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Homenajes

¡Que se multiplique el ejemplo de dignidad del Mono Jojoy!

Homenaje a un formidable guerrero por la paz

El comandante Jorge Briceño, conocido cariñosamente como el Mono Jojoy, miembro del Secretariado de las FARC-EP, fue abatido en forma cobarde y alevosa en un bombardeo de alta tecnología, especialmente dirigido contra su persona y contra los combatientes que lo acompañaban.

No hubo combate, pues la bravura y reciedumbre de Jorge Briceño eran bien conocidas y temidas por los pusilánimes generales colombianos, por su régimen genocida, por su presidente criminal y sus asesores de las tenebrosas CIA-Pentágono y Mossad israelí.

Todo parece indicar, que al igual que en el caso de Raúl Reyes, estos verdugos de la nueva era imperialista emplearon las técnicas ultramodernas impersonales de exterminio: los rastreos satelitales, los microchips, las bombas “inteligentes” de altísima precisión y profundo calado, los aviones espías no tripulados y, finalmente una enorme flota aérea y ochocientos efectivos súper avituallados.

La novedosa guerra aérea, desarrollada por un imperio senil y terrorista, ha incorporado a su arsenal de métodos criminales, el asesinato selectivo a distancia; esta vez dirigido con saña contra un guerrero valiente, un comunista consagrado, un bolivariano de pura sepa y un estratega imbatible en el campo de batalla, digno discípulo del comandante de comandantes guerrilleros: Manuel Marulanda Vélez.

Creció, creció, hasta la trascendencia

Jorge Briceño, desde su temprana adolescencia, optó por enfrentar la guerra sucia cruelmente desplegada por el Estado y la oligarquía colombiana contra su pueblo y especialmente contra la colectividad campesina de ese hermano país; y no tardó, por su talento y arrojo, en convertirse en uno de los blancos de ataque preferidos de la basura política y militar que ha gobernado a Colombia durante décadas.

Hijo de una humilde familia campesina, nació con las guerrillas, creció con la guerrillerada en zona bajo su influencia, se alfabetizó y se formó intelectualmente en las guerrillas y, paso a paso, sacrificio tras sacrificio, creció, creció y se desarrolló como un destacado y formidable comandante del Ejército del Pueblo.

Combinó la dureza impuesta por el enemigo con la capacidad de amar a los suyos y a su pueblo. La amplitud de miras con la creatividad política y militar que sus asesinos han pretendido ocultar con el estigma y la calumnia, antes y después de su muerte física.

Lo conocí cuando visité la “zona despejada” controlada por la FARC-EP a raíz de los “diálogos de paz” del Caguán, justamente cuando me encontré por primera vez con el camarada Manuel Marulanda.

Campechano, alegre, jodedor, de expresiones tajantes y profundas, sin ínfulas de héroe a pesar de serlo, supo conquistar cariño y respecto bien ganados en el seno de las tropas farianas, en la población civil y en los movimientos sociales; no solo por su valor espartano y su extraordinaria capacidad militar, sino sobretodo por su condición humana, su sabiduría política y su flexibilidad en el tratamiento de la infinidad de problemas vinculados a su liderazgo político-militar.

Pérdida sensible y significativo revés, sin consecuencias estratégicas

La pérdida de este guerrero formidable ha sido extremadamente sensible, pero de ninguna manera equivalente a un revés de impacto estratégico, ni siquiera para el propio bloque oriental de frentes guerrilleros que en ese momento estaba comandando.

Dirigido fundamental contra él y su escolta, ese golpe selectivo le resta a las FARC-EP un jefe político-militar de altísimo nivel y un conjunto de cuadros y combatientes integrados por unos 20 militantes. Pero evidentemente, como aconteció en situaciones similares, las características del golpe no implican el desmantelamiento de la amplia red guerrillera de esa región, ni mucho menos su poderosa estructura nacional.

Las FARC-EP, están integradas por miles y miles de combatientes, por centenares de comandantes experimentados y por numerosas unidades milicianas y centenares de miles de militantes y simpatizantes civiles.

Las FARC han sabido recuperarse de muchos otros golpes similares y de situaciones peores. Sus raíces sociales y las causas del conflicto armado son mucho más profundas y en gran medida perdurables sino no se opta por el cambio social, la democracia verdadera, la justicia y la paz digna.

Las FARC son de la estirpe de los/as que no se rinden ni se venden, de aquellos/as que no hacen de la guerra un negocio sucio (como el caso de sus enemigos a muerte), sino de los que la entienden como medio para conquistar la paz y la justicia negada por la oligarquía, las mafias y el poder imperialista a lo largo de 60 años.

Una guerra forzada y desgarradora: una insurgencia por la justicia y la paz

Las guerras y sus protagonistas, incluidos las/os participantes en las guerras por la paz, no solo no están libres de excesos y errores, de sobre-pasamientos y desaciertos, sino que en determinadas circunstancias, por su propia dinámica de la violencia armada, se dificultan las posibilidades de evitarlos, sobretodo cuando sus efectivos se masifican.

Nadie con sentido de humanidad desea las guerras como medio de resistencia, siempre desatadas por opresores, conquistadores y colonizadores, que no es el caso de ninguno de los componentes de la insurgencia popular colombiana. Esas fuerzas se han visto forzadas a rebelarse con las armas para contrarrestar el exterminio, el terror de Estado y la imposición de profundas injusticias y grandes penurias desde las cúpulas dominantes.

Su rebeldía justiciera, en las condiciones de lo posible para sobrevivir, crecer y avanzar, ha sido satanizada por una infernal maquinaria de mentiras.

El Mono Jojoy fue también víctima señera de ese bombardeo mediático perverso en el que se presenta “una Colombia al revés”.

Los ladrones y asesinos, los bandidos y terroristas, los narcotraficantes, los imperialista masacradotes en el poder local… juzgan por su condición a las /os demás, disponiendo para ello de todos los recursos mediáticos perversos del poder mundial. Tan sádicos y crápulas como para alegrarse frente a la masacre selectiva de esa expresión de dignidad y sacrificio humano, conocida con el nombre de Jorge Briceño (Mono Jojoy) y sus íntimos camaradas de armas.

En mi caso a esa despreciable actitud no le concedo una milésima del beneficio de la duda: los Santos, los Uribe, los generales-motosierras, la CIA y el Mossad…. son parte de la escoria encumbrada que domina a la humanidad.

Jorge Briceño, Raúl Reyes, Iván Ríos y Manuel Marulanda son parte de esa humanidad insumisa.

¡Guerreros por la justicia y la paz ¡

¡Hacia atrás, jamás; hacia adelante, siempre!

Sin miedo a ser felices: a conquistar el pan, la paz y la alegría colectiva.

28-09-2010, Santo Domingo, RD.


http://isaconde.info/?p=533

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