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Análisis de interés

La jurisdicción imperial gringa y el caso Venezuela

El reciente anuncio del Departamento de Estado estadounidense de aplicar sanciones a Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), bajo la Ley de sanciones contra Irán y la Ley integral de sanciones, responsabilidades y desinversión contra Irán, viene a sacudir -sin duda- la confianza del estamento gubernamental venezolano respecto a las “buenas intenciones” de la administración de Barack Obama, sirviéndole esto de preámbulo para mayores acciones en contra del gobierno de Hugo Chávez, acusándolo de colaborar con el gobierno de Teherán en su programa nuclear.

Esto no es nada casual ni fortuito, habida cuenta del interés de Washington de reconfigurar su hegemonía en nuestra América, teniendo en el proceso bolivariano un obstáculo para lograrlo. Por ello, quienes confiaron en que la garantía del suministro de petróleo venezolano a Estados Unidos amortiguaría sus propósitos intervencionistas en Venezuela han quedado “sorprendidos” en su buena fe, olvidando que el imperialismo yanqui sólo tolera aquellos regímenes que no se opongan a sus intereses, así se revistan de nacionalismo y de revolución, en lo que serían unas democracias controladas. Fuera de este marco, nada estaría en consonancia con la jurisdicción imperial gringa, por lo que le corresponde actuar en consecuencia y doblegar cualquier tentativa de independencia que surja al sur del río Bravo.

Esta situación quizás busque sentar a la mesa de negociaciones a Chávez y conseguir de este una posición más conciliadora, de sometimiento y de menos confrontación con Estados Unidos, sin que ello signifique que no dejen de mostrarle las posibilidades (nada disimuladas) de exponerlo a las mismas presiones y estrategias desestabilizadoras e intervencionistas empleadas contra otros gobernantes que quisieron salirse de la raya, tanto en el pasado como en el presente.

Para quienes respaldan el proceso revolucionario en Venezuela (y fuera de sus fronteras) es oportuno citarles las palabras de Fabricio Ojeda, quien en 1966 anticipaba lo que sería la confrontación de nuestros pueblos con el imperialismo yanqui en su empeño por alcanzar la plenitud de su liberación nacional: “La lucha revolucionaria de hoy -así tenemos que verla- es una lucha de todas las fuerzas progresistas del mundo, de carácter complementaria, que se extiende y consolida, como unidad dialéctica, en una situación de gran auge popular y donde las condiciones objetivas de cada país constituyen el elemento principal”. De esta manera, ningún proceso revolucionario puede verse como algo aislado. En este caso, la lucha revolucionaria en Venezuela tendría que insertarse en una de más amplio espectro: la lucha antiimperialista y anticapitalista que se viene librando a nivel continental y mundial desde hace dos décadas, lo cual no podría entrever una convivencia tutelada con el imperialismo yanqui, pues sería desvirtuar su esencia socialista y revolucionaria.

Por ello, lo afirmado por Fabricio Ojeda cobra una vigencia íntegra. “Todo el ejército norteamericano de hoy sería insuficiente para distribuirlo como fuerza de ocupación en la extensa geografía sacudida por la revolución. Venezuela es un importante factor del campo revolucionario mundial. Su lucha de liberación es complementaria con la de otros pueblos en trance similar. Una es necesariamente, querámoslo o no, continuación de la otra. Y aunque cada país, como el nuestro en este caso, actúa conforme a sus propias realidades y realiza el tipo de revolución que históricamente le corresponde, no puede eludir, ni ello sería correcto, su integración con otros movimientos similares. No es culpa de los revolucionarios venezolanos que su lucha sea en primer término contra los imperialistas, en lo cual guarda perfecta identidad con las luchas que se realizan en Vietnam, en Angola, en el Congo o las que se libraron en Cuba y en Argelia. La culpa en este caso es de los imperialistas, que no han respetado fronteras ni continentes para extender su explotación”. Esto debiera obligarnos a todos los revolucionarios a revisar cuál es el alcance de la revolución socialista que nos hemos planteado hacer, tanto en Venezuela como en el resto de América. De otro modo, situaciones como la suscitada por la administración de Obama tendrán una respuesta tímida y poco ajustada a lo que es, en definitiva, la jurisdicción imperial estadounidense, ahora extendida a todo nuestro planeta, sin un contrapoder que le ponga coto alguno.


http://www.argenpress.info/2011/05/…

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