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Economía

Una nueva situación bancaria

Hace menos de dos años, en junio de 2011, el entonces presidente alemán Christian Wulff escribía que no se habían resuelto las causas de la crisis ni se habían reconocido los nuevos riesgos en los que se incurría. Advertía que en esta crisis, primero, bancos rescataron bancos, luego los estados rescataron bancos y después un grupo de estados rescató a estados individuales. Con los acontecimientos de Chipre pareciera que esta lógica pudiera estar replanteándose.

Desde la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, la línea fundamental de trabajo que han desarrollado gobiernos y bancos centrales ha seguido el principio de que los accionistas pueden perder su inversión parcial o totalmente, pero se garantiza a depositantes el monto de sus recursos. Los bancos se han rescatado, reduciéndoles el tamaño y obligándoles a cumplir con los requerimientos de capital establecidos. El impacto sobre las finanzas públicas ha sido importante, llevando a que gobiernos se endeuden masivamente.

Para quienes conducen la política europea, los que Krugman llama los austerianos, una vez superada la primera oleada de la crisis, la prioridad ha sido reducir el déficit fiscal y el endeudamiento público a 3 y a 60 por ciento del PIB, respectivamente. Para logarlo han instrumentado drásticas políticas de austeridad que han castigado la posibilidad económica de recuperación, provocando recesión y desempleo. Han pagado por la crisis quienes no han sido responsables y lo seguirán haciendo, en tanto no se consiga el equilibrio fiscal perseguido por los austerianos.

Este objetivo está claramente lejos de cumplirse. Mientras tanto, las dificultades persisten, con nuevas complicaciones. Chipre, pequeño país miembro de la zona euro con un sector bancario equivalente a ocho veces el tamaño de ese país, ha sido sometido a un tratamiento diferente al aplicado a Grecia, Irlanda, Portugal y España. Los austerianos dijeron, primero, que habían decidido que dadas las peculiaridades del sistema bancario chipriota, que implica ser un paraíso fiscal, el rescate que la troika infernal (FMI, Banco Central Europeo y Consejo de Ministros de Finanzas) proponía que tenía que incorporar la contribución de los ahorradores, era exclusivamente para Chipre.

Sin embargo, con la declaración del actual presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, se ha explicitado la estrategia de los austerianos: la llamada “solución chipriota” no sólo no es excepcional, sino que constituye la guía que seguirán los próximos rescates. El punto central es el de la “contribución” de los grandes ahorradores. Hasta ahora, frente a los problemas bancarios los accionistas y quienes invertían en deuda de baja calidad podían perder sus recursos. Con la “solución chipriota” también hay riesgo para tenedores de deuda de media y alta calidad y para depositantes mayores a 100 mil euros (aproximadamente un millón 700 mil pesos).

La peculiaridad chipriota, cuyo sistema bancario permitió lavar dinero a diversos grupos, le da cierta legitimidad a la medida impuesta por la troika. Sin embargo, los impactos globales pueden ser fuertes. En primer lugar, desplazamientos de recursos de cuentas de grandes ahorradores hacia bancos superseguros, especialmente alemanes; segundo, desplazamientos del ahorro de instrumentos bancarios a papeles financieros verdaderamente triple A. Tercero, un proceso de desintermediación financiera de instrumentos bancarios hacia activos reales.

Una gran consecuencia, probablemente inmediata, los bancos de países débiles perderán recursos que irán a bancos fuertes y luego los países débiles perderán frente a países fuertes. Se puede provocar un agudo proceso de concentración a nivel bancario y entre países, agravando las diferencias entre el centro y la periferia europea y dificultando, aún más, la posibilidad de recuperación económica de Grecia, Irlanda, Portugal y España. De este modo, el desempleo seguirá aumentando, con sus devastadoras consecuencias sociales y políticas.


http://www.jornada.unam.mx/2013/03/…

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