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Homenajes

¿Triunfo? Recordando al Mono Jojoy

Cuando escuchamos el triunfalismo del gobierno colombiano frente a la muerte del heroico guerrillero Mono Jojoy, hay algo que suena a la vez familiar y extraño. Y es que cantan triunfo tan rápidamente, con tanta urgencia, porque saben que tienen que hablar rapidito antes de que la gente se ponga a pensar, antes de que algunas verdades salgan a luz.

¿Qué verdades? Primero, y por supuesto lo más importante, es que este hecho no es solo una pérdida para la insurgencia, ni solo para Colombia y Latinoamérica, sino para la humanidad. Digo eso sin la más mínima exageración. Es una pérdida para la humanidad en un mundo en el que la lucha por construir el socialismo tiene que ir contra la cuenta regresiva hacia la destrucción de millones de vidas humanas y la vertiginosa deterioración del medio ambiente a que conlleva el capitalismo.

El Mono Jojoy luchó para cambiar todo esto, y ésta es una verdad que muchas personas saben, sobre todo las que tienen conciencia de las tareas históricas que enfrenta la humanidad hoy en día –tareas que son todo lo contrario a las que postulan los verdugos de la humanidad que hablan desde Washington y desde la Casa de Nariño.

Otra verdad: El asesinato del Comandante Jorge Briceño no augura nada positivo en cuanto a las condiciones para la victoria del gobierno colombiano. Sacando la cuenta, 78 aeronaves y 35 años para acabar con un guerrillero se traduce en algo más de medio millón de aeronaves y 350 siglos para acabar con las FARC-EP. Y ni siquiera eso, porque sabemos que muchos campesinos, trabajadores y estudiantes están dispuestos a empuñar los fusiles de los combatientes bolivarianos caídos, continuando así la lucha.

Los que somos lo suficientemente viejos para recordar la Guerra de Vietnam sabemos que los siete millones de toneladas de bombas que el imperialismo yanqui lanzó sobre el pueblo vietnamita no condujeron a la derrota de un pueblo comprometido, más dispuesto a pagar el precio de la libertad que a vivir sin ella. Indudablemente el asesinato del Mono Jojoy fue un ataque cobarde desde el aire al estilo israelí; mas las guerras, por mucho control aéreo que se compre, todavía se ganan en tierra.

Por último, la otra verdad que los pueblos no desconocen es que la guerra en Colombia es una guerra contra el imperialismo yanqui y contra un estado lacayo. Santos habló en cadena nacional desde los Estados Unidos e intentó aplicar un registro religioso a la guerra (la “Operación Sodoma”, el Mono Jojoy como la “encarnación misma del mal”(¡¿?!)). ¿Por qué ese ridículo discurso del siglo XVI? Su meta fue pintar su entreguismo de otro color –guerra santa–, tratando así de solapar la verdad política: que él es un cipayo al servicio de un imperialismo asesino, desde cuyas entrañas se pronunció.

En resumen, pensando tanto en la pérdida para todos nosotros (algo que nos entristece), como en la falta de condiciones para la victoria de los títeres (algo que nos alegra), y también en la verdadera naturaleza de este conflicto de patriotas contra cipayos (algo que nos compromete aun más), hay que preguntarse: ¿Qué triunfo? ¿Qué victoria? En fin, que show.

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