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Notas Periodísticas Dstcdas

Un testigo no siempre es bienvenido por la policía

La reciente retención de Eduardo León, fotógrafo de DIAGONAL, y el plantón de fotógrafos a Zapatero recuerda la indefensión de los informadores gráficos frente a las fuerzas de seguridad del Estado.

“Todavía tengo un hematoma y un punto de tinta donde me clavó el bolígrafo”. Jesús Feria no ha olvidado la agresión que sufrió el día 21 de junio cuando fotografiaba el cacheo a unos jóvenes por parte de la Policía Municipal de Madrid. Feria, fotógrafo de La Razón, cubría para su periódico el ambiente de los aficionados de “la roja”. En medio del jolgorio vio una intervención policial y se puso a trabajar. A uno de los agentes no le gustó verse retratado y Feria pasó la noche detenido. A la mañana siguiente la pesadilla continuaba: Feria ha quedado en libertad, pero acusado de atentado.

Cada año, decenas de reporteros son agredidos por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado español mientras realizan su labor. Se espera de los agentes del orden que guarden la ley, pero la presencia de testigos gráficos parece molestar demasiado. El propio Feria recuerda que poco antes de que un municipal le clavase un bolígrafo en el pecho, ya había tenido problemas: “El ambiente está caldeado, yo he tenido problemas incluso para fotografiar un simple control de alcoholemia”.

¿De dónde viene esta desconfianza policial hacia fotógrafos y cámaras de televisión? Jordi Gratacós, secretario técnico de UPIFC-Sindicat de la Imatge, cree que aún se notan actitudes de otro tiempo. ¿De qué otro tiempo? ¿De hace más de 30 años? “Sí, de ese tiempo”. Gratacós y la UPIFC han estado muy activos en los últimos tiempos. En la retina de los espectadores y en los cuerpos de varios reporteros aún queda el recuerdo de los porrazos que repartieron los Mossos d’Esquadra durante las movilizaciones estudiantiles contra el Plan Bolonia. Su organización ha llegado a reunirse con la Policía para explicar a los agentes su situación y mostrarles los diversos tipos de brazaletes identificativos y acreditaciones que llevan los reporteros.

Aún así, las trabas continúan: “Son continuos los golpes, empujones o borrados de tarjetas de memoria, algo totalmente prohibido”, lamenta Gratacós, quien sospecha que los agentes se toman el trabajo del fotógrafo como algo personal. “He llegado a pensar que como te ven a menudo y en situaciones parecidas, te tienen ganas”. Desde UPIFC-Sindicat de la Imatge recuerdan que ha sido difícil organizarse “porque éste es un oficio de solitarios”, en referencia al alto número de autónomos o freelance que trabajan como fotógrafos, pero albergan algo de optimismo: “Estamos mejor que hace unos años”.

Foto Edu León

Fuentes de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado explican a DIAGONAL que estos casos son “hechos puntuales” que ocurren “en situaciones de conflicto” donde es difícil delimitar los riesgos. En cualquier caso, cuando ocurre alguna de estas situaciones, recuerdan que “existe un régimen disciplinario y la legislación vigente”. “Por suerte”, añaden, “vivimos en un país donde se respetan las garantías democráticas”.

Los fotógrafos no son las únicas víctimas de la animadversión policial hacia los periodistas gráficos, y pertenecer a un gran medio tampoco es una garantía de seguridad. Da testimonio de ello Martín Carrasco, cámara de vídeo de la agencia pública de noticias EFE. Hace tres años, un transformador eléctrico empezó a arder en plena Gran Vía madrileña. “Me mandaron para cubrir el ambiente de la calle, para ver cómo estaba aquello”, recuerda Carrasco. ¿Cuál fue su error? Carrasco se atrevió a cruzar el cordón policial mientras hablaba por teléfono con su contacto en los servicios de urgencias. “Yo tenía que cruzar la calle, pasé y un agente me increpó que allí no podía estar”. El grito se transformó en empujón, el agente se convirtió en una docena de policías y Carrasco terminó detenido y con una costilla rota. Pirueta macabra del destino: su agresión fue fotografiada por Jesús Feria.

“Allí recibimos todos”

Guillem Valle fue uno de los fotógrafos agredidos en Barcelona cuando en marzo de 2009 se desalojaba el rectorado de la Universitat de Barcelona okupado por estudiantes anti-Bolonia. “No fui el único, allí recibió todo el mundo: cámaras, técnicos de radio… Aunque por supuesto, los que más palos se llevaron fueron los estudiantes”. Valle recuerda que “las agresiones ya habían empezado por la mañana, en el desalojo del claustro”. Hubo múltiples denuncias, pero Valle cree que las sanciones fueron escasas: “Uno de los mossos fue juzgado por faltas y multado con 300 euros; yo estoy indignado, pero no estoy sorprendido”. Al fin y al cabo, un porrazo ya le había causado una fisura en la mandíbula tiempo atrás. ¿Lo bueno de aquello? “El apoyo de los compañeros”. Eso sí, hace pocos días los mossos intentaban reconciliarse con los fotógrafos en un acto en que se cambiaban los roles.

“Provocan la autocensura”

Olmo Calvo, otro fotógrafo de DIAGONAL, tampoco se ha librado de varios encontronazos con agentes policiales. “Son pequeños roces continuos que provoca en los fotógrafos una actitud de autocensura”, lamenta Olmo. Para él, las continuas amenazas acaban generando “dudas cuando te encuentras con alguna situación en la que harías fotos, planteándote si hacerlas o no”. “Cuando te cachean, te obligan a poner en el suelo todas tus pertenencias y te hacen un interrogatorio en plena calle, intentan desacreditarte como persona”, asegura Calvo. Hasta ahora, Olmo se ha librado por los pelos, pero se lleva el recuerdo de un par de frases inolvidables: “Ten cuidado a quién haces fotos o un día te vas a llevar una sorpresa” y “menos mal que no estamos en comisaría, porque os íbamos a partir la cara a hostias”.

“La amenaza es personal”

Edu León, junto a Olmo Calvo, lleva varios meses documentando los controles discriminatorios de identidad que hace la policía en Madrid. El 22 de junio fotografió a un inmigrante que estaba esposado y golpeado en la estación de Metro de Lavapiés y los agentes le exigieron que borrara esa imagen. “Podría haberlo hecho y recuperar las fotos con un programa informático, pero llega un momento en que quieres hacer respetar tu trabajo”, cuenta León. Estuvo retenido en la Comisaría de Sol durante una hora, aunque la Policía diga que el fotógrafo fue voluntariamente, y finalmente tuvo que dejar allí la tarjeta de su cámara.

Para él, “entre los fotógrafos no hay una unión y no es un gremio que destaque por su compañerismo”. ¿La estrategia? “La solución pasa por las nuevas tecnologías”, que pueden difundir rápidamente estos abusos. León, a pesar de su retención, no aparta el objetivo del problema: “Las redadas racistas, una forma más de discriminación” y no reclama privilegios por ser profesional. “Los ciudadanos tienen el mismo derecho a la libre circulación y a la información que nosotros”, concluye.

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