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Joyitas en la red

Los maoístas contra el Estado de la India

Pakistán no es la mayor preocupación del Estado indio. Nunca lo ha sido. Tampoco los “terroristas” de Cachemira o los separatistas en el noroeste. Esas son cuestiones a las que ningún Estado tiene que apelar para tener una razón legítima de existir. Si no hubiese “enemigos” no habría ningún buen Estado.

La espina que hace sangrar el cuerpo político indio son los maoístas, con su inquietante visión de una utopía agraria junto al cañón de la pistola. Los maoístas conocen bien al Estado indio, que los llama “terroristas” cuando no son más que unas víctimas de la lucha por la justicia y son susceptibles de despertar emociones de todo tipo en la casa, la familia y en la nación. Los maoístas tratan de librar una guerra sin cuartel contra el Estado y sus mecanismos en todos los niveles. Tienen una ideología donde no hay lugar para la piedad ni la compasión, ya que buscan poner fin a esa encarnación absoluta de la injusticia que supone el Estado. Son un enemigo implacable que desea destruir al gobierno.

Estoy seguro que hay diversos grupos dentro de la extrema izquierda, pero son los maoístas uno de los principales grupos que abogan por el derrocamiento del Estado y usan la insurrección armada para ello. Las tribus rurales, los pobres sin tierra, los bosques explotados y el uso de la violencia [por el Estado] en todas las formas imaginables son la base de los maoístas en la India.

El maoísmo es una realidad y los maoístas son reales. Son como esas cabezas de Ravana en Ramayana que siempre vuelven, no importa cuántas veces se destruyan. Si se quiere destruir a Ravana hay que disparar al corazón, no a la cabeza. El corazón del maoísmo es la injusticia social. Mientras estas exista, cientos de cabezas maoístas resurgirán a mayor disgusto de políticos, policías y Ejército. El terrible abandono que sufren los pueblos y la represión que se ha efectuado contra las tribus ha hecho del maoísmo la fuerza que hoy tiene y que hay que tener en cuenta.

El maoísmo, como todas las formas de resistencia, tiene un contexto en este país. A las clases medias no les gusta el sonido de la palabra “comunismo” que se asocia con el ateísmo, la pobreza y lo excéntrico y que son fallas en el nivel emocional y social. El comunismo, al menos en India, significa perturbar esa institución milenaria llamada sistema de castas y la opresión de la mujer. En las películas de Bollywood los jóvenes enojados de los años 70, como el personaje creado por Salim Daved, terminan abrazando el sistema. Pero eso no es la realidad puesto que si así fuese, como ha reconocido el primer ministro [Manmohan Singh], no serían el verdadero peligro en este país. En primer lugar, para la policía y el Ejército porque su adicción a la violencia mental les hace ser violentos también. Veo a los policías en las calles, la forma en que se comportan con los vendedores ambulantes, los conductores de rickhawallahs [los triciclos usados para desplazarse] y quienes vagan por las calles, su sadismo absoluto. El maoísmo es una alternativa real para toda esta gente.

No soy ni de derecha, ni de izquierda ni de centro; ni ateo ni agnóstico ni teísta; no estoy ni perturbado ni confundido ni perdido. Sólo soy una persona común que veo las cosas y pido algunas aclaraciones. ¿Cómo es que Mukesh Ambani [el empresario de moda en India cuya casa está considerada la más cara del mundo] tiene una casa por valor de dos mil millones de dólares mientras los pobres no tienen un techo sobre sus cabezas? Sólo puede tenerla porque ha llegado a ser un gran criminal, no puede ser un criminal pequeño porque los criminales pequeños son golpeados hasta la muerte o linchados por los pobres y por quienes se odian a sí mismos y no tienen otra manera de expresar su impotencia como ocurre en Bihar y Uttar Pradesh. Los grandes criminales como Mukes Ambani aparecen en la revista Forbes y son los héroes de este país. ¿Cómo se puede respetar un sistema que da respetabilidad a los criminales simplemente porque son grandes empresarios? Sin duda, este es el contexto idóneo para el maoísmo.

La liberalización ha supuesto un crecimiento en algunos sectores, pero no ha habido una distribución de la riqueza que conduzca a una sociedad sana. Incluso en las dictaduras hay crecimiento cuando una persona o un grupo pequeño tiene la nación entera a su disposición. Pero eso no es desarrollo. El desarrollo consiste en el crecimiento integral en todos los sectores compatibles con las necesidades culturales y la distribución de los recursos de la nación. No sólo el crecimiento del sector de la informática o telecomunicaciones, sino en los alimentos, la agricultura, la industria. Lo más importante es que el desarrollo no implique que las personas no estén sometidas a la violencia implacable de los propietarios privados. Pero esto es lo que estamos viendo en la India.

Tal es la inhumanidad del capitalismo global que no hay una sola gota de sangre de su cuerpo que no dudase vender para obtener beneficios de ella. Usted trabaja y suda cada día y apenas logra sobrevivir. Otros juegan partidos de la liga de cricket [el juego popular en India, similar al fútbol en Europa] y ganan lo suficiente para retirarse y disfrutar de vacaciones el resto de su vida. Si yo fuera pobre me daría vergüenza decir que soy indio. La desvergonzada élite de India, la clase media servil y los medios de comunicación son los verdaderos enemigos de los pobres.

La opinión pública y la memoria colectiva son las dos armas que tenemos para luchar contra el fascismo. Hay suficientes cobras y víboras mortales en todos los partidos políticos, sin excepción, especialmente entre los nacionalistas de derecha que están decididos a destruir este país. Los medios de comunicación quieren formar la opinión pública para que sea fácil la adaptación a los intereses de las grandes empresas, borrar la memoria colectiva y tener a la gente ocupada pensando sólo en el cricket a lo largo de su vida. Así se fomenta el fascismo. No tengo ninguna duda que hay periodistas y reporteros honestos, patriotas y con conciencia que quieren, de verdad, llevar la verdad a la gente. Puedo estar en desacuerdo con ellos a veces, pero siento por ellos admiración y respeto porque sé lo difícil que es decir la verdad en un país como la India, donde la mentira puede ser una forma de vida. Pero eso no es excusa para que, en general, los medios de comunicación sean parte de los crímenes cometidos contra las personas comunes en la India.

El aumento del BJP [Partido del Pueblo, derechista de corte hinduísta], en particular en Gujarat, es un ejemplo de lo que puede suceder cuando las personas son drogadas con mentiras. Primero vienen las crisis económicas y una gran parte de las personas en paro y sin medios básicos para sobrevivir. Luego un sentimiento de impotencia, junto con una sensación de muerte y que el mundo se desmorona a tu alrededor en pedazos. Después, el enemigo imaginario, como los musulmanes. O las castas más bajas y los campesinos pobres sin tierra. Por último, pero no menos importante, la violencia institucionalizada, donde el gobierno se une a las turbas fascistas.

Por eso los maoístas tienen su utopía, como los yihadistas. Salvo que para los maoístas, su utopía está en la tierra y no en el cielo. Nadie elige morir porque esté, sea él o sea ella, cansado de la vida. Es el dolor de la injusticia el que empuja a un hombre o a una mujer a luchar y a preferir morir que vivir en agonía y experimentar la muerte lenta. Las formas de lucha pueden ser diferentes. En este sentido, el extremismo maoísta es una respuesta al extremismo del Estado. Su orden mundial se puede discutir. Las revoluciones se estancan cuando alcanzan el poder. Puede ser el caso de Cuba. Si la historia sirve de ejemplo, no creo que los maoístas sean diferentes en este aspecto. A veces las utopías pueden ser fuente de derramamiento de sangre sin fin como el caso de Pol Pot o Stalin. Pero, hoy por hoy, este Estado y su actuación como un animal salvaje favorece a los maoístas. Asistimos a un choque frontal sobre la base de la guerra de guerrillas contra un Estado poderoso e ilegítimo. La ilegitimidad es evidente para los maoístas. El enemigo es visible.

Los maoístas no necesitan recurrir a la subversión para educar a las masas y crear las condiciones para acusar al Estado de ilegitimidad. La subversión está dentro del Estado. En la sociedad burguesa, alguien gana y muchos pierden. La gente tiene que vender su alma para satisfacer su estatus de vida y estar a la altura de las falsas imágenes que vemos en la televisión. Pero no todo el mundo es feliz con la riqueza que procede de la explotación, ni se enorgullece de ser una “imagen” al fin del día. Se fomenta el individualismo y entonces muchas personas recurren a diversas formas de autodestrucción como las drogas o el alcohol. En este vacío emocional y espiritual, el resultado de la vida burguesa, es en el que reside la subversión. Los maoístas no han visto esto, ellos piensan en el poder de las armas. Pero una persona que cree que el sistema es ilegítimo y existe para servir a los poderosos es el arma más poderosa de la tierra.

El estado alemán, cuando Hitler, era fascista porque el pueblo alemán lo era. El estado indio es clasista y patriarcal porque los indios quieren que lo sea, porque eso es lo que los indios son. El tipo de desigualdad que vemos en la India es un signo de que hay dos Indias, una para los ricos y otra para los pobres. Por eso hay un contexto claro para el maoísmo. Malcom X señaló que todas las revoluciones se asientan en la tierra. Yo también lo creo: esta tierra es nuestra. Este país es nuestro, en toda su belleza y fealdad. No pertenece a los imperialistas y colonialistas, ni a lobos como Tata [multinacional del automóvil y la minería], Birla, Ambani [multimillonarios]. Ni a los Ejércitos ni a la policía, ni a los políticos ni a los gobiernos. Pertenece a los más pobres entre los pobres, cuyo trabajo cada día hace que valga la pena vivir en este país.


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