// está leyendo...

Pensamiento

EEUU: por qué avanza la derecha. Nuestra larga pesadilla nacional aún no ha terminado… sólo acaba de empezar

En los 30, a lo único que debíamos temer era al mismo miedo.

Hoy en día, a lo que más tenemos que temerle es a nosotros.

Avistando el horizonte, me pregunto cuántos tonos de negro tendremos en la paleta. Últimamente, tengo la intuición de que estamos a punto de averiguarlo.

Me encantaría poder decir que nuestra sociedad hizo lo indecible para combatir sus demonios, pero que simplemente, las dificultades fueron insuperables .Ya sabes, como si estuviéramos nosotros solos ahí plantados sin más en esta remota y diminuta isla del Pacífico, miles de años antes de la invención del teléfono y los radares, cuando de repente: ¡Pum!, estalla el tsunami. Nosotros no tenemos culpa de nada. Y con bravura luchamos heroicamente, llegando a cotas insospechadas por salvar el mayor número de vidas.

Quiero decir, si vas a colisionar y perecer en ello, mejor irse con un poco de dignidad, ¿no?

Pero no, por lo visto, yo no: es que soy americano. Vivo en un país - qué digo, ¡un imperio!- que persiste en destruirse a sí mismo. Formo parte de la generación de la decadencia. Mis coetáneos son los zoquetes que perfeccionaron el delicado arte de cometer suicidio por necedad.

Es una proeza pasmosa, y bastante extendida.

La pesadilla de la derecha en América está al borde de arrastrar al país a un punto de no retorno, por encima del barranco de la violenta implosión. En estos momentos, es poco lo que se hecha a faltar, a excepción de las botas militares y los cristales rotos.

El Partido Republicano fue una vez una organización moderadamente conservadora, amiga del comercio, hasta que la secuestró la oligarquía y se volviera una máquina depredadora en toda regla, disfrazándose tras la fachada del odio que promueve temas como las falsas amenazas en el extranjero, los morenos engreídos, y la exigencia de que las mujeres se quedaran en casa. Básicamente, cualquier estrategia para que los varones blancos de clase media alejen su atención del desplome de su estatus económico −por medio de la desviación de un sentido de la superioridad sobre otros, o la supuesta amenaza a ese estatus superior− fue empleado como encubrimiento por un grupo político cuya agenda real era producir disimuladamente la más descomunal transferencia de riqueza de la historia de la humanidad.

Habiendo logrado sus objetivos con éxito, ahora están de nuevo en ello. Es obvio, para cualquiera que se moleste a mirar, que el desagradable Tea Party Movement en América es una creación de los hermanos Koch, Rupert Murdoch, Dick Armey, y esa panda de enfermos, y que están, una vez más, movilizando una barcaza repleta de tontos que están enfadados, pero no son lo suficientemente listos para averiguar porqué. Esto explica su retórica interminable sobre los enemigos del gobierno federal y a la vez que pretenden mantener los beneficios de la Seguridad Social y el seguro médico. Eso también explicaría su idiotez sin parangón al ser utilizados como instrumentos de su propia destrucción. Si ganan, pierden. Si logran que sus paladines salgan elegidos, perderán las golosinas que les regala el gobierno (shhhh… ¡Silencio!). Fantástico.

En cualquier caso, la adquisición del "Grand Old Party" por Don Dinero ya está bien adentrada en su segunda fase. Justo cuando pensabas que no podría ser mucho peor, pues lo es. En serio, "a ver que paso damos después de este", es incapaz de dotar cualquier solución a largo término para los males de América, como con toda seguridad será el caso. Durante unas cuantas décadas, los partidarios de impuestos regresivos han demostrado que están dispuestos a cualquier cosa. Lo que responde más o menos a esa pregunta. Si estás dispuesto a arramblar con iconos militares como John McCain, Max Cleland y John Kerry con tal de ganar elecciones −y más aún si siempre sales airoso de ello− entonces es que estás dispuesto a todo. Si eres capaz de mofarte de las viudas del 9/11 como de unas maquinadoras oportunistas, uno está dispuesto a todo. Si hasta puedes ataviarte con esmoquin y bromear sobre la desaparición de armas de destrucción masiva en un banquete de prensa en Washington, del mismo modo que le dices a los adversarios militares de América en Iraq: ¡Vamos, atrévete, valiente!, es que de verdad, uno es capaz de todo.

Mirando la retórica que la derecha arroja a nuestro presidente en estos días, cuestionando hasta su mismísima nacionalidad (ah, ¿mencioné que era negro?), es fácil darse cuenta de que se han pasado tres pueblos. Pero lo que de verdad está fuera de control es lo que subyace bajo esta locura generada por el consumo de las masas ignorantes. Y eso que es lo que es: lo que aprecias cuando desplazas a un lado una roca repleta de fango. Eso es, una avaricia sin fondo, monstruosa. Si pones atención a estos tipos cuando están en funcionamiento, podrías llevarte la impresión de que siempre hubieran sido pobres. Que les hubieran negado todo, hasta el pan y el agua. Y que muy especialmente, por medio de la pobreza, les hubieran arrebatado su dignidad. Exacto, como los verdaderos pobres de este mundo, el cuarenta o cincuenta por ciento de la población del planeta que vive con menos de dos dólares por día. Esa gente.

En vez de eso, estamos hablando de un conjunto de personas que ya de por sí son maravillosamente ricas. Y que a pesar de todo, está totalmente empeñada en serlo más todavía, incluso si eso significa privar a cientos de millones de americanos de clase media de su ubicación en el centro, y en muchos casos, hasta de sus vidas. ¿Cómo explicar que haya este tipo de gente?, ¿No son acaso esencialmente sociópatas?, ¿No están hechos prácticamente de la misma madera que los que matan sin culpa ni remordimiento? Especialmente si se tiene en cuenta que hasta el más codicioso de entre nosotros alcanza un límite en el que puede efectivamente hacer uso del siguiente dólar y el siguiente, de modo que empujar a otros a la pobreza, ya no es siquiera con el propósito del propio beneficio, sino más bien por alguna especie de placer enfermizo ¿No son estos los personajes cuya enfermedad de base los oradores, filósofos y psiquiatras llevan intentando solucionar desde principio de los siglos?

Cualquiera que sea la explicación para tales dolencias, los efectos de sus labores pueden apreciarse fácilmente. Nos estamos refiriendo aquí a una clase de americanos que se sienten ofendidos por la reducción de desigualdades que tuvo lugar en América hacia mediados del siglo XX, como consecuencia de distintas políticas nacionales que comprenden desde el New Deal hasta la "Gran Sociedad" del President Lyndon Baines Johnson, incluyendo varias administraciones republicanas. La estructura socio-económica estadounidense cambió radicalmente durante este periodo, y casi siempre para mejor. Nacería una gigantesca clase media totalmente desconocida hasta entonces. Los programas de erradicación de la pobreza aliviaron lo más grave de las condiciones de vida de los pobres. Y América se volvería la mayor fuerza económica desde el Imperio Romano. Y por cierto, mientras tanto, los ricos siguieron siendo muy, muy ricos.

Pero eso no era suficiente, así que han hecho un esfuerzo conjunto desde más o menos la última generación para conseguir devolver el país a los viejos malos tiempos de Herbert Hoover y Calvin Coolidge. Piensa esto por un momento. ¿Qué tipo de maldad sublime, qué tipo de privación parental en la infancia, qué tipo de falta total de consciencia y conocimiento se necesita para engendrar un grupo de personas con una mentalidad como esa?

Ojalá que lo supiera. Pero todo lo que sé es que el plan les funcionó. Como apunta Rober Kuttner en The American Prospect: "Por más de tres décadas, los salarios de los trabajadores americanos estaban paralizados, al tiempo que la incertidumbre económica iba en aumento. A pesar de que la productividad de la economía de los EEUU se haya doblado en una generación, la mayoría de esas ganancias no han sido trasladadas a los trabajadores. Y en la década que comenzara en 2001, los ajustes de salario por la inflación se han reducido para todos menos los más ricos, es decir, el 3% de la población.

"Este modelo de honda desigualdad estaba ya bastante afianzado antes del colapso financiero, lo único que hizo las cosas más difíciles. En 2006, los economistas de Goldman Sachs, con resonancias casi marxistas, presentaron un informe en el que argumentaban que ’el factor que más ha contribuido al aumento de lo márgenes de beneficios en los últimos cinco años ha sido el desplome en la participación en la renta nacional por parte de los trabajadores.’ Para el 2006, los salarios, como porcentaje del producto nacional estaban ya en el mínimo de su participación −un 45%− desde que el gobierno comenzara a conservar estadísticas en 1947. En los últimos tres años, el declive en las ganancias del trabajador no ha hecho más que incrementarse, a medida que el brutal desempleo ha ido socavando el poder de negociación de los trabajadores. Cuando la economía se ha inclinado mínimamente hacia una leve recuperación, las ganancias corporativas y los bonos de los ejecutivos han rebotado con rapidez, pero no así los sueldos."

"En la década de los 40, 50 y 60, los salarios y la productividad se movían al unísono en movimiento ascendente. Desde principios de la década de los 70, cuando las regulaciones de las condiciones de trabajo empezaron a fallar, se incrementó el comercio con naciones que explotaban a sus propios trabajadores, y las corporaciones declararon la guerra abierta a los sindicatos. Las líneas divergieron. La productividad siguió en aumento, mientras que los salarios medios seguían estancados."

Esta es la exitosa agenda de la derecha en América, aunque haya sido disimulada astutamente por la política del rencor. Esta sí ha sido la auténtica "lucha de clases" en los Estados Unidos en las últimas décadas −no como los "regresivos" ,afilando garras, claman de inmediato, en un esfuerzo por silenciar la verdad, los ocasionales y débiles intentos del raro político demócrata al que se le escapa y menciona lo que ha pasado de verdad. Y, como Warren Buffet es suficientemente honesto para apuntar: la guerra ha terminado, y la ganaron los suyos. Como señalara Robert Reich en una reciente página de tribuna del New York Times, el uno por ciento de los americanos más ricos ha pasado de apropiarse del 9 por ciento de los ingresos nacionales totales antes de la era Reagan, hasta casi la cuarta parte hoy en día. Como también nos recuerda Reich, la última vez que esto sucediera fue en 1928.Yo me adelantaría a decirles, "Oiga, ¿ustedes se acuerdan de cómo acabó aquello?", pero resulta innecesario indagar en los libros para esta referencia: exactamente lo que estamos viviendo. A un pie de ser la sociedad más estúpida que jamás existiera, hemos decidido reunirnos todos juntos para explorar la divertida e interesante cuestión: "¿Qué pasaría, damas y caballeros, si América se enfrentara a otra devastadora crisis económica?".

Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre ahora y los años 30. Una vez, hubo un partido político en América −el mismo que formulara el New Deal y la Gran Sociedad− que plantó cara por las clases medias y los pobres. Pero Bill Clinton y Barak Obama han conducido a sus demócratas por diferente camino. Ahora el partido representa una versión ligeramente más débil del servicio de protección de la plutocracia del GOP [Partido Republicano]. Y según parece, sólo para que le abofeteen la cara a cada posible ocasión. Ambos aspectos de los Nuevos Demócratas resultan un misterio, pero sobre todo el último. ¿Qué psicología del odio hacia uno mismo podría explicar que un Clinton o un Obama puedan ser tan pasivos, incluso cuando sus cabezas están siendo servidas por los más calumniadores de entre los lameculos del panorama político, pedazos de (supuestamente) basura humana que pudieran ser destruidos con la más mínima muestra de autodefensa, y qué decir de una pequeña afirmación de coraje político?

La actual Casa Blanca es tal desastre que a menudo me quedo rascándome la cabeza intentando averiguar por qué es el caso. El desconcierto se vuelve particularmente intenso si uno considera lo claramente inteligente que es Barack Obama, y lo estratégicamente espabilados que fueron en la gestión de sus campañas presidenciales. Pero es verdad que hay diferentes tipos de "listura". Jimmy Carter entendió la física nuclear, pero no la presidencia. George W. Bush entendió la presidencia, pero intelectualmente era más insulso que un pastel de barro. Y aún así, Obama ha dado pruebas evidentes de que se encuentra en posesión de una aguda inteligencia política…Hasta que le nombraron presidente…

Una explicación obvia para este enigma es que el personaje, como Clinton antes que él, no es más que otro instrumento corporativo. "Están las marionetas republicanas de Wall Street, y las marionetas demócratas de Wall Street". Hasta ahí lo tenemos claro, pero aún así, eso no explicaría porqué esta Casa Blanca está siendo tan inepta. Otra explicación que dan algunos es que él sólo quiere un término, y que cogerá el dinero y prestigio y se irá corriendo. El problema con esa teoría es que él ya tiene el dinero, y como se puede argumentar, hubiera podido amasar más dinero simplemente escribiendo un tercer libro que sentándose en la Oficina Oval ganando un mero medio millón al año. Lo que está absolutamente claro, a menos que hubiera un radical y casi inimaginable cambio de dirección, es que dejará la presidencia como uno de los grandes perdedores de la historia, lo que de nuevo me sugiere que le hubiera salido más a cuenta no haberse involucrado. Y esto sin mencionar todo el stress y las siempre presentes amenazas de muerte que podría ahorrarse con simplemente colocarse al margen.

Cualquiera que fuera la explicación, el efecto no podría ser más claro. Obama llegó a la presidencia con más viento en sus velas que quizás ningún otro presidente desde Johnson en 1964, y esto para un hombre de color con un nombre musulmán, nada menos. Y entonces la fastidió, del todo. Las señales se pueden ver por todos lados, comenzando por cada una de las subsiguientes "by-elections" o comicios parciales que él ha convertido en "bye, bye-elections" para los candidatos de su partido. Mientras tanto, en estos momentos hay aspirantes Demócratas para el Congreso que literalmente están pasando unos anuncios en los que critican a Barack Obama y Nancy Pelosi. E incluso aquellos que no lo hacen, no quieren que el presidente se pasee por sus distritos antes de las elecciones.

Ahora las últimas encuestas predicen que los Republicanos cuentan con un 10% de ventaja en los votos genéricos del Congreso. Esto es la más alto a lo que han llegado en los 68 años de historia de las votaciones. Mientras tanto, la mitad de los votantes republicanos están deseando votar este noviembre, mientras que sólo un cuarto de los demócratas lo están. Y además de todo esto, a los Republicanos les está yendo tan estupendamente a pesar de no ofrecer nada en lo que a un plan para resolver los problemas que afectan a los votantes se refiere. Reducirán los impuestos a los ricos. Eso es todo. El resto de lo que representan es un simple "¡NO!" a cualquier cosa que huela a Demonio Obama.

Ahora, pensad en esto por momento, y tened en mente que en lo que respecta al GOP estamos hablando de un partido político que las mismas encuestas muestran que dan grima a los votantes. ¿Qué pedazo de inepto se ha de ser para volver el mundo del revés… y favorecer no sólo la resurrección, sino de hecho, entregar el control del Congreso a esos delincuentes, y encima, unos que cuentan con el desprecio de todo el mundo? ¿Qué clase de político destroza-lo-todo necesita ser uno para hacer parecer al partido de Bush, Cheney, Boehner y McConnell preferible a ojos del público por un margen generoso?

Espera. No respondas aún. Se vuelve peor a partir de aquí. En el año 2003, el ratio de inclinación/identificación de cada demócrata por republicano era de 50 a 40 entre los votantes jóvenes, los conocidos como la generación del Milenio. Para el 2008, gracias a una combinación de los efectos de George W. Bush y (el candidato) Barack Obama, esa proporción se había trasladado una pasmosa distancia hasta establecer la magnífica brecha de 62 por 30. Ahora, en menos de dos años desde el inicio de la legislatura del Sr. Somos-los-que-Habéis-Estado-Esperando, se ha retraído al 54 por 40. Estas son oscilaciones de identidad importantes y que por lo general tienden a ser mucho más asentadas. Y son de una importancia fundamental, porque existe una evidencia importante para sugerir que los votantes que eligen un partido determinado a lo largo de una serie de elecciones en la primera franja de sus vidas, acaban manteniendo el carné de ese partido para los restos. En otras palabras, los demócratas tuvieron aquí la oportunidad de insuflar en toda una generación de electores una obvia preferencia por seguir votándoles.

Imagina la diferencia que esto hubiera supuesto en las elecciones de los siguientes setenta (¡) años, especialmente a largo plazo, cuando estos Milenarios remplazaran a los votantes de mayor edad, más conservadores, y mientras ellos mismos acudieran a votar en proporciones cada vez más elevadas cada ciclo electoral, como suele ocurrir con cada generación a medida que envejece. Los Demócratas podrían haber estado a un paso de asegurarse el control del gobierno de los Estados Unidos para los próximos cincuenta años, justo como hicieran tras 1932. En vez de eso, los líderes del partido han alienado tanto a esta generación, que han hecho retroceder las cifras de identificación al período cuando George Bush y su partido gozaban de una amplia simpatía popular. Eso si que es un pedazo de logro, chicos.

Dan Pfeiffer, el director de comunicaciones de Obama, aseguraba hace poco que "El público, con razón, está frustrado y disgustado por la economía". Hasta ahí bien, Dan. Muy perceptivo para un chico de la Casa Blanca de Obama. Pero ahí te tenías que haber callado. Pero en vez de eso, Dan Pfeiffer continua diciendo "No hay pequeño cambio táctico que pudiéramos haber hecho en algún momento que solucionara ese problema". Y la verdad, yo no sé quién es este Dan Pfeiffer, pero personalmente creo que cualquiera que hiciera este tipo de declaraciones debería ser cesado del cargo, y rápido. Desde luego, yo diría que cualquiera que en estos momentos ostente el título de Director de Comunicaciones de Obama debería ser arrancado de su puesto y pegarle un tiro, a cuenta de su suprema incompetencia y su mortal negligencia. Lo siento, pero estos cretinos no tienen ni idea. Las cosas podrían haber sido tan diferentes, y lo que es más, eso resultaba obvio en enero de 2009 a cualquiera que hubiera prestado atención a la política americana de los últimos 30 años. Esta Casa Blanca no fue digna de elogio por tratar de ser bipartidista. Más bien, lo vergonzoso era que ni siquiera supiera señalar quienes eran sus enemigos.

Pero peor es lo que está por llegar. Obama y los Demócratas van a ser masacrados en noviembre. Y esto no ocurrirá por los "crímenes socialistas" que la derecha les imputa −y que son un completo sin sentido− sino justamente por lo que no han hecho: resolver los problemas del país. Pero aún así, gracias a la narrativa socialista de gastos desorbitados y reductora de libertad, que los regresivos han fomentado con éxito y que la administración (incluido- pero bueno ¡¡el DIRECTOR DE COMUNICACIÓN DAN PFEIFFER!!) ha sido una total ineptitud haciendo frente, y porque la otra opción postelectoral de arreglar las cosas hubiera parecido ser (y los republicanos se encargarían a gritos de hacerlo parecer ser) un acto de escupir rencorosamente a la cara del público, la única alternativa de la administración tras las elecciones sería la de virar aún más hacia a la derecha en los dos años subsiguientes.

Eso sería desastroso para Obama, para los demócratas y para el país (no me importaría tanto por los dos primeros, que se lo merecen, y francamente, estoy inclinado hacia el número tres de la lista). Como Clinton antes que él, Obama intentará aplacar a los votantes y monstruos republicanos con su oligarquía patrocinadora mediante un desliz a la derecha. Por supuesto, no hay nada por ese lado a excepción del recorte de impuestos para los ricos (de hecho, ya está proponiendo recortes para el 98% de los de abajo). Los Republicanos no saben de otra solución para la economía (o para cosa alguna), aunque estos proyectos de despilfarro para los obesos fiscales, por supuesto, tampoco son solución alguna. Y como Clinton antes de él, Obama será perseguido sin tregua por las investigaciones del Congreso en cualquier forma de escándalo falso que las mentes febriles de los pervertidos encubiertos de la derecha sean capaces de elaborar para mantener a la administración haciendo eses.

Pero al contrario de cuando Clinton, habrá sin embargo una importante diferencia. A menudo dije, por aquel entonces, que lo único que evitaba que el público americano inmolara a Billy el Salvaje, y lo único que reprimía al Senado de condenarlo en el proceso de prevaricación, era que la economía iba viento en popa y los americanos prósperos, atontados y felices. Pero ahora, sin embargo, sólo gordos y estúpidos, pero estar gordo no es una buena cosa en este caso. El público no podría estar más mustio, aparte, eso sí, de cómo lo estarán dentro de dos años. Obama ha sido todo lo tonto que pudiera ser un presidente en caso de que se dedicaran a fabricarlo ex profeso, y estarán muy felices de contemplar como lo machacan a la primera de cambio… Haciendo uso de la timidez y compromiso con los criminales que les sirvan de soporte en las múltiples crisis severas, y rehuyendo a luchar por nada, ha dado pie a un círculo vicioso que lo está arrastrando hacia abajo de forma inexorable, y a nosotros con él: falla la resolución de problemas, el público se enfada y frustra, la derecha le acusa de todo, desde ser un socialista a un fascista, no alega nada para defenderse, la gente se enfada y frustra todavía más, su partido pierde más elecciones, son entonces incluso más incapaces de gobernar que ahora, el público a punto está de explotar de rabia y frustración, da un giro a la derecha y por lo tanto ofrece incluso menos soluciones a estas crisis que las no-soluciones ya expuestas, y de así en adelante…y vuelta a empezar. Aclarar y repetir.

Obama y el resto de los miembros cobardes y corruptos de su partido han garantizado su propia destrucción, eso es cierto, pero eso es seguramente lo menos desagradable que la historia vaya a decir sobre ellos. Si pensamos hacia donde se encamina esto ahora, es evidente que estos rufianes insustanciales están comerciando en interés propio y por poca disposición a luchar contra delincuentes traicioneros. A los demócratas, los van a machacar en las dos próximas elecciones, y la derecha recuperará el control absoluto del gobierno y la responsabilidad total por el estado del país. Llegados a ese punto, los republicanos tendrán indistintamente que aguantarse o cerrar el pico, porque no tendrán ni la más remota posibilidad de resolver los problemas a los que afectan a la gente −ya que, en realidad, su verdadera misión es empeorarlos, justo lo que se necesita para enriquecer aún más a sus patrocinadores− y seguirán diseñando maneras de distraer la atención pública hacia cualquier otro tema. Todo lo que puedo decir es: "tened cuidado, países del tercer mundo".

Sabemos de lo que es capaz esta gente, aunque el chenismo sólo haya apuntado lo malo que puede llegar a ser.

La historia registrará, si es que queda algún historiador para anotarlo, que fue éste un tiempo de monstruos, cobardes e indolentes: siendo estos la derecha, la supuesta izquierda y el público, respectivamente.

Es el peor de todos los mundos, y es probable que la combinación sea catastrófica.

Dada las magnitudes de las crisis a las que nos enfrentamos y las habilidades de aquellos que nos gobiernan −y aquellos sobre los que gobiernan− el que hagan cualquier cosa por el bien de su propio y estrecho interés a corto plazo, bien pudiera ser algo peor que catastrófico.

Podría ser auténticamente letal.

Traducción para www.sinpermiso.info: María Argueta


http://www.sinpermiso.info/textos/i…

Ver en línea : EEUU: por qué avanza la derecha. Nuestra larga pesadilla nacional aún no ha terminado… sólo acaba de empezar