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Pensamiento

El tiempo, el capitalismo y la ideología

El capitalismo funciona y logra sobrevivir –entre otros– gracias a un hábil uso de diferentes tiempos y velocidades. Por un lado requiere de rapidez y de ligereza para mover el capital y las mercancías; por otro, la lentitud y dilación son indispensables para conservar el orden social. En el intervalo entre los dos tiempos florece la ideología que se nutre de sus desfases.

2) Mark Blyth en su libro Austerity: the history of a dangerous idea (2013) demuestra que las premisas de las políticas de austeridad no eran científicas, sino puramente ideológicas, y –apuntando a una particular dinámica social– da pistas de por qué, a pesar de su fracaso, siguen siendo implementadas. Aunque muchos dirigentes o economistas saben que sus ideas no funcionan, invirtieron en ellas décadas de vida, con ellas construyeron sus carreras; de un día para otro no las van a negar, su mundo se vendría abajo. Aquí estamos hasta el cuello en el pantano ideológico (véase: El suicidio, el capitalismo y la ideología, La Jornada, 7/6/13).

3) La crítica de la ideología resulta problemática incluso para la izquierda, como quedó evidenciado en el reciente choque entre Noam Chomsky y Slavoj Zizek ( The Guardian, 19/7/13). Según Zizek, para Chomsky (aunque éste lo niega rotundamente, zcommunications.org, 21/7/13) no hace falta criticar la ideología: el cinismo de los poderosos es tan obvio que basta con señalar los hechos. Pero Zizek insiste en que es imposible entender las relaciones del poder sin analizar –recurriendo al sicoanálisis– el aparato ideológico que nos mueve inconscientemente.

4) Todo este debate, infortunado y dominado por ataques ad hominem, revela algo importante sobre cómo acercarnos a la realidad; vale la pena prescindir de su tono e incluso de la dicotomía Chomsky/Zizek (¿a poco nos faltan enemigos?). No obstante, a la luz de la crisis, la postura teórica del segundo parece más reveladora: en respuesta a Chomsky, Zizek (citando la crítica de la austeridad de Krugman: Esto ni siquiera es una buena economía burguesa, es algún pensamiento mágico) insiste en que incluso los políticos más cínicos no saben bien qué los mueve y no basta con examinar los hechos (esjaybe.wordpress.com, 15/7/13).

5) Mientras para salvar los bancos había el dinero en un cerrar y abrir de ojos, para los desempleados o desahu­ciados el dinero no llega nunca. Mientras las empresas pueden esperar una coyuntura mejor, la gente común al esperar sólo está forzada a pagar la crisis. Mientras los capitalistas reduciendo las inversiones, en los últimos años ganaron incluso más que antes de la crisis, los ingresos del mundo del trabajo disminuyeron, informa la OIT ( La Jornada, 9/6/13).

6) El famoso comentario de John M. Keynes A largo plazo todos estaremos muertos fue un llamado a actuar ahora frente a la crisis; hoy el predicamento dominante es: A largo plazo todo se arreglará. Ulrich Beck habla de una nueva táctica disciplinaria que consiste en aplazar las decisiones (merkiavelismo); Giorgio Agamben añade que mientras en la antigua medicina la crisis fue un momento de juicio (si el paciente morirá o no), hoy se refiere a un estado constante, alargado de manera indefinida, en que todas las decisiones quedan pospuestas. Este alargar es un nuevo modus operandi del capitalismo.

7) Siguiendo al argumento de Blyth se puede decir que Europa está atrapada en un desfase generacional: las generaciones más estables (40-50 años) pueden ver que el europeísmo ya no funciona, pero construyeron sus vidas en este universalismo (vacío) y no lo cuestionarán de un día para otro. Son ellos quienes tienen congelado el orden, constituyendo un soporte para la ideología de la austeridad. Mientras tanto los jóvenes (20-30 años) quedan fuera de este consenso.

8) Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto Comunista ofrecieron un nítido elogio de la burguesía, su capacidad de revolucionar el mundo y de acelerar el tiempo; así se entiende el planteamiento de Walter Benjamin y su visión de revolución como un freno contra el progreso (burgués). La habilidad de acelerar el tiempo es seguramente una de las fuentes del poder de la burguesía, pero otra –como demuestra Roland Barthes en Mitologías– es su habilidad de conservarlo e inmovilizar el mundo, perpetuando el orden con mitos e ideología.

9) Analizando las protestas en varios países, Zizek apunta que el capitalismo global es necesariamente inconsistente (por ejemplo, predica el libre mercado, pero se sirve del intervencionismo, del que la austeridad es un buen caso) y que son estas inconsistencias las que ofrecen la oportunidad para la acción política: cuestionarlas pone en jaque todo el sistema. Subraya también un rasgo importante: las protestas ocurren no sólo en lugares que vivieron una desaceleración (Europa), sino también en los que el tiempo económico aceleró como Brasil o Turquía (London Review of Books, 18/7/13).

10) La misma crisis parece un desfase: Zygmunt Bauman, siguiendo a Gramsci, habla de un interregno (algo murió y aún no ha nacido lo nuevo). Analizando el fracaso de la izquierda y la falta de alternativas a la luz de la crisis evoca también otro concepto gramsciano: la guerra cultural, ganada hoy por la derecha y la burguesía, cuyo “ imaginaire” (la primacía del PIB, el consumismo y la meritocracia) triunfó sobre otras visiones del mundo, pero que igual está ahora en apuros, como evidencian los jóvenes en las calles (Krytyka Polityczna, 26/6/13).

11) Frente al dual uso del tiempo la protesta de hoy debería combinar la estrategia benjaminiana contra la velocidad del progreso, con la crítica del “ imaginaire” de la burguesía y su tiempo muerto. No es una contradicción, más bien una necesaria dialéctica de la lucha. Atacar los dos tiempos –armados de una buena Ideolgiekritik– y cuestionar su desfase es apuntar a un punto débil y a una clara inconsistencia del capitalismo.


http://www.jornada.unam.mx/2013/08/…

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