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Joyitas en la red

La primera gran derrota del proyecto imperial de los EE.UU. (II parte)

EEUU única superpotencia mundial: el establecimiento del Imperio

1.- La violación del orden internacional y la ocupación de Iraq

Durante la preparación y la realización de la guerra y ocupación de Iraq, los EEUU alcanzaron otros dos éxitos estratégicos de mucha mayor entidad que la propia apropiación del petróleo iraquí por cuanto implicaban y consolidaban esa apropiación.

En primer lugar, los EEUU habían ganado una gran batalla para definir y determinar, para siempre, ante todo el mundo y de manera indiscutible, que su voluntad era a partir de aquel momento la norma fundamental y exclusiva del derecho internacional.

En segundo lugar las ocupaciones sucesivas de Afganistán y de Iraq consolidaban la estructura militar del Imperio cuyas nuevas “posiciones” en Oriente Medio y el centro de Asia permitían enlazar y centralizar la enorme fuerza militar en el “gran escenario de intervención” que se había definido en la Cumbre Atlántica de Washington de 1999 en plena ejecución de la guerra contra Yugoslavia. La OTAN estableció el nuevo marco de "seguridad", la zona geográfica en la que quería imponer su voluntad a partir de entonces, el llamado espacio “euroatlántico”: una enorme superficie que incluye el territorio de los 19 miembros de la Alianza pero también el de 25 países ajenos a ella, desde Alaska a Vladivostok.

La gigantesca red de bases militares de todo tipo –incluidas las flotas y los escenarios marítimos dominados- permitían orientar la amenaza armada contra nuevos objetivos (Irán) e iniciar el cerco en torno a los posibles futuros antagonistas del Imperio (Rusia y China).

2.-Los precedentes

Los EEUU habían realizado ya intervenciones militares sin la aprobación alguna, o burlando las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Recordemos alguna de ellas.

- El día 25 de octubre de 1983, Ronald Reagan ordenó la invasión de la isla de Granada –Operación Furia Urgente- alegando la inestabilidad política, la amenaza para EEUU de un aeropuerto que se estaba construyendo con ayuda cubana, y la necesidad de proteger a algunos centenares de estudiantes de medicina estadounidenses que cursaban su carrera en la isla. 7000 soldados apoyados por fuego naval y helicópteros artillados vencieron la resistencia de las pequeñas fuerzas granadinas y la de los cubanos que participaban en la construcción de aeropuerto. La invasión vino precedida de una preparación mediática cuyos ecos todavía orientan “inocentes” informaciones como la de Wikipedia:

“La invasión mostró problemas con el ‘aparato informativo’ del gobierno de los EEUU, que Time describió como estando aún ‘algo desordenado’ tres semanas después de la invasión. Por ejemplo, el Departamento de Estado de EEUU afirmó falsamente que había sido descubierta una gran tumba que contenía 100 cuerpos de isleños que habían sido matados por fuerzas comunistas”.

- El día 20 de diciembre de 1989 con el propósito declarado de derrocar y capturar al General Manuel Antonio Noriega, Comandante en Jefe de las Fuerzas de Defensa, los EEUU invadieron Panamá. Noriega era reclamado por la justicia estadounidense acusado del delito de narcotráfico. La operación fue denominada Operación Causa Justa por el imaginativo comando militar estadounidense.

La invasión –que contó con una fuerza operativa de 26.000 soldados- se realizó con ataques nocturnos de aviones furtivos F-117 y helicópteros artillados que arrasaron algunos barrios populares como El Chorrillo. El estado mayor estadounidense aseguró con una enorme fuerza militar la victoria inmediata, sin reparar en absoluto en la extensión de la guerra con sus terribles consecuencias a los civiles panameños. De hecho el ataque fue realizado incluyendo como elemento fundamental el terror que el infierno nocturno de fuego causaba en esa población civil y en los resistentes.

El número de muertos civiles nunca fue calculado con exactitud pero alcanzó como mínimo a varios centenares, tal vez miles, de personas. Collin Powell –que perfilaba y ponía a prueba, por entonces, sus teorías sobre las futuras guerras imperiales- fue el comandante supremo de las fuerzas de EEUU.

- Después de la guerra de 1991, Irak fue sometido a un bloqueo económico que actuó paralelamente a un proceso de desarme e inspección.

Este bloqueo, que no parecía tener más objetivo que el de la venganza y la destrucción del país, provocó un verdadero desastre humano cuyas imágenes y lamentos quedaron –por obra y gracia de la actitud subordinada de Falsimedia- fuera del “campo visible” en el que se informan e ilustran los ciudadanos de occidente.

El largo bloqueo, acompañado de la proclamación de dos “zonas de exclusión” y de la realización de vuelos casi semanales de castigo, fue en realidad una segunda guerra contra Iraq que sólo finalizaría con la invasión y ocupación del país en 2003.

Según fuentes de las organizaciones humanitarias de la propia ONU la hambruna causó la muerte de cerca de un millón doscientas mil personas, la mitad niños, y el deterioro de la salud, irreversible en muchos casos, de un tercio de la población infantil del país.

Después de la primera guerra contra Iraq, el país es sometido durante más de 10 años a un proceso de inspección continua e ilimitada, que realiza una organización creada para ese fin, la UNSCOM (más tarde la UNMOVIC), formada por casi dos centenares de técnicos. Alrededor de ciento veinte de ellos trabajaron sobre el terreno, es decir, en el propio territorio irakí, equipados con helicópteros para un desplazamiento rápido, en cualquier dirección, a largas distancias y sin obstáculo físico alguno.

Es indudable que el sistema contó con toda la cobertura de la red de vigilancia aérea y satélite que pueden proporcionar los EEUU.

En el año 1996, cuando bien poco quedaría por revisar, surgieron las primeras dificultades derivadas, al parecer, de la exigencia de acceso a lugares que las autoridades locales consideraban como “recintos sensibles”: cuarteles de la Guardia Republicana y de los servicios de seguridad. Las dificultades fueron solventadas y el acceso facilitado.

Dos años más tarde, una vez realizadas centenares de inspecciones, aparece un nuevo problema en torno al acceso a los llamados “lugares o palacios presidenciales”. Se trataba de los lugares más vinculados con el propio gobierno: lugares de trabajo y residencia de los equipos ministeriales, las autoridades más importantes del régimen de Bagdad, incluido, desde luego, Sadam Husein.

A principios de enero de 1999 saltó un grave escándalo rápidamente minimizado por los medios. Scott Ritler, uno de los mandos norteamericanos del Unscom, que había sido relevado cuando salió a la luz que compartía la información de ese organismo nada menos que con Israel, publicó un libro que había salvado los intentos de censura del Pentágono.

Ritler se despachó a gusto. Afirmaba que desde el principio de su actuación hasta su definitiva expulsión de Irak, el Unscom había sido ocupado por los servicios secretos de los EEUU y usado para sus propios fines, que incluían operaciones militares clandestinas y tenían como objetivo fundamental la vigilancia de los líderes iraquíes para conseguir el derrocamiento de Sadam Husein.

Se estaba apretando sobre Iraq una tenaza con la intención de situar y mantener al país al borde mismo de una situación de colapso económico y de desabastecimiento catastrófico.

A mediados de diciembre de 1998, Bill Clinton ordenaba el lanzamiento de la operación “Zorro del desierto”, un bombardeo masivo sobre Iraq que castigó fundamentalmente a Bagdad, la capital, y produjo unos mil muertos según cálculos de los propios agresores.

- La ruptura del orden internacional por Estados Unidos y sus aliados fue más evidente todavía con el ataque a Yugoslavia que se realizó entre el 24 de marzo y el 10 de junio de 1999.

Ante el conflicto de Kosovo, los EEUU rompieron deliberadamente los acuerdos casi culminados de Rambouillet, al introducir en el texto negociado una cláusula según la cual los ejércitos de la OTAN podrían entrar y circular, sin limitaciones, por todo el territorio de Yugoslavia. Eso, obviamente, era totalmente inadmisible para cualquier gobierno soberano.

La guerra contra Yugoslavia fue una guerra precursora y modélica desde muchos puntos de vista. Fue, por ejemplo, la primera vez que la OTAN abandonó su muy establecida posición disuasoria y se empeñó en una espectacular operación guerrera.

Hacía ya tiempo que la Alianza buscaba una doctrina y la disuasión resultaba muy poco creíble en nuestro tiempo. La vieja estrategia se tambaleaba como justificación para el mantenimiento de la propia organización armada, y se mostraba inútil y desasosegante frente al vacío que ocupaba el lugar en donde antes había estado el enemigo.

La disuasión tampoco se adaptaba bien a las operaciones militares de castigo, cada vez más frecuentes, por lo que los EEUU llevaban algún tiempo presionando para que los aliados aceptasen una urgente reconversión de la doctrina y la práctica de la organización armada.

En esa primera vez que la OTAN, como tal, atacaba, lo hacía fuera del tiesto pues el apocalipsis bélico se llevó más allá del marco geográfico de la Alianza. Por si fueran pocas las novedades, el ataque a Yugoslavia se hacía incumpliendo al mismo tiempo las normas internacionales y las de la propia organización. Claro que estas últimas fueron modificadas varias semanas después de iniciados los bombardeos para ajustar la doctrina y las cláusulas del Tratado a lo ya hecho en Yugoslavia.

También fueron modificadas con una intención menos coyuntural: hacer aceptable el desajuste entre la voluntad de la OTAN y la legalidad internacional, afirmando la prioridad de la voluntad de la organización –es decir, la de los EEUU- dándole así la puntilla a la Organización de las Naciones Unidas.

La guerra de Yugoslavia ha tenido otro actor mucho más importante que el protagonista mediático, Milosevic, y ha resuelto otro negocio de mucha mayor magnitud que la propia guerra, con un escenario mucho más amplio que el de los Balcanes. Un actor, la OTAN, cuya importancia se deriva, además de su poderosa fuerza política, militar y económica, del hecho cierto de que repetirá protagonismo en otros conflictos y en otras tragedias humanas en los próximos años. De manera explícita como en Afganistán, encubierta como en el Líbano. Y lo hará apelando a una potente “exigencia moral” que deriva de una particular “religión atlántica”, llevada a la práctica en Yugoslavia y definida en la Cumbre de Washington. Esa exigencia se va a satisfacer con las autodenominadas “intervenciones humanitarias”[11].

Lo esencial de todo esto es que la OTAN estuvo anticipando con la guerra contra Yugoslavia un escandaloso modelo de intervención que después de un mes de bombardeos legitimó formalmente en la Cumbre de Washington.

Mientras bombardeaba en Europa, la OTAN definió en Washington el nuevo futuro para todos.

En primer lugar el nuevo marco de "seguridad", el llamado espacio “euroatlántico”: una enorme zona que incluye el territorio de los 19 miembros de la Alianza pero también el de 25 países ajenos a ella, desde Alaska a Vladivostok.

En segundo lugar la nueva estrategia y los objetivos de la Organización o, dicho de otra manera, la determinación en exclusiva de la legalidad e ilegalidad internacional y la catalogación como “países delincuentes” –una importación en la OTAN de un criterio norteamericano- de los que se consideren enemigos de la Alianza Atlántica, en la práctica de los Estados Unidos de Norteamérica.

En tercer lugar la no aceptación de limitaciones en el “derecho” a la intervención La OTAN declara unilateralmente su voluntad de actuar fuera de su territorio, en cualquier lugar del mundo, en persecución de unos delitos que, por otra parte, constituyen el comportamiento habitual de algunos miembros de la propia organización, y sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Algunos miembros de la OTAN insistieron en que esa declaración fuese matizada con la apelación genérica e hipócrita de que las intervenciones “se ajustasen a los principios de las Naciones Unidas”.

3.- La Ley del Fomento del genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes contra la Humanidad

Los EEUU barrieron, con una actuación sistemática apoyada por sus aliados de la OTAN, no sólo la Carta de las Naciones Unidas sino todo el derecho internacional incluido el derecho de guerra (convenios de Ginebra), y el derecho humanitario, especialmente el del TPI (CPI).

También aquí gran parte del camino lo había andado Clinton con su negativa a aprobar el Tratado de Roma hasta que su segundo período presidencial había prácticamente concluido.

En el verano de 2003, el Congreso de los EEUU promovió un proyecto legislativo llamado “Ley de invasión de La Haya” que fue aprobado por los republicanos con una parte de los legisladores demócratas.

La ley pretende coaccionar a terceros países para que no ratifiquen el acuerdo de Roma sobre el Tribunal Penal Internacional, y colocar a los funcionarios de los EEUU y de países aliados fuera de su jurisdicción.

El primer objetivo de los EEUU fue el de cargarse al TPI. En principio, los EEUU, que no firmaron el tratado de Roma hasta que lo hizo Clinton en un inútil, hipócrita y vacío gesto de despedida, pero que permanecieron como observadores para controlar su evolución e intentar bloquear su desarrollo, intentan evitar que se produzca el número de ratificaciones necesarias para que el Tribunal Penal Internacional que juzgará los delitos de genocidio, crímenes contra la Humanidad y crímenes de guerra, se ponga en marcha.

El instrumento para conseguir el máximo objetivo de destruir el Tribunal antes de que nazca, es la pura y brutal coacción. La “Ley de invasión de La Haya” prohibe la “ayuda militar” de EEUU a aquellos países que ratifiquen el tratado de creación del tribunal. Tal tipo de prohibición expresa funciona como un eufemismo. Cláusulas similares en otras leyes suelen implicar la amenaza implícita del cese de acuerdos económicos o comerciales “favorables”, la liquidación de posibles ayudas al desarrollo, y, sobre todo, el manejo de las grandes instituciones financieras internacionales para el bloqueo de créditos blandos, la negación de las moratorias en los pagos de la deuda, y la negativa para la financiación de proyectos estructurales.

El segundo objetivo era el de asegurar la impunidad genocida para los EEUU. Los EEUU –afirma el texto- no participarán en las misiones de paz, se entiende que las organizadas por la ONU, que no “garanticen expresamente la inmunidad de sus militares”. “Carta blanca” para los delitos que pretende perseguir el TPI: bombardeo de civiles, asesinatos masivos, uso de armas prohibidas o genocidas, violaciones, y atrocidades por el estilo. La ley autoriza al Presidente a utilizar la fuerza para liberar a cualquier estadounidense o ciudadano de un país aliado detenido por el Tribunal Penal Internacional.

Tenemos que recordar que las autoridades estadounidenses no pretenden amparar a sus políticos o altos funcionarios vinculados a los grandes crímenes del pasado. El acuerdo de Roma excluye expresamente de su jurisdicción los delitos cometidos antes de que el TPI nazca realmente, es decir, cuando sea debidamente ratificado por un número determinado de países. Los EEUU pretenden la impunidad para la realización de esos delitos horrendos en el futuro.

Los EEUU anuncian su disposición a proteger a genocidas, criminales de guerra y criminales contra la Humanidad, incluso cuando no son ciudadanos norteamericanos y cuando los gobiernos de sus propios países aceptan la jurisdicción del tribunal.

El proyecto de justicia internacional de Washington se basaba en la creación de Tribunales Penales Internacionales especiales como el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, en los que los EEUU fijaban las normas de procedimiento, aseguraban la financiación, e imponían la designación de jueces favorables a sus operaciones judiciales de castigo. El tribunal mencionado sería el que bajo la dirección de Carla del Ponte juzgaría –de manera extremadamente parcial- a Slobodan Milosevic.

Milosevic no pudo presentar adecuadamente sus videos por fallos técnicos. Del Ponte utilizó como prueba de cargo una antigua película de Emperos’clothes, “Judgment”, en la que el “periodista” Penny Marshall coloca las cámaras dentro de un recinto alambrado para filmar a los musulmanes bosnios, que están fuera, y “plantar” así una imagen que recordaba los campos de exterminio nazis. Las fotos que demuestran la trampa son conocidas desde hace mucho tiempo.

Pero Del Ponte debe creer que son una creación del Diablo.

En los últimos años, los Estados Unidos apostaron claramente por los tribunales especiales mientras bloqueaban las iniciativas multilaterales. Las razones eran evidentes.

En primer lugar, al referirse su jurisdicción a una zona geográfica determinada, el método de creación del tribunal permitía la selección de los delincuentes –estados, organizaciones o individuos- y la identificación previa de los delitos. Una campaña de propaganda y desinformación en los medios de comunicación aseguraba la coincidencia entre los reclamos de la “opinión pública” y los intereses punitivos de los Estados Unidos.

La “necesidad de justicia” era valorada por los EEUU, único país capaz de unificar –por “solidaridad otánica” de parte de los miembros y por ser sujetos fáciles de coacción y de chantaje los restantes- la postura del Consejo de Seguridad.

Uno de los agentes fundamentales de las guerras yugoslavas, la OTAN, se ha negado -según afirmó Jamie Shea, su portavoz en aquellos momentos- a someter su actuación a la jurisdicción del tribunal.

Collon, gran descubridor de las trampas mediáticas, y de las campañas de propaganda de los países de “occidente” en relación con Yugoslavia, define al TPIY como un “tribunal de intimidación”.

4.- Modelo judicial para las guerras del imperio

La discusión sobre el carácter internacional y sobre la imparcialidad del Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia se ha zanjado después del 11 de septiembre.

Los EEUU han puesto en marcha, de manera estrictamente unilateral y expeditiva, otros tribunales de similar obediencia a la del TPIY pero de perfiles mucho más claros. Son las cortes militares encargadas de juzgar a los “combatientes enemigos” enjaulados en Guantánamo.

La “Ley contra la invasión de La Haya” recogía la postura de un grupo amplio de políticos, máximos responsables de la política exterior durante las presidencias de Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush y Clinton, manifestada en una carta enviada al Congreso en el año 2000.

La firmaban los ex secretarios de Estado Henry Kissinger, Lawrence Eagleburger, George Shultz y James Baker; los ex secretarios de Defensa Gaspar Weinberger y Donald Rumsfeld; los ex asesores de Seguridad Nacional Brent Scowcroft, Zbigniew Brzezinski y Richard V. Allen; los ex directores de la CIA, R. James Woolsey y Robert M. Gates, y la ex embajadora Jeane Kirkpatrick.

Decían lo siguiente:

El Tribunal Penal Internacional es "una amenaza a la soberanía estadounidense y la libertad internacional de acción", "como ex altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos… creemos que es igualmente importante que el presidente, sus secretarios de gabinete y otros hacedores de política de seguridad nacional no deban tener la fiscalización criminal internacional al realizar sus tareas".

"el riesgo de fiscalización criminal internacional seguramente enfriará la toma de decisiones dentro de nuestro gobierno, y podría limitar la voluntad de nuestro liderazgo nacional de responder con fuerza ante actos de terrorismo, agresión y otras amenazas contra los intereses estadounidenses".

"Creemos que el liderazgo estadounidense en el mundo sería la primera baja del Tribunal Penal Internacional. En el clima actual, lo último que necesitan los líderes de Estados Unidos es una razón más para no responder cuando los intereses de nuestra nación son amenazados".

Bush completó la impunidad con acuerdos locales (UE, América latina, etc) en las zonas y con los aliados con los que pensaba librar la “gran guerra antiterrorista” que previamente había definido como universal y permanente. Tales países y organizaciones regionales se comprometían a no perseguir en sus territorios los posibles delitos cometidos por los militares o funcionarios civiles de los EEUU.

5.- El indigno Consejo de Seguridad

Inmediatamente después de la proclama de Bush desde la cubierta de vuelo de una de sus gigantescas máquinas de batalla, la ONU había adoptado un acuerdo urgente “recordando” a los EEUU sus “obligaciones como país ocupante”, es decir, legitimando una guerra y una invasión que se había producido después de un largo forcejeo en contra de las resoluciones y de los principios de las Naciones Unidas.

"La ONU legitima por unanimidad la fuerza multinacional de Irak" y "La ONU legitima la ocupación de Irak", decía El País del día 17 de octubre de 2003 con alborozo mal disimulado.

El periódico, uno de los órganos de Falsimedia considerado como "progresista" en el departamento de matices de la factoría del "pensamiento único", cumplía cabalmente su función sistémica, en este caso inducir la vuelta a la normalidad de las masas alborotadas por la guerra.

El País anunciaba así, desde sus cabeceras y titulares, la aprobación de la resolución 1.511 del Consejo de Seguridad. En su editorial, titulado significativamente, "Un rayo de luz", puntualizaba con mucha mayor precisión su concepción de la legalidad internacional cuando se refería a la aprobación del texto sobre Irak: "primera buena noticia desde el punto de vista de la legalidad internacional". Según Falsimedia la legitimidad internacional, nada menos, se establece por la fuerza, la coacción y los hechos consumados. El texto de la mencionada resolución 1.511 constituye toda una victoria de los Estados Unidos. "Éxito diplomático" dicen los lacayos de Falsimedia para obviar las complicidades, las brutales presiones y las rendiciones incondicionales de los "gobiernos resistentes" de Europa.

Vuelta a la barbarie

La resolución establece un terrible precedente y es en sí misma una tremenda conclusión. Aprueba la más flagrante y pública violación de la Carta de las Naciones Unidas, y de las normas fundamentales del derecho internacional, al autorizar la perpetuación de la ocupación militar del territorio de uno de sus miembros por un contingente internacional bajo mando del país agresor, los EEUU. Concluye que la fuerza, marginando al derecho, rige en estos momentos, sin limitación alguna y por "consenso de los pueblos civilizados", las relaciones internacionales.

No le costó mucho a los Estados Unidos promover el consenso unánime del Consejo de Seguridad, ni tampoco restañar las heridas en las conciencias de los políticos, intelectuales y periodistas, que se atrevieron a poner reparos a una guerra tan tecnológica y tan avanzada.

La resistencia, firme y empecinada de Francia, Alemania y Rusia -según aseguraban los medios- se disolvió sin dejar rastro.

6.- La impostura de Europa

- Tres meses antes de ese acto de sumisión, el gran socio político, la UE, daba por terminada “la crisis” que había precedido a la guerra y declaraba su decisión de colaborar en la próxima “estabilización y democratización” de Iraq que “iniciarían inmediatamente” los EEUU.

La “Cumbre Constitucional” de Europa, celebrada en Salónica, fue en realidad una completa impostura y un acto de vasallaje. Sería la precursora que haría posible la indigna resolución 1.511 de las Naciones Unidas que trataría de conciliar cínicamente la ocupación con la soberanía de Iraq.

Los jefes de estado y de gobierno entregaban silenciosamente la política exterior y de seguridad común (PESC) al “amigo americano”.

El momento formal de esa infidelidad a la idea de una Europa reunificada e independiente ha sido la aprobación unánime del documento denominado: “Una Europa segura en un mundo mejor”. Fue presentado por Solana, uno de los indiscutibles agentes de Washington en una UE completamente devaluada y avasallada por los Estados Unidos.

Pese a que su contenido parece muy general y a la vacuidad retórica de buena parte de sus párrafos, este texto doctrinal no es un discurso vacío sino tramposo. La trampa fundamental es precisamente su proclamado “carácter” europeo.

Se trata principalmente de la aclamación de las prácticas internacionales de los EEUU inmediatamente después de la terrible guerra de destrucción y conquista de Irak que ha violado todos los tratados y normas internacionales.

En Salónica se proclamó y codificó una alianza incondicional con esos Estados Unidos militaristas y despóticos que culminan con Bush una concepción imperialista del mundo. En la barbarie que supone la disposición de Washington para imponerse por la fuerza en una guerra de conquista y sujeción que proclaman interminable, la Unión Europea dice incorporar su “vieja sabiduría”.

En Salónica ha triunfado plenamente, sobre la cultura humanitaria y liberadora de Europa, la tradición colonial, racista y violenta. Además de vasallaje e impostura, la Cumbre de Salónica significa el retorno a la barbarie.

Modelo estamental, ideología colonial

La nueva doctrina europea para la estructuración de las “relaciones internacionales” comienza institucionalizando el mundo de los desiguales. Europa asume la implantación inmediata y violenta de un sistema dual que distribuye por separado derechos y deberes internacionales.

Se consagra en las relaciones internacionales la existencia de un mundo económicamente estratificado y radicalmente desigualitario. Los países pobres y periféricos son mirados con desconfianza y sometidos a estrictas prohibiciones. El modelo es el de un superestado en el que el mundo occidental –en realidad los Estados Unidos- se reservan el monopolio de la violencia.

El brutal sistema se racionaliza con la presentación de un mundo modélico y triunfante, que se dice amenazado, y un submundo amenazante y fracasado. La sociedad global de la globalización capitalista recurre a los mecanismos de las sociedades estamentales y a una ideología descaradamente colonial.

El documento sobre la Estrategia de Seguridad común para Europa consagra la preeminencia absoluta de una “comunidad internacional” reducida, tal como fue definida en la guerra de Yugoslavia y en la contemporánea Cumbre de la OTAN de Washington.

La legitimidad indiscutible de la globalización capitalista

El modelo socioeconómico de la “Europa segura” y el “Mundo mejor” se establece sin contemplaciones, manu militari si es preciso.

Esta tajante determinación presoberana que los pueblos deben aceptar si no quieren convertirse en enemigos y blancos para los bombardeos del Imperio, acabará denominándose “cláusula Democracia” o “cláusula Libertad” dentro del léxico deformado de las grandes instituciones internacionales controladas por los Estados Unidos.

El documento reproduce la desconfianza de las élites de los EEUU y Europa ante la pobreza: “varios países y regiones corren el riesgo de resultar atrapados en una espiral de conflicto, inseguridad y pobreza.

Los bárbaros y la defensa de las fronteras

En ese mundo tan amenazante para los opulentos la política internacional de Europa es entendida como seguridad. El mundo exterior es interpretado como amenaza.

“Con las nuevas amenazas la primera línea de defensa estará a menudo en el extranjero”.

La definición de una guerra global contra los pobres bajo camuflaje de “guerra antiterrorista” es una importación directa de la primigenia “Nueva Estrategia de Seguridad de los Estados Unidos”.

Lo más escandaloso de esa asimilación total es la proclamación –bajo doble eufemismo- de la necesidad de la guerra “preventiva”. El primer eufemismo es puramente verbal. Solana, consciente de que la resistencia contra la guerra de Irak se estructuró contra una guerra sin motivo, prefiere enmascarar y habla de “acción preventiva” o de “compromiso preventivo”.

El segundo es mucho más de fondo. En realidad las exigencias de prevención son tan enormes que las guerras son puras guerras de agresión. No hay nada que prevenir como en el caso de Irak. Por eso el documento se refiere a “amenazas dinámicas que si no se atajan serán aún más peligrosas” y proclama que: “debemos estar preparados para actuar antes de que se produzca una crisis”. Es, punto por punto, la doctrina Rumsfeld.

Elogio del humanicidio

Más allá del texto del documento “Una Europa segura en un mundo mejor”, la propia Cumbre de Salónica ha trabajado intensamente para “normalizar” las relaciones con los EEUU y para “superar” las tensiones derivadas de la guerra de Irak.

En primer lugar la justificación de la guerra a plena satisfacción de los Estados Unidos:

“la caída de Sadam Husein ha allanado el camino para que el pueblo irakí disfrute de un futuro pacífico, seguro y próspero”.

Nada menos. Un verdadero elogio del humanicidio iraquí que va mucho más allá de las consignas habituales que recomendaban la necesidad de “pasar la página” o de “mirar el futuro”, y que suponían ya una verdadera “cláusula de impunidad” para las criminales acciones de los Estados Unidos.

“Unidos (con los EEUU) seremos considerados por el resto del mundo como los intérpretes de una visión cargada de sabiduría”.

7.- El sistema represivo: Abu Ghraib y Guantánamo

Informaciones publicadas en The New York Times el día 10 de marzo de 2003 en relación con las condiciones de detención e interrogatorios de Jalid Sheik Mohamed –supuesto dirigente de Al Qaeda detenido en Pakistán el 1 de marzo y puesto a disposición de los Estados Unidos unos días más tarde- señalaban cuáles son los métodos generales aplicados a los encarcelados en el desarrollo de la “campaña antiterrorista”:

“EEUU asegura que no torturará físicamente… pero sí le privará de horas de sueño, luz natural, agua, alimentos y asistencia médica… esas técnicas se han utilizado recientemente para interrogar a Abu Zubaida… A Zubaida que recibió varios disparos durante su captura, se le negaron medicamentos para aliviar su dolor”.

“Las técnicas utilizadas habitualmente en los interrogatorios, según el New York Times, incluyen cubrir la cabeza de los presos con capuchas negras y obligarles a permanecer de pie o en posturas incómodas durante horas, sometidos a frío y calor extremos”. “Los interrogatorios tienen lugar en terceros países, fuera de la jurisdicción estadounidense para evitar problemas legales”.

Hay que recordar que el marco para las acciones policiales y judiciales de la “guerra universal antiterrorista” fue establecido con la implantación de una jurisdicción militar que depende directamente del Presidente de los Estados Unidos. Las condiciones del procedimiento penal fueron establecidas por el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld[12].

Los tribunales militares para juzgar a los “terroristas internacionales” son puestos en marcha por el presidente de los EEUU. Las características de esos tribunales-modelo, son la mejor expresión del nuevo orden jurídico del Imperio.

Los jueces son militares de alto rango sometidos a la autoridad directa del presidente de los EEUU, comandante supremo de las Fuerzas Armadas.

Las condiciones del procedimiento penal son fijadas por el Secretario de Defensa, jefe político del Pentágono y de los ejércitos de Estados Unidos. Entre esas condiciones está la eliminación de toda la estructura de garantías del hábeas corpus.

Observemos los resultados: las detenciones son secretas, los cargos también lo son, las detenciones no tienen límite de tiempo, no precisan cargo alguno, los interrogatorios son también ilimitados. Cuando los cargos se formalizan no se permiten comunicaciones directas y no intervenidas entre los abogados defensores y los detenidos.

Los juicios son secretos. Las condiciones que deben tener las pruebas son fijadas también por la Secretaría de Defensa de los EEUU. Las pruebas pueden calificarse también como secretas. En ese caso sólo son conocidas por los miembros del tribunal.

Los juicios serán realizados en buques o en unidades militares, lejos del alcance de cualquier observador imparcial.

La justicia internacional que han impuesto los EEUU no soporta las vistas públicas.

Los procesados y juzgados por esta maquinaria que pulveriza todas los derechos individuales y todas las garantías procesales pueden ser ejecutados.

Siguiendo rigurosamente este procedimiento “especial” una persona puede ser capturada secretamente, procesada también en secreto en lugar desconocido y ejecutada sin más complicaciones. Las sentencias no tienen apelación.

Los presuntos criminales son cazados, en cualquier lugar del mundo, por los servicios especiales o por el ejército de los EEUU. Los países que se nieguen a una detención en su territorio o a una extradición inmediata serán considerados como enemigos de los Estados Unidos.

Mención especial en tanto explica que tipo de “poder benefactor” extendían los EEUU por el mundo merece el sistema represivo puesto inmediatamente en marcha, en instalaciones locales como Abu Ghraib, o en bases estadounidenses situadas en territorio extranjero, como el de la base de Guantánamo en Cuba.

Todo el sistema de garantías judiciales –también las establecidas para tiempo de guerra- es postergado y violado bajo el eufemismo de “combatientes enemigos” aplicado a seres humanos que son capturados, aislados, encarcelados sin cargos por tiempo indefinido, y torturados sistemáticamente. Todas las técnicas de “secuestro”, “desaparición”, “tortura” y, probablemente asesinato, ensayadas durante las dictaduras militares del Cono Sur latinoamericano, son aplicadas ahora a los supuestos enemigos de los EEUU sin intermediarios locales.

8.- La definición pública del Imperio

A partir de la victoria en Iraq -que sucedía a la ocupación de Afganistán-, celebrada inmediatamente por una parte de la “comunidad internacional” (la que se definió como tal durante la guerra de Yugoslavia), el Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional podrían definir en la práctica, aplicándola, la doctrina que orientaría la estrategia internacional de los EEUU para el establecimiento inmediato del Imperio.

El documento fundacional del Imperio con la definición detallada de la doctrina militar, se había proclamado -con los ejércitos sobre el campo de batalla- bajo el título de “Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU” el día 20 de septiembre de 2002.

Meses más tarde de esa declaración constitucional, sobre la cubierta del portaviones Lincoln, George Bush se veía a sí mismo y era visto por el establisment mundial como uno de los “grandes presidentes históricos de los Estados Unidos”.

La victoria, trabajada ya intensamente durante la presidencia de William Clinton, parecía en aquellos momentos colosal. Implicaba, nada menos que lo siguiente:

- Nuevo “orden legal internacional” establecido bajo la soberanía exclusiva de los EEUU. Washington podía definir, cambiar o suprimir las normas que regulaban las relaciones entre estados, así como establecer privilegios y obligaciones de carácter exclusivo. Conceptos como rogue states (estados delincuentes), "estados frustrados”, “terrorismo internacional” o “proliferación de armas de destrucción masiva” eran utilizados para señalar, uno por uno, a los enemigos de la nueva “comunidad internacional civilizada” y para definir las acciones consideradas punibles cuando eran realizadas por países que declaraban su no sumisión a los Estados Unidos.

- Subordinación total de las Naciones Unidas. Conversión de la ONU en un instrumento de Washington. Los Estados Unidos habían aplicado contra la ONU los instrumentos posibles de marginación y desobediencia, según dos modalidades distintas

Modalidad Clinton

Clinton y sus aliados de la OTAN habían aplicado la modalidad: “hecho sin autorización del Consejo de Seguridad pero de acuerdo con los principios de las Naciones Unidas”, para justificar la guerra contra Yugoslavia.

El principio había sido enunciado para respaldar los terribles bombardeos sobre Yugoslavia y había sido codificado –con las bendiciones de todos los aliados- en la Asamblea de la OTAN que había tenido lugar en Washington poco antes de terminar aquella guerra de agresión.

Modalidad Bush

Bush había avanzado notablemente la coerción contra la organización internacional definiendo el concepto de “actuación relevante”. Las decisiones de las Naciones Unidas –particularmente las del Consejo de Seguridad- sólo serían “relevantes” si se ajustaban exactamente a la voluntad de los EEUU. En caso contrario –afirmaba una y otra vez Bush durante la etapa de preparación de la guerra contra Iraq- no tendrían efecto alguno.

La realización de la guerra contra Iraq sin resolución de apoyo de la ONU, había establecido vía militar el concepto de “relevancia”, confirmado después por la actitud de la organización internacional posterior a la “finalización de la guerra”.

http://www.cubadebate.cu/index.php?…

Notas

[10] Utilizo el término Imperio como estructura política, jurídica y militar. Se trata naturalmente de la estructuración del mundo al servicio de las élites capitalistas en el proceso de globalización.

[11] En la guerra de Afganistán la OTAN finalizaría siendo el gran aliado de los EEUU. Para vincular una lejana autorización de las Naciones Unidas al papel de la Alianza se mantendría una doble implicación: los Estados Unidos desempeñarían la Operación Libertad Duradera; y a la OTAN se le reservaría el papel correspondiente a la “estabilización” que había sido autorizada por la organización supranacional.

[12] Los detalles de este procedimiento penal están explicados en “Imperio y Tolerancia Cero”.

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