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Para tener en cuenta

Haití: sin igualdad, justicia ni fraternidad

Todo el planeta tiene las imágenes de la tragedia de Haití frescas en la memoria. Todos tienen a flor de piel el dolor y la tristeza por la desoladora situación del pueblo haitiano, pero, ¿por qué tanta pobreza en la ex colonia francesa?

En Haití, 65% de la población vive por debajo de la línea de pobreza, 55% son analfabetas y la esperanza de vida no supera los 50 años. Esto, entre otras variables, lo convierte en el país más pobre del hemisferio occidental y lo ubica en el nada envidiable puesto 108 en el índice de desarrollo humano.

No conforme con este panorama, según la Organización Mundial de la Salud, 47% de los haitianos sufre de desnutrición crónica y de los que logran sobrevivirle a este drama, 60% muere de VIH-SIDA.

De la igualdad a la pobreza

En 1697 España cedía a Francia la parte occidental de la isla La Española, que había recibido los primeros asentamientos galos cerca de 1630, y que le produjo enormes ganancias a los franceses al convertirse en la colonia más rica del mundo en menos de un siglo.

Con la Toma de La Bastilla el 14 de julio de 1789 se inicia la Revolución Francesa. Ese mismo año, pero el 20 de agosto, se emite la Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos.

Luego de la caída de la monarquía francesa en 1792, los Jacobinos, la izquierda gala, decretan derechos políticos iguales para todos los negros libres y mulatos. Esto genera gran conmoción en Saint Domingue –como le llamaban los franceses a Haití-, al punto que el enviado francés, Sonthonax, víctima de la presión, publica el decreto de emancipación general de los esclavos en el norte de la isla, que refrenda la Asamblea francesa el 4 de febrero de 1894 al decretar la abolición de la esclavitud.

Pero Napoleón envía un poderoso ejército a combatir a los revolucionarios ex esclavos en julio de 1801. Para 1803, se da cumplimiento al decreto de napoleónico, de un año antes, de restablecer la esclavitud y la trata de negros en las Antillas francesas, lo que genera una cruenta guerra que termina por propinar al gobernante francés su primera gran derrota de manos de quienes habían sido esclavos en una batalla de doble fin: anticolonialista y antiesclavista.

El primero de enero de 1804 se proclama la independencia de lo que se llamaba Saint Domingue y nace Haití.

La emancipación tuvo un alto costo para los exesclavos haitianos. Así, el país galo decidió que se debería indemnizar a sus excolonos –un cobro por la humillación sufrida y por el daño que se le había hecho al liberarse- y Haití tenía que pagar 150 millones de francos, equivalentes a unos 21.700 millones de dólares actuales o a 44 presupuestos totales de Haití. Así nacería una nación estrangulada por una deuda con unos intereses que iban multiplicando su ruina y que llevaría más de un siglo cancelar. Para 1938 quedaría expiado el pecado de la libertad haitiana y de la abolición de la esclavitud.

Miseria con nuevos acreedores

Thomas Jefferson, autor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, tercer presidente de ese país, aristócrata, hacendado y dueño de esclavos, manifestaría que Haití era un mal ejemplo y que había que confinar la peste en esa isla. Y así fue.

Al terminar de pagar “su deuda” con Francia, Haití pertenecía a los bancos estadounidenses. Para 1915 los marines comenzaron su invasión de 19 años que, entre otros desmanes, obligó al presidente haitiano a liquidar el Banco de la Nación, convirtiéndolo en sucursal del Citibank de Nueva York, mientras que el Banco Nacional era propiedad de un consorcio de 6 bancos extranjeros.

Ya en 1957 comenzaría el reino de los Duvalier que se extendería por 30 años hasta que Francia le otorgara, en 1986, a Baby Doc estatus de refugiado político.

Durante estos años hubo un crecimiento desmesurado de la deuda que terminó por el orden de los 750 millones de dólares y que aumentaría, gracias a penalidades e intereses a más de 1.884 millones de dólares, empobreciendo al pueblo haitiano y enriqueciendo a los factores de poder. Paradójicamente, mientras Haití se sume en la pobreza con una deuda impagable, los Duvalier amasan una fortuna de unos 900 millones de dólares, suma mayor a la deuda del país a la fuga del dictador.

El servicio de la deuda, entre 1995 y 2001, alcanzó 321 millones de dólares –alrededor de 65% del presupuesto anual de Haití-, según estimaciones del Banco Mundial, quien es dueño en partes iguales con el BID de 80% de la deuda total haitiana.

Bajo la tutela de estas dos instituciones de la banca multilateral, el gobierno aplica planes de ajuste estructural, que lo presentan con el eufemismo Documentos Estratégicos para la Reducción de la Pobreza, lo que les permitirán nuevos préstamos con los pagarán la vieja deuda. Los planes de ajuste estructural arrasaron el país y casi acabaron con el sector agrícola, lo que desencadenó la crisis alimentaria de 2008. Las directrices macroeconómicas de Washington, El Banco Mundial, el FMI y la ONU, priorizaron el bajo costo de producción para la exportación y no se preocuparon por el desarrollo y protección del mercado nacional.

Peor aún, no hay muestras de que las donaciones por la tragedia vayan a servir para honrar servicios de la deuda o que se utilicen para enriquecer a las compañías extranjeras o cúpulas locales en nombre de una supuesta “reconstrucción”, ya que muchas provienen de sus acreedores y son ellos quienes deciden los “proyectos de desarrollo nacional”.

El sismo constante

Mas allá del terremoto, el panorama es sombrío para Haití gracias a la ocupación militar de los marines estadounidenses trajeados de cascos azules, el saqueo de su naturaleza, las invasiones de intereses transnacionales y la dominación que sugiere la elevada deuda haitiana. Sin dudas, esto atenta contra la soberanía de este empobrecido país.
—  Más de 7 millones de los 9 millones que habitan Haití, antes del 12 de enero no contaban con servicio de aguas servidas ni de agua potable y más de 3 millones no tenían suministro eléctrico.

La renta per capita de los haitianos llega tímidamente a 480 dólares al año, siendo optimistas. Los países ricos imponen barreras que afectan las exportaciones haitianas, mientras este país debe importar alimentos.

De cada 5 niños, uno no alcanza ni la estatura ni el peso correspondiente a su edad.

El panorama sigue siendo igual de sombrío, o peor. Hasta 2003, para poder comer, 40% de los haitianos vendía su sangre.

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