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Para tener en cuenta

[Haití] Baby Doc... un simple ladronzuelo...

Si algo caracteriza al mundo de hoy es la capacidad de los sectores dominantes para cambiar la historia. Lo estamos viendo con el regreso a Haití de Jean Claude Duvalier, mejor conocido como Baby Doc. De acuerdo a la historia, su padre, Francois Duvalier, llegó a la presidencia de ese país en 1957, con el respaldo del ejército local y de Estados Unidos.

Recordemos que Haití está es la isla que Colón denominó Española, que fue colonia de España y luego de Francia, fue también el primer país de América Latina en proclamar su independencia en 1803 y se convirtió, además, en la primera república negra del mundo. La Francia de Napoleón Bonaparte lanzó una ofensiva militar para sofocar la rebelión y detuvo a Touissant de L’Overture, líder de la insurrección, quien murió en los calabozos franceses.

Tras un período de convulsión interna y guerra con España y Francia, en el cual Haití apoyó a Simón Bolívar, se produce en 1915 una invasión de Estados Unidos a pretexto de compromisos no cumplidos. Sus tropas se retiran en 1934 y el ejército local pone y derroca gobiernos hasta la aparición de Francois Duvalier, un médico negro, de clase media. Duvalier utilizó la raíz africana del país promoviendo el vudú y por otro lado no afectó los intereses de los mulatos, que tenían una importante cuota de poder, fundamentalmente económica y vinculada a Estados Unidos, así como la burocracia estatal.

Y como herramienta de poder y control, creó a los “tontons macoutes”, formado por más de 300 mil hombres, definidos como voluntarios de seguridad nacional, que sembraron el terror y la muerte en el país. Tienen a su haber torturas y desapariciones forzadas. Sus víctimas se calculan en 40 a 50 mil personas.

En 1964, Duvalier, apodado Papá Doc, se proclamó “presidente vitalicio” y cuando murió, en 1971 su hijo Jean Claude, Baby Doc, heredó el gobierno y poco después se declaró también presidente vitalicio. Sólo que no duró tanto como su antecesor.

Papá Doc había casado a su hijo con una mulata proveniente de una familia rica, como una forma de unificar a las dos clases, mulatos y negros ricos. Pero en la década del setenta se produjeron hechos políticos importantes en América Latina, desde la llegada al gobierno de movimientos populares, a los golpes de Estado en su contra propiciados por Estados Unidos, las denuncias de violaciones a los derechos humanos y el fortalecimiento de los sectores progresistas. Todo esto también se dejó sentir en Haití y Baby Doc no pudo mantenerse en el poder. La movilización del pueblo haitiano fue de tal magnitud, que tuvo que salir del país y lo hizo bajo la protección de Estados Unidos.

Salida y entrada made in USA

El inesperado arribo de Baby Doc a Haití se entiende mejor recordando como fue su salida en 1985. El siempre bien documentado periodista que fue Gregorio Selser, reprodujo en El Caribe Contemporáneo de junio de 1986, publicación trimestral del Centro de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, el relato de la huída del dictador, escrito por Martín Killian, corresponsal de Die Tagezeitung.

Como se recordará, cuando ya se había decidido que Baby Doc dejara el poder, la embajada estadunidense en Haití anunció que este saldría del país a las 2 de la madrugada del viernes 31 de enero de 1985, lo que no ocurrió. Se atribuyó el hecho a un error de la representación diplomática y se especuló que los militares haitianos habrían impedido su salida.

Killian señala que el problema fue que entre las 74 visas de entrada a Estados Unidos “no se habría incluido al ejército privado de los Duvalier, los célebres tontons macoutes, que en los últimos tiempos habrían tenido repetidos choques con el ejército”. La administración Reagan tuvo que corregir la información oficial dada sobre la salida de Baby Doc, mientras en el país se producían choques entre el ejército y los tontons macoutes.

Si se examinan todas las intervenciones y desembarcos de tropas estadunidenses en Haití desde entonces, se verá que en ellas el ejército haitiano tiene un rol preponderante y sus generales han presidido los gobiernos de facto. Cabe preguntarse entonces sobre qué bases se apoyaría un eventual regreso de Baby Doc al poder, sólo en el ejército o reviviría a los tontons macoutes.

La llegada de Baby Doc contó con la colaboración de algunos sectores civiles internos, que lo esperaron con pancartas, mientras las mujeres vestían camisetas color rosa. Pero algunos han optado por interpretar la presencia de esas decenas de personas como reflejo del deseo del pueblo haitiano.

Algún catedrático llegó a decir que había nostalgia por el autoritarismo, lo que llega a ser ofensivo. Lo que sí quieren los haitianos, y lo han dicho claramente, es que los cientos de organizaciones no gubernamentales que se encuentran en el país se vayan y los dejen enfrentar el desafío de la reconstrucción. Y lo que la comunidad internacional no puede tolerar es que a Baby Doc se lo juzgue solamente por los latrocinios cometidos y no se diga una palabra por los asesinatos, torturas y desapariciones de miles de personas, lo que es inaceptable cuando ya ha entrado en vigencia la Convención Internacional de Protección contra las Desapariciones Forzadas.

Los millones de Clinton

Y en materia de reconstrucción, hemos señalado en estas páginas que la ayuda internacional no fluye hacia Haití. La comisión designada por Naciones Unidas y que preside el ex mandatario estadunidense Bill Clinton, apenas espera obtener este año 480 millones de dólares, lo que en la práctica equivale a nada.

Clinton tiene, por otra parte, su propia organización, llamada Iniciativa Global Clinton, CGI, destinada a fines filantrópicos. Según publicó la corresponsal del diario español El País el 25 de septiembre, durante el período de sesiones de la Asamblea de la ONU, Clinton obtuvo 291 donaciones, por un total de 6 mil millones de dólares, que equivalen a 4 mil 500 millones de euros. Haití necesita 11 mil millones de dólares para su reconstrucción, según la CEPAL, la entidad creada por el ex mandatario tiene más de la mitad de esos recursos.


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