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Análisis de interés

[Colombia] ¿Los periodistas estarán a la altura de un proceso de paz?

Me preocupa, y lo expreso con todo respeto, lo que preguntan los periodistas en un momento clave del país. En la rueda de prensa que dieron los negociadores del Gobierno y la guerrilla en Oslo quedaron en evidencia vacíos, falta de información y sesgos.

Una gran responsabilidad tenemos los periodistas colombianos en este momento clave de la vida nacional, cuando de nuevo se sientan en una mesa el Gobierno nacional y la guerrilla de las Farc para buscar una salida negociada a una confrontación armada que lleva ya 48 años.

Las condiciones han cambiado notablemente desde los acuerdos de La Uribe, Meta, en el gobierno de Belisario Betancur, pasando por Caracas, Venezuela, y Tlaxcala, en México, durante la administración de Cesar Gaviria, luego por San Vicente del Caguán, Caquetá, en el periodo de Andrés Pastrana, hasta llegar a este nuevo proceso, que busca sellar un acuerdo de paz “sólido y duradero”.

Hay pues mucha historia y creo que es un deber de los periodistas comenzar a revisarla para entender mejor lo que está pasando y, sobre todo, para fundamentar mejor las preguntas a la hora de asistir a una rueda de prensa como la realizada en Oslo este jueves, y las que vendrán después, con el fin de que las respuestas sean tan suficientemente claras que le permitan a la opinión pública nacional e internacional saber hacia dónde va este proceso.

El periodismo serio y riguroso pasa por saber formular preguntas a los entrevistados en cualquier escenario. Debo admitir que hay momentos de presión, de estrés, de afán, que por momentos nublan los sentidos y entorpecen el entendimiento, pero justamente hay que vivir preparados para ese tipo de situaciones. Y qué mejor estrategia que tener un buen conocimiento del tema.

Cuando se carece de contexto, de antecedentes, de información, de datos, de cabeza fría, de equilibrio, se recurre a la pregunta liviana, insulsa. ¿Cómo puede ser posible que el interés de algunos periodistas sólo se centrara en la figura de la guerrillera holandesa Tanja Nijmeijer, cuando los temas abordados por los representantes del Gobierno nacional y las Farc tuvieron mucho más fondo?

Es curioso, por decir lo menos, que una periodista le preguntara a Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez’, si él y sus compañeros temían ser encarcelados en Noruega, cuando una de las condiciones para que ellos estuvieran justamente al frente de ella respondiéndole esa pregunta era la suspensión de las órdenes de captura internacional.

También me impresionó que un periodista le preguntara al jefe de la delegación del Gobierno nacional, Humberto de La Calle, si la posible participación en política de las Farc en un futuro acabaría con la llamada ‘parapolítica’, en un intento de construir una simetría absurda entre dos asuntos totalmente distintos.

Esa manera de intervenir de algunos periodistas en una rueda de prensa como la de Oslo abre espacios de duda sobre la capacidad que tendrán para cubrir un proceso de negociación como el que se avecina, que será un camino arduo, lleno de baches, de sobresaltos, de silencios, de contradicciones, de confrontación ideológica. Ante esas circunstancias, que son propias de una búsqueda como la propuesta en el Acuerdo de la Habana, los periodistas no pueden hacer un escándalo por cada tropiezo que se presente o por una mala interpretación de las palabras y los tonos.

Y lo digo porque en la rueda de prensa ya iban construyendo en el imaginario del televidente el escándalo al sembrar la duda sobre el discurso de alias ‘Iván Márquez’: se le preguntó si era una postura personal o había sido discutido previamente con sus compañeros de causa; y, además, si se estaba apartando del documento firmado en La Habana, Cuba, llamado “Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable Y Duradera”. A propósito, ¿cuántos periodistas que asistieron a la rueda de prensa en Oslo habrán leído ese texto?

Buena parte de las preguntas apuntaban a respuestas especulativas, aspecto que De La Calle sorteó con su acostumbrada claridad y ceñido estrictamente a lo acordado, sin arriesgar posiciones que fueran más allá. Lo que me inquieta es por qué en un proceso aún incipiente se introducen temas como el de una asamblea constituyente, planes de desmovilización para los guerrilleros o eventuales penas carcelarias para los insurgentes, cuando la fase no es la indicada.

Es importante que los periodistas entiendan que, tal como lo resaltó varias veces el ex ministro De La Calle, hay una hoja de ruta y sobre ella habría que proponer la agenda mediática a desarrollar paralelamente a los diálogos. El primer punto es claro: desarrollo agrario integral. ¿Cuáles entonces son las preguntas que deben hacerse desde los medios de información para entender mejor por qué se inicia este proceso justamente por ahí y por otro? ¿A quiénes se les pueden hacer esas preguntas? ¿Qué información se requiere?

Ha empezado ya la fase dos del proceso de diálogo entre el Gobierno nacional y la guerrilla de las Farc de una manera seria, rigurosa, en el extranjero, sin armas sobre la mesa ni vestidos de camuflado, regidos por un cronograma bastante calculado, y ya algunos periodistas mostraron sus falencias, sus vacíos, y los medios a revelar sus sesgos. Lamentable que los dos canales privados de televisión con mayor sintonía suspendieran la transmisión en vivo desde Noruega, justamente cuando iba a comenzar la rueda de prensa con los voceros de las Farc.

La próxima cita será en La Habana, pero como lo advirtió De La Calle, sin ningún tipo de micrófonos, decisión que me parece pertinente y que recoge los aprendizajes adquiridos en San Vicente del Caguán, un proceso fracasado, en parte, por sus excesos mediáticos. Yo estuve ahí como periodista y supe qué fue eso.

Los diálogos que se avecinan exigirán paciencia, tranquilidad, reposo en las decisiones editoriales y prudencia en el manejo de la información. Lo que viene ahora es un trabajo de filigrana, en el que se requiere un ambiente de confianza no sólo entre las partes, sino entre ellas y la comunidad nacional e internacional. ¿Hasta dónde algunos periodistas y medios estarán dispuestos a contribuir con esa confianza? ¿Estarán a la altura del proceso iniciado en Oslo?


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