
El Imperialismo Norteamericano se está afianzando de sobremanera en el continente latinoamericano, tanto política como militarmente. Si bien su avance político se podía ya ver reflejado tácitamente en países como Colombia, México o Perú con sus gobiernos ultra-reaccionarios y significativamente complacientes con el imperio norteamericano; y, por otro lado, su avance en lo militar se podía ver reflejado en la activación de la IV Flota (finales de abril, 2008)… A partir del golpe de Estado en Honduras [1] puede notarse un notable avance tanto en lo político como en lo militar en beneficio de las oscuras ambiciones imperialistas. Prueba de ello es la llegada de gobiernos derechistas en la región como lo es Panamá [2] y ahora último Chile [3] junto con la presencia militar estadounidense en Colombia [4], Panamá [5] , y ahora último con un caso muy particular como lo es Haití [6]. Cabe esperar en lo político los resultados que habremos de tener con las elecciones en Costa Rica y Brasil, donde se da a la Derecha como favorita.

Quien no quiera ver un evidente avance imperialista tanto en lo político como en lo militar, está desconociendo e ignorando la triste historia, de invasiones militares e instalaciones de gobiernos títeres, lacayos del imperio, traducido en dictaduras, que han vivido y soportado nuestros pueblos en América Latina [7].
Todo el avance imperialista está enfocado a frenar la órbita de influencia que está teniendo la Revolución Bolivariana en el continente y, en lo fundamental, controlar los enormes recursos naturales estratégicos, que abundan en nuestra región, para satisfacer los intereses capitalistas imperialistas.

Sin duda no ha sido ninguna casualidad la activación de la IV Flota luego de que el 1 de Abril de 2008 la Asamblea Constituyente de Ecuador aprobara el artículo que declara [8] : “El Ecuador es un territorio de Paz. No se permite el establecimiento de bases militares extranjeras ni de instalaciones extranjeras con propósitos militares. No se puede ceder bases militares nacionales a fuerzas armadas o de seguridad extranjeras." Y, por lo tanto, quedara sin razón de ser la base norteamericana de Manta.
Como tampoco fue casualidad, tiempo antes, las instalaciones de bases militares estadounidenses en Ecuador (Manta), las islas Aruba y Curazao (de soberanía holandesa) y la base de Comalapa en El Salvador; o la puesta en marcha del Plan Colombia: todo esto inteligentemente planificado a sabiendas de que se clausuraría la base Howard (establecida por los EEUU en 1928), en Panamá, en virtud de los acuerdos Torrijos-Carter (1977-1999) el cual entregaría soberanía progresivamente a Panamá con respecto al Canal de Panamá, además de desarticular progresivamente unas 14 de bases militares norteamericanas.
El incremento de la presencia militar en América Latina, por parte de EEUU, se ve agudizada hoy, vergonzosamente, con la ocupación militar en Haití. Se hace muy evidente dicha presencia, en una región (América Latina y el Caribe) en donde, que se sepa, no reviste ninguna amenaza a EEUU; por lo que se puede llegar a “oler” cierto apetito desmesurado por asegurarse con el control de las mayores reservas de petróleo “descubiertas” en Venezuela [9] y descubiertas en Brasil [10]; el acuifero Guaraní [11]; las extensas tierras cultivables y las enormes riquezas naturales que brotan de la tierra latinoamericana que sirven para producir medicamentos [12] .
Y como bien he señalado en otros artículos, aquí se trata, primeramente, de frenar la influencia Bolivariana y su matriz (Venezuela). Por lo que no ha sido ninguna casualidad de que EEUU quiera incrementar su presencia militar considerablemente en Colombia, teniendo en cuenta de que se había instalado el Plan Colombia principalmente para frenar el avance guerrillero, y que venía a engrosar la lista de planes [13] en contra de los focos armados presentes en Colombia. Pero las bases militares, a utilizar por los militares estadounidenses, desplegadas en Colombia, Panamá, Aruba y Curazao, no forman parte, en lo fundamental, de una lógica para frenar alguna resistencia armada, sino que representan una señal clara de que aquí se está fraguando “inteligentemente” una intervención de “Cirugía Mayor” dirigida y apuntalada de manera evidente a Venezuela y al proceso Bolivariano, la madre de la Revolución Bolivariana que se desarrolla en el continente.
Por tanto, el gobierno colombiano aquí juega un rol co-protagónico de suma importancia y que no llega a ser menor. Pronto habrá elecciones [14] y a EEUU no le conviene mucho nuevamente tener a Álvaro Uribe en el Poder. Necesita una cara “nueva”, y esa cara sin duda será el ex Ministro de Defensa Juan Manuel Santos Calderón [15] , la cara más siniestra del Uribismo.
Desde un punto de vista perceptivo-especulativo, podemos observar que Álvaro Uribe ya no le sirve al Imperio Norteamericano. ¿De qué le sirve ahora? Desde que firmó el vergonzoso “Acuerdo Complementario” [16] con el Imperio, selló el ocaso de su permanencia en el Poder. Haber logrado semejante “acuerdo” lo aparta de cualquier protagonismo futuro, ya que el Imperio gusta mucho de la utilización de imágenes “frescas” para perpetuar su influencia y no dejar que se instale la erosión en el “paisaje” político local, que avanza considerablemente en lo que se refiere a la narco-para-política, la continuidad del paramilitarismo, el significado que representa una nueva re-elección, etc.
Anexo: Imperialismo Norteamericano
A pesar de que el término “imperio” no es usado por los Medios de Difusión Masiva de la manera como sí lo hacen para referirse a imperios pasados, como lo fue el imperio Romano o el Británico, claramente podemos observar hoy un IMPERIO con todas sus letras, tanto a nivel cultural, político, militar y económico.
A nivel cultural, bajo la chapa de lo que conocemos como “globalización”; en lo político y económico, en estructuras disfrazadas de “multilaterales” (ONU, OTAN, FMI, BM, OMS, G-7, G-8, G-20, etc); y en lo militar, con intervenciones a nombre de la “Libertad y la Democracia”, la “Seguridad Nacional”, o ahora último por razones “Humanitarias”.
Sin embargo, es razonable observar en los Medios de Difusión Masiva obviar notablemente términos como lo puede ser “imperio” o “imperialismo”, el cual es disfrazado muchas veces por “hegemonía estadounidense”, ya que los grandes Medios de Difusión Masiva, al estar a manos de la Gran Burguesía Imperialista, son los que dictan las directrices que tienen que tomar los países o bien las burguesías dependientes y complacientes de las políticas impuestas por la Gran Burguesía Imperialista.

Los que pretendan ver el concepto “imperialismo” como un concepto meramente “ideológico” (para señalar principalmente al Imperio Norteamericano), se engañan al querer no ver lo que ha sido muy obvio dentro del siglo XIX, XX y ahora a inicios del siglo XXI. Llamar las cosas por su nombre no es “ideología”. Las cosas por lo general se ganan su nombre por los hechos. Y es cosa de enumerar las intervenciones militares que EEUU ha hecho desde principios del siglo pasado [17], estrenando, eso sí, su carácter imperialista con la famosa Doctrina Monroe (1823), “América para los americanos”.
El Control Ideológico de la Gran Burguesía es tal que toda información que provenga de medios pequeños o alternativos, insertos en países dependientes política y económicamente, siempre serán percibidos con cierta desconfianza y no serán tomados muy en cuenta hasta que esa información sea “corroborada” por los grandes medios insertos de alguna forma en las grandes potencias bajo la influencia del Gran Capital [18]. Y ya sabemos cómo actúan los medios dependientes ideológicamente: son el triste eco de los grandes Medios de Difusión Masiva.

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