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Crítica

Algunas bases para comprender la mutación en el carácter de clase del PCU Nepal (Maoísta)

En la estela del debate iniciado con los camaradas del Comité Proletario Internacionalista y a tenor de lo escrito por los Camaradas del MAI

En la estela del debate iniciado con los camaradas del Comité Proletario Internacionalista y a tenor de lo escrito por los Camaradas del MAI

Saludos a todos. Me gustaría plantearos algunas consideraciones al hilo del debate en desarrollo:

SOBRE LA ALIENACIÓN MASAS-PODER COMO SUPUESTO FACTOR EXPLICATIVO DE PRIMER ORDEN

1. La cuestión del delegacionismo, del distanciamiento entre las masas y núcleos de toma de decisiones…, es un factor importante a la hora de explicar que la integración en el viejo poder PUEDA llevarse a cabo “sin apenas oposición interna conocida”, puesto que el seguidismo y la dependencia de línea marcada generan tendencia al seguidismo y al acatamiento en un círculo vicioso. La comprensión sobre procesos y políticas queda así no solamente fuera del alcance de las masas, sino que tal necesidad de producción/comprensión aparece cosificada ante las masas como “foránea a nuestra competencia”. O sea: esa alienación, esa permanencia en una división del trabajo donde no se dan pasos firmes hacia “la administración de las cosas” superadora de la política dirigentes-dirigidos (y no habiéndose investido como única dirigente a la cosmovisión comunista en proceso de ganar a las masas; cosmovisión no autoritaria, no patrimonio de personalidades privativas), es una Variable que explica la capacidad auto-afirmativa de la tendencia a involución.

Pero un momento…: “poder” no se compone sólo de capacidad, sino que es una síntesis donde se aúnan capacidad material y voluntad. Y entonces la pregunta es: ¿la condición de acaparar potestades políticas explica LA VOLUNTAD de integración en el viejo poder?

Ahí estaremos de acuerdo todos en que la respuesta es NO. En otras palabras: a diferencia del razonamiento que acostumbran a hacer los anarquistas, para quienes una forma general-abstracta de “poder” explica los contenidos del poder en tanto que induciría a los sujetos y a las fuerzas a operar según unos atributos metafísicos cuya latencia se da por sentada y que habrían de aparecer tarde o temprano “objetivados” como fenómenos propios de la relación genérica de poder, a nosotros no nos es lícito “zamparnos”, a través de realizar una inferencia mecánica, la distancia (cuyo recorrido precisamente debe ser explicado) que en principio media entre dos realidades distintas:

1) Por un lado, cierto desviacionismo defensor de un monopolio político de “especialistas” durante la Dictadura del proletariado (que se ve muy claro y rotundo por ejemplo en los bordiguistas e incluso también en Stalin, con su más o menos reducido equipo fabril-planificador eficiente haciendo de antídoto al peligro de masificación y de burocratización). Y, por otro, 2) la abolición de esas estructuras de clase proletaria (aunque separadas en su gestión) ocupadas por los especialistas (cambio de carácter de clase en el ámbito mismo del poder, yéndose a confluir con el paradigma de Kautsky y sus gestores juristas y economistas de la supuesta “revolución” desde la hegemonía obrera -en sí- en el marco del Estado burgués).

2. De modo que: ¿reside en el propio poder la clave explicativa, en relación al cambio de carácter de clase de la política “apropiada”, sea tomando a ese poder en su dimensión subjetiva de “concepción”, o bien en su dimensión objetiva de “funcionamiento interno ligado al modelo representativo”? Al ser el poder el ejercicio volitivo de una capacidad objetiva construida, que persigue desplegarse en coherencia con unos objetivos (es decir, el poder es una dimensión con sentido dentro de una racionalidad), ¿no sería más aclarador desplazar el objeto de problematización hacia los objetivos, es decir, hacia la concepción mantenida por los maoístas nepalíes respecto de “revolución”, “producción”, “división del trabajo social”, “nueva democracia”, “socialismo”, “comunismo”? Quizás el giro dado al movimiento fue al fin y al cabo coherente con el trasfondo normativo y de finalidades desde cierta conceptualización asumida respecto de ese trasfondo preciso.

Aunque, ya puestos en cierto contexto avanzado de la forja del Partido Comunista y de su actuar en GP, lo ideal es haberse colocado ya en un marco donde la consciencia de clase en sí y la consciencia de clase para sí re-aparecen fusionadas en una síntesis superior (en la medida en que el grueso de la clase ya comprende con lucidez cómo defender la vida básica es un planteamiento utópico si desligado de afirmar la capacidad histórica proletaria de producción social, y por tanto la contradicción principal es “todo o nada”, socialismo o muerte)…: ¿hallarnos en una realidad menos avanzada, o donde la contradicción clase-Vanguardia no se ha ido resolviendo tan finamente, habría de arrojarnos fatalmente a una involución?. ¿O es una separación que tan sólo conforma ciertas condiciones de posibilidad para esa involución; condiciones tan innecesarias para ese derrotero, como desde luego insuficientes para que éste ocurra?

Pensemos en que, dadas ciertas condiciones del ser -y no del deber ser- durante la edificación del Nuevo Poder, la clase se halle todavía en una fase donde no es comunidad indistinta, sino todavía una comunidad sistémica, es decir, un entramado donde unos y otros grupos, aplicándose cada uno a lo que le corresponde en ese momento y hasta el momento de lograr una superación real en la división del trabajo, funcionan complementariamente sirviendo a la Totalidad que a todos incluye y unifica, lo que en el plano de las representaciones y de la experiencia sensible se traduce como “solidaridad orgánica”. Bajo una hipótesis como la planteada, ¿diremos que la contradicción no antagónica entre funciones tiende por sí a derivar en contradicción antagónica entre (emergidas) posiciones? Un anarquista tendrá supuestamente claro que sí. Los comunistas tenemos claro que no.

TRABAJO TEÓRICO CONCEPTUAL E INMERSIÓN EN EL TERRENO POLÍTICO BURGUÉS

3. Más que atribuir el trasfondo de las alianzas entabladas con la burguesía nacional, a una cuestión de pragmatismo, de oportunismo, de ruptura de la dialéctica medios-fines en un sentido de incongruencia a la hora de tratar la cuestión de los medios y que tuerce el itinerario hacia el fin…, puede que el principio alterador estribe no tanto en el mapa político que se dibuja y en los actores a quienes se da entrada, como sí en una teorización concreta en torno a los fines.

Más que focalizar el asunto en tomar a la burguesía nacional como agente corruptor del proceso, al haber hecho ésta irrupción con sus ideas, con sus intenciones de llevar a la fuerza social hasta un terreno político viejo donde ella puede hacer valer sus intereses particulares de clase, etc., pongámonos a indagar y pensemos qué tipos de conceptualizaciones practicadas (o no) por los comunistas nepalíes en torno a Categorías normativas como “producción genérica”, “trabajo físico-trabajo intelectual”, “Relaciones de Producción”, “desarrollo de las Fuerzas Productivas”, “Fuerzas Productivas”, etc., se expresan o por lo menos se asumen de un modo tal que resultan conciliables con el hecho de tratar a la burguesía nacional en calidad de actor político en alianza. Actor que a la postre reforzará, a su llegada y a su trato, a ese ser no revolucionario en lo que pertoca a unos u otros ideales de base que no obstante ya operaban conciliados con la ideología/realidades fácticas burguesas, y en tal medida eran subyacentes a una conciliación política racional con los mismos.

IDEOLOGÍA DE PARTIDA, DÉFICIT DE TRABAJO DE DENUNCIA DE LA IDEOLOGÍA ONG, E IMPACTO “SOBRE MOJADO” POR PARTE DE LA IDEOLOGÍA ONG

4. En sentido análogo a lo que acabo de exponer, pensar el rumbo protagonizado por las ONG como punto de anclaje del imperialismo en la lucha de ideas, en la hegemonización de ciertas concepciones, en el reblandecimiento de actitudes, en la producción de conocimiento desde posiciones epistemológicas particulares de clase (burguesa) y la interiorización de este conocimiento/marco cognitivo por las masas, en un humanismo abstracto distorsionador y cripto-conciliacionista, en la entrada en instituciones y organismos de naturaleza burguesa, etc… Decía, que pensáramos este rumbo siempre a contraluz de, en primer lugar, el Nuevo Poder en su “correcto” funcionamiento y sus “efectos secundarios”. Es decir, pensemos que este despliegue de “pluralidad” policlasista puede haber sido consecuencia de que, al no haberse forjado una relativa centralización política respecto de ciertas decisiones de importancia diametral para la prevalencia de los intereses históricos de clase sobre sus intereses inmediatos, precisamente ha sido el “empoderamiento” de masas con necesidades materiales acuciantes de atención y de ser intervenidas, aquello que ha abierto la puerta a todo lo que llegaba en ese mismo paquete que parecía “filantrópico”.

Y, en segundo lugar (y a un mayor nivel de radicalidad), pensemos tal rumbo a contraluz de posibles Categorías ideológicas operantes, desde las que resultó permisible e incluso inevitable pensar “mejora de condiciones” (hecho en efecto indispensable para la fortificación del movimiento popular) como un asunto “neutro” que permite “seguir adelante” y da impulso a las fuerzas de clase, las nutre, etc. Cuando, en realidad, la contradicción que emerge entonces es que ese progreso concreto de fuerzas bajo cobijo de atención onegera, es portador inextricablemente de una ideología de “Progreso” con la que materialmente, las masas provistas, entran en relación por reflejo mental inmediato proyectado a partir del contraste con la carencia relativa y con la “elevación” que ha venido siendo “experimentada”.

De modo que esas ONGs, que en ese sentido son actores políticamente operantes, están nutriendo a las masas también de una cosmovisión de “Progreso” demandante, o normativa, ajustada precisamente a aquello que ellas pueden satisfacer -o al menos se las cree capaces de colmar tales necesidades establecidas y auto-asumidas. Concepción que va escalando, apoyándose entre las masas, hasta culminar las cumbres de su propia hegemonía, y cuya misma imagen idealizada parece resultar reivindicable, “conquistable” y defendible desde instituciones burguesas “progresivas” (a imagen y semejanza de nuevos ídolos tenidos por “más avanzados”, por “emancipados de lastres feudales”, etc.); marco institucional objeto de adoración por esa “nueva” ideología que ha ido abriéndose paso entre el movimiento popular hasta dominar.

De aquellos polvos, estos lodos, opuestamente a lo que ha ido forjándose durante varios decenios en Perú, donde Categorías ideológicamente subversivas de “medicina”, “producción”, “valores”, “fraternidad”…, derivan en una ideología de masas a cuyos ojos aquello que las ONGs pudieran ofrecer no resulta consociable con las necesidades auto-reconocidas, y que sólo pueden ser consumadas por las masas mismas en la aplicación de su cosmovisión y en la recuperación (sintética superatoria) de su legado histórico cognitivo y práctico objetivo.

DOS HIPÓTESIS EN RELACIÓN

5. Hay que evitar -o por lo menos habría que dar cuenta detallada respecto de cómo habría discurrido el proceso- la inferencia siguiente: la democracia burguesa es la quintaesencia de los mecanismos representativos de funcionamiento, ergo un Nuevo Poder fiado al principio de representatividad culminó en integrarse en la democracia burguesa un poco como el Espíritu no puede hacer más que acabar realizándose en tanto que alienación objetiva que da cuenta -aunque parcialmente- de sí mismo. Porque la pregunta que surge es: aquellos intereses de clase o por lo menos aquel proyecto de clase presupuestos al movimiento de dar el salto hacia el campo de clase antagónico, ¿a qué responden ellos mismos?

A) ¿Son incubados a la sombra de un modo de gestión y de dividir las tareas revolucionarias dentro del sujeto de clase?

B) ¿O son intereses y proyectos objetivamente burgueses -y por tanto acuñables con dispositivos burgueses de producción de sociedad- pero entrañados por continuismos precisos de referente (burgués) en lo relativo a dar contenido a las Categorías de tradición revolucionaria? O, en fin, y abro aquí una tercera hipótesis: ¿no se tratará de intereses y de proyectos patrimonio del proyecto histórico de otra clase, pero que, en lugar de aparecer como netamente irreconciliables al movimiento popular, pueden pasar por “complementarios” a los intereses de una fuerza que será heredera de los mismos y que deberá completarlos?

Creo que la respuesta reside en la relación entre la segunda hipótesis (o factor interno) y la tercera hipótesis (factor externo favorecido por el interno). Creo también, camaradas, que vosotros hacéis certeramente hincapié en la tercera hipótesis, pero relegáis el peso del factor interno a la primera, cuando en realidad hay que desarrollar/denunciar la segunda.

6. Este acento puesto en los modos de gestión os hace identificar el desviacionismo representativo en el Nuevo Poder con un supuesto kautskysmo apriorístico inconsciente en un sujeto revolucionario supuestamente atrapado de entrada en “estructuras del viejo poder”. Aquí el error se sucede como sigue: el viejo poder contiene una serie de características, y nosotros verificamos la presencia de tales características en el poder en desarrollo, y por tanto éste es viejo poder. Parecéis olvidar así que el viejo poder se define en substancia por su carácter de clase histórico burgués (organizador y administrador con vistas a la re-edición idealmente ad infinitum de la Acumulación ampliada de Capital), y no se define por unos modos de funcionamiento que hubieran de ser de su exclusivo patrimonio.

¿ASALTO A LA CIUDAD O CREAR HEGEMONÍA EN LA CIUDAD?

7. Deberíamos preguntarnos hasta qué punto la decisión de apoyarse en el poder burgués y en la burguesía tomando a ambos como palancas que catapulten al Nuevo Poder hacia su extensión en la ciudad (por el momento en calidad de alianza inter-clasista), es una decisión que deriva a partir de un revisionismo de fondo. O si, al revés, este revisionismo no es más que la consecuencia, a nivel de planteamiento político, derivada de asumir como axioma “el asalto a la ciudad”, habiéndose dado el Movimiento Popular de bruces contra una realidad carente de condiciones materiales permisivas de tal “paso”. De ese modo, la servidumbre prestada al axioma estaría determinando el buscar medios “alternativos” de cara a la conquista del objetivo estratégico, no importa que con otra táctica distinta a la original (se adopta una “táctica de compromiso” en virtud de dar pasos a un nivel más elevado).

En este sentido, y a sabiendas no obstante de que la ciudad es el espacio del Estado que debe ser destruido, y que aloja a sus docentes, sus científicos, sus planificadores del territorio, sus ideólogos, sus administradores, sus políticos, etc., seguro que se habrían cosechado otros resultados si la cosmovisión de base hubiera partido de una concepción menos mecanicista respecto de la relación entre a) posición clasista en la organización social de la producción, y b) potencial revolucionario o al menos potencial de dar apoyo objetivo al Movimiento Popular.

De esa manera, reemplazándose el axioma de “asalto a la ciudad” por la premisa de “generar Movimiento Popular interno en la ciudad catalizador del proceso de destrucción del viejo poder”, “ganarse” a la burguesía compradora pierde todo sentido (lo habría perdido en Nepal), en favor de implementar una línea productora de movimiento, y hasta de espacios de Nuevo Poder, a partir de la “materia prima” encarnada por toda una heterogeneidad “plebeya” urbana: pequeños propietarios talleristas, productores que nomadean con su Medio de Producción a cuestas, semi-proletariado ambulante o semi-proletariado pequeño-propietario agrícola con temporadas de estancia en la ciudad para vender él mismo en el mercado a cuenta propia y de terceros, parias de la tierra que no encuentran su lugar en el trabajo de ciudad y son arrastrados sin remisión a lumpenproletarizarse, etc.

INCOMPRENSIÓN DE LA REALIDAD “EXTERNA” Y ANIDAMIENTO DE DERROTISMO

8. Considerar si, acaso, en la sobre-dimensionalización que el PCUN (M) efectúa respecto de concebir el “factor externo” a modo de ídolo de piedra in-pulverizable al que hay que rendirse a la hora de trazar política, no yacerá bajo ese fetichismo una subvaloración respecto de la división del trabajo internacional y el lugar y funciones que sus diseñadores deparan a Nepal y a países terceros. O, dicho en otros términos, considerar si el PCUN (M) estará obviando que la burguesía compradora no es relativamente reaccionaria, sino absolutamente reaccionaria, y ello a tenor de un panorama internacional de regencia política imperialista sobre la exportación de capitales y de mercancías, que bloquea del todo siquiera un asomo por tímido que sea de auto-transformación en burguesía industrial.

Puede que la ideología de “las potencias emergentes” aplicada indiscriminadamente halla hechizado al PCUN (M) hasta el punto de hacerle cavilar cómo la burguesía nepalí estaría portando en sí una semilla progresiva al ser incubadora de otra clase que habría de nacer de su propio vientre, y, nueva ya, abanderar otra ideología, otro proyecto (anti-imperialista y anti-feudal). Y en definitiva abanderar una capacidad de armonizarse con el pueblo y tras la hegemonía proletaria en un futuro Estado de Nueva Democracia que apuntara en dirección a deshacerse de la burguesía una vez halla ésta cumplido su función progresiva y por medio de la prosecución de la lucha de clases. Amarrado a esa sugestión, puede que el PCUN (M) no llegue a reparar en la paradoja de estar intentando hacer historia de la mano de un cadáver histórico, que además le domina y le contagia su propio estado mortuorio. Alianza de muertos ilusionándose el uno al otro con seguir vivos y con necesitarse mutuamente para continuar estándolo.