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Joyitas en la red

No ha sido un acto pirático, ha sido un acto de genocidio

Israel avanza firme en su decisión de terminar con la limpieza étnica de palestina comenzada hace más de 60 años.

"El bloqueo es salvaje y cruel, está diseñado para mantener a los animales enjaulados apenas con vida, lo justo para aplacar las protestas internacionales, pero poco más. Es la última fase de los planes israelíes de larga data, respaldados por los EEUU., para separar Gaza de Cisjordania". (Noam Chomsky - commonsdreams.org - Rebelión)

Mucho se ha hablado y mucho se ha escrito desde que Israel invadiera las aguas internacionales del mar Mediterráneo para abordar de manera criminal y salvaje a la “Flotilla Libertad” e impedir, a sangre y fuego, que ésta llegara a la Gaza bloqueada con la ayuda humanitaria. Todo el mundo se ha apresurado a emitir opinión y a procurar echar luz sobre tanta oscuridad. Desde medios incluso “amigos” de Israel se ha cuestionado con cierta dureza el criminal ataque y el asesinato de un hasta ahora indeterminado número de militantes sociales y humanitarios. Sin embargo ha quedado la idea en el mundo que se trató de un acto pirático en el que los “piratas israelíes” abordaron un buque en altamar y asaltaron a sus ocupantes. El hecho, desde mi percepción, es mucho más grave y atendiendo al derecho internacional, debe ser inscrito en el marco de un genocidio planificado y ejecutado por mandos civiles y militares.

La convención para la prevención del delito de genocidio entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal:

a) Matanza de miembros del grupo;

b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;

c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;

d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;

e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Israel ya determinó cuál es el grupo a eliminar: todo palestino y todo ciudadano del mundo que apoye a Palestina o la lucha del pueblo palestino, en una palabra, a todo propalestino que desde cualquier posición ose admitir los derechos del pueblo palestino.

Israel delimitó las fronteras del grupo a exterminar, por cierto, unas fronteras tan extensas como el globo en el que habitamos. Todos aquellos que apoyamos la lucha del pueblo palestino estamos en la mira de Israel. La invasión del Mavi Marmara no ha sido un hecho aislado. Israel ha demostrado infinidad de veces que con tal de cumplir sus objetivos de exterminio puede inmiscuirse donde quiera y como quiera con la propia inmunidad y sobre todo, impunidad, que le dan los gobiernos occidentales. Veamos que salvo honrosas excepciones ningún estado osó si quiera plantearse el romper relaciones con Israel y expulsar sin más a su embajador. No lo hizo ningún país de la Unión Europea, no lo hizo ni siquiera Turquía, país afectado pues los navíos llevaban su bandera.

Pero volvamos al concepto de Genocidio que aquí me ocupa y preocupa. La convención establece claramente: Matanza de miembros del grupo. No habla de “cantidad” argumento del que se valen muchos juristas e intelectuales para afirmar que en Palestina no es posible hablar de Genocidio. Sin embargo el concepto no deja margen de dudas. Israel, como dije, ha definido claramente cuál es el GRUPO ampliando incluso su definición más allá de la población propiamente palestina. Para Israel son miembros del grupo a exterminar tanto los palestinos como así también todos aquellos que les apoyan o procuran ayudar. Quien ose siquiera mencionar la causa palestina ya lo convierte en “terrorista propalestino musulmán antisemita”, todo ello junto, sin mediar idea sobre qué puede significar cada cosa.

El segundo punto de la convención establece claramente: “Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo.” La franja de Gaza es un ejemplo más que claro sobre este punto: un millón y medio de palestinos viviendo en condiciones infrahumanas a partir del bloqueo criminal que busca visiblemente someter a condiciones de hacinamiento a toda la población Gazatí. El bloqueo no es un capricho del gobierno israelí, es parte de la política criminal y genocida perfectamente planificada y ejecutada, como vemos, con toda impunidad.

Por último mencionar el tercer punto de la convención que parece haber sido redactado a medida de la situación que vive Gaza hoy: “Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial”. Los ataques a la Franja en 2009 y el reciente abordaje de la Flotilla son claros ejemplos de esto que enuncia la convención.

El valor de la convención no reside sin embargo en los efectos que pueda generar para evitar que vuelvan a producirse prácticas sociales genocidas, pero sí para poner las cosas en su lugar y darnos cuenta que el suceso del 31 de mayo de 2010 es un capítulo más en la ya demasiada larga historia de la Nakba palestina. Debemos entonces redefinir y llamar a las cosas por su nombre sin eufemismos: el ataque al Navi Marmara ha sido un acto genocida en todas sus dimensiones.

Quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra

Netanyahu, cabeza del Estado de Israel y máximo responsable de la masacre de la “Flotilla”, expresó que en el mundo existe una gran hipocresía al condenar a Israel. Y tiene razón. Revisemos el listado de atropellos a los derechos humanos de alguno de los países occidentales y cristianos que “reclamaron” a Israel y en todo caso cuando terminemos de repasar el listado veremos el por qué hay algunas potencias que han hecho mutis por el foro en una débil declaración que sonó más a tirón de orejas que a una verdadera condena. Pensemos entonces en las políticas rusas basadas en el terror con respecto a los chechenos; las políticas de la Unión Europea respecto a una gran cantidad de temas sensibles a los derechos humanos, como por ejemplo la inmigración o los vuelos secretos de la CIA sobre su territorio; los países de Unión Europea que junto a Estados Unidos siguen sosteniendo las guerras en Irak y Afganistán con los cientos de miles de muertos que ha causado; la propia Turquía, que mientras le reclama a Israel por los derechos humanos de los palestinos, pone el grito en el cielo cuando se le interroga sobre lo que sucede con los Kurdos o cuando se le recuerda qué ha sucedido con los armenios víctimas del primer genocidio del Siglo XX. La doble moral occidental de siempre. Tiene razón Netanyahu al recordar a los gobiernos del mundo occidental y cristiano que si algo ha aprendido Israel de ese mundo es que sólo vale la ley del más fuerte para sostener el sistema. Por esto mismo la propia Organización de Naciones Unidas no ha tomado ninguna medida seria para castigar a los responsables de la masacre del Navi Marmara. Tampoco ha hecho nada para impedir la segunda invasión al Líbano, tampoco ha hecho nada para castigar la masacre contra el pueblo Gazatí. Y no lo ha hecho porque eso sí, sería, a los ojos de Israel y sus autoridades, una gran hipocresía imposible de sostener. Sería una perogrullada.

Cambiar la ONU es hoy lo urgente

Una vez más debemos decirlo en voz firme y sin titubear: hay que cambiar la ONU ya. El obsoleto organismos internacional ha vuelto a demostrar cuan inútil es a los intereses genuinos de los pueblos y cuan eficiente es a la maquinaria bélica de los poderosos. La Organización de Naciones Unidas ha surgido en un contexto de postguerra construida a imagen y semejanza de los triunfadores de entonces. Con Estados Unidos a la cabeza, la ONU no sólo es incapaz de adoptar medidas certeras contra aquellos países que de verdad atentan contra la paz mundial y la ponen en peligro, como Israel o el mismo Estados Unidos, sino que además emite unas declaraciones que parecen más una broma de mal gusto que un verdadero gesto de humanidad. La ONU está manejada por una panda de delincuentes internacionales, con las potencias del mundo a la cabeza y no sirve más que a los propios intereses de los estados poderosos. La ONU no va a condenar a Israel por más informe independiente que asevere que Israel comete genocidio o que Israel ha vuelto a violar los más elementales derechos humanos. No lo hará nunca y esto ha quedado demostrado de manera clara y contundente cuando Israel, en la masacre de Gaza del invierno pasado, no ha dudado en bombardear instalaciones de la propia organización sin que ello le signifique más que un “tirón de orejas”. La ONU no sólo no puede prevenir estas masacres sino que no quiere, y no quiere porque quienes llevan la voz cantante en el organismo internacional, son aquellos que dictaminan las políticas que deben ser condenadas. Si yo hago la ley y yo mismo hago trampas ¿yo mismo voy a condenarme? Cualquiera que piense que la ONU todavía puede ser capaz de actuar de manera efectiva, o bien es un ingenuo, o bien no comprende de qué va el juego internacional. Por eso mismo vuelvo a decir que la ONU no sirve para nada y por lo tanto debe ser reemplazada YA mismo por un organismo de los pueblos y no de los Estados.

El peligroso y cómplice acompañamiento de las comunidades judías

Y una vez más el ensordecedor silencio del establishment judío mundial. Las comunidades no han emitido opinión y por lo bajo reproducen el discurso oficial emanado de las distintas embajadas israelíes. Esto es palpable en la web donde una vez más se lleva a cabo una guerra de ideas entre los bien pagos esbirros de la Hasbará, organización de propaganda de Israel fuera de sus fronteras, y quienes nos oponemos, desde todas las posiciones, a los crímenes contra la humanidad que Israel comete. ¿Hasta dónde es sostenible a estas alturas el argumento de la defensa propia para masacrar a cooperantes internacionales en aguas extraterritoriales en la forma en que lo hizo Israel? ¿O vamos a creer que las hojas de rasurar halladas en el Mavi Marmara realmente eran poderosas armas de destrucción masiva cuyo destino final era la milicia de Hamas en la Franja de Gaza? Hasta suenan infantiles las palabras con las que los embajadores de Israel defienden el operativo en cuanto medio público tienen a su alcance. Son inadmisibles porque carecen de sentido y son inadmisibles porque no resisten el menor análisis. Incluso con las propias imágenes que difunde el ejército de Israel es posible observar lo ridículo de las argumentaciones oficiales. Lo más peligroso es que miembros de la comunidad judía de todo el mundo las reproducen sin siquiera pararse a pensar un momento sobre lo que están viendo. Aún cuando fuera verdad que los pobres soldados del ejército supuestamente más moral del mundo hubieran sido atacados por los tripulantes del Navi Marmara, dicho ataque ¿no estaría más que aceptado por el propio principio de defensa? Si una panda de delincuentes entra en mi hogar en la madrugada a punta de armas de guerra, ¿no tengo el derecho de defenderme y defender a mi familia? Ahora resulta que con el argumento de los “embajadores” o del propio primer ministro israelí el único derecho de los ocupantes del Marmara es el de dejarse abordar y masacrar. Los únicos que tienen derecho a la “defensa” son los atacantes. El pensamiento es por demás siniestro y maquiavélico. Es intolerable.

Voces judías discordantes

Como en 2006 cuando Israel decidió invadir por segunda vez al Líbano y repitió la masacre, o como en el invierno de 2008, cuando el gobierno encabezado entonces por Ehud Olmert desató la masacre sobre el pueblo Gazatí, las voces judías discordantes de todo el mundo volvieron a levantar la voz para gritar una vez más: BASTA. Algunos volvieron a repetirle a Israel que no les representa, otros en cambio, más preocupados por la ya desvastada imagen del país, volvieron a esgrimir argumentos humanitarios para cuestionar a los dirigentes israelíes que llevan adelante el genocidio. Claro que son pocas o escasas las voces judías que hablan de genocidio. Pero lo cierto es que de la pluralidad de voces judías, la estrategia para poner fin al baño de sangre desatado por Israel, el mensaje es claro y contundente: judíos de todo el mundo, aunque separados del rebaño comunitario, allí donde se erija una “kehilá” (congregación judía), seguirán criticando, cuestionando o denunciando los crímenes de Israel más allá de la propaganda y sin creer en los ya infantiles argumentos esgrimidos por los dirigentes judíos representantes de las embajadas israelíes en cada país. En momento donde lo urgente es detener a la bestia, todas las voces valen y todas las voces suman a las millones de voces que alrededor del planeta resuenan como eco para decir: BASTA.

Uri Avenry ha vuelto a denunciar los estrechos vínculos entre Israel y Estados Unidos por medio del poderoso lobby representado por la AIPAC, lobby que sirve, entre otras cosas, para que el presidente estadounidense no pueda siquiera cuestionar mínimamente el accionar criminal de su principal socio en medio oriente, aun cuando un dudoso tribunal le otorgara el Premio Nóbel de la Paz. Obama no puede denunciar a Israel por las presiones de la AIPAC y en lugar de ello patea el problema hacia delante. Avnery, viejo conocedor de la política internacional lo deja en evidencia cuando afirma: “Desde el primer día del Estado de Israel, todos los gobiernos israelíes han comprendido que un año electoral en EE.UU. les suministra oportunidades políticas sin igual.”

Con un posicionamiento político más fuerte y crítico la Red Judía Antisionista(IJAN), liderada por la militante Liliana Córdova Kaczerginski, no deja de denunciar cada vez que puede el crimen, pero también procura por medio de la acción concienciar a la opinión pública occidental del peligro que supone la propia existencia del Estado de Israel y el despojo que se ha hecho de la tierra palestina a los propios palestinos. A raíz del ataque al Navi Marmara el IJANexpresó contundentemente: “Como potencia ocupante, Israel debería ser considerado responsable de sus flagrantes violaciones de los derechos humanos de los palestinos en Gaza. Todos los Estados tienen la obligación de hacer todo lo posible para hacer cumplir el derecho internacional y castigar a sus violadores, recurrente en cifras brutales, como se detalla en el informe Goldstone, así como comunicados por muchas organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales.” El IJAN ha cerrado su manifiesto de apoyo a la lucha palestina convocando, inequívocamente, a las comunidades judías del mundo entero: “llamamos a los judíos a reconocer en este ataque violento y mortal una muestra de un patrón mayor e inconfundible de violencia descontrolada, represión punitiva y crueldad gratuita, de autoaislamiento y odio que revela la dirección histórica del sionismo. Coaccionado por las mismas consecuencias inevitables de su lógica colonial, el sionismo no es un renacimiento de la vida judía, sino una profecía certera de autodestrucción…”

Desde el corazón del imperio uno de los más fervientes críticos de las políticas de Israel sobre el pueblo palestino, Norman Finkelstein, ha vuelto a poner negro sobre blanco, la modalidad y la forma en cómo Israel viola el derecho internacional una y otra vez cometiendo crímenes de lesa humanidad. Hay que recordar una vez más que la historia personal de Finkelstein está atravesada por la tragedia de la Shoá (el genocidio judío), habiendo sido sus progenitores sobrevivientes del horror nazi por lo que sus cuestionamientos nacen del propio interior de su alma. Guideon Levy y Amira Hass ya no sorprenden con sus denuncias desde el interior de la bestia. Tanto Levy como Hass han cubierto como nadie las locuras bélicas de Israel desde el frente. Conocen Gaza y sus crónicas aparecidas en el periódico Haaretztienen la credibilidad de ser narradas desde el terreno. Hass comparte incluso con el pensador estadounidense Finkelstein la condición de ser hija de sobrevivientes del genocidio nazi. Mientras la periodista desmontauno a uno los ya infantiles argumentos de Israel para justificar lo injustificable, Levy vuelve una vez más con su pluma a mostrar como el “barco israelí navega a la deriva”; el ataque al Navi Marmara, en ojos de Levy, se ha convertido en una “mini operación Plomo Fundido”. Seguramente el objetivo de ahora y el de entonces por parte del gobierno de Israel sea el mismo: impedir que los gazatíes levanten cabeza y así sigan muriendo de a poco.

Las lecciones del Talmud

Hago mías las palabras de JOMRA: dejemos de mirar para otro lado. Hay un imperativo moral que debe hacernos pensar dónde estamos parados y hacia dónde vamos. Un principio talmúdico dice que quien salva una vida, salva a la humanidad; su contrapartida es que aquel que quita una vida, asesina a la humanidad. Israel se ha apartado no sólo de este pensamiento talmúdico sino que ha quedado en la soledad de sus propios crímenes. Israel no representa los valores judíos, aquellos que nos hablan del amor al prójimo, aquellos que nos hablan de la solidaridad o el no matar al otro; Israel no respeta los más elementales principios humanos y no lo hace porque una enfermedad patológica se ha extendido de puertas adentro tanto entre sus dirigentes políticos como así también en gran parte de su sociedad. Israel ya no distingue el mal del bien. Pero lo más peligroso, como digo, es la ceguera de las comunidades judías fuera de Israel, de seguir sosteniendo un Estado que nunca puede ser democrático si se erige como étnicamente judío.

En Israel, debemos repetirlo una y otra vez, la democracia es incompatible con la propia noción de “Estado Judío”, donde existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Israel es un país colonialista que sirve a los intereses espurios del capitalismo mundial. Israel existe justamente porque sirve a esos intereses. Mientras Israel no se convierta en otro ente, mientras no se produzca una verdadera transformación en las ideas y pensamientos de la sociedad israelí que pueda determinar un giro copernicano en la historia, que reconozca los legítimos derechos del pueblo palestino de habitar en su tierra en paz, de retornar a la tierra de donde fueron expulsados; mientras en Israel no se piense que el bienestar del pueblo palestino solo será posible cuando el pueblo palestino pueda ser reconocido en sus derechos; mientras Israel siga asesinando, masacrando o llevando adelante el genocidio sobre el pueblo palestino, Israel seguirá asesinando a la humanidad. Lo dice el Talmud. Quizás sea hora de que la sociedad israelí y las comunidades judías del mundo comiencen a cambiar. De lo contrario el camino será el de una irreversible tragedia colectiva. Israel conseguirá aquello que los nazis no han conseguido: acabar con el judaísmo y con su sustento moral que le permitió irradiar, en otras épocas, a pensadores universales. El sionismo es incompatible con las ideas universales de los derechos humanos expresadas en el Talmud. Israel a diario asesina a la humanidad. Las comunidades judías del mundo, salvo excepciones, avalan el crimen. Para decirlo sin eufemismos: avalan el GENOCIDIO.

http://www.deigualaigual.net/es/opi…

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