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Mundo

Obama y el nobel

Si alguien puede pensar que la intención del premio es comprometerlo a que cumpla sus promesas de paz y desmonte la política guerrerista del imperialismo que preside, hay que decirle que objetivamente esta decisión del jurado sirve sobre todo para poner al revés la actuación de Obama y darle legitimidad mediática y licencia internacional a nombre de la paz a su empeño en la readecuación de los planes de guerra de esa súper-potencia estadounidense, los cuales -para sorpresa de los que se hicieron exageradas ilusiones en torno a su victoria electoral- ha hecho muy suyos el nuevo presidente de ese país.

Pero además, como todo premio es inseparable del propósito de reconocer méritos en una determinada dirección del quehacer humano, hay que agregar que Obama carece de ellos en política de paz, ya que incluso ha intensificado la guerra en Afganistán y profundizado sus planes guerreros en Pakistán, sigue sin resultados loables en Irak, autorizó la instalación de cinco nuevas bases militares (mas otras dos existentes) y el relanzamiento del Plan Colombia-Iniciativa Andina, ha incrementado el presupuesto militar de su país, ha autorizado la fabricación de bombas de alto poder destructivo, ha mantenido su apoyo a Israel, ha continuado muchos de los lineamientos de la anterior política exterior y ha garantizado la impunidad de las fuerzas estadounidenses que sostienen el golpe en Honduras y el engendro de Uribe en Colombia.

Obama -intentando defenderse- ha considerado irónico que quienes históricamente han condenado las intervenciones de EEUU en el Continente, le estén ahora “solicitando” una actitud enérgica frente al golpe en Honduras.

Pero él sabe muy bien que el Pentágono, la CÍA, sus oficiales de la Base de Soto Cano, su Embajador, el funesto Negroponte e incluso ciertos asesores de la señora Clinton, prepararon ese golpe criminal asociados a las once familias multimillonarias de Honduras, a los generales ultraderechistas y a la partidocracia corrompida de ese país.

Entonces a él no se le está solicitando que intervenga en Honduras, sino que anule la intervención perpetrada. Que les quite la alfombra imperialista a los golpistas, o que se retire definitivamente la máscara del “poder suave”.

Esta exigencia respecto a Honduras no tiene nada de irónica. De ironía y cinismo estuvieron cargadas sus palabras al referirse a las bases militares en Colombia: para Barak eso no es más que un “invento”, porque a su decir “no se trata de bases militares” sino un viejo “acuerdo de seguridad” entre ambos países. ¡Sopla¡

En verdad Colombia es la plataforma de agresión para la conquista militar de Suramérica, mientras Honduras es el punto de partida de un operativo estratégico que persigue reconquistar políticamente toda Centroamérica después de las victorias políticas del FLSN y del FMLN en Nicaragua y El Salvador. Y en todos los casos de reacción militar Obama se niega a rectificar o a contradecir las políticas de los halcones y la razón de ser del Complejo Industrial Militar.

Al parecer el “bondadoso” presidente de USA nos quiere matar de manera más suave, usando palabras más benévolas y elegantes que las empleadas por los negociantes y hacedores de guerras. Ahora bendecido con el Premio Novel de la Paz

Porque matar en grande persiguen las nuevas bombas sùper-inteligentes, las guerras en el Oriente intervenido y las tropas camino a Afganistán; y matar soberanías y seres humanos persiguen los hechos ominosos que apuntan de inmediato a apoyar el régimen narco-para-terrorista de Àlvaro Uribe y desestabilizar procesos como el venezolano, el ecuatoriano y el boliviano, dentro de la vertiente continental de su “guerra global” destinada a conquistar la Amazonía.

Obama quiere ocultar esa realidad y no puede. Ni sin premio, ni con premio.

Cuando se dice que hay “dos Obama”, uno es virtual y otro real, uno de verdad y otro de mentira, uno de palabras volátiles y otro de hechos que las niegan. Y como es preciso ver para creer, el Obama de la paz sencillamente no existe, es una falacia mayor inocultable con su elegante cinismo, con su fina inteligencia y con esa vapuleada e inmerecida premiación.

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