer que adquieran un conocimiento perfecto de los lugares y un gran valor combativo, tanto cuando se baten solas como cuando tienen que coordinar estrechamente su acción con las de las demás fuerzas armadas que operan en la región. Su instrucción militar debe estar unida a la producción. En las ramas en que las condiciones son favorables, hay que elevar su capacidad de combatir y servir al combate paralelamente con su capacidad de producción.

Debemos considerar seriamente los métodos de guerra de las milicias como un arte, como una parte importante de nuestra ciencia militar, y sintetizar la experiencia bélica de las fuerzas armadas de masas en las dos zonas del país, realizando estudios para edificar y desarrollar su arte de la guerra.

Paralelamente con la instrucción de las milicias y los reservistas, atribuimos una gran importancia a los estudios militares en el partido y a la intensificación de la instrucción militar generalizada en el pueblo. En el pasado, para crear una tradición nacional de espíritu guerrero tendiente a asegurar la defensa del país, durante muchos siglos de independencia nuestro0s antepasados aplicaron diversas formas de competencia: concursos de arte militar, de lucha cuerpo a cuerpo, de tiro al blanco, de esgrima, etc. Hoy debemos actuar en el mismo sentido, y promulgar la educación militar generalizada para que el pueblo esté conciente de la necesidad de la defensa nacional, para elevar sus capacidades militares, para exaltar la tradición de amor por el arte militar. Debemos impulsar enérgicamente el movimiento de educación física y deportes militares, darle un contenido cada vez más variado que traduzca las exigencias de la guerra del pueblo en un contexto moderno. Debemos difundir los conocimientos militares entre la población en formas variadas, apropiadas a cada edad, y en primer lugar entre la juventud de ambos sexos; debemos desarrollar progresivamente las agrupaciones de masas para el estudio de los problemas militares: círculos de aeronáutica, de transmisiones, de química, etc. Debemos acelerar el movimiento de acoplamiento de las organizaciones populares y las unidades del ejército.

Un ejército regular moderno debe poseer sin falta reservas poderosas y bien organizadas. Las fuerzas armadas de masas constituyen ricas reservas para el ejército popular. La organización y la dirección de las reservas son muy importantes en tiempo de guerra para completar los efectivos del ejército, así como en tiempos de paz para preparar al país para hacer frente a cualquier eventualidad. Las reservas deben estar bien constituidas desde los dos puntos de vista: el cualitativo y el cuantitativo; deben ser aptas para satisfacer el crecimiento y el completamiento de los efectivos de infantería y de otras armas del ejército del pueblo. Su edificación y su dirección requieren una política, un régimen y un plan. Es necesario dar una gran importancia a la instrucción y al control de los militares desmovilizados y aun aptos para las fuerzas de la reserva. Debemos establecer un plan para los ejercicios y la movilización, con el fin de restablecer y aumentar rápidamente los efectivos de nuestras fuerzas armadas en caso de necesidad. Tenemos que instaurar régimen adecuado de instrucción, que permita a los cuadros combatientes reservistas seguir de cerca el desarrollo del ejercicio y de la ciencia militar moderna, progresar al mismo ritmo, cumplir plenamente con su papel de las fuerzas de andamiaje de las fuerzas armadas locales, y reintegrarse al ejército en caso de necesidad. Debemos prestar mucha atención al control y la instrucción de los reservistas funcionarios, y llegar a distribuirlos en la forma más ventajosa: tales reservas están destinadas a pertenecer a tal sector, a tal localidad, a completar tal arma, tales fuerzas, tales tropas regulares de guarnición en tal localidad. Así el cuerpo de ingenieros extrae sus reservas de los servicios de la construcción: las transmisiones las extraen de los correos y telecomunicaciones; el servicio médico militar, de la asistencia médica; la marina, de las empresas fluviales o marítimas, entre la población de las riberas de los ríos o de las costas. De este modo, los cuadros y combatientes que se vuelven a incorporar al ejército dominarán rápidamente las técnicas y especialidades de su arma. Una vez desmovilizados, se reintegrarán a sus antiguos servicios, donde servirán no solamente como núcleo para las fuerzas armadas de masas, sino también para promover la producción, para elevar la productividad del trabajo, gracias a las capacidades técnicas y a las especialidades adquiridas. Esto beneficiará tanto a la lucha armada como a la edificación, tanto a la defensa nacional como a la economía, lo mismo en tiempo de guerra como en la paz.

De acuerdo con los puntos de vista de nuestro partido, armar a las masas no significa únicamente organizar, educar, entrenar y equipar a una población numerosa, sino también construir activamente la retaguardia en todos los aspectos: político, económico, de la defensa nacional; construir una plataforma sólida para la guerra del pueblo en la base, en cada región.

Para la guerra del pueblo, el poder de nuestra retaguardia, tanto en todo el norte como en cada región, está subordinado a los éxitos de la edificación socialista. De ello se desprende que debemos preocuparnos por llevar adelante la triple revolución –en las relaciones de producción, en la técnica, en la cultura-, por hacer las regiones cada vez más sólidas políticamente, más prósperas económicamente y más fuertes en el sector de la defensa nacional. Al dar un fuerte impulso a la economía regional, no debemos olvidar establecer un plan de estrecha coordinación entre la edificación económica y el robustecimiento de la defensa nacional en todas las ramas: la agricultura, la industria, las comunicaciones y los transportes, las telecomunicaciones, la asistencia médica, la cultura, la construcción, etc.

Debemos activar la creación de los sistemas de aldeas, barrios, grupos y sectores de resistencia, que permitan hacer frente a cualquier eventualidad en tiempo de guerra y favorezcan en tiempo de paz las actividades productivas y otras actividades de la población. Estas son sólidas posiciones ofensivas y defensivas de nuestras tres categorías de tropas, puntos de apoyo seguros en los que nuestra población descansa para combatir y continuar produciendo en medio de una guerra encarnizada. Debemos prepararnos gradualmente para hacer frente al eventual empleo, por parte del enemigo, del arma nuclear.

La edificación de las aldeas, comunas y barrios de combate debe englobar todos los sectores: debe poseer una sólida organización del partido, y poderosas y amplias fuerzas políticas de masa y milicias campesinas y de autodefensa; debe transformar el terreno, formular planes de combate y proceder al entrenamiento de las fuerzas armadas regionales, así como de toda la población; debe prepararse efectivamente, transformar de hecho cada cabaña, aldea y barrio en fortalezas para la guerra del pueblo en la base, y cada provincia en una unidad estratégica para la defensa nacional en todo el pueblo.

En la organización de las fuerzas armadas de masas, paralelamente al fortalecimiento de la dirección del partido a nivel local, y de la dirección concreta del organismo militar local, se plantea un problema de gran importancia: organizar un vigoroso contingente de cuadros para las fuerzas armadas de masas, las milicias campesinas y de autodefensa. Este contingente debe corresponder al creciente desarrollo de las fuerzas armadas de masas desde los puntos de vista de los efectivos, la capacidad, la organización y el equipo y el arte de combatir al adversario; debe satisfacer las exigencias cada vez mayores y más complejas del reforzamiento de la defensa nacional y de la guerra del pueblo en la base.

Los cuadros de las milicias populares no abandonan la producción: la conjugan con su tarea militar, trabajan y combaten en conexión con la actividad productiva, con las actividades del pueblo en la base. Para su organización, debemos prestar mucha atención a la calidad, a la extracción social y a los criterios políticos. Además de las cualidades políticas comunes a los cuadros de las fuerzas armadas revolucionarias, los cuadros de las milicias populares deben conocer a fondo la línea y las tareas políticas y militares del partido y las tareas económicas y militares de la localidad, deben estar dispuestos a cumplimentar todas las resoluciones de la instancia local del partido, a cumplir cualquier orden del organismo militar, cualquier instrucción de la administración local, cualquier orden o instrucción de nivel superior. Deben poseer el necesario nivel de conocimientos militares y conocer la situación política, económica y cultural de la localidad, la situación en la base; deben saber coordinar con maestría el trabajo militar con el trabajo económico y con cualquier otro trabajo; deben ser capaces de ayudar a la instancia del partido a asegurar la dirección concreta en materia militar, ser capaces de dirigir y mandar, de organizar la correcta relación de las tareas de edificación y de combate, y de servir al combate; debe ser capaces de ayudar en el frente, en la instrucción militar generalizada a la población, en la organización de las reservas, en la ejecución de las políticas en la retaguardia, así como en cualquier otro trabajo relacionado con el robustecimiento de la defensa nacional en la localidad.

A través de los distintos movimientos revolucionarios en las localidades, y sobre la base de las realidades del combate y el trabajo, se seleccionarán los elementos elite para convertirlos en cuadros. Para lograr una cantera de cuadros para las milicias populares es necesario llevar a cabo esta labor en coordinación con la edificación de las organizaciones del partido y las organizaciones de masas de la localidad. Es preciso distribuir correctamente el trabajo entre los cuadros, utilizarlos en forma racional, crear las condiciones que les permitan asumir responsabilidades bien definidas, acumular experiencias y desarrollar sus capacidades para cumplir con éxito todas las misiones asignadas a la localidad.

Es necesario asimilar bien y resolver correctamente los problemas expuestos para lograr un aumento numérico de las milicias populares, sin dejar de elevar constantemente la calidad en todos los aspectos: político, ideológico, de organización, de equipo, de instrucción, de edificación de la retaguardia, de formación y superación del contingente de cuadros… se pondrán así en práctica las enseñanzas del venerado tío Ho: “cada habitante es un valiente combatiente; cada aldea, cada comuna, cada barrio urbano una fortaleza; cada cooperativa, cada empresa una base logística para la guerra del pueblo, para transformar el país en un solo campo de batalla y aniquilar a cualquier agresor.

Con su lucha victoriosa y heroica, llevada a cabo con una estrategia y una táctica hábiles, contra las fuerzas de agresión más brutales –el imperialismo yanqui- con su labor creadora en la edificación de un régimen social nuevo y muy hermoso, nuestro pueblo vive actualmente los días más gloriosos de su historia en la era de la independencia, la libertad y el socialismo de la patria vietnamita.

Nuestra resistencia actual nos recuerda –con legítimo orgullo y un alto sentido de responsabilidad- el conjunto de la historia de lucha heroica de nuestro pueblo contra las invasiones extranjeras, y en particular la gloriosa resistencia bajo los Trang. Nuestro pueblo resistió entonces victoriosamente al invasor mongol, el enemigo más temible de Vietnam en el pasado, y de la humanidad en la edad media, que había envuelto en sangre y fuego a una gran parte de Asia y Europa y había borrado a más de un estado de la faz de la tierra. Nuestro pueblo cumplió así de manera brillante su sagrada misión nacional y abrió el camino hacia el derrumbe del imperio mongol contribuyendo dignamente a la lucha de varios pueblos y estados de esa época contra el invasor extranjero.

Hoy, en la nueva era de la historia de la humanidad, inaugurada por la gran revolución de octubre; en la época de Ho Chi Minh para nuestro país, y bajo la dirección del partido, nuestro pueblo ha combatido y combate con brillantes victorias al imperialismo norteamericano, el más brutal y el más poderoso agresor que haya tenido que enfrentar nuestro país en toda su historia contemporánea, y el enemigo número uno de toda la humanidad.

Esta resistencia es la más grande, la más gloriosa en toda la historia de lucha de la nación vietnamita contra los invasores extranjeros. Esta resistencia es considerada el centro, la primera línea de la lucha de los pueblos contra el imperialismo norteamericano.

Nuestro pueblo está plenamente conciente de su sagrada misión nacional así como de su alta obligación internacional. Poseemos la determinación y las fuerzas para vencer al agresor, liberar el sur, defender el norte, avanzar hacia la reunificación pacífica del país y marcar un hito en el proceso de derrumbe, de alcance histórico, del neocolonialismo norteamericano, contribuyendo dignamente a la lucha revolucionaria de los pueblos del mundo entero.

El secreto del éxito de nuestro pueblo reside en el patriotismo de todos, en la multiplicación del poder del país, en la movilización de toda la nación; reside en que todo el país une sus fuerzas y todo el pueblo combate al enemigo, en la insurrección general y la guerra del pueblo, teniendo como pilares a su ejército y sus fuerzas armadas de base. El pensamiento de Trang Quoc Tuan, “el país entero unido en un esfuerzo común”, y su método, que hace “de cada ciudadano un soldado” –lo cual permitió la victoria en el siglo XIII-, no han cesado de desarrollarse, con un contenido cada vez más rico, una calidad cada vez más elevada y una fuerza cada día más grande, hasta su cumbre actual, el gran pensamiento militar del presidente Ho Chi Minh: “unión de todo el pueblo”, “todo el país combate al enemigo”, “treinta y un millones de nuestros compatriotas son treinta y un millones de valerosos combatientes contra los norteamericanos”.

Hoy nuestro pueblo se beneficia de las justas, independientes y creadoras líneas política, militar e internacional del partido; de un régimen social de vanguardia; de fuerzas político - morales y material – técnicas en continuo aumento; de la ayuda activa de los países del campo socialista y de la simpatía y el apoyo de toda la humanidad progresista. En esta época nueva, disponemos de la fuerza invencible de la unión combatiente de todo el pueblo, de todo el país, de toda la nación, basada en el bloque obrero campesino y bajo la dirección de la clase obrera. Poseemos inmensas fuerzas políticas y armadas. Las fuerzas armadas populares comprenden el ejército del pueblo, regular y moderno, y las fuerzas armadas de masas, amplias y poderosas. Sin la menor duda, llevaremos a cabo con éxito nuestra sagrada tarea racional y nuestra alta misión internacional.

Los pensamientos: “el país entero unido en un esfuerzo común”; “hacer de cada ciudadano un soldado”; “unir a todo el pueblo”; “todo el país combate al enemigo”; así como la organización militar: “armar a todo el pueblo”, “asociar al ejército a las fuerzas armadas de masas”, constituyen un método original del pensamiento militar vietnamita, pensamiento militar de un pequeño país que debe vencer a agresores poderosos en su justa lucha por la independencia y la libertad.

“Armar a todo el pueblo, unir el ejército del pueblo y las fuerzas militares de masas y viceversa; tomar las fuerzas armadas de masas como base del ejército del pueblo, que a su vez le sirve de andamiaje; edificar las tres categorías de las fuerzas armadas populares”: Este es el contenido primordial de la línea preconizada por el partido para edificar las fuerzas armadas populares, de su línea militar en general, de la ciencia militar vietnamita en la época actual. Este principio de organización es una creación, un logro notable de nuestro partido y nuestro pueblo. La experiencia nos enseña que en la lucha revolucionaria en general, y en la lucha armada revolucionaria en particular, cuando la línea es justa se puede dar correcta solución al problema de la organización, factor de primera importancia de la victoria.

Este principio de organización militar es un arma valiosa en el tesoro de la experiencia de los pueblos, sobre todo de los pequeños pueblos agredidos y sometidos que se alzan para combatir al imperialismo y al colonialismo y obtener la independencia nacional, la democracia y el progreso social.

En cualquier circunstancia debemos atenernos firmemente a este principio; debemos seguir constantemente de cerca las realidades de la sociedad, de la guerra, del desarrollo de la producción, de la ciencia y de las técnicas; debemos estudiar activamente y en forma selectiva la experiencia de los hermanos países socialistas y de los pueblos del mundo. En nuestra confrontación encarnizada con el enemigo, debemos basarnos siempre en el contexto histórico específico de cada período, para aplicar con espíritu creador la línea militar y el principio de organización militar del partido, desarrollándolos continuamente y evitando caer en el conservadurismo, en el inmovilismo, en el estereotipo, en lo mecánico, para elevar así aún más el poder combativo de toda nuestro pueblo, desarrollar vigorosamente la guerra del pueblo vietnamita y edificar unas fuerzas armadas populares de Vietnam cada día más poderosas.

Nuestro pueblo, nuestra nación, están muy decididos a derrotar totalmente la agresión norteamericana, a construir un Vietnam pacífico, reunificado, independiente, democrático y próspero.

Conservaremos para siempre la tierra legada por nuestros antepasados; defenderemos siempre la independencia de la querida patria vietnamita.