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Crítica

El linchamiento de Hugo Chávez: Heinz Dieterich, los presos políticos y la doble moral de la izquierda bienpensante

Muchos no tendrán el derecho a ser recordados. No figurarán jamás entre los comunicados de protesta de insignes intelectuales izquierdistas y premios Nóbel. Sus nombres pasarán sin pena ni gloria por el escaparate de la izquierda de la doble moral sin que ésta sienta ningún remordimiento. No sirven para dar publicidad a bonitas campañas internacionales rebosantes de buenismo humanitario izquierdista, no dan prestigio a muchas ilustres personalidades, intelectuales de renombre e izquierdistas radicales de lo políticamente correcto. No son mediáticos. No son útiles. Son prescindibles.

Entre ellos figuran luchadores políticos, guerrilleros, presos del imperialismo y otros nombres que no sirven para determinados fines de la izquierda del buenismo humanitario y de lo políticamente correcto. Tomemos el último caso: el legendario independentista puertorriqueño Norberto González Claudio, líder del Ejercito Popular Boricua, capturado el 10 de mayo de 2011 por el FBI norteamericano en Puerto Rico –actual colonia yanqui­- y extraditado a Estados Unidos, donde será juzgado por el robo de un banco el año 1983 para financiar la lucha patriótica de su país. A Norberto, de 65 años de edad y 25 de vida clandestina, le acusan de todas las acciones combatientes de los llamados “macheteros”, por lo que le puede caer una condena de 275 años de prisión. Pero Norberto no recibirá muchas muestras de cariño por parte de izquierdistas radicales indignados, ni las páginas de Internet se llenarán de comunicados y protestas incendiarias contra la extradición a la metrópoli, ni los intelectuales bienpensantes moverán un dedo por él. Casi nadie en el extranjero conocerá su causa: Norberto ha tenido la desgracia de no ser extraditado por el gobierno de izquierdas de Venezuela. Norberto no es un preso mediático. No es útil. Es prescindible.

Sigamos con otros presos “desafortunados”, esta vez atrapados por la policía de Venezuela: los guerrilleros colombianos Nilson Navarro, Priscila Ayala Mateus, Oswaldo Espinosa Barón, capturados el año 2010, y Carlos Julio Tirado Hernández y Carlos Duban Pérez Marín, capturados el 17 de marzo de 2011. Todos ellos fueron extraditados a Colombia. A diferencia de Joaquín Pérez Becerra, sus casos no dejarán ninguna huella en los medios de comunicación de los partidos de izquierda venezolanos ni por supuesto en los del extranjero. Sus historias personales no se conocerán nunca: ni son periodistas famosos, ni viven en Europa. La izquierda de la doble moral y del buenismo bienpensante no halló motivos para realizar campañas internacionales, ni movió un dedo por su causa, ni mostró señal alguna de indignación. No son presos mediáticos. No son útiles. Son prescindibles.

Heinz Dieterich y su cruzada anti-Chávez

¿Quién se imagina, por ejemplo, a Heinz Dieterich, derrochar tanta tinta y energías por la causa de los 5 cubanos presos del imperio como está haciendo con el caso de Joaquín Pérez Becerra? ¿Y por los anónimos guerrilleros que no eran periodistas relevantes, entregados a Colombia? ¿Y por Leonard Peltier? ¿Y por Mumia Abu-Jamal? Quizás encontremos algunas breves líneas entre viejas páginas amarillentas escritas hace muchos años: ahora están “pasados de moda”. Tampoco Dieterich desea inmolarse de indignación por el reciente caso del boricua Norberto González: debe ser un caso sin importancia que el legendario luchador independentista sea deportado a Estados Unidos por el FBI. Y queda fuera de toda duda que Dieterich jamás calificará a los intelectuales que no han movido un dedo contra éste y otros tantos casos como «beneficiarios de las prebendas del Estado venezolano en América Latina y Europa» (1) al igual que hace con los intelectuales que no se suman a su cruzada anti-Chávez.

Quizás Dieterich pretenda que nos olvidemos que él también fue uno de esos intelectuales que saboreó las ahora criticadas «mieles del poder» cuando durante una larga época consiguió situarse como ideólogo del llamado “Socialismo del siglo XXI”, apareciendo en innumerables ocasiones junto a destacados dirigentes e intelectuales, «gastando millonarias sumas de dólares en sus encuentros y firmando declaraciones que nadie lee» en las actividades donde él estaba presente, y en numerosos viajes, congresos y encuentros de todo tipo que seguramente financiarían al señor Dieterich con cargo a los presupuestos de los gobiernos de Cuba y Venezuela, entre otros. Por aquel entonces a Dieterich ni se le pasaría por la cabeza hablar de los intelectuales que apoyan a los gobiernos revolucionarios de América Latina en los mismos términos, ni “denunciaba” airadamente el supuesto elitismo de tales encuentros. Era otra época, la época dorada en la que Dieterich era llamado a todas las reuniones internacionales.

Observando su evolución posterior, uno estaría tentado a pensar que ello se debía no tanto a sus convicciones políticas como a la posibilidad de multiplicar su popularidad. Sus repentinos cambios de lealtades otorgan el derecho a pensar que hubo algo más que las convicciones políticas en la defensa absoluta de tales gobiernos, hasta el punto de arremeter –con total valentía y justicia, es cierto– contra José Saramago y Eduardo Galeano, dos reputados intelectuales que aprovecharon el fusilamiento de tres criminales y secuestradores cubanos para desgarrarse la camisa públicamente contra el gobierno de Cuba. Pero los tiempos fueron cambiando: Dieterich no pudo imponer sus recetas y su visión del mundo a los gobiernos de izquierdas latinoamericanos, y al parecer su ego quedó fuertemente resentido, especialmente con Hugo Chávez. Jugó la carta del general venezolano Raúl Baduel, del que se deshizo en elogios y sobre el que se erigió en protector intelectual. Pero Baduel, frente a la reforma constitucional promovida en Venezuela en 2007, arremetió contra Chávez y lo acusó de querer imponer dictatorialmente el socialismo, llamó a la movilización golpista, y claro, la jugada le salió muy mal a Dieterich. Ya hacía tiempo que los diferentes gobiernos progresistas de América Latina caminaban sin pedir permiso al señor Dieterich para dar cada paso, y eso le molestó sobremanera, por lo que comenzó a convertirse en el oráculo de las catástrofes: tales gobiernos y el socialismo cubano no iban a resistir más allá del año 2010, y por si eso fuera poco, Cuba sufría una «derrota estratégica» al negociar con la Iglesia católica la libertad de presos contrarrevolucionarios, como hizo en tantas otras ocasiones equivalentes. La lista de agravios de Dieterich aumentaba exponencialmente junto con sus capacidades proféticas. ¡Qué tiempos aquellos en los que lucía una mayor modestia y se preocupaba de denunciar al verdadero enemigo!

Si para Saramago y Galeano la ruptura con el gobierno de Cuba y sus ataques públicos fue lo políticamente correcto ante la tesitura de “salir movidos” en la foto del izquierdismo buenista, bienpensante y de doble moral, hoy Dieterich considera que su “deber” es lanzar una nueva cruzada contra la decisión del gobierno de Venezuela sobre el caso Joaquín Pérez Becerra. ¿Alguien se imagina, por ejemplo, que Dieterich dedique energías a denunciar los crímenes del imperialismo en Libia, Costa de Marfil, Congo y tantos otros lugares? No entra dentro de su círculo de intereses, puesto que las pesadillas de Dieterich son los gobiernos de Cuba o Venezuela. También para Dieterich es una actitud intelectualmente más elitista denunciar a Gadafi como responsable de la guerra en Libia, no a la OTAN o al imperialismo. Y ya se sabe que las causas que afectan a millones, a diferencia de las que afectan a un individuo, no suscitan la adhesión cerrada de la progresía y el izquierdismo bienpensante y radical. Por otra parte, pedir a Dieterich que centre sus iras en la denuncia del imperialismo y olvide sus obsesiones contra los gobiernos de izquierda latinoamericanos, sería como pedir que Obama o Sarkozy arremetieran contra los crímenes de la OTAN. Los verdaderos enemigos de Dieterich hoy son aquellos gobiernos de izquierdas que no escuchan sus sabios consejos, no el imperialismo.

Joaquín Pérez Becerra y la jungla de la izquierda

Toda esta larga introducción es necesaria porque la decisión dedeportar al revolucionario y refugiado político colombiano Joaquín Pérez Becerra por parte del presidente venezolano Hugo Chávez y su gobierno está todavía provocando fuertes coletazos en el ámbito de la izquierda y una peligrosa división: lo que podía haber sido como máximo un triste error político sobre un hecho concreto se está transformando en una peligrosa cacería de brujas contra Hugo Chávez que cuestiona desde su honestidad como dirigente hasta la validez actual del proceso conocido como Revolución bolivariana.

Anteriormente, en un artículo de urgencia, trataba de comprender las motivaciones políticas que habían empujado al presidente Chávez y al gobierno venezolano a deportar a Joaquín Pérez. Aunque avisaba que yo podría estar equivocado dado que no conocía todos los entresijos legales y políticos acerca de esta cuestión, me parecía extremadamente grave el hecho de que el asunto estuviera derivando hacia el linchamiento político de Chávez y hacia el cuestionamiento radical como dirigente del proceso conocido como Revolución bolivariana, como si toda la gigantesca obra realizada en estos años, dentro y fuera de Venezuela, se pudiera borrar de un plumazo. Mientras que algunas críticas a la deportación indudablemente fueron sinceras y bienintencionadas, otras estaban repletas de ataques, insultos, y argumentos llenos de mala fe y demagogia, tanto por parte de aquellos que no les gusta salir mal retratados como por parte de los que aguardan como el maná del cielo los errores y las dificultades de Venezuela y de Chávez para su conveniente explotación política.

Así hemos llegado al punto en el que la espesa selva política que atraviesa lentamente el presidente venezolano Hugo Chávez y el proceso bolivariano, está congregando a un nutrido grupo de especímenes políticos pertenecientes a la variopinta fauna descontentos con el Comandante, que acechan con los colmillos ideológicos y las garras dialécticas bien afiladas el momento en el que cualquier paso en falso, cualquier desliz, cualquier error o discrepancia política pueda convertir a Hugo Chávez –y a todos aquellos que se muestran solidarios con él– en una presa sencilla que convenientemente despedazada permita sobrevivir un tiempo más entre la jungla de la izquierda: ya se sabe que para las fieras la ley de la jungla se reduce a la conocida ley «mata o muere». Encontramos, por ejemplo, multitud de comunicados y protestas donde se equipara a Chávez con Pinochet, Videla, Stroessner y el resto de dictaduras fascistas latinoamericanas dirigidas por la CIA dentro del tenebroso Plan Cóndor. Encontramos también una multitud de gentes que siempre “supieron” que Chávez era un «caudillo», un «derechista» y un agente de la burguesía, al igual que siempre “supieron” que Fidel Castro era un «caudillo pequeñoburgués» que buscaba instaurar una dictadura de la pequeña burguesía contra los trabajadores cubanos. Y llegamos a la fauna de la ultraizquierda, constituida por aquellas fuerzas residuales que guardan en ceremonias litúrgicas los libros sagrados de la “alta sabiduría” política y que considera desde sus inicios a Hugo Chávez como un intruso peligroso dentro del universo de la izquierda, un sujeto que lo único que pretende es engañar al pueblo venezolano y a su clase obrera: como Fidel en su tiempo, piensan que Chávez está construyendo una dictadura de la nueva burguesía venezolana contra el pueblo.

También tenemos los casos de los izquierdistas extranjeros, aquellos que les gusta rasgarse las vestiduras, para los que el hecho de la extradición de Joaquín Pérez no sería una grave equivocación, sino una muestra de la «traición» y de la conversión de Chávez en un agente del imperialismo. Son personas que idealizan desde una perspectiva romántica toda forma de lucha de guerrillas –que, por otra parte, son quienes ponen los muertos a miles de kilómetros de distancia–, sin atender a otras consideraciones políticas, que no les afecta en lo más mínimo las bases yanquis en Colombia, ni la flota imperialista desplegada contra Venezuela, ni la acción de los paramilitares y los servicios secretos colombianos en Venezuela, ni tampoco les interesa lo más mínimo que la presencia de las guerrillas colombianas genere una escalada de amenazas y de posibles intervenciones militares estadounidenses y colombianas amparándose en la «lucha contra el terrorismo» al cual se le acusa de cómplice, día tras día, a Hugo Chávez y la revolución bolivariana. ¿Qué más da que de todo ello se pueda desembocar en una guerra que lleve al hundimiento del proceso político venezolano y cause miles de víctimas? Lo importante es hacer extraer de su contexto el caso de Joaquín Pérez y así arremeter con una actitud demagógica de izquierdista radical indignado contra el gobierno de Hugo Chávez y los que le apoyamos –a pesar de que se haya podido cometer un grave error– de forma solidaria.

La soberanía nacional no se puede negociar

En el caso de la deportación de Joaquín Pérez encontramos unas motivaciones similares a otros procesos revolucionarios que se han visto obligado a firmar tratados internacionales desiguales y humillantes realizados bajo la presión injerencista, las amenazas y chantajes, y a veces, desgraciadamente, sin que ni siquiera puedan mediar tratado legal alguno que ampare tales medidas, injustas desde el punto de vista humano y legal, pero quizás inevitables desde otros aspectos que pudieran ser infinitamente más importantes. Afirmaciones del estilo «una revolución nunca debe hacer tal o cual cosa» son muy bonitas ante la galería pero no ofrecen soluciones concretas ante los problemas reales, como tampoco aquella famosa ley que dice que «no se pueden transigir con los principios»: ¿a qué se consideran «principios», a la protección individual de una persona sobre el interés del pueblo de Venezuela o a la protección de este mismo pueblo ante una coyuntura nacional e internacional muy dura? Lamentablemente, muchas veces hay que escoger entre una opción u otra.

Recordemos cuando, a finales de la década de 1970, el gobierno cubano, acosado por una campaña internacional que lo acusaba de complicidad con el terrorismo, decidió extraditar a todos los que secuestraban aviones por motivos políticos y los dirigían hacia La Habana: tales secuestros finalizaron en el acto. O sin remontarnos tanto en el tiempo, cuando en noviembre del año 2000 presuntos miembros del “Comando Aralar” de ETA se refugiaron en la embajada de Cuba de Madrid solicitando asilo político ante la persecución policial. Los funcionarios de la embajada entregaron en el acto a la policía española a los solicitantes de asilo. Para la izquierda del buenismo humanitario se debería haber condenado a Fidel Castro y a Cuba al fuego eterno por esta acción: no importa que a Cuba se la linche en los medios periódicamente con campañas que la asocian al terrorismo, ni importa que eso pueda poner en peligro las relaciones bilaterales entre dos países y cause un grave daño a la revolución y al pueblo de Cuba. Lo importante es no quedar mal retratado, no salirse de lo políticamente correcto, del izquierdismo de apariencia radical pero desprovisto de esencia real.

En este sentido, creo que es importante explicar éste y otros casos desde el punto de vista de la soberanía nacional de un país –recordemos nuevamente para los radicales bienpensantes que no estamos hablando de un país “normal”, sino de un país que desafía al orden internacional y que por lo tanto es chantajeado, amenazado y considerado «delincuente»–, un país que sobrevive como puede entre los tiburones imperialistas y sus aliados locales. Recordemos también que este gobierno, como otros similares, debe ejercer y preservar la soberanía nacional frente a sus enemigos que buscan aniquilarlo como el tesoro más preciado.

¿Quién de todos los críticos de Chávez, entre los buen y mal intencionados, y entre la izquierda del buenismo humanitario que se rasga las vestiduras ante la “herejía” de defender la soberanía nacional frente al “supremo” derecho de un perseguido político, se ha molestado siquiera en leer las conclusiones de Hugo Martínez, uno de los abogados de Joaquín Pérez en Venezuela? Martínez critica la decisión de Chávez desde el punto de vista de la violación legalidad, pero en cambio, y esto es un dato importantísimo, reconoce su acierto y necesidad desde el punto de vista político y de la soberanía nacional:

«No se puede permitir este tipo de Violación a los Derechos Humanos Fundamentales. Además estos Derechos y Garantías son reconocidas y aceptadas por los Estados y los pueblos respetuosos del Derecho Internacional. Por otra parte, considero como revolucionario militante que soy que la decisión del ciudadano Presidente Hugo Rafael Chávez Frías fue correcta, fue soberana, responsablemente tomada. Solo que la orden emitida por el ciudadano presidente fue mal ejecutada» (2).

¿Es que acaso no queda bastante clara la cosa­? La orden de Chávez fue «correcta, soberana y responsablemente tomada». Aun en el caso de tratarse de un error, una injusticia o violación judicial, el trasfondo político de la soberanía nacional sobre el Derecho Internacional prevalece desde el punto de vista de la legitimidad y la necesidad política.

Para finalizar, recordemos las palabras de la escritora Blanca Montoya, que constituyen una excelente síntesis de todo lo expuesto hasta ahora:

«Se dice que el gobierno bolivariano tenía otras opciones antes de deportarlo y/o que violó el “derecho internacional” al entregarlo a Colombia. Los que no somos abogados internacionalistas no podemos juzgar si esto es cierto o no, pero vamos a suponer, sin conceder, que lo es. Este mundo no se rige por el “derecho internacional” sino que está sujeto a los atropellos del imperio que acecha y ataca a mansalva a todos aquellos que no obedecen a sus organismos internacionales o que no atienden a sus intereses. Las invasiones del imperio no han seguido los dictados del “derecho internacional”. Se cometen genocidios, se propinan golpes de Estado, se viola la soberanía de los países, se asesinan civiles, dirigentes y periodistas; todo ello queda impune aunque haya violado el “derecho internacional”, simplemente porque así lo decide el imperio. Opera montando campañas internacionales de descrédito y/o “terrorismo” a quienes quieren asesinar o invadir y luego lo hacen justificándose en sus mentiras. (…) Suponiendo que Chávez cometió un “error” ¿es razonable que la “izquierda internacional” rompa con Chávez porque entregó a Pérez Becerra borrando de un plumazo doce años de lucha revolucionaria? ¿qué ha hecho la “izquierda internacional” por los pueblos del mundo? ¿ya no vale el que Chávez haya acogido y beneficiado a cientos de miles de colombianos que viven en suelo venezolano porque no protegió a un colombiano con código rojo de Interpol? (…) ¿qué ha hecho la “izquierda internacional” por los miles de luchadores sociales, que no vivían en Suecia sino en todos los pueblos del mundo, que han sido y son asesinados, torturados y perseguidos?, ¿qué hizo por los cinco mil colombianos de izquierda que fueran asesinados en Colombia justo de entre los cuales se salvó Pérez Becerra?, ¿por qué no se envalentonaron entonces, se trata de que sea Chávez y el pueblo venezolano los que den la cara?, ¿creen que Chávez es Dios o que Venezuela tiene la fuerza para salvar a todos los perseguidos políticos del mundo?» (3).

No nos equivoquemos de enemigo nuevamente. Rectificar es de sabios y hay que trabajar por la unidad. El proceso venezolano y el latinoamericano tienen grandes desafíos y peligros por delante. Es imprescindible no volver a cometer los mismos errores para que los procesos revolucionarios y de cambio salgan más fortalecidos y puedan avanzar, respetando a los dirigentes que los pueblos reconocen legítimamente como suyos.

Notas

(1)http://www.kaosenlared.net/noticia/…

(2)http://www.aporrea.org/ddhh/a122621.html

(3)http://www.aporrea.org/actualidad/a…


http://www.kaosenlared.net/noticia/…


ANEXO

Respuesta contra el artículo

Título:

A Escusa y BASTA YA del linchamiento contra los periodistas y los críticos de la entrega ilegal del periodista

Fecha: 20-5-2011

Por: Intelectuales y artistas contra el linchamiento de periodistas y por la ética

Señor Escusa, le contestamos ya todos sus puntos en la carta que llama a cesar el linchamiento contra los periodistas críticos. Pero hacemos el esfuerzo de contestarle más, ya que usted ha vuelto a escribir, y lo remitimos a una lectura clara de nuestro inequívoco texto. No trate de marear más el eje temático; ya bastante ha hecho calumniando en su precedente texto, le rogamos empiece a respetar a los pueblos, y cese las calumnias.

Lo que usted ha hecho, utilizando la foto de Norberto González, con este comentario: “El pobre Norberto ha tenido la desgracia de no ser deportado por Chávez”, es más que insidioso, porque en todo su texto usted sustenta que Norberto no nos importa por "no haber sido deportado por Chávez".

Lo que usted hace es bajo, señor Escusa: utiliza a los presos de América Latina para intentar enlodar a los críticos de la ilegal y aberrante medida tomada por Chávez contra el periodista Joaquín Pérez Becerra.

Por otro lado es absolutamente contraproducente con el proceso venezolano lo que usted hace: pues impide la crítica al tildarla de "linchamiento contra Chávez", y calumnia a los críticos. Y cualquier proceso sin crítica se muere. ¿O lo que pretende es fortalecer a la derecha del PSUV?

Por otro lado esos presos que usted dice defender, son los primeros en reclamar que cesen los acuerdos de entregas de perseguidos políticos.

Si usted es tan probo y defensor de los presos políticos lo invitamos a que se sume al pedido de que cesen los acuerdos de entregas de perseguidos políticos de Venezuela al régimen de Colombia, y de manera general que se sume contra esas entregas de manera ilegal provengan de donde provengan: es la mejor manera de ayudar a los presos políticos, y al pensamiento crítico.

Y los invitamos a que se sume al encuentro Larga Vida a las Mariposas y a todos los actos de las páginas por los presos: haga el pequeño esfuerzo y busque usted mismo. Nosotros tenemos mucho trabajo con todo lo que sí hacemos, que usted no reconoce.

Y lo del final de su texto relativo a los secuestradores cubanos de aviones en claro eco a la citación comparativa del genocida Abarca con el periodista Pérez Becerra que efectuara Chávez en su discurso tan esperado y tan poco humilde, es más que tendencioso.

Recordarle señor Escusa, que Cuba, en 52 años de revolución, bloqueada, sin petróleo ni nada, Jamás, nunca, ha entregado a un perseguido político. Porque hablamos de perseguidos políticos, así usted haya intentado insidiosamente mezclarlo todo.

Y por último, y algo que usted parece no ver, cuando es enorme: es que Joaquín Pérez Becerra es un periodista entregado por un gobierno que se dice de izquierda, como lo es el venezolano; y en eso es mucho más grave esta entrega porque no fue entregado por un gobierno derechista. Además de ello a Joaquín se le negó el debido proceso: lo que ni siquiera el Chile de Piñeira hace con el comunista Manuel Olate, igualmente pedido en extradición por el régimen colombiano.

Y señor Escusa, si lee bien el texto nuestro, verá que usted es uno más en ese proceder de bajezas y calumnias, razón por la cual está su accionar insertado en nuestro reclamo abierto, y no le escribimos a su única persona; tampoco mezclamos, fuimos extremadamente claros en lo expresado.

Aquí expuesto, para consideración de los lectores:

BASTA YA del linchamiento contra los periodistas y los críticos de la entrega ilegal del periodista Becerra

Leemos a los censores y calumniadores poner en duda la integridad moral de la internacionalista Annalisa Melandri; porque Annalisa Melandri renunció a la redacción de Alba internazionale, justamente por la intolerancia a la crítica. Esto dicen los que calumnian a Melandri: "quien es Melandri! Además de ser una "comunista italiana" supongo que frustrada porque su partido Refundación comunista apneas se come una mierda en Italia está en laórbita del PC de Venezuela. Pero espero que me saques de dudas y me ilustres con las hazañas de esta revolucionaria de lujo."(en comentarios a su carta de renuncia dedibo a la intolerancia a la crítica: http://www.kaosenlared.net/noticia/…)

Leemos a diario centenares de calumnias contra el periodista Pérez Becerra, y contra los periodistas que han rechazado su entrega y que piden que se abra el debate. Entre los más calumniados está Dick Emanuelsson, gran periodista, internacionalista, que arriesga su vida a diario para reportar desde Honduras, al lado del pueblo. Emanuelsson está siendo calumniado de manera abyecta en la red por personas que recurren a las calumnias más bajas, e incluso esas personas censoras han logrado convencer a parte de BYCR; pero varios miembros de BYCR sí han hecho oir sus voces contra la exclusión de Emanuelsson. Otro de los más calumniados es Narciso Isa Conde, gran internacionalista, comunista dominicano, él mismo ha sufrido cárcel y persecución, y claro que no se va a quedar callado ante esto, por más calumnias de los censores que se viertan para dejar intocada la aberración cometida contra el periodista Becerra, y la violación al DIH y a la constitución venezolana. Otro de los periodistas que ha sufrido linchamiento en redes es el venezolano Luis Britto, compañero revolucionario: por haber emitido un texto muy apegado a las leyes y la ética, sin subjetividad alguna, ahora es víctima de toda suerte de calificativos y subjetividades en su contra.

No podemos tolerar más este linchamiento, porque esto sí que es un linchamiento, porque recurren a mentiras y a calumnias. Los críticos a la entrega solo decimos la verdad, apegada a las leyes y al DIH, verdad apegada a la ética; lo que les pedimos es que argumenten, pero que si carecen de argumentos, no echen mano de la calumnia: no pueden seguir envileciendo de esta forma los medios alternativos.

Lo que más duele, es que esos censores y calumniadores, en vez de estar apoyando para liberar a Joaquín y pedir al gobierno de Venezuela que pida la retroacción de la entrega, que puede y debe hacerlo, ocupan sus días en enlodar a los periodistas críticos y a los internacionalistas.

Leemos al Señor Escusa, escribir y sostener en un artículo que los internacionalistas no somos solidarios con otros presos políticos: bajeza sin límites, pues justamente por solidaridad constante y no oportunista, es que conocemos perfectamente la situación de los presos políticos del continente americano y allende los mares.

Y en nuestras páginas pueden ver los casos denunciados desde hace años: un trabajo constante y no puntual. Hay una página por los presos del continente americano, y el señor Escusa nunca nos ha ayudado a trabajar en ella, lo hacemos los internacionalistas: desde hace años con los Macheteros de Puerto Rico, con el pueblo colombiano, con los presos en el imperio, con los presos políticos peruanos, con los presos políticos chilenos, los paraguayos, con TODOS los encarcelados por su opinión, y cómo no, con Joaquín Pérez Becerra, así quieran ocultarlo.

El caso del independentista puertorriqueño Norberto González Claudio, capturado el 10 de mayo de 2011 por el FBI norteamericano en Puerto Rico y extraditado a Estados Unidos, fue publicado en las principales páginas internacionalistas, incluso hay una campaña por su libertad (¿La obvia adrede el señor Escusa?).

Los independentistas puertorriqueños que hacen parte del MCB, han sido, y son de los más críticos contra la entrega de Becerra por parte de Venezuela: además, lo que hace este caso más grave que cualquier otro caso, es el hecho que Becerra no fue entregado por un gobierno abiertamente de derecha; sino que Venezuela pudiendo ampararse en las leyes (debiendo hacerlo), eligió violar las leyes para complacer e EEUU y al Estado colombiano en su persecución al pensamiento crítico.

Dice el señor Escusa, en este artículo http://www.kaosenlared.net/noticia/… “Muchos no tendrán el derecho a ser recordados. No figurarán jamás entre los comunicados de protesta de insignes intelectuales izquierdistas y premios Nóbel. Sus nombres pasarán sin pena ni gloria por el escaparate de la izquierda de la doble moral sin que ésta sienta ningún remordimiento. No sirven para dar publicidad a bonitas campañas internacionales rebosantes de buenismo humanitario izquierdista, no dan prestigio a muchas ilustres personalidades, intelectuales de renombre e izquierdistas radicales de lo políticamente correcto. No son mediáticos. No son útiles. Son prescindibles.

Entre ellos figuran luchadores políticos, guerrilleros, presos del imperialismo y otros nombres que no sirven para determinados fines de la izquierda del buenismo humanitario y de lo políticamente correcto. Tomemos el último caso: el legendario independentista puertorriqueño Norberto González Claudio, líder del Ejercito Popular Boricua, capturado el 10 de mayo de 2011 por el FBI norteamericano en Puerto Rico –actual colonia yanqui­- y extraditado a Estados Unidos, donde será juzgado por el robo de un banco el año 1983 para financiar la lucha patriótica de su país. A Norberto, de 65 años de edad y 25 de vida clandestina, le acusan de todas las acciones combatientes de los llamados “macheteros”, por lo que le puede caer una condena de 275 años de prisión. Pero Norberto no recibirá muchas muestras de cariño por parte de izquierdistas radicales indignados, ni las páginas de Internet se llenarán de comunicados y protestas incendiarias contra la extradición a la metrópoli, ni los intelectuales bienpensantes moverán un dedo por él. Casi nadie en el extranjero conocerá su causa: Norberto ha tenido la desgracia de no ser extraditado por el gobierno de izquierdas de Venezuela. Norberto no es un preso mediático. No es útil. Es prescindible.”

Y publica en kaos, la foto de Norberto González con este comentario: “El pobre Norberto ha tenido la desgracia de no ser deportado por Chávez”.

¿Puede alguien imaginarse recurso más bajo de calumnia contra los periodistas críticos de la entrega que estos procederes utilizando al compañero Norberto González, y tratando de sembrar cizaña?

Pero no lo va la lograr el señor Escusa; porque los hermanos puertorriqueños están entre nosotros, solidarios siempre, y forman parte de los más críticos a la medida de entrega ilegal del periodista Pérez Becerra.

No deberían buscar sembrar cizaña el señor Escusa y los demás censores; no deberían enlodar con calumnias a los internacionalistas: pero lo que pasa es que ellos entienden la justa crítica como un "ataque" y por eso actúan de manera tan irracional y tan baja, recurriendo a métodos insidiosos, mentiras y calumnias a todo dar, para tratar de evitar que se de el sano debate.

Señores censores, aquí los que critican la medida de la entrega ilegal son revolucionarios, y han apoyado al proceso venezolano en lo bueno, pero quieren que cesen los acuerdos de entregas de perseguidos políticos: ¿es tan difícil de entender eso?

Ese entendimento tan intolerante de los que usan la calumnia contra los periodistas críticos y los internacionalistas, se ve reflejado en esta frase, el título del artículo de Escusa, que miente al decir que Norberto González no tiene la solidaridad de los internacionalistas, que más que los ’Escusas’ llevamos años con la causa de los presos políticos: "El linchamiento de Hugo Chávez: Heinz Dieterich, los presos políticos y la doble moral de la izquierda bienpensante"

O sea: para los que recurren a las calumnias contra los periodistas críticos e internacionalistas, lo que hay es un "linchamiento" de Chávez: tratan de invertir la realidad, el mundo patas arriba. A ver señores: el linchamiento (y más) lo sufrió, y sufre, el periodista Joaquín Pérez Pecerra, y lo sufren los críticos de la entrega, de parte de un Estado, con todo su poder, y por parte, también, de sus calumnias: no vamos aquí a tratar de invertir las cosas, un poquito de honestidad.

No sigan con esas calumnias: se envilecen a ustedes mismos con esas calumnias que publican incesantemente, como esta que recurre a envilecer a los sobrevivientes del un terrorífico genocidio:

“¿Cómo sabemos, a estas alturas, que Joaquín Pérez Becerra es AUTÉNTICAMENTE un compañero? ¿Cómo sobrevivió y pudo salir de Colombia, cuando todos los demás murieron, en ataques furibundos?”

Lo anterior fue publicado ej BYCR por una de las personas que más ha arremetido contra Emanuelsson, reservamos el nombre de esta persona por pudor con ella, y para ver si se decide a pedir disculpas públicas a los sobrevivientes de un genocidio y cesa las calumnias contra Emanuelsson.

El señor Escusa USA a nuestro compañero Norberto de Puerto Rico; para enlodar a los críticos: esa bajeza no puede seguir.

Estas calumnias contra los periodistas críticos se pueden leer en los foros, y en los espacios que dan posibilidad de comentarios a los artículos, igualmente circulan por las listas google y yahoo. Pero no son casos aislados: obedecen a la criminalización de la crítica cuyos lineamientos han sido trazados desde arriba, y son testimonio de carencias políticas graves. Lo más terrible es que en algunos espacios "alternativos" estas calumnias son publicadas como "artículos", tejidos de insultos y frases insidiosas son publicados como artículos, mientras que artículos serios, con investigación e innumerables fuentes son censurados en esos espacios. Censuran a Luis Britto, a Maurice Lemoine, a Hugo Gómez, a Azalea Robles, a Emanuelsson, a Gonzalo Gómez, a tantos que han escrito artículos muy bien sustentados, mientras que dan cabida a hojas de calumnia, dignas de cualquier periodico de la derecha secular. ¿Cómo es posible que algunos medios "alternativos" hayan caído tan bajo?

Las mismas calumnias de "trabajar para el imperio" y de ser "agentes de la CIA", y de "linchar a Chávez" aplicadas a Emanuelsson, a Isa Conde, a Annalisa Melandri, a Luis Britto se han vertido sobre el fundador de Aporrea, Gonzálo Gómez, un compañero intachable y solidario. Lo mismo ha pasado con inumerable cantidad de compañeros y compañeras como las periodistas e internacionalistas Ingrid Storgen, Ninfa Monasterios, Sulata Taruka, Ilenia Medina, Luisa Ruíz, compañeras probadas en su solidaridad que han sido calumniadas en la redes incluso con insultos machistas irrepetibles. También abundan las calumnias contra el propio partido comunista de Venezuela PCV, por haberse atrevido a denunciar la violación al DIH y a la constitución venezolana. También circulan calumnias contra la periodista que tuvo el ’atrevimiento’ de entrevistar a un abogado experto en DIH para saber si había sido ilegal lo cometido con Pérez Becerra en Venezuela. Calumnias ha sufrido también Hugo Gómez por escribir un excelente texto; ha ocurrido lo mismo con el Francés Maurice Lemoine, cuyo texto también es muy apegado a las leyes, ha ocurrido con Luisa Ruíz que ha escrito uno de los artículos más completos y revolucionarios que buscan que el proceso en Venezuela se profundice y no se derechice, y con incontables compañeros que no podemos aquí nombrarlos a todos, siendo para los censores el diablo en persona el sociólogo Dieterich, por haberse atrevido a escribir tres artículos sobre el tema. Y por supuesto que hay espacios "alternativos" totalmente vetados para estos artículos, y el que se atreva a colgarlos es echado del espacio en cuestión, por eso muchas personas en varios de estos espacios que aplican la censura se han mantenido amedrentados y silenciados en estas semanas. Algunos escriben poemas, como manera de tratar de decir lo que les es prohibido hoy por los compañeros de ayer…

Ya basta de acusar de "contrarrevolucionarios" a los críticos de la entrega del periodista Becerra. Somos muchos, y somos revolucionarios, por eso mismo no apoyamos la censura, ni la calumnia, para tapar lo cometido contra el periodista Becerra.

Ha habido un sector crítico y revolucionario en Venezuela que ha adelantado la ética y el respeto del DIH como puntos irrevocables, y que ha articulado los análisis entorno a la verdad y la argumentación, y no entorno a la descalificación del que piensa diferente; ha habido un sector importante del pueblo venezolano consciente de que si este debate no se da abiertamente, eso sí que es hacerle el favor al imperialismo y a la derecha del PSUV; y este sector ha sido víctima de insultos e improperios de todo tipo, desde la trillada señalización de ser “contrarrevolucionarios”, hasta insultos más personales.

En este sector solidario y digno destaca la labor del partido Comunista de Venezuela, y en la intelectualidad crítica destacan nombres como Luis Britto que dejó muy claro en un artículo que la entrega del periodista era no sólo infractora del DIH, sino totalmente inconstitucional, y emitió su crítica desde la preocupación por el mismo proceso venezolano que muchos hemos defendido, y que no podemos tolerar verse sumido en prácticas ilegales y en pactos represivos: “(…) lo dicen las leyes y los tratados (…) El que en otros países no exista Estado de Derecho no es razón para que éste deje de existir en Venezuela. (…) Secuestrar a un comunicador social y entregarlo por la fuerza a un país del cual no es nacional; a un país donde fueron asesinadas su esposa y cinco mil copartidarios; donde en tres años se cuentan más de 38 mil desaparecidos (…)ciertamente representa un peligro para él, y para quienes confiamos en que constituciones, leyes y derechos humanos eran más que últimas palabras(artículo de Luis Britto "extradición").

Citamos una parte del Llamado a la ternura de otra compañera internacionalista:

Criminalizar al periodista y a la crítica:

• Mentiras en complicidad con el genocidio, que asfixian al proceso venezolano

Un amplio sector mundial y venezolano ha repudiado la entrega del periodista; lamentablemente desde el gobierno venezolano se ha respondido con poca humildad, y criminalizando al partido comunista de Venezuela y a las demás organizaciones críticas de la medida (16). Ha habido una censura mediática impulsada desde la alta cúpula ministerial a los medios oficialistas. La derecha infiltrada en puestos claves del propio PSUV ha marcado la consigna de intolerancia al pensamiento. Desde la captura se ha presentado al periodista como un “terrorista” en los medios oficialistas de Venezuela, copiando y pegando el comunicado de Bogotá, y condenándolo sin previo juicio. Asimismo se ocultó la nacionalidad sueca del periodista mientras se dio tiempo a entregarlo a manos de sus captores colombianos.

Luego, tras la entrega, la censura sigue en los medios oficialistas: los cuales recurren a crear una matriz de opinión que criminaliza al periodista y que criminaliza la solidaridad y el pensamiento, y cuya cúspide de lo absurdo podría sintetizarse así: “si criticas la medida tomada por Chávez eres de la CIA”. Evidentemente este accionar no encuentra una aceptación unánime en el pueblo venezolano, y varios medios alternativos, organizaciones revolucionarias de base, el PCV, artistas e intelectuales no entienden la intolerancia y la estigmatización del debate como algo revolucionario. La censura ha llegado tan lejos que la directora de la Radio del Sur ha sido destituida: Radio del Sur es uno de los pocos medios venezolanos que se han atrevido a informar sobre la entrega del periodista, y a cuestionar acerca de los acuerdos Chávez-Santos en materia de entrega de perseguidos políticos.

Está claro que el secuestro y la entrega del periodista al régimen colombiano han despertado cuestionamientos esenciales que según como se de el debate, y sobretodo si se logra dar pese a la intolerancia, marcarán ya sea el fortalecimiento del proceso venezolano en un camino hacia algo más justo que el capitalismo, o bien marcarán el inicio tangible de su deterioro en medio de la criminalización de la solidaridad y la crítica.

Lamentablemente la derecha del PSUV ha manejado la cuestión mediáticamente de tal manera que ha cooptado a muchas personas honestas, adhiriéndolas a la causa de la censura mediante el convencimiento de que la crítica ‘le hace mucho daño al proceso’, cuando no es la crítica la que le hace daño, sino la falta de crítica y el encubrimiento de estos hechos. Esto se expresa en un comunicado que llama a (17): “Cuiden a esta Revolución que es de todos.” Cómo si no la cuidáramos los que criticamos justamente una medida que la vulnera y que destruye su fibra ética. “(…) No la utilicen de manera poco solidaria. No la sometan a riesgos innecesarios.” Esto es un eco de la propaganda que criminaliza al periodista aduciendo que fue él el que “sometió a la revolución a riesgos innecesarios”, y de ninguna manera podemos aceptar que se criminalice a la víctima y se nos chantajee para que nos quedemos callados ante la evidente injusticia. En lo personal, y es una opinión compartida por muchos, seguiré apoyando lo bueno del proceso venezolano, pero no voy a apoyar la violación del DIH, ni la entrega de perseguidos políticos, ni los pactos grises Chávez-Santos, ni los manejos ilegales ejercidos contra personas como fue el caso contra el periodista Joaquín Pérez Becerra. Y por lo tanto se debe dar el debate y los pueblos tienen derecho a conocer el tenor y alcance de los acuerdos Chávez-Santos en materia de “cooperación e inteligencia militar”.

La defensa de lo indefendible ha incurrido en las argumentaciones más bajas, publicadas sin reparo en medios venezolanos que habían sabido ganarse por su trabajo el respeto y cariño de los pueblos. Esperemos que esta línea de calumnias y criminalización se rectifique y no empañe más la trayectoria de estos medios. Estas bajezas van desde llamar al periodista “terrorista”, replicando el patético comunicado del ministro Andrés Izarra, pasando por artículos de opinión que articulan su “defensa” de la entrega del periodista entorno a bajezas como: “¿Qué colombiano no se hace el sueco?” o bien en la estrategia de criminalizar a la crítica, como lo hace Iván Maiza en el artículo estrella de Telesur, que llega a decir que los colombianos de izquierda "trabajan para el DAS", y uno entonces puede preguntarse si no es él el que trabaja para el DAS, dado su proceder de mentira, calumnias y señalamientos para generar odio contra los críticos.

También hemos tenido que leer toda suerte de expresiones racistas de tipo: "Porqué tienen que venir a Venezuela?", y vemos morir la inteligencia en frases como: "¿Si ese señor estaba tan bien en Suiza (sic.) por qué no se quedó allá y tuvo que venir a Venezuela?"

Pululan cosas tan insidiosas contra los sobrevivientes de un genocidio como: “¿Cómo sabemos, a estas alturas, que Joaquín Pérez Becerra es AUTÉNTICAMENTE un compañero? ¿Cómo sobrevivió y pudo salir de Colombia, cuando todos los demás murieron, en ataques furibundos?” (18)

Hay censura, calumnias contra la víctima y los críticos, y a la par hay un poderoso chantaje emocional para mandar a callar a los críticos, en que se los culpabiliza de todos los males del mundo por atreverse a expresar la crítica: se apela a la idea absurda según la cual si los críticos de la aberrante medida llaman al debate abierto, enseguida aparecen en el horizonte las tropas de marines estadounidenses, prestas a atacar lo logrado. Y todo sería por culpa de los críticos a la violación al DIH y al secuestro de un periodista. Se olvidan esos chantajistas que es la censura la que acaba con el proceso, pues fortalece a la derecha del PSUV. Y se olvidan de que Washington salió a dar sus felicitaciones a Chávez por la colaboración en la imperial “lucha contra el terrorismo” que no es otra cosa que la cacería humana moderna contra todo aquel o aquella que adelante un pensamiento crítico y verdaderamente revolucionario.

Esta lógica retorcida de culpar al periodista de la violación al DIH de la que fue víctima por parte de las autoridades venezolanas hace escuela en censores de todo tipo: la línea la trazan los medios amordazados y direccionados por Izarra, y luego a esta línea indecorosa se unen personas de la derecha del PSUV y también personas honestas pero tremendamente cegadas por el chantaje emocional imperante. La expresión de esta línea censora se recoge en frases populares como: “Cualquier ciudadano que sospeche que pueda estar en las listas del gobierno colombiano, cuya fuente son la computadoras de Raul Fuentes … lo que tiene que hacer es no ir a Venezuela, porque con esta acción perjudica, y comprometa la revolución bolivariana, convirtiéndose, en un arma arrojadiza contra esta” (sic) (19)

Es el mundo al revés. La conclusión lógica que habría que sacar es que hay que exigir a Venezuela que respete el estatuto del Refugiado, el DIH, y la propia constitución venezolana; en vez de pedirles a los colombianos que eviten ir a Venezuela. Pero los adalides de la lógica retorcida pretenden vetar Venezuela a los colombianos, en esa ‘lógica’ alienante de culpar al periodista de lo que fue víctima por parte de las autoridades venezolanas. Qué nivel de alienación. Es como decir: "si las mujeres saben que se exponen a ser violadas, que no salgan solas a la calle, y que no vistan de tal o cual manera, porque están provocando a los hombres" o como lo que dicen las mentes más enfermizas acerca de las víctimas de violencia de género: “si ese hombre le pegó es porque ella se lo buscó”

Uno de esos articulistas del ejército de alienantes, se preguntaba indignado: “Por qué si Becerra estaba tan bien en Suiza (sic.), no se quedó allá con todas las comodidades, y tenía que venir a molestarnos a Venezuela! ¿qué buscaba ese inconciente?”

La misma cosa es dicha de manera menos burda, pero no menos absurda y criminalizante de la víctima y los críticos, por Luis Bilbao, quien aduce que no se puede “gemir” por “hechos consumados” (violación al debido proceso y DIH): “Quien obre por decisión o inadvertencia contra la concreción de la Celac, está haciendo algo muy grave(…) Y quien apele a la política de los hechos consumados, no puede gemir luego porque encuentra frente a sí, también, hechos consumados.” (20)

Desde la tribuna presidencial se ha arremetido contra los militantes de izquierda venezolanos y latinoamericanos que han protestado, tratándolos de “Ultras” de manera peyorativa. Varios voceros de la corriente censora, afirman que la detención se debió a que Pérez llegaba a Caracas a “sabotear” la reunión integracionista de la llamada Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Lo cual es repetido con más o menos intensidad por multitud de artículos de opinión, que obvian olímpicamente quela martillada tesis de la “trampa”se desvanece ante la evidencia de que había multitud de leyes bajo cuyo amparo el gobierno venezolano hubiera podido proceder de otra manera.

• El genocida Yair Klein tuvo acceso al debido proceso que las autoridades venezolanas le negaron al periodista: evitó la circular de Interpol

La trillada mentira de que la circular de Interpol exigía ese proceder ilegal es una de las falacias más enormes con que se pretende tapar lo cometido contra el periodista.

Por más circular roja de INTERPOL (que todavía no se sabe si existió): una circular de interpol no da derecho a secuestrar a un ser humano. Se debe proceder legalmente. Y las autoridades venezolanas se saltaron el debido proceso: si no se lo hubieran saltado, Joaquín Pérez Becerra estaría en Suecia, con su hija de 10 años y su segunda esposa; y no estaría en una celda en manos de sus verdugos, entregado por Venezuela a manos de quienes torturaron y asesinaron a su primera esposa. Es un perseguido político, amparado por la Convención contra la Tortura y el Estatuto del Refugiado: no procedía el entregarlo al país del cual huyó.

Hasta el mercenario Israelí Yair Klein, entrenador de paramilitares en desmembrar personas vivas con motosierra, anda libre pese a que tuvo una circular de Interpol, y está libre porque los tribunales se negaron a entregarlo, tras el debido proceso, aduciendo que era "victima de persecución política": razón por la cual se cancela la extradición y circular de Interpol. Obviamente que en el caso de Yair Klein protegieron cínicamente a un genocida; y si la legalidad ampara hasta a un genocida para que se pueda evitar una circular de INTERPOL, con más razón lo puede hacer un sobreviviente y refugiado político como el periodista Pérez Becerra. (21)

Igual pasó con los banqueros venezolanos prófugos de la justicia venezolana: también adujeron "persecución política" y andan libres. Pero tuvieron acceso al debido proceso.

En cambio Venezuela secuestró al periodista Pérez Becerra (incluso se saltó el Habeas Corpus interpuesto), lo privó del proceso legal, en el cual hubiera aparecido como obvio que la extradición No procedía y se hubiera evitado fácilmente. El periodista es sobreviviente de un genocidio político de todo un partido (la Unión Patriótica, UP): el genocidio político consta ante la CIDH, no es un secreto, es un hecho histórico reconocido.

El periodista Pérez Becerra fue uno de los pocos concejales de la UP que quedó vivo, en total 5000 asesinados por el Estado colombiano. La entrega del periodista fue un crimen en clara complicidad con el genocida régimen colombiano, en su tarea se silenciar la información y el periodismo alternativo. Resulta indigno a ultranza que hoy en algunos de los mismos medios alternativos que deberían ser los primeros en solidarizarse con el periodista Pérez Becerra, se intente tapar la infamia de su entrega con más infamias: calumniándolo y mancillando la memoria de las víctimas de un genocidio que hoy por hoy, al momento de escribir estas líneas, se intensifica.

Serían incontables los ejemplos de ese intento de esconder la realidad con calumnias, mentiras, racismo, criminalización del periodista, teorías del complot, chantaje emocional, etc.

• Ha habido igualmente un sector apegado a la ética, que cabe destacar

Cabe resaltar que también ha habido un sector crítico y revolucionario en Venezuela que ha adelantado la ética y el respeto del DIH como puntos irrevocables, y que ha articulado los análisis entorno a la verdad y la argumentación, y no entorno a la descalificación del que piensa diferente; ha habido un sector importante del pueblo venezolano consciente de que si este debate no se da abiertamente, eso sí que es hacerle el favor al imperialismo y a la derecha del PSUV; y este sector ha sido víctima de insultos e improperios de todo tipo, desde la trillada señalización de ser “contrarrevolucionarios”, hasta insultos más personales. En este sector solidario y digno destaca la labor del partido Comunista de Venezuela, y en la intelectualidad crítica destacan nombres como Luis Britto que dejó muy claro en un artículo que la entrega del periodista era no sólo infractora del DIH, sino totalmente inconstitucional, y emitió su crítica desde la preocupación por el mismo proceso venezolano que muchos hemos defendido, y que no podemos tolerar verse sumido en prácticas ilegales y en pactos represivos: “(…) lo dicen las leyes y los tratados (…) El que en otros países no exista Estado de Derecho no es razón para que éste deje de existir en Venezuela. (…) Secuestrar a un comunicador social y entregarlo por la fuerza a un país del cual no es nacional; a un país donde fueron asesinadas su esposa y cinco mil copartidarios; donde en tres años se cuentan más de 38 mil desaparecidos (…)ciertamente representa un peligro para él, y para quienes confiamos en que constituciones, leyes y derechos humanos eran más que últimas palabras.(22).

También destaca Gonzalo Gómez, fundador de Aporrea.org, en su artículo “En el caso Pérez Becerra había otras opciones ¿Por qué se escogió la peor?”, expresa: “Las razones dadas por el gobierno y por nuestro presidente han sido muy poco convincentes. Pero además falta un toque de humildad y de respeto hacia la opinión y los sentimientos de los demás, en función del diálogo y de la unidad de todos los que damos la vida por el proceso revolucionario bolivariano (…) Los métodos extraviados nos queman a todos al mismo tiempo, queman a la revolución que estamos impulsando. El gobierno se está inmolando. Le está infiriendo una inmensa herida a franjas importantes del movimiento popular venezolano, al sentimiento de confianza (…) No es sólo cosa del PCV (…) ni de la despreciada “ultraizquierda” que sólo es buena para morir por Chávez en Puente Llaguno. Los movimientos sociales y progresistas, las organizaciones de izquierda que nos han defendido en todas partes han temblado de indignación(…) O hay diálogo con el pueblo o este proceso entrará en una fase de gravísimas dificultades.” (23)

Lucía Ruíz anota con mucha pertinencia que: “Acontecimientos importantes permiten que afloren nobles y éticos principios, o en su defecto, perversas pasiones y falencias ideológicas. El secuestro y entrega expres de Joaquín Pérez Becerra al Estado terrorista de Colombia es uno de estos casos que nos permite valorar en su justa dimensión el derrotero demo-liberal a que viene siendo sometido el proceso bolivariano de Venezuela, por la derecha endógena en la dirección del PSUV y el gobierno central. El ‘asunto Pérez’ de sopetón tumbó la máscara dejando al descubierto todas las vergüenzas y quiebras ideológicas.(…) Por un lado está la deplorable y arbitraria posición asumida por Chávez y su gobierno, que pisoteó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que reza así el “Capítulo III, De los Derechos Civiles , Artículo 44 (…) Toda persona detenida tiene derecho a comunicarse de inmediato con sus familiares, abogado o abogada o persona de su confianza (…) Respecto a la detención de extranjeros o extranjeras se observará , además, la notificación consular prevista en los tratados internacionales sobre la materia .” (24)

Y señala: “No solamente se asume orgullosamente la política antiterrorista imperial sino que se enriquece con creces los postulados de ésta. En la pretendida defensa de la “papa caliente” que hiciera el presidente Chávez queda claramente demostrado hasta donde se ha llegado a abrazar esta política antiterrorista gringa, en la que alumno supera al profesor: “[…]Se bajó en Maiquetía y lo capturamos. Así como entregamos a Chávez Abarca a Cuba, entregamos a este señor a Colombia” . Si, así no más, sin un ápice de vergüenza —a grito en cuello—, burlando el principio universal de la presunción de inocencia y sin juicio alguno se condena y se equipara al periodista de Anncol y luchador popular Joaquín Pérez con un terrorista.” (Ibíd. )

Ilenia Medina recuerda que: “En diversas oportunidades hemos planteado la imperiosa necesidad de que Venezuela debe acabar con el irresponsable procedimiento de deportar a los ciudadanos colombianos. Toda solicitud que efectúe Colombia debe ampararse bajo los procedimientos jurídicos más apegados al estado de derecho. (…) Sin embargo, son las autoridades colombianas, sin moral para ello, que le exigen a Venezuela “garantías” para extraditar a Makled.” (25)

• Política de persecución contra el pensamiento crítico adelantada por el imperio a nivel mundial

El centro de este asunto es la política contrainsurgente y represiva contra el pensamiento crítico adelantada por el imperio a nivel mundial, y con específico énfasis en lugares como Colombia, en los que el gobierno adelanta una verdadera cacería humana. La sombría reedición del Plan Cóndor no puede ser avalada por los revolucionarios del mundo: es una llaga abierta en el continente americano. Y menos podemos aceptar que el gobierno venezolano mancille su ética colaborando con el genocidio contra el pueblo colombiano, en la sucia labor de entregar perseguidos políticos.

Roosevelt Barbosa señala: “Joaquín Pérez Becerra solo fue la gota que derramó el vaso. (…) Incluso se han entregado combatientes heridos, lo que está indicando que no son errores circunstanciales las entregas, sino políticas de Estado acordadas entre ambas naciones. Es a esto, que sí es muy grave, que debe responder el presidente, explicar con claridad si seguirá o no entregando a los colombianos reclamados por el gobierno de las inmensas tumbas clandestinas.” (26)

Como lo expresa el texto de análisis jurídico que publicó el Partido Comunista de Venezuela: "el gobierno bolivariano, por cumplir un acuerdo no conocido con el gobierno de Colombia y su presidente Santos, dejó de aplicar las leyes de nuestro país para entregar al periodista."

Hugó Gómez, expresa: “Ambos gobiernos han presidido este episodio detestable de atropello inaudito a la libertad y seguridad del revolucionario deportado. La deportación de Pérez Becerra se inscribe en un compromiso político claro-oscuro de dos mandatarios que ostentan signos políticos contrarios. Es esa una contradicción que debe resolverse. El tsunami político que este episodio ha desencadenado, contribuirá a desvelar al menos algunas de las raíces de este tipo de compromisos de entrega constante de revolucionarios colombianos por el gobierno venezolano, y medir sus nocivas consecuencias en la construcción por ambos pueblos, de la Patria Grande Bolivariana (…) En este procedimiento demoledor de toda conducta civilizada, fueron pisoteados impunemente los convenios internacionales sobre Derechos Humanos y Diplomáticos, la Convención de Ginebra, el Pacto de San José de Costa Rica y tantos más”(27).

“La deportación de Pérez Becerra no es un episodio aislado(…) Dicha conducta, alejada de la solidaridad revolucionaria (…) compromete principios del ideario bolivariano, sin distinguir entre quienes son los amigos y quienes los enemigos reales del proceso revolucionario bolivariano en Venezuela y en Colombia. El secuestro y la deportación de Joaquín Pérez Becerra, realizada en una operación mixta por los cuerpos de inteligencia y fuerzas de la seguridad de las Repúblicas de Colombia y Venezuela, ha de alertarnos sobre los efectos perversos de desviaciones ideológicas y políticas. (…) El comunicado del Ministerio de la Comunicación e Información de la República Bolivariana de Venezuela, (fue) elaborado con el lenguaje inquisitorial tomado prestado de la oligarquía colombiana cuando apunta a la resistencia popular contra la injusticia social (…)” Esto expresó el comunicado oficial: “El Gobierno Bolivariano ratifica así su compromiso inquebrantable en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado, en estricto cumplimiento de los compromisos y de la cooperación internacional, bajo los principios de paz, solidaridad y respeto a los derechos humanos”. (Ibíd. )

El analista J.A Gutiérrez D., refiriéndose al comunicado: “No solamente condena a Pérez Becerra antes del juicio, sino que además denomina “terrorismo” a la insurgencia mientras que el Estado colombiano sería la encarnación de la “paz, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos” (el mismo Estado colombiano de los falsos positivos, de las torturas a más de 7.000 presos sin debido proceso, el mismo de las decenas de miles de desaparecidos (…) el mismo del paramilitarismo, la parapolítica y la limpieza social)” (28)

Gutiérrez expresa: “estas extradiciones son parte de un proceso de guerra sucia total (…) por parte del Estado colombiano, que desde el 2002 ha decidido cerrar toda puerta al diálogo político y jugárselas por el exterminio (…) El componente jurídico de esta guerra tiene diversos aspectos, incluido el concepto de Guerra Jurídica en contra de toda forma de oposición, defensores de derechos humanos, periodistas, jueces, etc. (…) El concepto de utilizar las extradiciones como estrategia de guerra y la abierta intromisión del Ejecutivo en el quehacer judicial han sido también detallados en el tercer punto del llamado “Salto Estratégico”, la política que define la estrategia militar contrainsurgente del Estado colombiano desde el 2009, con el cual se busca:

“articular el sistema judicial para que éste produzca resultados ejemplarizantes, (…) La extradición, en particular, ha sido usada como herramienta en este componente; otro mecanismo muy socorrido fue evitar la judicialización por rebelión y promover condenas por terrorismo (…) Al mismo tiempo, se intentó crear un sistema de protección jurídica a los efectivos de las Fuerzas Militares, con el objeto de prevenir la desmoralización de la tropa ante eventuales condenas por violaciones de los derechos humanos”[7]”

El mismo Santos, entonces Ministro de Defensa, había dicho en Marzo del 2009 que “seguiremos con el tema de la judicialización”[8]

En este escenario, el acoso judicial a los internacionalistas asume un rol central, y aún cuando no se consigan todas las extradiciones solicitadas, se consigue que los defensores de derechos humanos (…) deban entrar al juego de defenderse en lugar de denunciar al régimen.”

Evidentemente, es momento de abrir el debate: el devenir de nuestros pueblos no puede ser sacrificado a las adulaciones y las censuras. Y a los que llaman a la censura con su “carta de desagravio a Chávez”: decirles que ojalá pudieran entender que la verdad no es un “agravio”; la verdad es una necesidad revolucionaria.

Lo peor de todo este asunto, es que Venezuela aún puede pedir la retroacción de la entrega (figura prevista en el DIH en caso de violación del debido proceso), pero los censores han tapado la posibilidad de que esto se de, contribuyendo a mantener enjaulado a un sobreviviente del genocidio, y a un periodista encarcelado para callar su voz, que enfrenta un descomunal montaje judicial por parte del régimen colombiano.

Si nos quedamos callados, habrá más entregas de perseguidos políticos: y la cacería humana continuará intensificándose, amordazando el pensamiento crítico y alejando las esperanzas de paz mientras se acrecienta el genocidio contra el pueblo colombiano. Estamos en un momento capital para el devenir de la región, y para el devenir de la ética: componente imprescindible a cualquier proceso revolucionario. Podemos aceptar el silencio y ponerle una sordina a los torturados del genocidio colombiano; o podemos decir que no aceptamos ser cómplices con un genocidio, y abrir el debate para rescatar la verdad, la solidaridad, la coherencia y la ética como fundamentos imprescindibles.

Fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/…


Respuesta de Albert Escusa a Intelectuales y artistas contra el linchamiento de periodistas y por la ética

Fuente: http://www.kaosenlared.net/noticia/…

Título:

Breve respuesta a los compañeros de “Intelectuales y artistas contra el linchamiento de periodistas y por la ética”

Fecha: 20-5-2011

Estimados compañeros de “Intelectuales y artistas contra el linchamiento de periodistas y por la ética”:

Debido a unas alusiones directas que aparecen en su artículo de respuesta al mío, les escribo para tratar de aclarar algunas posibles equivocaciones o malinterpretaciones que pudieran haberse dado, esperando que los debates, discrepancias y diferencias se mantengan dentro de los cauces de fraternidad y solidaridad que debe regir entre quienes se supone que estamos en la misma trinchera.

Me gustaría aclarar, a todos aquellos que se han permitido verter toda clase de insultos y descalificaciones sobre mi persona en diferentes momentos, que mis motivaciones únicamente descansan en la solidaridad internacionalista con los diversos procesos de transformación y cambio que tratan de abrirse paso con grandes esfuerzos en América Latina y el Caribe y que, hoy por hoy, con sus innumerables limitaciones, contradicciones, problemas y peligros, pienso que representan las experiencias concretas y existentes más avanzadas en el mundo, más allá de las teorías, ideas y buenos deseos que cualquiera de nosotros pueda tener sobre cómo deben ser los cambios sociales. Como ciudadano del Estado español, participo activamente siempre que me es posible en las diferentes convocatorias de solidaridad realizadas hacia América Latina y el Caribe, aportando mis modestos esfuerzos: con los cinco héroes cubanos presos del imperio, y con la solidaridad con Cuba, Puerto Rico, Nicaragua y Venezuela, fundamentalmente, en diferentes convocatorias concretas.

Después de esta introducción, quisiera aclarar los siguientes puntos concretos:

- 1) No pretendo en lo más mínimo menoscabar el trabajo de las diferentes organizaciones hacia los presos políticos y represaliados por el imperialismo. En mi artículo no encontrará ningún argumento que lo afirme.

- 2) De la misma forma, quisiera manifestar claramente, y pido disculpas si me he expresado incorrectamente, que en ningún momento pretendo negar que todas las personas que individualmente apoyan a Joaquín Pérez Becerra estén desentendiéndose de la situación de otros presos políticos.

- 3) Tampoco he manifestado en ningún momento que todos los intelectuales, artistas y periodistas que se han movilizado con el caso de Joaquín Pérez lo hagan de mala fe. Sí, en cambio, considero probado que muchos otros de los firmantes contra Chávez en el caso de Joaquín Pérez Becerra, no aparecerán jamás en otras campañas como pueda ser la de Norberto y por ello hay motivos para pensar que hay otras finalidades políticas más allá de la exigencia justificada de la libertad de Joaquín Pérez.

- 4) No tengo nada que ver con los casos de los comentarios hacia la compañera Melandri y los compañeros Emanuelsson o Narciso Isa Conde con los que ustedes me están mezclando. Jamás he opinado absolutamente nada de ambos compañeros, por lo que no entiendo como ustedes me están implicando sutilmente con ellos.

- 5) Aunque ustedes me colocan al mismo nivel, tampoco tengo nada que ver con supuestos comentarios de BYCR sobre las especulaciones acerca de cómo pudo salvarse Joaquín Pérez Becerra del genocidio colombiano. Rechazo radicalmente entrar en ese tipo de especulaciones.

- 6) Ustedes me acusan reiteradamente de “censurar”. Mis argumentos pueden ser más o menos acertados pero en ningún momento nadie puede demostrar que tengan la intención de manipular, difamar, o que yo tenga la intención de convertirme en “censor” de ninguna idea. Si alguien piensa de esta manera, se equivoca completamente o piensa de mala fe. Los debates de ideas deben ser abiertos y por duros que nos parezcan los argumentos, deben mantenerse en el ámbito del respeto.

- 7) En mis artículos sobre el tema de Joaquín Pérez siempre he manifestado que considero que existen dos tipos de críticas: las críticas bienintencionadas, con las que podré estar más o menos de acuerdo y las respetaré aunque no las comparta, y las críticas que esconden otros objetivos políticos y que como internacionalista considero un deber combatirlas. Si a alguien no le gusta mis argumentos tiene la posibilidad de rebatirlos, espero que con otros argumentos y no con insultos como ustedes han hecho hasta ahora.

- 8) Ustedes afirman que en el caso de Norberto González hay una campaña a favor de su libertad. Antes de escribir el artículo que ustedes critican, no logré localizarla por ningún lugar. Tras la crítica que ustedes me han realizado y buscando nuevamente, la única referencia concreta la he encontrado en Indymedia y en la Agencia Bolivariana de Prensa, donde sólo aparece una fotografía de una marcha de apoyo en Puerto Rico y un escueto manifiesto. Contrasta ello con los cientos de manifiestos, decenas de páginas web, comunicados de prensa, firmas de intelectuales de prestigio, etc., que se han involucrado en el caso de Joaquín Pérez Becerra y que ha hecho que su caso sea conocido en todo el mundo. Coincidirán ustedes conmigo que la diferencia es abismal.

- 9) No he podido localizar en ningún lugar las largas listas de intelectuales, artistas y periodistas que ustedes afirman que apoyan la campaña de Norberto González.

- 10) En caso de existir realmente tal campaña concreta por la libertad de Norberto González con posibilidad de suscribirse, les ruego que me dieran la dirección exacta para mostrar mi solidaridad. Hasta el momento no la he localizado, y tampoco parece que sea muy conocida en muchos lugares.

- 11) También pido disculpas por el empleo de la fotografía de Norberto a las personas indignadas que consideran que se trata de una manipulación, aunque la misma tenía como único objetivo evidenciar que su paso ha pasado casi sin pena ni gloria entre la mayoría de personas que apoyan el caso de Joaquín Pérez Becerra. A cambio les pediría que ustedes se indignaran de la misma forma y con la misma agresividad contra todos aquellos que equiparan a Hugo Chávez con las dictaduras fascistas de Pinochet, Videla y otros, así como contra los que afirman que el presidente venezolano está reeditando el infame Plan Cóndor. Es una ofensa intolerable y una infamia inmensa para el presidente Hugo Chávez, para el pueblo de Venezuela y para los solidarios con la Venezuela bolivariana que sólo hace el juego al imperialismo, cualquier mención, especulación o insinuación que equipare las dictaduras fascistas de América Latina dirigidas por Estados Unidos. Estas dictaduras causaron decenas de miles de muertos, torturados y desaparecidos, y empobrecieron atrozmente a sus pueblos con sus políticas neoliberales, mientras que con el proceso dirigido por Chávez sucede justo lo contrario y no se ha dado el caso de desaparecidos políticos.

- 12) No se puede desligar la deportación de Pérez Becerra de la situación política nacional e internacional como el caso de una injusticia aislada. Tampoco se pueden obviar otros elementos centrales: la posibilidad de que se le tendiera una trampa a Joaquín Pérez, al propio Chávez, o la oportunidad o no del viaje de Joaquín Pérez, por ejemplo. Quedan muchas preguntas por resolver.

- 13) En la mayoría de los posicionamientos que, como los de ustedes, han atacado los que tratamos de contextualizar políticamente el asunto en cuestión, no se hace ninguna mención a la soberanía del gobierno de Venezuela en la acción, por más injusta que nos pueda parecer desde el punto de vista jurídico-legal tiene primacía sobre otras consideraciones, como reconoce uno de los abogados de Joaquín Pérez Becerra en Venezuela: «No se puede permitir este tipo de Violación a los Derechos Humanos Fundamentales. Además estos Derechos y Garantías son reconocidas y aceptadas por los Estados y los pueblos respetuosos del Derecho Internacional. Por otra parte, considero como revolucionario militante que soy que la decisión del ciudadano Presidente Hugo Rafael Chávez Frías fue correcta, fue soberana, responsablemente tomada. Solo que la orden emitida por el ciudadano presidente fue mal ejecutada» http://www.aporrea.org/ddhh/a122621.html

- 14) Finalmente, aunque se haya podido cometer un grave error con la deportación del compañero Joaquín Pérez Becerra, eso no justifica la campaña de ataques contra Hugo Chávez y el gobierno de Venezuela ni la descalificación de su gestión de gobierno hasta ahora ni en el futuro. Considero que es necesario un diálogo abierto, sincero y constructivo entre todos los sectores que se reclaman solidarios e internacionalistas y luchan por la liberación de América Latina y por la transformación social a favor de las masas oprimidas, para retomar la unidad más fortalecidos, única vía de superar las nuevas dificultades, peligros y errores que, indudablemente, irán apareciendo en diferentes momentos.

Fraternalmente,

Albert Escusa

Ver en línea : El linchamiento de Hugo Chávez: Heinz Dieterich, los presos políticos y la doble moral de la izquierda bienpensante