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Para tener en cuenta

La alianza franco-rusa: ¿fin de la pax americana?

A raíz de los últimos ataques yihadistas en París, el Gobierno francés hizo públicas tres decisiones vinculadas a su estrategia contra el Estado Islámico:

1) El presidente francés, François Hollande, y el ruso, Vladimir Putin, han pactado coordinar su enfrentamiento global frente a la entidad yihadista.

2) En los próximos días, Hollande visitará Washington y Moscú con el fin de impulsar la creación de una coalición internacional conjunta para luchar contra el EI.

3) A petición de Francia se activará el artículo 42.7 del Tratado de la UE. Las tres disposiciones parecen ser consecuencia lógica de lo ocurrido en París y de la confirmación, por parte del Kremlin, de que el avión ruso derribado el pasado mes en el Sinaí lo fue a consecuencia de un atentado de los terroristas del EI.

Sin embargo, las tres medidas no dejan de resultar paradójicas y controvertidas. Además, recuerdan a lo que en 1967, Jean de Grandville, diplomático francés, confió a Henry Kissinger: “Todo en la política francesa gira en torno a mantener las buenas relaciones con Moscú. Para Francia el mundo es tripolar: Washington es un centro, otro es Pekín, que domina Asia oriental; el tercero es la Europa subordinada al eje París-Moscú”.

Desde la unificación de Alemania en 1871, Francia usaba las alianzas con Rusia para mermar el poder germano y fortalecer el propio. Las relaciones hacia los EE.UU. se caracterizan por una actitud similar: Charles de Gaulle anunció la salida de Francia de la estructura militar de la OTAN en 1966, el mismo año en que se convertía en el primer mandatario occidental en visitar Moscú. En 2003, Gerhard Schröder y Jacques Chirac establecieron una alianza informal con Vladimir Putin para oponerse a la intervención norteamericana en Irak. Ahora, el objetivo de la alianza entre Moscú y París es luchar contra el EI, pero servirá también para debilitar la hegemonía continental que la crisis ha conferido a Alemania y, de paso, para poner de relieve la pérdida de liderazgo de los EE.UU. tanto en Europa como en Oriente Medio.

La propuesta hecha por Hollande de crear una coalición internacional es idéntica a la que hizo Putin el pasado 28 de septiembre ante la Asamblea de la ONU. El hecho de que el presidente francés la haya asumido como propia, implica la exigencia de que Occidente aparque sus diferencias con Moscú (a causa del conflicto de Ucrania y respecto al futuro de Basar al-Assad en Siria), y revela que los franceses confían en la voluntad expresada por Rusia de combatir al EI (aunque hasta ahora los bombardeos de la aviación rusa se hayan dirigido principalmente contra los rebeldes sirios al régimen de Assad) y que desconfían de la estrategia del presidente Obama en el Oriente Medio. Rusia sabrá aprovechar esta oportunidad para volver al seno de la comunidad internacional, como lo hiciera en otras ocasiones, prestando ayuda militar a Occidente cuando éste era incapaz de defenderse (por ejemplo, durante las guerras napoleónicas y en la Segunda Guerra Mundial).

La más llamativa de las últimas iniciativas del Gobierno galo es la activación del artículo 42.7 del Tratado de la UE –“Si un Estado miembro fuera víctima de una agresión armada en su territorio los demás tendrán la obligación de prestarle ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance”– y no la del artículo 5 de la OTAN –“Cualquier ataque a un aliado es un ataque a todos los miembros de la Alianza”–. Hollande ha afirmado que Francia “está en guerra”, pero no ha solicitado la intervención de la alianza militar, sino una respuesta bilateral a Francia de cada uno de los países miembros de la UE, que decidirá el modo en que concreta su apoyo, ya que el protocolo no exige una ayuda militar.

El fracaso de la Comunidad Europea de Defensa (CED) –un intento de culminar la integración militar y defensiva de Europa– se debió a Francia. Fue París quien denegó su aprobación a aquélla en 1954. Desde 1949, la Alianza Atlántica sirvió de marco estratégico para la pax americana, vinculando la seguridad de Europa a la estadounidense, de manera que los EE.UU. actuaban como protector, conteniendo a la URSS durante la Guerra Fría, y como pacificador, protegiendo a cada uno de los países europeos contra todos los demás.

La decisión francesa de activar el artículo 42.7 demuestra que Francia no confía en las capacidades de la OTAN dominada por los EE.UU., que además estaría en contra de su alianza con Rusia. La inexistencia de la CED y el hecho de que Europa haya renunciado a ser un actor estratégico independiente le permite desarrollar una estrategia nacional al margen de las instituciones europeas, fortaleciendo las relaciones bilaterales con quien considere oportuno hacerlo, y recuperando sus antiguas tendencias geopolíticas, es decir, contrarrestando el poder de Alemania en Europa y el de los EE.UU. en el mundo. Esto no implica necesariamente el fin de la pax americana, pero sí el debilitamiento de las relaciones transatlánticas, una renacionalización de la política de seguridad de los países miembros de la UE y una serie de correlativas concesiones al régimen autocrático de Putin, que, hoy por hoy, parece más proactivo que Obama en la guerra contra el yihadismo.


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