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Crítica

[Chile] Días Negros en el Congreso Nacional

En pleno 2011, cuando algo alcanzó a encenderse en serio la chispa de llamar a una Asamblea Constituyente y de desconocer, radicalmente, la actual institucionalidad del país, parlamentarios y personeros de todas las tendencias institucionalizadas de la política actual rasgaron vestiduras por la “defensa de la democracia” y que lo peor que podría ocurrirnos era “no cuidar” las instituciones, como el Congreso. Luego, a propósito de las avergonzantes jornadas en que los parlamentarios se autoasignaron, primero, un Ipad para cada uno y, luego, un sobresueldo de dos millones de pesos, periodistas como Fernando Paulsen criticaron a los que se burlaban de los diputados por corroer las instituciones democráticas del país. Todo el movimiento estudiantil surgido del año pasado ha mostrado, naturalmente, una sospecha radical y profunda por la labor del Congreso, pero los eternos llamados han sido justamente a confiar en los congresales porque ellos son nuestros “representantes” y es a través de ellos que el pueblo debería encausar sus visiones políticas. A pesar del peligro obvio, la Confech ya tres veces ha confiado en el Congreso (acusación consticional contra Hinzpeter, ley de presupuesto y ahora la aprobación del informe de comisión investigadora sobre lucro)… y en definitiva todas las veces ha resultado trasquilada. Costumbre más masoquista que esta es difícil encontrar en la actual política chilena.

Entre este 18 y 19 de julio de 2012, seguir las discusiones y votaciones parlamentarias se ha transformado en un ejercicio simplemente deprimente y desolador. Han sido esenciales, porque importantes leyes se han estado discutiendo y aprobando, si no de manera definitiva, en trámites relevantes dentro de su tramitación total.

Se aprobó, en primer lugar, el veto presidencial para que el sueldo mínimo subiera a 193mil pesos. La campaña del terror se impuso: es culpa de los pobres del país, por desear vivir más dignamente, si la cesantía aumenta.

También fue aprobada la nueva ley de pesca (Ley Longueira) que, en lo esencial, perpetúa la privatización del mar chileno en mano de un número reducido de empresarios pesqueros, con que el Estado renuncia a su papel regulador de aquí al fin de los tiempos. Pero ya vendrá la resolución del Tribunal de La Haya sobre el litigio con Perú, en el que todos los políticos cacarearán sobre “el mar de todos los chilenos”. Si el Estado Chileno llega a perder el litigio con Perú, dirán que nuestra honra de chileno está mancillada, porque “el mar es de todos”. Si lo gana, se dirá que “es un triunfo de todo Chile”. Venden el mar a perpetuidad a siete familias y les encanta que nos odiemos con nuestros vecinos por un pedazo de agua que ni les pertenecerá a ellos ni a nosotros.

La ley Hinzpeter sigue su curso y avanza paso a paso, aunque todos los organismos internacionales critiquen abiertamente el espíritu y la forma de la normativa. En eso, por supuesto, Chile no es un país integrado al mundo civilizado. Es mejor no mirar más allá de la coordillera y el desierto.

Hoy, finalmente, la cámara de diputados rechazó el informe de la comisión investigadora que, en lo esencial, denunciaba que el Estado (no solo este gobierno, el Estado en general) no está cumpliendo su rol fiscalizador de la ley y que, por lo tanto, eso ha permitido que universidades privadas lucren de manera aparentemente legal. 46 votos a favor del informe, 45 en contra y una abstención que, por reglamento, se sumó a la minoría. Empate, lo que, también por reglamento, significa que no gana la aprobación. En la cara de la Confech.

Todos criticaron al diputado que cobardemente se abstuvo de votar (el RN Gaspar Rivas). Al menos, dicho diputado estaba en la sala. Pero los diputados son 120… ¿Dónde estaba el resto de los 28 diputados? Al menos 13 diputados de “oposición” no estuvieron donde debían estar para votar. Para eso se les paga más de 20 sueldos mínimos, por lo bajo. ¿La Confech seguirá esperando algo de parte de ellos? Abstenerse de votar puede ser cobardía, pero no ir a votar es cobardía, robo, estafa, descaro, inmoralidad, burla, webeo…

Uno de los aspectos más perversos que se están dando en nuestro actual congreso, y que hoy funcionó a la perfección, es el sistema de pareo. Si falta uno de allá, este se pone de acuerdo para que también falte uno de acá, así no se rompen “los equilibrios”. En la práctica, el sistema de pareo es la constatación más burda y asquerosa de que todos los diputados y senadores aceptan el sistema binominal como legítimo y válido para conformar el congreso. Ese solo hecho debería bastar para repudiar nuestro congreso. ¡Y así se hacen llamar nuestros representantes! Que un diputado PC como Hugo Gutiérrez se pareara con un diputado de la derecha, con lo que se evitó, hace unos días, comenzar una reforma al binominal, solo puede dar cuenta de lo podrido que está el edificio de Pedro Montt en Valparaíso.

Uno de los aspectos más perversos que se están dando en nuestro actual congreso, y que hoy funcionó a la perfección, es el sistema de pareo. Si falta uno de allá, este se pone de acuerdo para que también falte uno de acá, así no se rompen “los equilibrios”. En la práctica, el sistema de pareo es la constatación más burda y asquerosa de que todos los diputados y senadores aceptan el sistema binominal como legítimo y válido para conformar el congreso. Ese solo hecho debería bastar para repudiar nuestro congreso.

Hoy la situación de diputados ausentes (¡aunque algunos estaban en el Congreso!) o pareados de la dizque oposición fue la siguiente:

PPD

- Enrique Accorsi,

- Guillermo Ceroni

- Joaquín Tuma

- Orlando Vargas

- Ximena Vidal

- Felipe Harboe

DC

- Pablo Lorenzini

- Eduardo Cerda

- Jorge Burgos

- Juan Carlos Latorre

PS

- Fidel Sepúveda

Radical

- Fernando Meza

Otros

- René Alinco

- Pedro Velásquez

- Miodrad Marinovic

Mientras tanto, qué cabe duda que se aprobará la mesquina reforma tributaria, nada se dirá sobre la ley de lobby y mucho menos contaremos con nuestros diputados para acusaciones constitucionales serias en contra de Mayol (ya pasó la vieja), Beyer, por su tranquilo desprecio frente a las denuncias de lucro en algunas universidades privadas, y, por supuesto, Hinzpeter, contra quien no bastó ni la muerte de Gutiérrez, ni el 04 de agosto ni las feroces represiones en Freirina, Aysén, Punta Arenas, Santiago ni Rapa Nui ni los montajes judiciales por terrorismo y antimapuche.

Frente a todo esto, se vuelve simplemente incomprensible que algunos postulen que el actual modelo “se acabó” o, al menos, comenzó a morir. Al menos en el congreso, lo que ha ocurrido en dos días, apunta a la perpetuación de un modelo perverso en lo económico, social y cultural. Así puestas las cosas, yo veo al modelo más sanito que nunca, vivito y coleando. Igual que a nuestros honorables senadores y diputados.


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