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Pensamiento

Lecciones de la Revuelta Tunecina

Desde que el pasado 17 de diciembre el mártir Mohamed Bouazizi, con su sacrificio lleno de desesperación y rabia, desencadenase la furia popular, el pueblo tunecino, reflejado día tras día en el espejo de sangre y fuego del combate callejero, se ha develado a sí mismo, ha tomado conciencia de toda su energía revolucionaria que, desatada, le ha desembarazado para siempre de ese figurón sangriento llamado Zin El Abidin Ben Alí.

El pueblo tunecino ha aprendido en este último mes, a costa de decenas de muertos y heridos, que no existe enemigo capaz de resistir la ira libertadora de un pueblo: el régimen policiaco de Ben Alí, régimen que contaba con un policía en cada esquina de cada calle de cada ciudad del país, régimen apoyado por todas las potencias imperialistas, resistió apenas un mes de decidida lucha popular. El pueblo tunecino ha escrito estos días una página gloriosa de su propia historia y ha sido capaz de mover a solidaridad y admiración a todos los revolucionarios y gentes progresistas del mundo.

Tanto el salto cualitativo de la conciencia colectiva de los sectores populares tunecinos, como la proyección y posible emulación internacional de su lucha constituyen, qué duda cabe, los principales avances de este último mes.

Como ya han señalado otros autores sobre los acontecimientos de Túnez, el carácter espontáneo de la revuelta está llamado, no obstante, a condicionar el desarrollo hacia delante del propio levantamiento. No voy a extenderme sobre el papel decisivo que desempeña el Partido revolucionario en la transformación de la revuelta en revolución, del hundimiento del régimen en hundimiento del estado, sentando, así, las bases para la construcción de una nueva forma estatal. La endeblez actual de las fuerzas revolucionarias tunecinas impedirá, con toda probabilidad, el salto hacia el socialismo y el desgajamiento de Túnez del marco imperialista de dominación.

Creo más importante, en la perspectiva de futuras luchas, hacer hincapié en que la revuelta popular tunecina surge bajo unas condiciones concretas que en Túnez, como en el resto de países del Mágreb, impiden al movimiento popular ir más allá de lo espontáneo. En otras palabras: que mientras esas condiciones concretas prevalezcan, las futuras luchas no lograrán alterar la naturaleza de clase del estado.

A mi juicio, de los dos factores que confluyen en el impulso de la revuelta, el principal, el que une a las masas y las lanza a la lucha, no ha sido los elevados índices de desempleo, la carestía de los productos básicos o unos sueldos de miseria; el auténtico factor determinante ha sido el obsceno espectáculo cotidiano de la corrupción, desbocada y ostentosa, de la familia del tirano: una corrupción que, desde unos dos años a esta parte, se complacía en mostrarse a la vista de todos con la insolente arrogancia que sólo da la impunidad. El levantamiento obrero en la cuenca minera de Gafsa en junio de 2008 que, reprimido por las fuerzas del orden, nunca llegó a desbordarse hacia el norte del país, o los objetivos de la ira popular en la actual revuelta, limitados a las propiedades inmobiliarias de la familia Trabelsi o a los miembros de dicha familia que no pudieron huir son argumentos a favor de nuestra tesis.

Las características sociopolíticas de los estados del Norte de África, estados semifeudales y semicoloniales, con clases dirigentes íntimamente vinculadas a los intereses imperialistas de la UE -con Francia a la cabeza- y de los EE.UU., por un lado; y por otro, las características culturales y religiosas de los países del Mágreb, han imprimido en la conciencia de las masas un concepto de poder político que se identifica con el poder personal ilimitado, y, en consecuencia, una cierta tolerancia del abuso de poder, por el mero hecho de ser poder, e incluso del enriquecimiento ilícito del poderoso, con el único límite de la ostentación.

En esas condiciones, y más en estos momentos, la necesidad de Partido revolucionario se pone de relieve en un doble sentido: hacia delante, para canalizar toda la energía revolucionaria desatada por el pueblo tunecino y conseguir la transformación del estado semifeudal y semicolonial en un estado de Nueva Democracia, y hacia dentro, para evitar, por medio de la más amplia concienciación política de las masas, lo que estimamos principal riesgo actual de la revuelta tunecina: que sean las propias masas las que terminen imponiéndose el yugo de una nueva tiranía.


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