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Conociendo al Enemigo

LA GUERRA DE OBAMA

Redefiniendo el triunfo en Afganistán y Pakistán

Traducido por Clara González Alarcón - clarita220@gmail.com - (stolpkin.net)

Desde que Estados Unidos envió tropas a Afganistán en octubre del año 2001, la guerra en Afganistán ha sido dejada a un lado de la política estadounidense. Pero con el anuncio de la semana pasada de reanudar la política estadounidense para con Afganistán y Pakistán, el conflicto, por incumplimiento, se ha convertido en la guerra de Barack Obama.

En noviembre/diciembre de 2001, describí en un ensayo en Foreign Affairs los desastres que han ocasionado los invasores de Afganistán, desde Alejandro el Grande hasta la Unión Soviética. Ahora, luego de siete años de la intervención de Estados Unidos, el gobierno de Obama debe afrontar muchos de los problemas que enfrentaron los anteriores habitantes de este territorio escabroso. La manera en que Estados Unidos dirija su presencia ahí durante los próximos años determinará si es capaz de romper el modelo.

Cuando Obama anunció su política para la región, no se pronunció acerca de una estrategia de escape de Estados Unidos, sabia decisión, de haberlo hecho habría disminuido la ya limitada habilidad de Estados Unidos de influenciar los acontecimientos ya sea en Pakistán o en Afganistán. En Pakistán, los aliados de Washington están muy desconfiados, creen que Estados Unidos, una vez más, se retirará del territorio, dejándolos con la carga. Por lo pronto, en Afganistán, aquellos combatientes de Estados Unidos están preparados para agacharse y esperar para cuando ellos perciban en el aire una retractación política estadounidense. Si Estados Unidos hubiese declarado una estrategia de salida por adelantado, sólo habría activado aquellos instintos y ocasionado que la ya bastante desigualdad fuera mayor.

Otros, en especial el ala anti-guerra del partido Demócrata, temen que la estrategia de Obama peligre, empujando a EE.UU. en el profundo pantano de Afganistán. Pero, de hecho, Estados Unidos está casi tan metido en este pantano afgano como puede estar una empresa militar extranjera. El plan del presidente y el equipo que lo llevará a cabo- Hilary Clinton, Robert Gates, Richard Holbrooke y David Petraeus- debe tener una metodología nueva y un toque de audacia si realmente quieren tener alguna oportunidad de triunfar.

Estados Unidos está casi tan metido en este pantano afgano como puede estar una empresa militar extranjera

Ahora, la nieve que está en lo alto de la montaña que cruza a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán se está derritiendo, y la nueva temporada de combate pronto encontrará su ritmo. Como parte de la estrategia de la administración de Obama, Estados Unidos enviará a otros 17 mil soldados a las volátiles provincias australes de Helmand y Kandahar y otros 4 mil soldados para entrenar a la fuerza de seguridad afgana.

Estos refuerzos traerán un total de soldados estadounidenses en Afganistán de aproximadamente 60 mil, con los países de la OTAN proporcionando otros 30 mil soldados. Algunos en el Congreso, particularmente aquellos que apoyaron que la tropa de combate siguiera en Irak, han pedido un aumento similar en los niveles de soldados en Afganistán. Estas peticiones, sin embargo, ignoran las duras limitaciones que han enfrentado los soldados en Afganistán a través de los siglos- la naturaleza de los combatientes afganos de Afganistán y del área escabrosa que les ofrece un hogar mejor que el infierno.

La Unión Soviética tuvo 120 mil tropas de combate en este país durante una década, entre 1979 y 1989. Al final, perdió. Luego de finalizada la ocupación las evaluaciones que se llevaron acabo acerca del fracaso de la Unión Soviética, Estados Unidos concluyó que se hubiese necesitado alrededor de 500 mil soldados para “pacificar” Afganistán. Aún cuando el Ejercito Rojo pudiera haber reunido algunas de las tropas adicionales, el territorio de Afganistán hubiera impedido su desarrollo; un laberinto de caminos montañosos intransitables y valles zigzagueantes le impidieron a la Unión Soviética la capacidad de enviar un número mayor de soldados que los 120 mil. Dos décadas después, esto no ha cambiado mucho para los estadounidenses que se están esforzando.

En junio del año 2008, el general Dan McNeill, ex comandante de la Fuerza internacional de Asistencia para la Seguridad, dijo para la revista alemana Der Spiegel que para apaciguar Afganistán se podrían necesitar unos 400 mil soldados. Aunque la afirmación de Mcneill fue cuestionada por algunos de la administración Bush, el Pentágono hoy en día probablemente llevaría la cantidad de soldados necesaria para llevar la tranquilidad a este país -la solución militar- he incluso más: unos 500 mil soldados. Estos números están simplemente fuera de contemplación para Estados Unidos y la OTAN.

A principios de abril del presente año, los miembros de la OTAN prometieron 5 mil tropas más y entrenadores para Afganistán. Sin embargo, aunque se llevara a efecto esta cantidad de tropas, tendrían poca influencia sobre el tiempo de combate de la guerra. Algunos oficiales del Pentágono admiten en silencio que incluso el aumento planificado de las tropas estadounidenses nivelado cerca de otros 21 mil soldados, sólo podría reemplazar la partida de las fuerzas de la OTAN durante los próximos dos años.

Con una solución militar realmente fuera del alcance, la próxima tarea para la administración Obama será redefinir su misión. El primer paso sería reclasificar a sus adversarios en Afganistán y el área fronteriza de Pakistán. Los combatientes comprometidos con al Qaeda no mostrarán clemencia. Sin embargo, los talibanes van desde fanáticos salafistas irreconciliables y narcotraficantes hasta criminales aburridos que transportan Kalashnikovs por menos de diez dólares al día. Aunque un pequeño porcentaje de aguerridos combatientes necesitan ser atrapados, la mayoría de los miembros y simpatizantes del talibán deberían ser considerados como objetivos para la reconciliación.

Durante la administración de Bush, los esfuerzos estadounidenses de reconciliación con los adversarios afganos fueron en el mejor de los casos poco entusiastas e ignorados o bien sin interés en la enriquecedora historia de acuerdos de los afganos. Durante la ocupación soviética, por ejemplo, Ahmad Shah Masoud, líder de la resistencia anti-soviética, mantuvo contacto con la inteligencia militar soviética y fue capaz de acordar una tregua temporal cuando le convenía a las dos partes. En los últimos años, acuerdos similares entre adversarios como Gulbuddin Hekmatyar, ex líder muyahidín y ahora comandante en ejercicio, y el general Abdul Rashid Dostum, ex comandante en jefe de los aliados soviéticos y un líder influyente de la comunidad afgana Usbek, sugieren que el oponente más duro puede reconciliarse, aunque sea momentáneamente. Estados Unidos puede facilitar las condiciones de seguridad para que los esfuerzos de reconciliación de ese tipo funcionen- por cierto, éste se convertirá en el principal objetivo de las fuerzas de coalición en los próximos meses.

Los afganos serán los que tendrán que dirigir el país, especialmente líderes de la Armada Nacional Afgana. Las elecciones nacionales están fijadas para agosto. Las fuerzas de coalición deben inmediatamente empezar a crear condiciones de seguridad que les permitirá a los afganos, no sólo aquellos que están en sitios tranquilos, ir a los lugares de votación. Sin una concurrencia significativa de pashtunes en el Este y Sur de Afganistán, los resultados de las elecciones serán inclinadas étnicamente y casi seguro incentivarán un constante sentido de privación de los derechos ciudadanos y una resistencia armada entre los pashtunes. Esto es especialmente peligroso dado que la elección es ya vista por muchos afganos como el resultado de la manipulación norteamericana.

Estados Unidos ha declarado que no ayudará ni se opondrá a ningún candidato para la elección presidencial afgana. Pero estas declaraciones de neutralidad están socavadas por el entusiasta respaldo de Washington de la decisión de la Corte Suprema Afgana de permitirle a Hamid Karzai extender su mandato desde finales de mayo -fecha en que termina- hasta las elecciones de agosto. El hecho de que la administración de Obama haya aprobado la decisión de la corte es tomado, dentro del círculo de pashtunes, como un apoyo codificado para la reelección de Karzai.

Idealmente, los afganos elegirán como su líder a una persona pashtun admirada por ellos, preferentemente a un respetado veterano de la resistencia contra la ocupación soviética. Esto le podría dar a la mayoría de la población pashtun una oportunidad en el proceso político y dar comienzo a los primeros pasos hacia una reconciliación nacional. Además, un poderoso presidente pashtun sería capaz de desarrollar una solución de seguridad étnica, concentrarse en un diálogo con aquellos pashtunes que cargan armas contra el gobierno y las fuerzas de coalición, y ser menos rivalizante con los pakistaníes.

Con una solución militar realmente fuera del alcance, la próxima tarea para la administración Obama será redefinir su misión

No importa quién sea electo presidente, Kabul tendrá que arreglar la relación que tiene con otras provincias importantes del centro. La designación de gobernadores provinciales hecha por el gobierno central ha originado una preferencia por familiares o amigos y con esto impulsa a la corrupción dentro del país. Las elecciones regionales de gobernadores podrían reducir la corrupción y aumentar la seguridad local -ambas de las cuales podrían recorrer un largo camino para asistir a los continuos esfuerzos de reconciliación.

Para lograr sus objetivos en Afganistán, Estados Unidos también tendrá que direccionar la inestabilidad en Pakistán. La guerra es en esencia una insurrección Pashtun que impulsa a los combatientes a ir a las urnas 15 millones de pashtun étnicos en Afganistán y otros 25 millones en Pakistán. Misma cantidad de personas que trabajaron conjuntamente con Pakistán y Estados Unidos combatiendo contra la armada soviética hace dos décadas. Sin embargo, esta vez el gobierno pakistaní se ha aliado con las fuerzas extranjeras en Pakistán, y como resultado, la insurrección pashtun se ha esparcido por la entrada de Islamabad.

Entre muchos pakistaníes, los repetidos discursos estadounidenses acerca de la batalla con los extremistas tanto de Pakistán como de la guerra de Estados Unidos se están agotando. Se podría obtener mayor comprensión de estas advertencias si incluyeran el reconocimiento estadounidense de la relación causa-efecto entre los problemas de Pakistán dentro de su frontera y las antiguas estrategias militares estadounidenses en Afganistán. Si Estados Unidos mostrara un poco de honestidad iría muy lejos.

A pesar de las llamadas de algunos miembros del Congreso para una aproximación resistente a Islamabad, simplemente no hay alternativa de una sólida alianza de Estados Unidos con Pakistán. La mayoría de las provisiones esenciales para los estadounidenses que lideran los esfuerzos en Afganistán fluye a través de Pakistán. Estados Unidos está negociando con Rusia y las repúblicas de Asia Central nuevas rutas de abastecimiento, pero son geográficamente complejas y generaría un alto costo logístico, sin mencionar que tendría que vender su alma a Rusia a cambio de la ayuda que pueda brindar a las fuerzas estadounidenses en su perdido imperio.

A medida que Estados Unidos estreche relaciones con Pakistán, también tendrá que captar a India como un participante regional en Afganistán. Esto debería incluir una conversación franca con India, Irán, Pakistán y Estados Unidos acerca de la creciente participación de India en Afganistán. Pakistán siempre ha buscado, pero nunca lo ha logrado completamente, un flanco occidental “seguro” en Afganistán como un cerco contra India, su antiguo adversario. Los pakistaníes de todos los niveles ven las actividades indias en Afganistán -como los proyectos de construcción de caminos, programas de desarrollo y cooperación militar- como una amenaza segura. A menos que Estados Unidos tome estos asuntos seriamente, cualquier esfuerzo estadounidense de convencer a Pakistán para que se mueva enérgicamente contra militantes islámicos dentro de su territorio será inseguro.

Todas las fuerzas extranjeras que han entrado en Afganistán en los últimos 2.500 años se han encontrado con este desafío de una forma u otra. Todos fallaron al intentar vencerlos. Estados Unidos tiene escasas posibilidades de lograrlo. Sin embargo, la administración de Obama entiende las probabilidades que enfrenta.

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