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Para tener en cuenta

El yuan sigue buscando su oportunidad

Los llamativos pasos que China ha dado recientemente para apresurar un uso más amplio y mejor del yuan en el comercio y la inversión transfronterizos, constituyen los más recientes esfuerzos del país por conseguir que su divisa sea verdaderamente internacional.

Este impulso acelerado para internacionalizar el yuan llega con cierto retraso. Pero dados la complejidad y los problemas que derivan de los sistemas financieros y las divisas globales, los diseñadores de políticas chinos no necesitan ir demasiado rápido en su afán por reducir la brecha entre la enorme contribución de China como segunda mayor economía del mundo y el papel inadecuado que hoy desempeña su moneda en el panorama económico mundial.

El pasado jueves, China anunció que las empresas y bancos domésticos que reúnan las condiciones podrán colocar su inversión directa de ultramar en yuanes.

La decisión que podría ampliar el alcance global del yuan se produjo apenas un día después de que el banco de China comenzara a ofrecer cuentas en yuanes en Estados Unidos, y dos días después de residentes de Wenzhou, provincia de Zhejiang, recibieran autorización para invertir en el exterior de manera individual.

Después de moverse a paso de tortuga por años, la internacionalización del yuan ha ganado repentinamente un ímpetu inesperado.

El alza del yuan el jueves a su más alto nivel contra el dólar desde que China desechó la tasa de cambio fija, en julio de 2005, pudo haber creado la impresión de que el Gobierno está tomando medidas provisionales para adelantarse a cualquier crítica extranjera contra su política monetaria. Pero lo cierto es que la necesidad creciente de China de manejar mejor sus descomunales reservas en moneda extranjera y, aún más importante, de parar la galopante inflación, exige cambios significativos en su régimen de moneda extranjera.

Por un lado, al contar con reservas en moneda extranjera que sobrepasaron la cifra de $2,85 billones a finales de 2010, es lógico que se incrementen las preocupaciones sobre la seguridad y beneficios derivados de las reservas, así como su impacto en la inflación. Dado que el banco central de China debe emitir una cantidad igual en yuanes para compensar la afluencia masiva de moneda extranjera, la acumulación de mayores reservas en moneda extranjera no hará más dificultar el empeño del Gobierno para controlar la inflación.

Por otra parte, el creciente deseo de los individuos y compañías chinos de invertir en ultramar ha hecho que los estrictos controles sobre los capitales del país se tornen cada vez más obsoletos. China necesita con urgencia de una moneda más globalizada, una moneda que permita a sus inversionistas distribuir mejor sus negocios por todo el globo.


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