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Análisis de interés

China no es el salvador

China envió un mensaje sobre la frágil salud de su economía y las consecuencias negativas que podría tener la presión externa para que revalúe su moneda, aguando expectativas de que ese país posee la llave de la recuperación económica mundial.

Auditores chinos revelaron un explosivo informe que cayó como agua helada sobre las percepciones internacionales de China como un país de bajo endeudamiento.

Los bancos chinos pueden haber escapado a la debacle internacional que comenzó con la bancarrota hipotecaria de Estados Unidos y continuó con desastres financieros en ese país y la Unión Europea, pero en sus intentos de mantener a raya la recesión podrían haberse colocado en situación de peligro.

El informe de la Oficina Nacional de Auditoría de China indica que algunos gobiernos locales incurrieron en deudas que multiplican por tres sus presupuestos. El endeudamiento local suma 2.790 billones de yuanes (41.000 millones de dólares), y casi 40 por ciento del mismo se generó en 2009, cuando el país multiplicó el gasto y el crédito para impedir la recesión.

En el plano nacional, los préstamos bancarios para inversiones de gobiernos locales subieron 70 por ciento respecto del año anterior.

Si bien el informe no expone un pronóstico de cese de pagos como el que vive Grecia, su mensaje fue concebido para tranquilizar las expectativas de que China liderará el esfuerzo para superar los desequilibrios económicos globales y permitirá una significativa apreciación de su moneda, el yuan o renminbi.

De hecho, del documento final que selló la reunión en Canadá de las autoridades del Grupo de los 20 (G-20), países industriales y potencias emergentes, fueron eliminadas las referencias expresas a la política monetaria china, a pedido de Beijing.

Al hablar ante los gobernantes del G-20 en Toronto este domingo, el presidente de China, Hu Jintao, no hizo mención a la cuestión monetaria. Sostuvo que su país reconocía su papel crucial para ayudar a reequilibrar la economía global, pero advirtió que los cambios necesarios no se materializarán de la noche a la mañana.

Esta postura ha sido reforzada por declaraciones de altos funcionarios chinos en la prensa estatal: "China e India se desangrarán si se las carga con el peso de conducir la economía global".

"Cargar la recuperación económica a China e India es ignorar por completo las realidades de los países emergentes", dijo el director del Departamento de Asuntos Económicos Internacionales de la Comisión de Desarrollo Nacional y Reforma (CDNR), Zhang Yansheng, a la publicación 21st Century Business Herald.

"No pagaremos el precio por las laxas políticas monetarias de los países desarrollados", agregó Zhang.

Beijing está bajo intensa presión para que libere los controles de su moneda y vuelva a la política que sostuvo hasta mediados de 2008, cuando estalló la crisis financiera internacional.

El valor del renminbi es el tema más debatido de los economistas y ministros del mundo en las últimas semanas. Se acusa a China de mantener subvaluada su moneda en forma deliberada y artificial para sostener la competitividad de sus exportaciones.

La crisis del euro de las últimas semanas calmó en cierto modo las presiones, pero ante la cercanía de elecciones legislativas en Estados Unidos y el descontento de ese país con el elevado desempleo interno, la paciencia de Washington hacia Beijing parece estar agotándose.

Muchos políticos estadounidenses claman porque el Departamento del Tesoro (ministerio de finanzas) penalice al país asiático declarándolo "manipulador monetario" e imponga aranceles de 40 por ciento a sus productos para compensar la subvaluación del renminbi.

"Los chinos nos van a seguir tratando como si nos tuvieran en un yo-yo, a menos que tomemos una postura firme", dijo el senador Chuck Schumer, del gobernante Partido Demócrata. "Dan un paso adelante y luego un paso atrás, la misma conducta que hemos visto por años", agregó.

El anuncio chino de que planifica abandonar el ancla del dólar no consiguió tranquilizar a los mercados, por su vaguedad y porque no fue acompañado de fechas. Muchos analistas especularon con que sólo era un intento de aliviar las presiones en la cumbre del G-20.

Contrariando las expectativas internacionales de que Beijing tiene confianza en el poderío económico nacional, comentaristas de este país se expresaron abiertamente en contra de eliminar el anclaje monetario, cuestionando que el país esté listo para eso.

"Debemos aclararle al mundo que China está soportando una dolorosa reestructura interna", afirmó el analista Ye Qiang, que sigue la política monetaria nacional.

"La prioridad está en los planes estadounidenses para impulsar sus ventas y en las nuevas políticas de austeridad europeas, ¿pero qué hay de nuestros propios planes para cambiar el modelo de desarrollo económico y crear un sistema de bienestar social? ¿Deberíamos suspenderlos para salvar a los estadounidenses y europeos?", interrogó Ye.

La noticia de que China está agobiada por el endeudamiento vino a reforzar este ambiguo escenario y a poner en tela de juicio que ese país sea uno de los pocos oasis de deuda escasa y economía saludable.

"La presión del peso de la deuda de algunos gobiernos (locales) es muy pesada y constituye un riesgo claro", dijo el director de la Oficina Nacional de Auditoría, Liu Jiayi.

El colapso del endeudamiento griego, que provocó una caída de 15 por ciento del euro frente al renminbi, encareció los productos chinos en la eurozona y pone en riesgo la capacidad china de elevar los empleos en su sector exportador.

Mientras tanto, estalló una ola de protestas y huelgas de trabajadores chinos reclamando a las autoridades mejores salarios y condiciones laborales.

La prioridad de Beijing es quitar el tema monetario de los reflectores internacionales y poner en su lugar la cuestión de cómo evitar otra segunda recesión global.

Zhang Yansheng, de la CDNR, el principal organismo de planificación económica de China, advirtió que la decisión europea de aplicar medidas de austeridad y disciplina fiscal –refrendada en parte por el G-20 en su cumbre canadiense—será seguida por Estados Unidos y Japón, lo que pondrá en riesgo la convaleciente economía mundial.

"Tenemos que ser más que cautelosos para evitar una recaída en la recesión", advirtió Zhang.

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