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Joyitas en la red

La teoría de “todo o nada” de Manuel Freytas

Las teorías de “todo o nada” a mí me resultan sospechosas por su intencionalidad política aunque se autoproclamen de “contrainformación estratégica.”

El hecho que Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y todos los gobiernos de América Latina con vientos políticos hacia la izquierda no sean países revolucionarios socialistas auténticos que hayan eliminado el capitalismo, no significa que tales sociedades no tengan algún mérito de principios y valores socialistas. No significa que el esfuerzo de los pueblos por la construcción de sociedades más justas sea totalmente fútil.

Manuel Freytas de iarnoticias sostiene que: “Con Zelaya, o con Micheletti, no cambia ni una coma en Honduras. El programa es el mismo.” Se refiere a que el programa imperialista norteamericano de dominación y explotación en Honduras, como en toda la region latinoamericana a excepción de Cuba, es el mismo. Para Freytas, sean gobiernos de derecha o de izquierda tales sociedades sólo son simples “gerencias de enclave” ejecutando el programa imperialista; y tales “izquierdas” no son más que “izquierdas electoralistas” que nada tienen que ver con revoluciones socialistas auténticas.

Aunque yo deseo compartir con buena parte de la percepción de Freytas sobre el problema de las “izquierdas” en América Latina, yo siento que las teorías de “todo o nada” le hacen mucho daño a los pueblos pobres.

Creer que para el imperio Zelaya y Micheletti son la misma mi*er*da ejecutando el plan imperialista en Honduras es justificar la posición política tímida, ambigua y dilatoria de Obama en Honduras. Es apoyar la política de Obama de (aparentemente) no intervenir mucho en lo que pasa en Honduras porque ninguno de los dos líderes políticos hace alguna diferencia. Pero la verdad es que tal política es perniciosa para el pueblo hondureño porque perpetúa la dominación en este país y en la región en general.

No es una política turbia o ambibalente; es más bien una política clara, precisa y conscientemente dirigida a apoyar a los gorilas golpistas que representan los intereses geopolíticos y estratégicos del imperio en Centroamérica.

Para el imperio, Zelaya y Micheletti no son la misma mi*er*da como la teoría de “todo o nada” podría hacernos creer. El imperio no quiere a Zelaya de vuelta en la presidencia de Honduras porque éste desafía en algún grado los intereses de dominación del imperio en la región, y esa es la raison d’etre de la política “ambigua” de Obama. Al mismo tiempo, la ambigüedad de tal política sirve para proyectar al presidente Obama ante el mundo como menos imperialista y más democrático y respetuoso de intervención, pero eso es justamente la táctica; además de que la mediación de Oscar Arias sólamente es un chiste.

Si la política de Obama fuera digna de ser apoyada por su mérito democrático sería aquella que tomara la oportunidad del golpe de Estado en Honduras para desmantelar la base militar de Palmerola y la Escuela (de asesinos) de las Américas y usar el poderío estadounidense para volver a instalar a Zelaya en la presidencia.

Obama sabe que Zelaya puede perfectamente influenciar las estructuras de poder en Honduras con sus decisiones políticas a favor de los pobres. Y sabe también que Micheletti con sus decisiones (u omisiones) políticas puede perfectamente dejar intactas, sin tocar, esas mismas estructuras de poder que le conviene al imperio en Honduras. Si bien es cierto que las “estructuras” y los “sistemas” restringen y limitan las decisiones de los individuos, también es cierto que las “estructuras” (y por ende las “gerencias de enclave”) no toman decisiones políticas, son los individuos los que toman decisiones para afectar o no afectar las estructuras.

Si estas “izquierdas electoralistas” no tuviesen ningún mérito de principios y valores socialistas, la política del imperio no sería oscilante entre la dominación y los valores democráticos. Y Freytas estaría correcto en percibir a Zelaya y Micheletti como la misma mi*er*da para el imperio. Pero ese no es el caso. El creciente movimiento de resistencia popular en Honduras marca la pauta. El pueblo pobre hondureño sabe muy bien que Zelaya no es un líder revolucionario, pero ellos pelean por su presidente porque él ha traído algunos cambios sociales al pueblo hondureño por primera vez en la historia del país. Al imperio no le importa tanto el referendum de Zelaya como el hecho que su gobierno haya traído algunos cambios substanciales a favor de los pobres. Por ejemplo, al imperio, a Micheletti y a sus compinches, les causa pavor que Zelaya haya abierto la oportunidad a más de 400,000 niños de asistir a la escuela primaria porque su gobierno eliminó los tradicionales pagos de educación primaria. A ellos les causa pavor que Zelaya haya gastado en el 2008 casi un billón de dólares en el área de educación, etc, etc,.

Es el mismo pavor por el cual Ronald Reagan y papa Busch atacaron la Revolución Sandinista en el pasado por el supuesto “mal ejemplo” que causaba la revolución con sus proyectos de desarrollo socioeconómico como la reforma agraria, la campaña de alfabetización, la oportunidad de miles de jóvenes nicaragüenses de terminar su escuela secundaria y asistir a las universidades, y otros tantos más.

La transformación social de los pueblos no son el producto de varitas mágicas que convierten naciones capitalistas en sociedades socialistas de la noche a la mañana. Son procesos sociales complejos a los que no se les puede pedir “todo o nada.” Es correcto criticar a estos gobiernos de “izquierdas electoralistas” porque se mueven en contextos de doble naturaleza, pero la intencionalidad política de una perspectiva de “todo o nada” ignora y perjudica los modestos cambios sociales que viven los pueblos pobres del mundo en estos contextos.

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