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Medios de Comunicaciòn

[Colombia] El verdadero show de las liberaciones

14 años después

Descarado y ridículo resultó el show que el gobierno y su cúpula militar con el concurso de los monopolios de la desinformación montaron alrededor de la liberación de policías y militares realizada por las FARC-EP como gesto unilateral de humanidad. Nada de eso sorprende, estos uniformados sólo son la carne de cañón que la oligarquía colombiana utiliza para la defensa de sus riquezas y las del capital transnacional.

De sobra sabe la opinión pública nacional e internacional, que todos esos agasajos a los liberados: entrevistas, homenajes, visitas a centros comerciales y demás pantomimas, son sólo un recurso para echarle tierra a la indolencia del Estado, que los abandonó 14 años en la prisión de guerra de la selva. Sin duda también se sabe que las acciones que el gobierno descalifica como secuestro hacen parte del derecho legítimo e irrenunciable de nuestra fuerza beligerante de tomar prisioneros en combate, determinación que permanecerá invariable mientras perdure la confrontación.

Cómo pueden el Estado colombiano y los enemigos del acuerdo humanitario, explicarle al mundo, que debieron pasar 14 años para que estos agentes recobraran la libertad, y no precisamente por sus gestiones sino como un nuevo gesto de buena voluntad de las FARC- EP, que debe servir para abonar el camino de la solución política al conflicto social y armado. No podrán ocultar sus falsos homenajes que estos combatientes fueron condenados a 14 años de prisión a causa de la sordera y terquedad del gobierno y sus instituciones, que ha cerrado absurdamente las puertas a la posibilidad del intercambio humanitario, sólo porque asimila esta decisión con el reconocimiento del carácter político de nuestra organización, como si este no estuviese determinado por 48 años de históricas luchas y el contenido político de nuestras propuestas y banderas.

Ni presidentes, ni los generales, ni políticos oligarcas se interesaron jamás por el clamor desesperado de amigos y familiares que durante largos años, mediante caminatas, solicitudes de toda índole, tocaron las puertas de su indolencia sin que fueran escuchados; tampoco fueron tenidas en cuenta las reiteradas propuestas de la guerrilla para que se acortara su estadía en la selva mediante acuerdos que permitieran una solución en el menor tiempo posible que pusiera fin al cautiverio de aquellos militares. Por el contrario, durante estos 14 años su empeño estuvo dirigido en llevar a cabo la estrategia de rescatarlos por la vía militar poniendo en grave riesgo la vida de soldados y policías como quedó demostrado en los intentos de rescate donde murieron algunos de ellos.

En el colmo del descaro, después del retorno a la libertad de estos hombres olvidados en todas sus expresiones por el Estado colombiano, no se les permitió el reencuentro con amigos y familiares que los esperaban a la llegada de la misión humanitaria en el aeropuerto, sus jefes militares y políticos debían instruirlos previamente y asegurarse de que aún respondían a sus intereses. Qué descaro, que para cada soldado y policía les esperaba una “chica de acero” luciendo batas blancas, previamente adiestradas para que los tomaran por el brazo y a empujones los echaran por una calle de deshonor conformada por ejército y policías privándolos así del derecho al tan anhelado reencuentro familiar. También les fue aplicada la mordaza para que no tuvieran la oportunidad de rendir declaración alguna a los medios.

En el club militar el show llegó a su clímax, los grandes medios de la manipulación montaron su espectáculo. Abundaron los saludos, abrazos, discursos, y hasta con lágrimas de plañideras; presidente y generales arreciaron su espectáculo mediático aprovechándose del estado emocional de los recién liberados para que rindieran declaraciones a unos medios de comunicación que se han caracterizado por la habilidad para deformar y manipular las informaciones.

Con estos mismos recursos tramposos han inducido a los recién liberados para que públicamente condenen a las FARC-EP por supuestos malos tratos y violación de los derechos humanos durante su cautiverio; y como parte de la dramatización se escuchan las expresiones: “se estaban pudriendo en la selva” “eran sometidos a crueles castigos” y alimentan campañas de reclamación de más gestos unilaterales y la devolución de secuestrados que no existen o que no están en poder de las FARC-EP. En cambio, gobierno, medios de comunicación y personas opuestas a soluciones decorosas que involucren al Estado, olvidan que el régimen colombiano, complaciente con las políticas de los EE-UU, lanzaron a Simón Trinidad, a Sonia e Iván Vargas, así como a muchos otros colombianos a las mazmorras del imperio condenados a largas penas, encadenados por los pies, la cintura, las manos, enterrados bajo túneles sin la posibilidad de recibir los rayos del sol y sin derecho a ningún tipo de visita familiar. Esto no lo ven como violación de los derechos humanos. Qué infamia.

A lo anterior cabe preguntarles a aquellas personas (instituciones, politólogos y periodistas), que tanto han leído e investigado si los centenares de desaparecidos que hoy reclaman no los han buscado en las fosas comunes de la Macarena y de tantas otras a lo largo y ancho del territorio colombiano donde fueron arrojados miles de cadáveres de los que hay clara responsabilidad en organismos de seguridad y fuerza pública en conexión con el paramilitarismo del Estado.

Cabe preguntarles, igualmente, sino les merece alguna reflexión que mientras las FARC-EP, ha cumplido con su palabra en todos los gestos humanitarios y que mientras la misión humanitaria encabezada por Piedad Córdova logró traer de regreso a la libertad a unos prisioneros, para el gobierno y para los enemigos de salidas civilizadas, sólo les conforma que las FARC-EP, acepte responsabilidad en hechos que no han cometido. Porqué no tienden la mirada al otro punto de la discusión; a las cárceles nacionales donde se encuentran miles de colombianos soportando, ahí sí, aberrantes violaciones de los derechos humanos y que el gobierno ni siquiera acepte la visita por parte de prestantes personalidades del mundo a los prisioneros que viven sin derechos ni garantías procesales, en condiciones infrahumana, castigos y hacinamiento.


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